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«Jesús no te rechaza»: una misión para reconciliar la fe con el deseo 

  • 30/07/2026
  • Sonia Tessa
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Laura Villagra creó una comunidad cristiana inclusiva después de años de conflicto entre su orientación sexual y la religión evangélica. Cree que su misión es predicar para los rechazados por la sociedad y las iglesias.

Cada domingo, junto a su pareja, Carina Roldán, Laura Villagra congrega en el garaje de su casa. Corre algunos muebles, acomoda las sillas, y preside una ceremonia cristiana abierta a toda la comunidad, con una bandera del arco iris colgada en la pared con la leyenda “Jesús no te rechaza”. Así, concilia dos aspectos de su identidad que durante años estuvieron disociados: lo que ella quiere es que las personas LGBT que abrazan la religión evangélica sepan que son bienvenidas. 

De esa necesidad nació la Comunidad de Adoración a Jesucristo (CDAJ), que se mantiene en la casa de Laura. El culto transcurre en un pequeño garaje, porque mantener un templo implicaría pedir un diezmo, y prefiere no hacerlo. Su fe tiene música, con la guitarra siempre a mano, porque cantar es una de las formas de su felicidad y la acerca a Dios.

“La convocatoria es amplia, porque si no haríamos un gueto y estaríamos otra vez encerrándonos, y la idea es abrirnos a la comunidad toda”, dice Laura en una siesta soleada de mayo, mientras ceba mates, en la silenciosa casa de Pasaje Daract 1766, en el límite entre los barrios de Echesortu y Bella Vista, en el oeste de Rosario, Argentina.

“Cuando difundimos las actividades, queremos que la gente de la comunidad LGTB sepa que tiene este espacio a disposición, que va a poder venir con su pareja, a estar de la mano, a abrazarse, ser libre, ser feliz y amar a Dios y expresar su fe sin ningún temor a que la discriminen”, señala Laura.

Durante años, Laura sufrió en silencio lo que sentía como una contradicción entre su fe y su orientación sexual. “Fue terrible, devastador, devastador”, sostiene ahora.

“Hubo un momento donde recuerdo que a gritos le decía a Dios que, por favor, me matara o me diera una respuesta para ayudar a nuestra comunidad”, les cuenta a sus personas más cercanas.

Hoy, tras estudiarla minuciosamente, asegura que la Biblia no condena la diversidad sexual. Y que quienes sí lo hacen en las iglesias “tergiversan la interpretación”. 

“Se utilizan seis pasajes para condenar, para maltratar, para agredir psicológica y espiritualmente. Son seis textos fundamentales que se tuercen para hacerlos hablar del tema. Porque la Biblia no habla de sexualidad. Ese es el asunto”, explica con su voz de locutora.

En la descripción del canal de YouTube de la Comunidad de Adoración a Jesucristo Argentina, dice: “Somos hij@s de Dios, un ministerio NO excluyente LGBTI porque Dios nos ama a todes”, y se afirma que “Jesús no rechazó nunca a ninguno, tampoco a los eunucos (una minoría sexual), al contrario”.

Y también se dice que “en los tiempos de Jesús nada se dijo sobre género, ni orientación sexual o expresión de género. A Jesús no le llamó la atención, nunca habló de ellos, entonces por qué hacerle decir lo que jamás dijo”. 

Los videos de Laura son caseros, hechos con su celular. Ella cuenta sobre el Dios que abraza a la diversidad, mira a la cámara con ojos vivaces, da sus argumentos, enfatiza, parece hacer que ese abrazo traspase la pantalla. 

El primer llamado

Como la mayoría de las personas en la Argentina, la familia de Laura era católica. Su llegada al cristianismo se produjo a través de revelaciones, que hoy recorre con detalle. 

—¿Cuándo abrazaste la religión cristiana?

—Cuando era chica, por una cuestión familiar, obviamente me mandaron a tomar la comunión, la confirmación, y no me hallaba mucho, no me interesaba. El momento de tomar la comunión fue trágico, porque si bien no me considero una lesbiana muy masculina, me tenía que poner un vestido blanco, fue terrible.

