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El ataque a Virginia Aparicio y la censura a la ciencia que incomoda

  • 28/09/2026
  • María Soledad Iparraguirre
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Tras liderar un proyecto internacional sobre medición de plaguicidas, la doctora Virginia Aparicio, ingeniera agrónoma e investigadora del INTA, fue sumariada por el organismo que integra desde hace más de 20 años. La amenaza velada de la exoneración -máxima sanción del empleo público nacional- como castigo e intento de disciplinamiento. Una línea de continuidad desde Carrasco hasta hoy con el fin de aleccionar a los investigadores que se niegan a ser portavoces del agro-negocio y limar las posibilidades de una transición hacia la agroecología.

El campo del intelectual es por definición la conciencia. Un intelectual que no comprende lo que pasa en su tiempo y en su país es una contradicción andante, y el que comprendiendo no actúa tendrá un lugar en la antología del llanto pero no en la historia viva de su tierra.

Rodolfo Walsh

—Estos días son una locura. Decime como podemos hacer—, responde Virginia Aparicio al ser consultada para una nota sobre el hecho que recorrió medios y portales durante toda la semana: la posibilidad de que la agrónoma, doctora en Ciencias Agrarias e investigadora del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) sea exonerada por el Consejo Directivo del organismo y no pueda volver a trabajar ni investigar en ningún ámbito del Estado en respuesta a su participación como coordinadora del Proyecto SPRINT. El Sustainable Plant Protection Transition/ Proyecto Transición Sostenible de Protección Vegetal (SPRINT) es un extenso muestreo biológico financiado por la Agencia Ejecutiva de Investigación de la Unión Europea y con participación de 11 países en la búsqueda por reducir el uso general de plaguicidas en un cincuenta por ciento.

Argentina fue el único país no perteneciente a la unión que formó parte del estudio debido a sus exportaciones de granos y carnes y Aparicio, -una de las máximas referentes en la materia-, la responsable a nivel nacional, en representación del INTA. La agrónoma estudia desde hace décadas el impacto de los agro-tóxicos en el ambiente -su primer paper es de 2013- y su participación fue sugerida por Violette Geissen, especialista en suelo de la Universidad de Wageningen (Países Bajos).

El estudio investigó la presencia y exposición a plaguicidas y sus mezclas en matrices ambientales, vegetales, animales y humanas. Los países con población estudiada fueron Argentina, Francia, España, Portugal, Italia, Países Bajos, Suiza, Dinamarca, República Checa, Croacia y Eslovenia. En nuestro país, las mediciones realizadas en personas (73) analizaron sangre, orina y materia fecal, y los participantes llevaron por siete días una pulsera que registra los pesticidas presentes en los lugares/ambientes por donde transitan a diario. También se estudiaron las matrices ambientales, en  vegetales y  animales. En las muestras biológicas y en la pulsera de exposición se analizaron 208 plaguicidas. Los resultados: tanto en Europa como en Argentina se encontraron decenas de agro-tóxicos y mezclas de varios de ellos. Algunos de los más hallados son el glifosato (herbicida pilar del modelo de monocultivo instaurado hace treinta años) y su metabolito AMPA, el 2-4D, Clorpirifós e insecticidas de base piretroide como Fipronil, Imidacloprid, Cipermetrina.

En una nota brindada a este medio en septiembre de 2025, y tras haber realizado la cobertura de los resultados del SPRINT, la periodista Anabel Pomar señaló: “Tenemos una vez más pruebas y evidencias del grado de contaminación que tienen tanto las matrices ambientales como las personas, no es la primera vez  que hay un relevamiento de ese nivel pero hay más pruebas, yo suelo repetirme con una frase que es; no faltan pruebas. A los intervinientes, los voluntarios que llevaban una pulserita que medía las sustancias con las que estaban en contacto en su vida diaria, además de los análisis de orina y materia fecal, les entregaron resultados muy duros, alarmantes. Nadie les dijo qué hacer con eso. Muchos de ellos decidieron darlos a conocer”. 

