Reclamos de base

Durante gran parte del miércoles 17 de abril, un grupo de curas de Rosario y la región pertenecientes a las comunidades eclesiales de base desarrollaron una jornada de reclamos en la Plaza San Martín. La situación del ciudadano en los barrios marginados donde ellos suelen trabajar, considerada de emergencia, provocó este encuentro que ya se había desarrollado en el año 2002 bajo la consigna “Carpa de la resistencia”. Más allá de las claras diferencias que el contexto socio político actual deja ver en relación a los convulsionados años de principios del siglo XXI, esta estrategia de reclamo se volvió a ver con el fin de lograr la inmediata aplicación de políticas públicas que favorezcan a la construcción de una realidad más inclusiva. La mira de estas exigencias apunta a tanto a los tres Estados como a la Cúpula de la Iglesia Católica.

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           Por Martín Stoianovich

Los chicos no son peligrosos, están en peligro

El cura Juan José Gravet contó que su experiencia  en los barrios le permitió ver en profundidad a la falta de trabajo digno y a la inserción de los niños y adolescentes en el consumo de drogas que luego desembocan en el negocio del narcotráfico. “La violencia se ha radicado en los barrios de una manera muy fuerte y nosotros no vemos salidas ni soluciones de la parte dirigencial”, señaló.

Salvador Yaco, sacerdote de la Iglesia Santa Catalina de Capitán Bermúdez, es otro de los referentes de las comunidades eclesiales de base que se hicieron presentes en la Carpa de la resistencia.  “Es bastante hipócrita el discurso de la clase media rosarina, católica, cristiana y en general, que junto con la Iglesia dicen que nuestros chicos son peligrosos, n
uestros chicos no son peligrosos, están en peligro”, enfatizó.

En relación al sistema político vigente, la crítica de Yaco transcurre desde el apoyo a la democracia como la mejor de todas las formas, hasta el pedido de “un sistema nacional, político y económico antiimperialista y anticapitalista de corte socialista como del que hablaba Chávez”. Remarcó así la necesidad de una masa latinoamericanista que se una para hacer frente a las presiones internacionales.

El padre Daniel Siñeriz, reconocido por sus años de trabajo en Nuevo Alberdi remarcó que el Estado no ataca las causas profundas de estas grandes problemáticas, sino que se detiene simplemente en las consecuencias. “El gobierno tendría que tener políticas dirigidas a crear condiciones dignas de vida. Nuestros pibes en los barrios viven una situación muy dolorosa, de abandono, de muerte, de ser utilizados en la trata, en el narcotráfico, de ser carne de cañón en toda la historia”, resumió.

Para Siñeriz la solución debe encontrarse en las políticas integrales “que apunten a todos los aspectos de las necesidades y los derechos de las personas, como ser vivienda, salud y educación”.

“Una Iglesia fuera de la realidad no sirve de nada, es alienante”

Los curas pertenecientes a las comunidades eclesiales de base se diferencian de la Iglesia tradicional principalmente por su manera de trabajar y por no haberse codeado históricamente con los conservadurismos y con la derecha. Juan José Gravet advirtió que el reclamo de la Carpa de la resistencia no sólo apunta a los dirigentes políticos, sino que también está dirigido a la Iglesia como institución: “Toda esta movida no tiene ninguna repercusión en la mayoría de las parroquias de nuestra ciudad, no les interesa, están en otra cosa. Es importante que la mirada religiosa no nos desubique de la realidad que estamos viviendo. Una Iglesia fuera de la realidad no sirve de nada, es alienante”. Finalmente, Gravet citó al Obispo Enrique Angelelli asesinado en la última dictadura: “Hay que estar con un oído en el pueblo y otro en el evangelio”.

En relación a esto, Salvador Yaco remarcó: “La Iglesia habla mucho del aborto, de la vida por nacer o de la sexualidad, pero no se habla nada de los chicos que están vivos. No dice nada al respecto ni hace una realidad encarnada en ningún lado como sí lo hacen las comunidades de base”.

El padre Edgardo Montaldo que hace décadas trabaja en barrio Ludueña es el ejemplo de Yaco. “Lo que él hace es excelente, pero no alcanza porque la realidad sobrepasa la situación”. Además, vale la pena destacar, dejó en claro que el cambio no depende en su totalidad de la Iglesia, sino del Estado, considerándolo apto para hacerlo con los recursos y las posibilidades de las que dispone.

2002 – 2013 y un reclamo que persiste.

Más allá de las grandes diferencias que la realidad actual deja ver en relación a la situación argentina que a fines del 2001 detonaba como consecuencia del neoliberalismo que se había desarrollado en el país, el reclamo de la Carpa de la resistencia volvió a hacerse presente. Para Gravet la situación es distinta porque hoy en día sólo los barrios marginados están afectados por las problemáticas que encabezó esta movilización. “Los que están realmente mal son las clases empobrecidas, la crisis del 2001 repercutió en toda la sociedad”, explicó.

Siñeriz, por su parte, considera que ha habido un importante desarrollo de la democracia y todas sus expresiones. Recordó que hace diez años la consigna del pueblo “Que se vayan todos” conmovió a la esfera política, aunque remarcó: “Muchos se fueron, pero otros se quedaron y se quedaron también las formas políticas de siempre”. Ante esto, y contextualizándolo con la actualidad, Siñeriz aprovechó para repudiar la politización de las desgracias del pueblo como lo fueron las inundaciones o los crecientes asesinatos en la región, utilizadas por los dirigentes políticos “para descalificar al oponente”.

Finalmente, Siñeriz destacó en esta última etapa el surgimiento  y el compromiso de las organizaciones sociales, y pidió que sean convocados por los gobiernos para “establecer entre todos políticas que sean positivas, eliminando todas las formas de corrupción”. La fe de las comunidades eclesiales de base está intacta. Que así sea.

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