En el mes de la Cultura Afroargentina en Buenos Aires, enREDando indaga en una temática invisibilizada por la historia oficial: la cultura y descendencia afro en una “Argentina blanca”. En Rosario hay grupos que, movilizados por la cosmovisión afro, buscan, investigan y expresan con el cuerpo mucho más que una danza, un toque o un canto. Una forma de entender el mundo desde la otredad. Conversamos con María Laura Corvalán, coordinadora del taller de danzas afro Iorubá e integrante del grupo de danzas de orixás Iró Baradé y compartimos las visiones de Lucía Dominga Molina, de la Casa de la Cultura Indo-Afro-Americana de Santa Fe. 

Por María Cruz Ciarniello (nota de archivo publicada en el 2007)

El pasado 2 de julio se realizó el acto apertura del Mes de la Cultura Afroargentina en Buenos Aires, organizada por el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) y la Secretaría de Cultura de la Nación. La idea es visibilizar, a través de actividades académicas y artísticas la historia afro argentina en un país que niega sus raíces e influencias africanas y que, por otra parte, son notables en las danzas, el tango, el folcklore y hasta en “el idioma de los argentinos.”

En el acto, la presidenta del INADI, María José Lubertino expreso que lo que interesa es “documentar lo que suceda en cada una de las sesiones y producir una publicación que visibilice los debates, instalando una agenda de trabajo capaz de conducir hasta la verdadera historia de los afro en la Argentina. Vamos paso a paso, en la tarea de construir y reconstruir”. Además, se refirió a la presencia de afrodescendientes en nuestro país, que es mucho mayor a la que se acepta oficialmente. Estudios recientes indican que la población de origen negro en Argentina ronda los 2 millones de personas. “Hoy acá hay muchos afrodescendientes, y en el país muchísimos más que ni siquiera saben que lo son. Por eso desde el INADI estamos en un trabajo muy fuerte, que aprobó el Presidente de la Nación hace un par de años con el Plan Nacional contra la Discriminación. Para combatir en este caso la invisibilidad de los afro, que es también ayudar simultáneamente a desterrar todas las formas de discriminación”.

En este sentido, la presidenta de la organización de la Casa de la Cultura Indo – Afro – Americana de Santa Fe, Lucía Dominga Molina, en diálogo con Mosaico Social, manifestaba que “en realidad no se conoce porque fue sistemáticamente callado a través del tiempo. Pero existen hasta el día de hoy descendientes de los africanos esclavizados, que llamamos afrodescendientes. También tenemos nuevas inmigraciones africanas y sus descendientes, llamados afroargentinos. Estas inmigraciones se dieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX y a mediados del siglo XX”.

Mucho se dice, se conoce y se estudia sobre la inmigración europea en Argentina. Sin embargo, la ciudad de Buenos Aires fue uno de los principales puertos donde llegaron los barcos negreros que partieron del continente africano. Según el padrón de 1778, de un total de 210 mil habitantes, por lo menos 80 mil eran negros, mulatos y sambos. Hacia 1810, uno de cada tres porteños era negro. La historia oficial niega la presencia de la población africana en nuestras raíces. Una fuerte política de invisibilización y de genocidio impulsada en el siglo XIX da cuenta de ello. Sin embargo la resistencia negra, acá en Argentina, no solo se da a través de las comunidades afroamericanas y afrodescendientes que se encuentran principalmente en Buenos Aires, sino también a través de la cultura afro que fortalece una cosmovisión del mundo diferente.

“Sobre afrodescendientes y afroargentinos no se sabe nada porque se planteó y se ejecutó una política sistemática de invisibilización Es un proyecto político de nuestros gobernantes de la Generación del 36 y de la Generación del 80 donde se pasó a afirmar que nosotros los argentinos somos descendientes de europeos. Se creó una Argentina de ficción, una ficción orientadora hacia Europa. Eso es el eurocentrismo. En nuestros planes educativos no está contemplada la temática. Y es necesario que lo sepamos: porque, al hablar de educación tenemos que saber que en las escuelas de los barrio alejados, la mayoría de las personas son indígenas o afrodescendientes”, expresaba Molina.

Para Lucía el mito de la “Argentina blanca” se construye hacia finales del siglo pasado con la llamada “Generación del 80” y que “presenta como antecedente y base ideológica la obra de Domingo Sarmiento y Juan Bautista Alberdi”. Durante la presidencia de Sarmiento (1866-1872) sucedieron los dos hechos a los que –desde la historia oficial-se les asigna haber causado la muerte en masa de los afroargentinos hasta provocar su práctica desaparición: La Guerra del Paraguay y la epidemia de fiebre amarilla en 1871.

