Fueron meses de emociones encontradas para la comunidad de Sastre: por un lado, a inicios de julio se publicó un informe de la Universidad Nacional de Rosario que alertó que, entre 2008 y 2018 y como consecuencia de la exposición a agrotóxicos, se habían disparado los casos de hipotiroidismo y abortos espontáneos. Por otro, a fines de septiembre la Corte Suprema de Justicia falló a favor de los vecinos y alejó a un mínimo de mil metros las fumigaciones. La lucha de Sonia y el impacto de los agroquímicos en el cuerpo.
“Vivíamos con la angustia de estar siempre respirando veneno”, recuerda Sonia González, quien hace más de treinta años reside en Sastre y Ortíz, una ciudad ubicada en el centro-oeste de la provincia de Santa Fe, ahí donde el campo se hace fuerte. Con la salud de su hija afectada por la exposición a agrotóxicos, esta vecina libró una ardua batalla judicial que parece haber llegado a su fin hace unos días, cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación falló a su favor y prohibió fumigar a menos de mil metros de la zona urbana. Para entender por qué buena parte de la población celebró la medida, que además sienta un precedente judicial histórico, basta con observar estudios que demostraron cómo la salud de los sastrenses se vio afectada por la cercanía de estas sustancias químicas: un informe publicado hace algunas semanas alertó que durante las últimas décadas se dispararon los casos de hipotiroidismo y los abortos espontáneos en la región.
“En el trabajo he tenido compañeras que perdieron embarazos. No había uno en la oficina que no tenga problemas de tiroides”, dice Sonia, quien supo ser empleada de Agricultores Federados Argentinos (AFA). A la experiencia de esta vecina se le suman los datos del Instituto de Salud Socioambiental de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario (UNR), que entre 2014 y 2017 realizó varios campamentos sanitarios en comunidades expuestas a pulverizaciones agrícolas.
“Entre 2008 y 2018 detectamos un crecimiento en los casos de hipotiroidismo de 5,7 a 14,3 cada mil habitantes. La incidencia de la enfermedad aumentó 2,5 veces en este período. Paralelamente, el incremento de los abortos espontáneos fue de aproximadamente de 2,4 veces. Ahora, si en vez de medir los tres trimestres de gestación, nos limitamos al primero, el crecimiento es mayor. En 2008 la tasa de abortos espontáneos era del 4,1% y en 2018 subió al 12,2%”, explica el médico legista y director del Instituto de Salud Socioambiental, Damián Verzeñassi en diálogo con enREDando.
La pediatra y concejala sastrense Analía Pretto, quien tiene casi tres décadas de profesión en la región y se desempeña en el Samco local, dice que hay una “altísima incidencia de chicos con hipotirodismo”, aunque reconoce que lo más llamativo ocurrió hace veinte o quince años, cuando llegaban al hospital niños con dermatitis en la zona de exposición a los agroquímicos o con alergias respiratorias.
“Las mamás me decían que no comían ni tocaban nada extraño. Cuando empezamos a preguntar, eran todos chicos que vivían en la periferia y veían pasar mosquitos, aviones o directamente eran testigos de las fumigaciones. Me llamaba la atención la cantidad de pacientes que me consultaban por estos cuadros. No podía ser que niños de familias diferentes, con distinta alimentación y estados sociales, compartan la misma patología. Lo que tenían en común era que vivían en la periferia, donde cruzando la calle ya tenías un campo cultivado”, destaca la profesional, quien también refiere que en los últimos años, al menos a nivel hospitalario, los casos fueron mermando.
Los datos que salieron a la luz
El trabajo del Instituto de Salud Socioambiental se publicó en julio de este año, en base a información obtenida en campamentos sanitarios que el organismo realizó entre 2014 y 2019. Los datos corresponden a nueve localidades –Sastre, San Jorge, Acebal, Arteaga, Chabás, Luis Palacios, San Genaro, Timbúes y Villa Eloísa–, las cuales son descritas en la investigación como “poblaciones rurales rodeadas de cultivos pulverizados con plaguicidas”. Verzeñassi señala que, al tratarse de ciudades o pueblos con poca cantidad de habitantes, los resultados tenían más valor científico si se los analizaba en conjunto, aunque la información individual está disponible en el sitio web del organismo.