Censura y cancelación

“Era importante que no se confundiera el efecto agudo con el crónico que buscábamos estudiar para ir pensando cómo migrar a productos menos tóxicos”, señala Aparicio respecto de qué representaba el SPRINT, verdadera caja de herramientas para evaluar el impacto de los agroquímicos en la salud. La segunda etapa del proyecto, precisamente, consistía en trabajar con el productor en prácticas que redujeran la dependencia con  los químicos. Pero las autoridades dispusieron que no se llegara a ninguna conclusión y una semana antes de una reunión virtual agendada para difundir los resultados, el  21 de junio de 2023, el entonces director nacional del INTA Carlos Parera, la suspendió. Mientras a través de una conferencia virtual desde Nueva York, la Cumbre Científica de la Asamblea General de las Naciones Unidas (UNGA 78) presentó los resultados en septiembre del mismo año, el por entonces presidente del INTA, ingeniero Mariano Garmendia, firmó tres días antes de la asunción de Javier Milei la Resolución 1081/2023 que determinó el fin de la participación argentina en el SPRINT. Los expertos concluyeron que es urgente la reducción del uso de plaguicidas. También lograron determinar que los resultados ubican a la Argentina como el país con mayor cantidad de plaguicidas, que se encuentran, además, en volúmenes muy por encima de los hallados en territorios y cuerpos europeos.

En “La trama de cómo Argentina abandonó el Proyecto SPRINT que detecta el nivel de plaguicidas en las personas” nota de Gastón Rodríguez publicada en enero de 2024 en el diario Tiempo Argentino, el cronista señala las razones de la arbitraria decisión. “La respuesta proviene del mismísimo Consejo Directivo que votó salirse del SPRINT: “Fue por presión de la Mesa de Enlace –empieza la fuente que pide reserva por las lealtades (léase los cargos) en juego con el nuevo gobierno–; las entidades ruralistas le dijeron a la conducción política del INTA que con esos datos (en referencia a la presencia de plaguicidas en las personas) no iban a poder sembrar nada, que les iban a poner prohibiciones y las autoridades, en vez de resistir, cedieron a esa presión. Responde a la lógica de no confrontar porque está instalado que los dólares que necesita la economía están en el campo”.

En el Dossier Documental Integral SPRINT – INTA – VIRGINIA C. APARICIO enviado por la propia agrónoma figura un minucioso detalle del proyecto, su finalidad y el recorrido no solo de la participación nacional del INTA sino de la investigadora Aparicio, además de su trayectoria en la materia a partir de sus papers e investigaciones.

Los resultados desagregados indican que:

“El total de participantes argentinos presentó un rango de 6 a 13 plaguicidas en orina, un rango de 2 a 10 plaguicidas en sangre y un rango de 0 a 18 plaguicidas en materia fecal”.

En los ambientes en las que esas personas se mueven a diario, “el total de participantes argentinos presentó un rango de 7 a 53 plaguicidas en las pulseras” de detección.

En alimentos: “El total de participantes argentinos presentó un rango de 6 a 22 plaguicidas en la muestra de alimentos”.

En el polvo del hogar: “El total de muestras analizadas en Argentina presentó un rango de 43 a 86 plaguicidas en polvo del hogar”.

Granos de cultivos: “El total de muestras analizadas en Argentina presentó un rango de 0 a 8 plaguicidas en grano”.

En animales: “El total de animales analizados en Argentina presentó un rango de 1 a 12 plaguicidas en orina, un rango de 0 a 16 plaguicidas en materia fecal”. (Los de sangre continúan pendientes).

En alimento para animales: “Un rango de 5 a 25 plaguicidas en alimento animal”.

En suelos: “El total de muestras analizadas en Argentina presentó un rango de 0 a 12 plaguicidas en suelo”.

Agua superficial: “En el total de muestras analizadas presentó un rango de 10 a 28 plaguicidas en agua superficial”. 