—Y no querías…

—Y no quería, pero me lo tuve que poner, obviamente. Era chica, tendría 11 años, 10, creo. Fue horrible, pero bueno, tuve que pasar por eso.

Durante la catequesis, cuando se preparaba para la primera comunión, recuerda su primera experiencia sobrenatural. 

—Un día faltó la catequista y me propongo para leerle la Biblia al grupo. Cuando yo me pongo a leer el cruce del Mar Rojo, esto es literal: experimenté como si una llama de fuego me cayera encima. Me asusté y todos los chicos me miraron porque habrán visto la expresión de mi cara. Y ahí me dije: “Ah, parece que lo espiritual no es solamente cuento, algo hay acá”. Pero no tenía quien me explicara, porque la Iglesia Católica no te enseñaba. Esa fue mi primera experiencia, digamos, espiritual extraña, paranormal. 

A los 12 años, se olvidó de la Iglesia Católica: le parecía horrible y aburrida. Eligió el teatro, el rock, fue vocalista de la banda Artemus (arte y música).

Una nueva oportunidad

A los 17 años Laura hacía teatro. “Cuando salgo de un ensayo, tengo otra experiencia, pero fue mucho más fuerte”, se apresta a contar, pero antes afirma: “Hay un tiempo para todos y en algún momento Dios se les aparece de alguna manera a las personas. Después, las personas eligen si lo escuchan o no, si le dan importancia o no, si les resbala o no. Pero Dios les da la oportunidad a toda la gente de que sepa que él existe”.

Su relato es vívido. Al día siguiente tenían un estreno, estaban cansados y salieron con un amigo a dar un paseo. “Fui transportada, algo pasó, porque íbamos caminando y de repente no veo más ni la peatonal, ni los negocios, veo un muchacho que está parado repartiendo volantes y yo experimento como si alguien invisible amablemente me guiara hacia él”, recuerda más de 40 años después.

Ella se recuerda absorta, confundida, no sabía lo que decía el muchacho, no sabía qué le estaba pasando. “No estaba de rodillas en una iglesia. No estaba leyendo la Biblia, yo me había desconectado desde los 12 años hasta ese momento, nada con Dios”.

En ese momento, sus sentidos estaban “colapsados”.

—Cuando este muchacho está terminando de hablar, yo lo veo que habla porque mueve la boca, no escucho. Lo único que alcanzo a entender es que me dice: “¿Harías una oración?”. Y claro, ¿viste? Cuando vos estás en el ámbito cultural, mucho de lo espiritual… pero dije: “Lo voy a usar para mi personaje”. Orgullosa la tipa, esto lo iba a aprovechar.

Para aprovecharlo artísticamente, repitió: “Acepto tener un encuentro con Jesús”.

Lo que pasó después lo recuerda así:

—Me cayó literalmente una nube encima. Esta vez no era una llama de nada, era una nube. Ahí, te digo, literal, me cagué en las patas. Dije: “Dios mío, ¿qué es esto?”. Volví al teatro, me senté en el escenario, no pude ensayar. Sentía todo como una licuadora interior, adentro, y dije: “Yo esto no se lo puedo explicar a nadie, no lo entiendo, no me van a creer”.

Unos años después, recordó aquella experiencia espiritual y empezó a indagar.

Consiguió una Biblia y decidió que la Iglesia Católica no era el mejor lugar para buscar información y amparo espiritual. “Resulta que en la Biblia aparecen esas experiencias. Yo no sabía que eran reales, que existían y que a la gente le pasaba”. Supo que no estaba loca, que no se había imaginado lo que vivió.

Entre el deseo y el pecado

En su adolescencia, Laura también comenzó a “estar intranquila” con su orientación sexual. “Fui tratando de empezar a encontrarme conmigo. Te estoy hablando que tengo 60 años, cuando yo tenía 17, no había toda la info que tenemos ahora”, recuerda. 

En aquel momento, en plena transición democrática argentina, en la primera mitad de la década del 80, la discriminación hacia la comunidad LGTBI era fuerte, y ella hizo “vuelta de página” con su sexualidad. “Tampoco la pude enfrentar”.