En los campamentos sanitarios realizados en las localidades antes mencionadas –el de Sastre se hizo en marzo de 2017–, los voluntarios encuestaron a 10.442 personas, quienes aportaron datos de 31.392 individuos, de los cuales 6.497 eran mujeres de entre 17 y 70 años. De la población femenina relevada, 776 (el 11,9% del total) dijo estar medicada por hipotiroidismo.
Entre 2008 y 2018 también se registraron 2.870 embarazos en las nueve localidades analizadas, de los cuales 369 (13%) terminaron en abortos espontáneos. El 77% de ellos ocurrió durante el primer trimestre de gestación.
El estudio apuntó que hubo un “aumento sostenido de pérdidas gestacionales en el primer trimestre durante el período analizado”. Asimismo, señaló que “las mujeres con hipotiroidismo presentaron un 40% más de probabilidad de sufrir un aborto espontáneo”.
“Nos llamó mucho la atención cómo creció el aborto espontáneo en el primer trimestre en concordancia con el crecimiento de los casos de hipotiroidismo”, señala Verzeñassi, y explica que la entrevista tenía un formato de encuesta estructurada que permitió conocer datos sobre la salud de los ciudadanos en los últimos veinte años, tomados al momento en que se hizo la evaluación. El profesional también observa que a nivel nacional no se registró un incremento similar de pérdidas de embarazo ni de alteraciones en la tiroides.
En Sastre –que actualmente tiene unos 5.855 pobladores– se relevaron 1.316 (67,1%) viviendas de las 1.961 identificadas como inmuebles habitables, en donde vivían 3.647 personas (1.942 mujeres y 1.705 varones). En cuanto a patologías crónicas, la mayoría de los ciudadanos dijo sufrir de hipertensión arterial, mientras que en segundo lugar se ubicó el hipotiroidismo, con una prevalencia del 9,5%.
La investigación también alertó que en la capital del departamento San Martín hubo, entre 1998 y 2008, un “significativo aumento de las pérdidas de embarazos” en el primer trimestre de gestación, mientras que entre 2008 y 2018 hubo un “descenso progresivo” de estos indicadores.

“La segunda enfermedad crónica más frecuentemente referida por la población era el hipotiriodismo, que además está asociado con el desarrollo de abortos espontáneos. Encontramos que en el período estudiado hay un incremento muy importante de las pérdidas de embarazos en el primer trimestre”, remarca el médico legista, quien trazó una relación entre ambos padecimientos.
En 972 viviendas (73,9%) relevadas, los encuestados identificaron alguna fuente de contaminación en la localidad. “En este caso está muy presente para la población la actividad agroindustrial, que se expresa a través de la fumigación y uso de agroquímicos”, alertó la investigación.
Los datos recabados por la UNR se condicen con la experiencia de Sonia González. La mujer, que trabajó durante varios años en AFA, recordó que, cuando se reunía con sus compañeros de la región –principalmente de San Martín de las Escobas, donde funciona el centro primario de esta entidad agraria–, la salud era un tema frecuente de conversación: “He tenido compañeras que han perdido embarazos, también había casos de cáncer de páncreas y mama y problemas de tiroides”.

¿Qué impacto tienen los agrotóxicos en el cuerpo?
El director del Instituto de Salud Socioambiental detalla que, de cada diez personas encuestadas en las nueve localidades que contempla el estudio, siete dijeron que había problemas de contaminación. “De ellas –completa Verzeñassi–, ocho nos referían palabras como campos, fumigaciones, mosquitos, agrotóxicos o galpones de agrotóxicos”.
Antes de hacer el relevamiento, estudiantes y docentes consultaron la bibliografía publicada en el país sobre el impacto que estas sustancias químicas tenían en la salud humana: “Encontramos evidencia científica, que hasta el momento no fue puesta en discusión, que vinculaba a la atrazina con el desarrollo de cáncer de mama, disrupción endocrina, hipotiroidismo y trastorno de fecundidad; al glifosato con disrupción endocrina, desarrollo de linfoma, hipotiroidismo, alteraciones de la fecundidad y malformaciones en el desarrollo embrionario; lo mismo para el 2,4-D, el dicamba, el glufosinato de amonio, el clorpirifos. Cada uno de estos productos ha sido estudiado individualmente y genera alteraciones endocrinas. La gran mayoría tiene impacto directo en la glándula tiroides, y algunos de ellos impactan en la capacidad reproductiva, la fecundidad e incluso afectan a los fetos en gestación”.
