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La historia la escriben quienes la hacen

  • 20/03/2026
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En el marco de la Carpa de la Resistencia de la plaza San Martín, que el martes 17 de marzo y por tres días montaron conjuntamente los sindicatos en unidad en la ciudad de Rosario, a modo inaugural tuvo lugar la charla titulada ´A 50 años del golpe del 76, pasado y presente de la clase trabajadora en Argentina´. Con la última dictadura como punto de inflexión, las historiadoras de la clase obrera, Victoria Basualdo y Andrea Andújar, fueron invitadas por el Sindicato Aceitero de Rosario para debatir, intercambiar y reflexionar sobre los legados y procesos que el pueblo y la clase trabajadora organizada supieron construir a lo largo de este medio siglo.

Durante la charla, Andrea advirtió: “La historia no la escriben los que ganan, la escriben los que la hacen”, al tiempo que propuso “hacer un movimiento obrero que vuelva con su potencia, que vuelva a asustar, que pierda el miedo” y que esté convencido “de que la unión hace la fuerza y que la fuerza cambia las cosas”. Victoria también fue taxativa: “El nivel de ensañamiento que tienen y que aplican ellos es directamente proporcional al nivel de peligrosidad que tenemos nosotros y nosotras”. Pero para llegar a estas ideas y reflexiones, antes fue necesario que la charla comenzara con una Carpa de la Resistencia colmada, a pesar de la tormenta que azotaba a la ciudad.

Marco Pozzi, Secretario General del SOEAR, se encargó de presentar la actividad que ofició de puntapié de las múltiples propuestas previstas para los tres días en que estará montada la Carpa. “Esta Carpa no es un hecho menor en este tiempo. Sabemos que para construir, avanzar, para que nos conozcamos y para poder unir líneas de lucha, es necesario estudiar. Estudiar es aprender y es hablar entre nosotros, mirarnos a la cara y discutir de política”, dijo Marco a modo de presentación. Enmarcó a la Carpa dentro de un plan de lucha que se viene dando y que a nivel local y nacional tiene la referencia del FreSU. “Es una buena noticia el Frente de Sindicatos Unidos porque es un grupo de compañeros que viene pensando en una situación de conflicto en tiempos donde no existe diálogo posible con el gobierno nacional”.

Luego presentó a Victoria y a Andrea: “Son historiadoras del mundo obrero y nos van a ayudar a pensar un poco en los paralelismos que existen con aquella época nefasta como fue la dictadura cívico-militar”.

Andrea Andújar y Victoria Basualdo son Historiadoras, investigadoras del CONICET y del Instituto Inteedisciplinario de Estudios de Género (IIEGE) de la UBA. Victoria también del Departamento de Economía y Administración de la Universidad Nacional de Quilmes. Las dos son especialistas en historia de la clase trabajadora y el movimiento sindical en Argentina y América Latina.

Victoria comenzó agradeciendo: “Es una alegría enorme estar acá. Tenemos contexto épico asegurado”, dijo hablando fuerte por el ruido de la lluvia mientras el viento de la tormenta golpeaba la carpa y el agua se iba colando lentamente por los resquicios de la lona. “La idea de esta actividad es poder pensar a la dictadura desde los y las trabajadoras. Pensar qué significan estos 50 años, qué nos dice esa historia y cómo puede proyectarse hacia adelante”, dijo a modo de introducción. “Construir en conjunto una mirada. Es un tiempo en el que estamos actuando un montón pero cuesta parar a pensar”.

Victoria subrayó la centralidad que tiene para ellas el eje de la historia del movimiento obrero. “Creemos que para pensar nuestra historia ese eje es central. Hay una gran cantidad de aprendizajes y de líneas de acción que podrían aplicarse a la situación que estamos viviendo”.

Durante su exposición, Victoria empezó realizando una comparación entre las políticas que está llevando adelante el actual gobierno nacional con las que se aplicaron hace cincuenta años en nuestro país. “El gobierno actual está llevando adelante una cantidad de políticas que reivindican la política de la dictadura. En términos económicos, tenemos en marcha un proceso de desindustrialización y de reestructuración industrial, un proceso de endeudamiento externo y de fuga de capitales”. Basualdo destacó también el intenso nivel de actividad de la dictadura en términos normativos. “No se retiró el Estado del mundo laboral, sino que tuvo a sus mentes maestras del mundo empresarial pensando la reforma de la Ley de Contrato de Trabajo que implicó el cercenamiento de una enorme cantidad de derechos conquistados”.