Por otra parte, Molina acotaba que la población negra es parte fundacional del sistema capitalista. “Durante el siglo XVIII llegamos a ser un tercio de la población. En Santa Fe alrededor de un 40 o 45%. En Tucumán, un 64%. Muchas familias, sobretodo en Buenos Aires, hicieron su fortuna gracias a la compra y venta de esclavos.”

“Una forma de ver el mundo desde otro lugar” 

Lali o María Laura Corvalán es comunicadora social, pero además, integrante del grupo de danzas de orixás Iró Baradé. Ella vive en Rosario y coordina el taller de danza afro Ioruba que se realiza en el Centro Cultural Ojo Blindado.

En busca de los movimientos y grupos que en nuestra ciudad investigan y trabajan desde la cultura afro, enREDando conversó con Lali y se sumergió en una cosmovisión que va mucho más allá de la descendencia africana. Tiene que ver con una forma de vida, una religión y una filosofía, que desde el cuerpo en su espiritualidad, manifiesta la resistencia de la población negra. “Lo que siempre trato de buscar es de no negarnos, de ver que raíces quedaron. En la chacarera hay una raíz africana, en el tango también. En nuestro folcklore hay raíces afros.”, cuenta Lali, quien a su vez reconoce que en la ciudad no hay, a diferencia de Buenos Aires, una comunidad que se reconozca como afrodescendiente.

“El mayor trabajo que intentamos hacer nosotros es pensar en lo afro como el otro”. Así, la otredad constituye el punto de partida para pensar y sentir la vida desde otro lugar. María Laura no es descendiente africana, pero hoy, su inquietud, su búsqueda y su pasión es la danza afro de orixás, la que siente como propia, como parte de su vida y como un modo de ver el mundo con otra mirada. La relación del cuerpo con la naturaleza es lo que la convoca a sentir y jugar con la gestualidad, para comunicar y expresar sensaciones y emociones, mediante las danzas, el canto, el baile, el toque.

Su maestra, Isa Soares, bahiana, brasilera y negra, que desde hace 25 años vive en Argentina, es quien la orienta y la contiene en esta experiencia de comenzar a transitar un camino que es de ida: sentir lo afro como cosmovisión y no solo como una danza particular. “A mi lo que me dejo más prendida cuando comencé a tomar clases de danza afro es que mi maestra tenia una forma de transmitir que no tenia nada que ver con las formas de enseñanza o pedagogía que te pueden dar en la escuela. Ya de ahí te empiezan a romper las estructuras y al principio te enoja y no terminas de comprender. Eso es lo más interesante, porque ya la forma de transmitir es otra.”

La otredad implica estar dispuestos “a modificarnos desde todos lados. No solamente aprender la danza, mover la pelvis, el pecho o los hombros. Cuando uno mueve el pecho, los hombros, esta moviendo emociones, esta moviendo el lugar en donde a vos te duele cuando estas triste. Entonces uno empieza a mover y te empieza a pasar un montón de cosas”, explica Lali. La danza afro es pensada no solo como baile en si mismo, sino como historia, filosofía, ideología. Una danza cargada de sentido. Por eso, María Laura, además de bailar, se dedica a la investigación y la lectura de la cultura y la religión afro, que es la esencia de la danza. “No se trata de descarga catártica. Acá laburamos con distintas energías. Hay mucha filosofía, tanto de la capoeira, que tiene un fundamento, como la danza orixás, y eso es lo interesante, que hay filosofías. Y esas danzas que ya están cargadas de fundamento, te ayudan a meterte en la cosmovisión afro. Existe la gestualidad, la intención de lo que estas haciendo, es un diálogo con el otro a la vez”.

Al mismo tiempo, Lali reconoce la importancia de las técnicas para conocer las danzas, el canto y la música afro. Sin embargo, sostiene que es necesario trascender la razón, para modificarse, bailar, tocar y cantar al mismo tiempo, “algo que tiene teatralidad, que cuenta algo. El estereotipo de lo afro es mover la pelvis, los hombros, tocar tambor y nada más.”