“Como no hicimos un estudio toxicológico, no podemos afirmar que hay presencia química directa en sangre, pero la salud de estas poblaciones que viven a menos de mil metros de las áreas en que se fumiga se ve impactada. En el período analizado aumentó un 1.100% el uso de estos venenos y, paralelamente, encontramos un incremento significativo de las pérdidas de embarazos en el primer trimestre y de casos de hipotiroidismo”, añade el médico.
El profesional advierte que el 90% de la población comprendida en el estudio, por no decir la totalidad, vivía a menos de mil metros de los espacios fumigados, dado que las nueve poblaciones analizadas son más bien chicas y su radio no supera las veinte manzanas. En Sastre, sin ir más lejos, los clubes e incluso algunas escuelas y el mismo hospital se encuentran en los extremos de la ciudad, a poca distancia de los campos dedicados a la actividad agrícola. Hasta 2018, sólo estaba prohibido fumigar a menos de cien metros de la urbe.
“Hay una expresión en los cuerpos de las mujeres que habitan estos territorios que da cuenta de un daño que no es habitual ni frecuente en Argentina. En el país tenemos productos químicos autorizados que están prohibidos en otros lugares del mundo porque generan daño en la salud. Acá usamos 71 sustancias que en Europa se demostró que tienen impacto en el desarrollo de la tiroides. ¿Cómo podemos afirmar que el incremento que encontramos en las tasas de hipotiroidismo no tienen nada que ver con la exposición a agrotóxicos?”, se pregunta el profesional.
En sintonía, Analía Pretto apunta: “Generalmente el agroquímico influye sobre el sistema hematopoyético o sanguíneo y afecta al sistema inmunológico y endócrino, de ahí el aumento que se puede dar en los niveles de hipotiroidismo y, una de las consecuencias que puede llegar a tener en caso de embarazo, puede ser el aborto precoz o el nacimiento prematuro”.
La pediatra cuenta una experiencia personal que expone el impacto a la exposición de agrotóxicos en los seres vivos: “Tuvimos la oportunidad de estar en el campo y llegamos a tener diecisiete gatitos, con el objetivo de que controlen a los roedores. Ellos vivían en un galpón donde se guardaban los mosquitos y los tarros con químicos. Ahí empezamos a notar que se momificaba la parte trasera de los animales, que terminaban arrastrándose. En el plazo de un año se murieron todos, nos quedamos sin gatos. También observé que habían puesto árboles de punta a punta para parar el viento, y en una de esas pasadas con insecticida se secaron todos, no quedó ni uno”.
“Hay una expresión en los cuerpos de las mujeres que habitan estos territorios que da cuenta de un daño que no es habitual ni frecuente en Argentina. En el país tenemos productos químicos autorizados que están prohibidos en otros lugares del mundo porque generan daño en la salud. Acá usamos 71 sustancias que en Europa se demostró que tienen impacto en el desarrollo de la tiroides. ¿Cómo podemos afirmar que el incremento que encontramos en las tasas de hipotiroidismo no tienen nada que ver con la exposición a agrotóxicos?”
Si bien hace seis años que en Sastre está prohibido fumigar a menos de mil metros de la zona urbana, la exposición a los agroquímicos tiene un efecto a largo plazo. “Hay estudios –incluso pruebas hechas con roedores– que han demostrado que el glifosato tiene capacidad de daño genético intergeneracional que, entre otras cosas, induce al desarrollo de obesidad mórbida, de cáncer en riñón, páncreas, mama e hígado y de trastornos endocrinos en la descendencia, en la tercera generación de las personas expuestas”, explicaVerzeñassi.