Unos años después, recurrió a una iglesia evangélica. No se sintió abrazada. “Iba con mis vestidos transparentes, tipo hippie, las sandalias de cuero, me veían peligrosa, me veían comunista, me veían rara, mucha bola no me daban, pero yo seguí investigando por mi cuenta y seguí teniendo experiencias”, relata.

Al encontrar un camino espiritual, también se enfrentó con su orientación sexual.

Lo que se preguntaba era: “¿Qué hago? Si desde el púlpito en la iglesia enseñaban que te ibas al infierno, ¿a quién se lo decís? ¿A quién le pedís ayuda? ¿A quién le contás? Entonces, ¿qué hice? Celibato”.

Durante casi 15 años prefirió abstenerse de vivir su sexualidad. “Tenía miedo de afrontarlo porque tenía todo un entorno que me condenaba y me iban a rechazar”.

Ella siempre sintió el impulso de unir dos mundos, invitaba a las iglesias evangélicas a trabajadoras sexuales o a gente de la comunidad. “Me trataban mal, ¿por qué traía a esa gente? O sea, desde siempre fui a la comunidad y a las trabajadoras sexuales a decirles que Dios las ama tal como son, pero la iglesia no te acepta eso”, recuerda. 

—¿Cuándo hiciste la síntesis entre tu orientación sexual y la religión?

—Después que salí del celibato y comencé a abrirme a la comunidad LGBT, porque no encontré nada en la Biblia que estuviera en contra. Hablé con teólogos, con teólogas, me puse a investigar más los textos originales hebreos, arameos, griegos, para tener fundamentos, y me encontré con lo que te decía: que los textos no hablan de homosexualidad, mucho menos de lesbianismo, no se tiene en cuenta.

Encuentro del amor y la fe

En su camino de búsqueda de respuestas de la religión, conoció a Carina. Y la atracción fue cada vez mayor. “Ella ya se había separado, aún no divorciado, pero se había separado. Y fue quien me contuvo y me animó a fortalecerme más en esto de ayudar a la comunidad LGTBI. Así que sin Carina, que es mi pareja, yo no estaría hoy haciendo esta actividad”, cuenta, mate de por medio, en la tranquilidad de un pasaje en medio de una manzana, donde el tiempo se detiene.

En 2016 hizo un primer intento de unir el activismo LGBT con su religión, en el espacio de la organización civil VOX, una de las más fuertes que tuvo durante años la comunidad, referenciada en Guillermo Lovagnini, un histórico activista de la ciudad. “Entonces había católicos, mormones, agnósticos, ateos, nosotros como evangélicos, y estuvo lindo, pero como pasa siempre se transformó en una reunión de tomar mate y comer galletitas”, rememora. Considera que se “fue diluyendo”. 

Crearon una iglesia y se convirtieron en noticia. “Fue una movida importante, nos empezaron a llamar de todos los lugares posibles, porque claro, fue una noticia que en Rosario y en Argentina haya una iglesia abierta literalmente a la comunidad LGBT”, recuerda sobre su primer activismo. Tras una mala experiencia con otro integrante de la iglesia que estaban creando, se alejó.

Fue Carina quien la convenció de seguir predicando, y así fue como abrieron las puertas de la casa que Laura comparte con su mamá para la ceremonia de cada domingo.

En esa misma línea, Laura volvió a ganar visibilidad en 2018, cuando Argentina se vio conmovida por lo que se conoció como la “Marea Verde”, la masiva movilización por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito que, ese año, llegó por primera vez al Congreso Nacional. Hubo unas pocas voces evangélicas a favor del derecho a decidir de las mujeres y, en ese momento, ella sintió la necesidad de salir a decir lo suyo. En diferentes medios de comunicación de la ciudad de Rosario fue entrevistada como la “pastora evangélica y lesbiana que apoya el aborto legal”.

—¿Cómo tomaste esa decisión?

—Me parecía que hacía falta que alguien cristiano y evangélico tomara una postura más visible y de apoyo. O sea, en lo personal siempre lo digo, no quisiera que ninguna mujer aborte, quisiera que la ESI (Educación Sexual Integral) se aplique, que las chicas no se embaracen involuntariamente y que no tengan que pasar por eso. Y como dije siempre, no puede haber una ley que te impida abortar así como no hay una ley que te obligue a embarazarte. Pero si no hay educación y si no hay información, no podemos poner en riesgo a las mujeres, es simplemente por amor al prójimo.