El silencio no es salud

El blindaje hacia la agrónoma de parte del INTA, sin embargo, viene de larga data. En 2019, junto a los investigadores Eliana Gonzalo Mayoral y José Luis Costa, Aparicio publicó el libro Plaguicidas en el ambiente, con sello del INTA y retirado posteriormente de circulación por el organismo. En sus páginas, detallan una investigación sobre 946 establecimientos agropecuarios que no utilizan agro-tóxicos y mantienen “alta productividad y alta rentabilidad”.  Desmienten, por otra parte, una de las banderas más usadas en la defensa del agro-negocio y señalan: “La rápida adopción de cultivos transgénicos (caso algodón) con la justificación de reducir el número de aplicaciones, produjo el resultado contrario. El actual uso de plaguicidas para la producción de materias primas nos ha conducido a una situación de vulnerabilidad”.

Aparicio, además, actuó como perito en la causa iniciada por Sabrina Ortiz por las fumigaciones en Pergamino y declaró en la audiencia del 13 de marzo pasado. Su testimonio – avalado por el Tribunal Oral Federal Nº 2 de Rosario- precisó que de las diez muestras analizadas, ninguna estuvo libre de plaguicidas y que fueron halladas moléculas de Glifosato, su metabolito AMPA, metal cloro, derivados de atrazina, acetoclor, clorpirifós y 2,4D. Había sido convocada al ser la autora, -desde el espacio del equipo del INTA Balcarce-,del informe científico que entre noviembre de 2018 y mediados de 2020 analizó las muestras de agua y suelo en los barrios de Villa Alicia, Luar Kayad, La Guarida y Santa Julia.

—Y junto al disciplinamiento, la desprotección de los ciudadanos y ciudadanas ¿quién estudiará temas tensos y necesarios?, pregunta la investigadora en el cruce vía whatsapp. La alusión es clara; la censura no sólo busca el silencio sino funcionar como ejemplificadora para el resto de los colegas que prioricen una ciencia para las comunidades y no para las corporaciones. —Lo más grave, más allá de mi cuestión personal, es el descrédito del sistema científico nacional—, agrega.

En Pararse en la dignidad, libro que narra la lucha de las Madres de Ituzaingó Anexo, Córdoba, pioneras en denunciar los efectos devastadores del modelo agro tóxico, Damián Marino, licenciado en Química, -cuyos estudios demostraron que el rio Paraná está más contaminado con glifosato que los campos de soja y el herbicida carcinógeno está presente hasta en la lluvia-, recordó cuando conoció a Andrés Carrasco, responsable del análisis que fue punta de lanza. “Nos reunimos para el encuentro de Rosario; me acuerdo que Andrés viene y lo primero que me dice es ¿A vos no te persigue el CONICET? Andrés vino y lo único que dijo fue ¿A vos te persiguieron? Puso el concepto del valor del trabajo en otro lugar, en otro contexto. Tuvimos una larga charla los dos y él me dijo algo así como que “no importa lo que yo haga, importa lo que yo diga”. Le dije, vos sos la puerta Andrés, vos abriste una puerta que ahora no se va a poder cerrar más. Correr el eje de la discusión del tecnicismo científico y ponerlo en esto de plantear qué hacemos con la ciencia, cómo la construimos. A partir de ahí elaboré el concepto de que la ciencia es un patrón social y político, que molesta”.

Al margen de la gravedad del juzgamiento a la investigadora por cuestionar el modelo, (y las consecuencias hacia adentro de la comunidad científica), el fin último de la censura pareciera ser el de vedar las posibilidades de una transición hacia la agroecología. En palabras de Carrasco, y ante el despertar de la sociedad que interpela cada vez más un modelo de enfermedad y muerte, los referentes de la ciencia digna deciden seguir construyendo a la intemperie. También frente al desabrigo se es más libre”.

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María Soledad Iparraguirre

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