“Una población como la de Sastre –completa– no tiene garantizado que, por haber extendido el límite de fumigación, no va a tener nunca más problemas. Las próximas generaciones pueden seguir expresando en sus cuerpos problemas en función de lo que ocurrió antes, pero hay que darle un corte para que eso no se profundice”.
El factor agua
A la exposición a los agrotóxicos que la población sastrense tuvo durante años, se suma otra complicación: el agua en esta localidad no es potable y contiene arsénico. Si bien los vecinos no ingieren este líquido, sí lo utilizan para higienizarse o para regar las plantas, entre otras actividades que no implican el consumo directo.
El biólogo, investigador del Conicet y profesor en la Universidad Nacional del Litoral (UNL) Rafael Lajmanovich estudió qué pasa si se mezclan agrotóxicos y arsénico. Verzeñassi se hizo eco de esta investigación y explica de forma didáctica: “El arsénico tiene un poder de daño de 1 y un agrotóxico compuesto por atrazina también tiene un poder de daño de 1. Si se juntan, el poder de daño de ambos químicos es de 4. Hay un proceso sinérgico que potencia la capacidad nociva”.
Cuando los integrantes del Instituto de Salud Socioambiental entrevistaban a la población hubo varios datos que llamaron su atención: por un lado, la alta cantidad de casos de cáncer, hipotiroidismo y problemas de fertilidad; y, por otro, la aparición de trastornos del neurodesarrollo, como Parkinson, en personas menores de 50 años.
La pediatra sastrense también alerta sobre esta tendencia: “Los órganos clorados que se usan acá tienen gran incidencia en el tema neurológico. Hay un aumento en los casos de Alzheimer y, si bien son degeneraciones que tienen que ver con la edad, es gente que ha sido expuesta a los agrotóxicos durante años”.
Fumigaciones a mil metros: un triunfo de los vecinos
Alertados por las crecientes afectaciones en su salud, hace aproximadamente una década algunos vecinos de Sastre se agruparon e iniciaron una batalla judicial que parece haber encontrado su punto final a fines de septiembre, cuando la Corte Suprema de Justicia de la Nación dejó firme la prohibición de fumigar a menos de mil metros terrestres y tres mil aéreos.
Sonia fue una de las responsables de este triunfo judicial, aunque para ello tuvo que recorrer un camino difícil: corría el 2017 cuando su hija Zoe, de apenas un año, fue diagnosticada con un linfoma linfoblástico tipo T. La vecina, que durante todo su embarazo trabajó en la sede sastrense de AFA, está convencida de que fue la exposición a los agrotóxicos durante la etapa de gestación lo que provocó problemas en la salud de la nena.
“Los médicos consideran que la enfermedad de Zoe surgió de la cercanía con los agroquímicos. Si bien durante el embarazo no estuve en contacto directo, no los toqué, la distancia entre mi oficina y el galpón era muy poca”, cuenta Sonia que recibe a enREDando en Sastre. Ella fue despedida el mismo día que se reincorpora a su puesto laboral, luego de que finalizara la licencia que pidió para cuidar a su hija.
La batalla judicial comenzó a cimentarse en la primavera de 2018. Tras meses de tratamiento oncológico en Rosario, la familia regresó a Sastre con una indicación clave: Zoe tenía que estar alejada de los agroquímicos. Aquí se presentó el primer problema, dado que su casa era cercana a los campos y, en ese entonces, el límite de las fumigaciones era de apenas cien metros.
Los médicos consideran que la enfermedad de Zoe surgió de la cercanía con los agroquímicos. Si bien durante el embarazo no estuve en contacto directo, no los toqué, la distancia entre mi oficina y el galpón era muy poca
“Fuimos al Concejo a pedirles que tomen una medida… era por la recuperación de mi hija. Nos dieron vueltas, intentaron hacer una ordenanza para ampliar el límite a 500 metros, pero los productores empezaron a amenazar a los concejales y la propia Municipalidad ponía trabas. Uno de los ediles nos dijo que si no podían hacer nada al respecto, vayamos a la justicia”, cuenta Sonia. Ante la falta de respuestas estatales se sumaba un antecedente preocupante: a inicios de 2018 una vecina había denunciado que un mosquito fumigó a unos setenta metros de su casa, violando la ordenanza vigente. El panorama para la recuperación de Zoe no era el más prometedor.
