Hace cinco años desde esta sección dábamos cuenta de la recuperación de la fábrica de pastas frescas Mil Hojas. Sus trabajadores hoy nos cuentan sobre la responsabilidad de ser referentes para otras luchas; también de los avances y trabas con las que se encuentran cotidianamente las recuperadas.

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Mil Hojas fue una de las primeras fábricas recuperadas en Rosario después de 2001. La experiencia de este grupo de trabajadores que transformaron la quiebra en posibilidad concreta y autogestionada de trabajo, se conoció más allá de los límites de la ciudad. Las pastas frescas, pascualinas y discos de empanadas que cotidianamente elaboran, llegan a familias del Gran Rosario, Victoria, San Nicolás, Rafaela, Villa María y Gualeguaychú, entre otras ciudades.

En los años de mayor esplendor llegaron a trabajar en la fábrica 52 personas, cuando cerró eran 16, y multiplicaron su fortaleza para sostenerse y sostenerla en pie. “Los cambios fueron grandes, todavía estamos aprendiendo todo lo que significa manejar una empresa, la mayoría éramos del área producción y de administración no sabíamos nada. Nos está yendo bien vamos despacio pero seguros. De estar en la calle pasamos a recuperar el empleo y aumentarlo, es un orgullo”, dice Omar Cáceres emocionado.

Omar es el presidente desde la conformación de la cooperativa, en julio de 2001, recuerda que el día de reapertura en algunos sectores no había luz, no tenían gas ni teléfono, tampoco materias primas, comenta que se enfrentaron con planteos legales insólitos. “El Juez nos había dado la habilitación para trabajar y al día siguiente vino Bromatología a clausurar el local. ¿Cómo se entiende esto?, se ve que los dueños trabajaban sin habilitación ¿porqué no vinieron antes?”, se pregunta. La decisión de tomar en sus manos la producción marcó un paso cualitativo tanto interno como externo, el nuevo camino implicó estrechar aún más los vínculos, animarse a asumir todas las responsabilidades inherentes al funcionamiento de una fábrica. “Ahora todo depende de nosotros mismos, no le podemos echar la culpa a nadie, es lindo poder tirar una idea, plantear tus puntos de vista aunque se pueden aceptar o no. Antes esto no pasaba, directamente había un dueño que decidía”, acentúa el referente.

Hoy producen el 50% más de la época en que la administraban los dueños y son casi el doble de trabajadores del momento de la quiebra. Entre las necesidades más urgentes Omar menciona la mudanza, dado que el local de calle Alsina 1030 ya les queda chico. Una de las posibilidades es trasladarse a un predio ubicado en el Rosario-Pérez. “A las empresas recuperadas nos darían 5 hectáreas desde el municipio de Pérez, creo que ya están trabajando para instalar allí un parque industrial. Sería bueno para nosotros, acá no podemos hacer nada nuevo por las limitaciones del espacio”.

No estamos solos

Desde el principio de esta transición, cuando la confianza no estaba del lado de los trabajadores fue acompañándolos anímica y jurídicamente José Abelli, del Movimiento Nacional de Empresas Recuperadas (MNER), en el cuál están nucleados y luchan junto a otras recuperadas del país. “Falta la cobertura de una obra social, que nos integren como trabajadores porque hasta ahora figuramos como particulares y no tenemos jubilación, pagamos monotributo. Nosotros pedimos la expropiación definitiva de la empresa, y una Ley nacional. Si bien ahora está el artículo 190 en la ley de Quiebras que menciona que si los trabajadores se forman en cooperativa en un 70%, el Juez puede darles la continuidad, no hay una regulación para el conjunto de las recuperadas”, sostiene Cáceres.

“Una empresa que quiebra muchas veces está vacía, y el Juez por lo general le da el alquiler solamente por un año, si en ese tiempo llegás a recuperarla ¡tenés que ser Ministro de Economía!. Por lo menos hacen falta tres años para que una empresa se ponga de nuevo en marcha”, dice el trabajador, que suma 28 años en Mil Hojas.

Ser referentes para otros trabajadores

Al trabajo de todos los días se suma el de poder contar y compartir la experiencia vivida, poder llevar además ese proceso de recuperación del trabajo y de la dignidad a otros trabajadores, reproducir la esperanza en todos los lugares posibles. “Un día fuimos a una jabonera en Cañada Rosquín, con José Abelli y Mario (de Herramientas Unión), a contar la experiencia, estaban en nuestra misma situación y tenían en un transparente toda nuestra historia, nos sorprendimos de ser un ejemplo para ellos. Gracias a Dios ya hace un año que están trabajando bien”. A la vez se han ido encontrando con trabajadores de la cooperativa La Cabaña, la parrilla Lo Mejor del Centro y El Rich.

“Podemos ser ejemplo de lucha pero no nacimos cooperativistas ni tuvimos una educación de ese tipo, nos transformamos en cooperativa por necesidad. Se trata de capacitarnos, de hacer escuela con los que vienen, para que quienes sigan que conozcan bien de qué se trata. Venimos de una mentalidad capitalista, es difícil y nos costó mucho”, reflexiona Omar sobre el final de la entrevista.

Contactos:

TE: 0341 – 4352988

Dirección: Alsina 1030 (Rosario)

 

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