Movimientos en Rosario

En Rosario, hay grupos que se movilizan mediante la resistencia de lo afro. La relación con la naturaleza es lo que lleva a éstos grupos a pensar de qué manera encontrar y trabajar desde lo local, con el río, la tierra, el agua, las orillas, los barrios. Por esto, participaron del reclamo de los pescadores en El Espinillo como también de la marcha por el 24 de marzo pasado, donde se gestó una movida muy interesante de gente, movilizada con los tambores y el baile.

Desde las danzas de orixás, el grupo que integra Lali es Iró Baradé. Es una danza afro brasilera, de Bahía. Desde la capoeira angola Juan Pablo Cruciani, integrante del grupoTerritorio Mandinga de Angola, trabaja de la misma manera, comunicándose con los mismos códigos. “La capoeira viene de la etnia de Angola y la danza de orixás de la etnia Iorubá, pero las dos se encontraron en Bahía. Y las dos saludan y evocan a los orixás, que son los dioses”, explica María Laura.

“En África cada familia tenía sus ancestros que ellos cultuaban. Había algunos que eran más representativos, entonces lo que acá quedo fueron ellos, y esos son arquetipos, son decantamientos, y así se fue formando el candomble. Es la religión que se cultua en Bahía como forma de resistencia de los esclavos”. La religión afro impregna el sentido de la danza. “Nosotros nos alimentamos de la religión, pensando que mi cuerpo entero es espiritual, porque hay cosas que son muchas mas grandes que yo y es la naturaleza, yo no se quien es Dios, pero tengo en claro que yo soy muy chiquita”. Para Lali su religión es el arte y no duda. Y esa también, es su militancia. Convocar, juntarse con el otro, con quién tiene la misma necesidad de vibrar desde adentro, con lo primitivo.

El grupo Uma Um desde el candombe y Cosa e Mandingacon los tambores Djembé, son otros grupos que también se unen y se juntan con un vínculo en común: lo afro y esa búsqueda en el otro que implica una búsqueda con uno mismo.

Resistir desde la danza

María Laura Corvalán cree que en Rosario lo afro está negado “porque no combiene hablar de algo que fue una masacre”. “Hay cosas que todavía no se dicen, paso con los negros, pero hoy sigue pasando con los tobas, otro tipo de opresión, pero sigue pasando.” También coincide en esta mirada histórica centrada en las influencias europeas y en los estereotipos marcados, donde lo único que se conoce es la negra mazamorrera, “pero esa negra mazamorrera tenía una vida, y había todo un mundillo y eso es lo interesante”.

Remarca que es necesario reconocer que actualmente hay mucha inmigración africana que llega en “los botes o en los barcos sojeros que se vienen de África hoy, y vienen escondidos, tres meses de navío. Uno se vino con el amigo muerto. Entonces eso esta pasando”. No solo la indiferencia golpea a los afrodescendientes, sino además, a los afroamericanos y a los inmigrantes que arriban desde diferentes tierras, encontrándose con fuertes prejuicios sociales y discriminación. Desde la danza, la cultura afro se está visibilizando cada vez más, “estamos logrando salir del salón”, para convocar con los tambores y el baile. “Cualquiera baila, cualquiera vibra con un tambor, no necesitas más que ganas. Estamos laburando con una etnia que era la élite de África, pero llega a Bahia, y en Bahia ya no eran mas la elite. Yo no me quiero ir a África para ver como eran los orixás en África, a mi me interesa ver que se hizo en Bahia. Y ahora que hacemos en Rosario, que no tenemos mar. Pero tenemos tierra, tenemos la pachamama”. De esta manera, la danza de Lali transita por el folcklore argentino, el chamamé, la chacarera, siempre vinculándose con los elementos de la naturaleza. Y ahí, encuentra lo afro, lo resignifica y desestructura para generar nuevos sentidos. Pero para esto “hay que hacer un trabajo previo. Como hacer para poder transmitir desde mi singularidad, desde mis agüeros, sin perder la esencia, respetando la forma de transmitir. Enriqueciéndola incluso.”

“¿Qué hago bailando afro?, se pregunta Lali todo el tiempo. Mientras más se pregunta, más baila afro, y mientras más baila, más se encuentra con el folcklore, “con la chola, con la coya. Con la relación con la naturaleza. Es el lugar que conozco, que es universal. Y eso tiene que ver con la cosmovisión afro y eso es de los africanos y es de nuestros nativos” Mientras tanto, su búsqueda es lograr que cada vez “seamos más. Juntarnos y preguntarnos entre todos, y encontrarme en espacios como en el barrio de los pescadores. Eso hace que yo me pueda hacer esta pregunta tranquila.”

 

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