Siguiendo el consejo que les dio aquel concejal, más de cuarenta vecinos firmaron un amparo que fue presentado ante la Procuración General de la Corte Suprema de Justicia de Santa Fe y que salió a fines de 2018. “En ese interín se conocieron los resultados de un campamento sanitario que hizo la UNR en Sastre. El estudio arrojó que la ciudad superaba en casi un tercio a la media nacional de casos de cáncer, era muy preocupante”, observa González.
Al poco tiempo, el juez Daniel Zoso, de la ciudad de San Jorge, estableció una medida cautelar que prohibía fumigar a menos de 400 metros del área urbana. Sin embargo, en enero de 2019 y en plena feria judicial, los productores y la Municipalidad de Sastre lograron tumbar la cautelar gracias a un fallo de la jueza Beatriz Forno de Piedrabuena.
La causa volvió a foja cero y pasó al Juzgado de Rafaela. Fue en septiembre de 2020 cuando ocurrió el fallo histórico: el juez Duilio Hail prohibió fumigar a menos de mil metros terrestres, a contar desde el límite de la planta urbana de Sastre y Ortiz. Tanto la Municipalidad –encabezada por la intendenta María del Carmen Amero de Brunazzo– como los productores apelaron la decisión en diferentes instancias, hasta llegar a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que en una resolución con fecha del 13 de agosto de 2026 dejó firme la decisión de Hail.
“Nunca un caso de estos había llegado a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, por lo general lo resolvía cada comuna, municipio o Concejo Municipal. Se trata de cuidar la salud de todos, no de ponernos en contra de los productores, que son importantes para la producción y el empleo local”, dice Pretto.
Tras el fallo de la Corte, el Concejo Municipal de Sastre deberá darle forma a una nueva ordenanza. “Habrá que evaluar qué tipo de condena le merece a quien incumpla con el límite de fumigación. Creo que la sanción económica es la peor que podemos implementar. Ahora si algún vecino ve que están fumigando a menos de mil metros, lo denuncia. Antes quizás se quedaba en el patio de la casa mirando como pasaba el mosquito o el avión, pero hoy lo alerta ante las autoridades, esa es la toma de conciencia. Ojalá que persista en el tiempo y que no se desnaturalice”, agrega la concejala.
Zoe, por su parte, está por cumplir diez y fue dada de alta en 2024, luego de pasar cinco años sin recibir ningún tipo de medicación oncológica. Ahora se hace controles anuales y, afortunadamente y en palabras de su mamá, es una nena “re alta, divina y de corazón”.
¿Alcanza con mil metros?
Para Verzeñassi la única solución posible es que se dejen de utilizar estos venenos: “No hay forma de controlar la deriva de estos productos químicos una vez que se liberan. Se registró presencia de cócteles químicos en la Antártida, donde no hay producción agrícola. Sin embargo, hay estudios de la doctora Delia Aiassa y de la paraguaya Stela Benítez Leite que demostraron que una distancia de 1.095 metros marca diferencias estadísticamente significativas en los riesgos de padecer daños genéticos”.
“Sabemos que a menos de 1.095 metros hay mayor riesgo de padecer daños genéticos que a más de 1.095 metros de donde se fumiga. Este indicador nunca pudo ser refutado”, subraya el médico legista.
En cuanto al cumplimiento de las disposiciones judiciales, Sonia solo recuerda haber visto una vez, de 2020 a esta parte, a un mosquito fumigando en una zona prohibida, a las tres de la tarde y en un día con mucho viento. “Hice la denuncia y obviamente los multaron. Muchos dicen que fumigan de noche. Una de las vecinas que denunció en 2018 se ponía el despertador cada tres horas para mirar si había un mosquito fumigando, son cosas que no le corresponden a un ciudadano”.
“El fallo es beneficioso para toda la población, favorece a los clubes y escuelas que están ubicados en distintos puntos a la redonda”, cierra Sonia, vecina, activista, testigo del dolor de ver cómo su hija de un año afrontó ocho meses de quimioterapia y responsable –junto a los vecinos autoconvocados de Sastre– de alejar a los venenos del pueblo.