El tercer episodio, Imaginar para volver a florecer, amplía la mirada hacia la región. Porque la ultraderecha es un fenómeno global, que ubica a las mujeres, niñas y disidencias como territorios enemigos y son los feminismos con sus experiencias comunes los que buscan las salidas colectivas.
Frente a la necropolítica que impulsan las ultraderechas al servicio de los tecnomagnates, los feminismos siguen apostando por el cuidado de todas las vidas.
Lo más importante es que no se dejan abatir por la disparidad de recursos. Construyen alianzas, cruzan fronteras, comparten estrategias e imaginan nuevas formas de ampliar horizontes.
Con la experiencia todavía reciente de la marea verde, la reconocida abogada feminista Soledad Deza apunta a “reconectar con una memoria feminista” de luchas que conoce de adentro: su nombre resonó más allá de las fronteras por impulsar la libertad para Belén, la joven cuya historia de encarcelamiento inspiró la película de Dolores Fonzi.
En Brasil tuvieron a Jair Messias Bolsonaro antes de la experiencia argentina, y desde esa mirada, la activista de la Marcha Mundial de las Mujeres, Ana Priscila Alves cuenta cómo se organizan hoy para conseguir la soberanía digital, ya que son en la plataformas virtuales donde reinan las narrativas que fomentan las violencias hacia las mujeres, las personas migrantes y racializadas.
La desigualdad no es un destino inevitable. Desde la organización Puentes, Mónica Roa, reflexiona sobre la importancia de que los activismos imaginen otros mundos posibles. En este caso, no se trata de una ilusión sino de hacer posible un mundo mejor.