Luego fue puntualizando algunas tareas concretas a las que se abocaron quienes llevaron adelante el terrorismo de Estado. “La dictadura identificó a los sindicatos más importantes, operó intervenciones militares, prohibió la organización en los lugares de trabajo en una gran cantidad de sentidos. Era una política económica y laboral muy afín a la que tenemos hoy”. No dejó de soslayar el proceso represivo que para poder llevar adelante ese plan económico implicó un plan sistemático a lo largo y a lo ancho del país, con la instalación de alrededor de 800 centros clandestinos, algunos de los cuales funcionaron en empresas privadas. “Hubo empresas que proveyeron recursos logísticos y materiales, financiamiento e información clave. Funcionarios empresariales que estuvieron presentes en los procesos de secuestro y en algunos casos de tortura”.

Durante la charla, Victoria se refirió al caso emblemático de Acindar en Villa Constitución, en cuyo albergue de solteros funcionó un centro clandestino de detención visitado y comprobado por la CONADEP. Contó que en una investigación colectiva hecha desde el Área de Economía y Tecnología de FLACSO, el CELS, la Secretaría de DDHH y el Programa Verdad y Justicia, analizaron de manera sistemática 25 empresas de todo el país y encontraron que en cinco de esas empresas funcionaron centros clandestinos de detención adentro de las plantas. Además de Acindar en Villa Constitución, Astilleros Río Santiago de Ensenada, Ford, el ingenio La Fronterita en Tucumán y La Veloz del Norte, una empresa de transporte de Salta.

Victoria fue relatando que en muchos de esos casos que llegaron a juicio, los sindicatos se convirtieron en querellantes, y recordó que la Federación Aceitera y Desmotadora es querellante en el caso de Molinos, cuyo juicio tiene que empezar en abril. “Desde la producción académica creemos que es central poder aportar a esos procesos judiciales porque se trató de un plan sistemático que tuvo un ocultamiento sistemático y que en el caso de la clase obrera fue todavía más grave”. Advirtió sobre la dificultad de denunciar estos delitos “porque esos núcleos de poder no desaparecen”. Se refirió a la complejidad que implica avanzar sobre los responsables económicos y sobre la vinculación empresarial-militar en Argentina. “Estamos hablando de los dueños de los territorios, empleadores de zonas enteras, fábricas que son ciudades. Cuando llegás a Jujuy, el cartel que te da la bienvenida en el aeropuerto no es del gobierno, es del Ingenio Ledesma”.

Promediando su intervención, Basualdo enmarcó que “la dictadura es un punto de inflexión” que tenemos que considerar indefectiblemente cuando pensamos en la  coyuntura actual. “Lo que comienza en la dictadura es un ciclo cuyas consecuencias vemos hasta hoy. Se produjo un cambio en el patrón de acumulación, una ofensiva en la relación capital-trabajo, una búsqueda de transformación de las relaciones sociales. Es un ciclo de ofensivas del capital contra el trabajo”.

Victoria fue realizando un pantallazo de los procesos históricos en términos económicos, laborales y sociales, con la última dictadura como bisagra y con continuidades hasta la actualidad. “Esa relación capital-trabajo que se había desbalanceado tan fuertemente en dictadura y en los 90, no pudo ser cabalmente rearmada después. Luego vino Macri, la pandemia y Milei”.

Los procesos históricos van ofreciendo herramientas para analizar el presente. Victoria mencionó los legados estructurales, las transformaciones regresivas profundas, las tradiciones que se fueron perdiendo, “una gran cantidad de estructuras representativas que perdieron su poder” y analizó las transformaciones de la estructura del movimiento obrero en clave de fragmentación. Todos estos procesos fueron fagocitando y propiciando el terreno para la actual Reforma Laboral. Dijo victoria: “Después de haber dividido para triunfar, con esta Reforma Laboral lo que están haciendo es aplicar las peores condiciones al conjunto. La reforma lo que hace es igualar a la baja a la totalidad de la clase trabajadora”.

Paralelamente a este diagnóstico, aparecen como contracara aquellos otros legados y otros procesos en relación con la historia de resistencia que ha tenido Argentina. “Hay cuestiones que hoy existen y que son excepciones en el mundo, como tener un sistema de educación universitaria, pública y gratuita, de enorme calidad, o como tener un hospital público de oncología pediátrica como el Garrahan”.