Esa posición fue disruptiva entonces, cuando las iglesias católica y evangélicas se ubicaron como las principales opositoras al derecho al aborto. Laura sintió la necesidad de calzarse el pañuelo verde.

El llamado por los “rechazados”

Laura se detiene especialmente en otra experiencia sobrenatural que vivió, esta vez en España. Estaba de viaje en Málaga y escuchaba una radio cristiana. Entre canción y canción, escuchó un mensaje para una mujer llamada Laura: la esperaban en el templo.  

No dudó que era una invitación que venía del cielo, así que tomó nota del teléfono y la dirección del templo, y llamó.

Es muy gracioso cómo cuenta las tratativas para llegar. 

—Me dice: “Pues te va a pasar a coger fulano y si no te pasa a coger fulano, va fulana, alguien te va a pasar a coger”. Y dije: “Bueno, okay, que me pase a coger alguno”.

Cuando entró a la iglesia, asegura haber escuchado la voz de Jesús. “Te traje para ministrarte”, le dijo. Entró callada, se sentó. La reunión ya había comenzado, ella sintió el colorido y la alegría del lugar. Volvió a escuchar a Jesús:  “Esta alegría es la que yo siento cuando vos cantás”. 

Laura no conocía a nadie, y ese día recibían un profeta que, antes de hablar, dijo: “Quiero orar por esa joven de Argentina”.

No tiene dudas de que fue una trama amorosa armada por Dios. Llegó hasta el profeta, que empezó a orar por ella y le dijo: “Te veo llevando la palabra de Dios a todo tu país, a Chile, a Estados Unidos, te veo yendo a los rechazados’”.

Ahí supo que tenía una misión espiritual: abrazar a su comunidad LGTBI para llevarles la palabra de Dios como amor al prójimo, contra la discriminación.

La tarea pastoral

Laura congrega a fieles que la llaman pastora, pero a ella no le gusta que le digan así. “La gente me llama pastora. A mí no me gusta mucho. Para mí, con que me digan Laura está bien, los títulos no son relevantes, pero la gente me considera así”, afirma.

—¿Cómo te parás frente al discurso conservador y retrógrado de buena parte de las iglesias evangélicas?

—Mirá, me llevó unos cuantos años desenojarme.

Lo que entendió fue que “cuando Jesús enseña sobre el amor, no es solamente para hacerle bien al otro, es para uno estar sano, sano”.

Laura prefiere predicar desde el amor. “Me di cuenta de que hablaba desde la bronca, desde el dolor, desde el enojo, no solamente por las experiencias personales, sino por todo lo que he visto, por chicos LGBT que se han suicidado porque la iglesia los rechaza o se han volcado a las drogas para escapar del rechazo, y todo eso te genera bronca. Y me di cuenta de que la derecha me estaba enfermando”, dice ahora.

Paz y tranquilidad es lo que se respira en una casa de barrio en Rosario: amor por Dios y por el prójimo, amabilidad, aceptación.

Durante la semana, Laura recorre la ciudad en bicicleta. Es podóloga: ese es su trabajo en dos geriátricos; en otros dos hace talleres de multiestimulación. Con 60 años, es atlética: hizo judo durante años y ahora practica otro arte marcial japonés, kendo.

Las ceremonias de cada domingo son íntimas, llegan personas cercanas, y Laura canta, acompañada por su guitarra. En el canal de YouTube se la escucha con el clásico de Eladia Blázquez, “Honrar la vida”, y también con canciones cristianas.

El portón negro se abre para recibir a quienes llegan: en algún momento venían parejas de la comunidad que hoy se mudaron de ciudad, y siguen en contacto con Laura y Carina. 

Laura se formó en iglesias bautistas y pentecostales, en las que encontró aceptación de los fenómenos sobrenaturales y también las ceremonias de oración para expulsar a los malos espíritus. 

De toda su experiencia religiosa están hechos los cultos de las tardes de domingo, en un garage de barrio de Rosario, con un Dios que abraza a las diversidades. Y una bandera del arco iris en la pared.

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Sonia Tessa

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