Por último, Victoria puso el ojo en las estructuras sindicales que “aún hoy tienen delegados, comisiones internas, que disputan condiciones de trabajo y que pelean”. Aclaró que todas esas conquistas son las que quisieron eliminar en los 70, en los 80, en los 90. “Es lo que volvió a atacar Macri. El motivo por el cual somos la figurita difícil, es porque venimos peleándola en los lugares de trabajo y en los territorios, en las tareas de producción y en las tareas de reproducción. El nivel de ensañamiento que tienen y que aplican es directamente proporcional al nivel de peligrosidad que tenemos. Hay una sabiduría enorme acá”.

***

Andrea Andújar empezó su exposición enfocando en el presente atravesado en clave histórica. Advirtió que “no es la primera vez que las ofensivas son fuertes”. Y al mismo tiempo, señalando que “profundizan sus niveles porque a pesar de nuestras derrotas seguimos construyendo”. Propuso una reflexión que tiene que ver con ensanchar la mirada. “La forma en que pensamos la política y la democracia también es un espacio de disputa que tiene una mirada de clase, que la construimos en función de nuestras prácticas cotidianas en los lugares de trabajo y donde militamos”.

La historia como práctica situada. Andrea planteó que no depende solamente de reparar en “las grandes estructuras sino en los lugares donde estamos”. Comentó que como historiadora aprendió que para “buscar la fuerza y las estrategias de la clase” debe mirar “dónde vive la gente, su comunidad, sus barrios, dónde se divierte”. En esos lugares, siguiendo a Andrea, también reside parte de la resistencia que se construye. “Cuando en la dictadura todo estaba absolutamente prohibido con una peligrosidad infernal, la gente hacía política sindical en una cancha de fútbol y en un asado”.

Andrea destacó que “en esa cotidianeidad aprendimos a quitarnos el miedo”. Enumeró que los miedos siempre son múltiples y que no se pueden resolver de manera individual: lo resuelve un colectivo. “Laburar sobre nuestros miedos, es central buscar en lo colectivo, construir en la cotidianeidad”.

El 16 de marzo se realizó en Villa Constitución el VI Mitin por un Feminismo Proletario. “Esas dos palabras cuando están juntas hacen una molotov”, deslizó Andújar, y justificó: “Porque el feminismo sin clase no tiene sentido y la clase trabajadora sin mirar a las mujeres y a las diversidades tampoco”. Contó que estuvieron charlando sobre el impacto de la reforma laboral sobre las mujeres y sobre los varones. “¿Significa lo mismo o tenemos un plus de opresión que hay que contemplar a la hora de organizar la defensa?”, preguntó Andrea de forma retórica. “¿Tenemos las mujeres las mismas posibilidades de representación sindical que los varones, cuando nos siguen encajando el trabajo de reproducción hogareña y cuando el Estado se retira cada vez más?”.

Andrea hizo el racconto rápido de los hechos que marcaron la gesta obrera del Villazo, hechos que se volvieron un hito de la resistencia obrera y de toda una comunidad, lo cual a su vez tuvo la feroz represión por parte de las fuerzas del Estado que oficiaron de antesala a lo que se vendría luego con el golpe de Estado. “A pesar de esa ofensiva con un operativo increíble, hicieron una huelga de 59 días, la bancaron con la ciudad ocupada y toda la comisión directiva en cana. Así se ocupa la gente de resistir”, destacó Andrea. “El 24 (de marzo de 1976) no se podría haber hecho si no estaban totalmente convencidos de que lo que había que hacer era Acindar a nivel nacional, si no empezaban a reproducir esa metodología y a hacerla una verdadera política de Estado y de dominación”.

Sobre el final de la charla, Andrea explicó la importancia que este hecho histórico tuvo y que permite vislumbrar el lugar central “que tienen las mujeres a la hora de activar sus propias redes para defender huelgas y conflictos que involucran a sus comunidades”, que las involucran como trabajadoras pero también como vecinas, hijas, madres. “Ahí hay una experiencia política infernal, una capacidad organizativa de reguero de pólvora que es increíble”.

En última instancia, Andújar aclaró que la historia que más les gusta “es paras la clase y con la clase trabajadora”. Dijo que “la historia no la escriben los que ganan, la escriben los que la hacen”. Y cerró poniendo el énfasis en la necesidad de recuperar la mirada de las mujeres. “Si queremos hacer un movimiento obrero que vuelva con su potencia, que vuelva a asustar, que pierda el miedo, que esté convencida que la unión hace la fuerza y que la fuerza cambia las cosas. Nuestro horizonte lo planteamos nosotras, no ellos”. 

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