Imagen de la campaña del Instituto de La Mujer

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Por Loreley Flores

El juguete es un artefacto cultural con el que las niñas y los niños de todas las épocas hemos crecido, hemos soñado y hemos establecido vínculos. Muchas veces “ese” juguete especial conocía todos nuestros secretos, nos acompañaba a la hora de comer, iba a dormir a nuestras camas, al jardín y a visitar amistades dentro de nuestras mochilas. Era el instrumento a través del cual aprendíamos a compartir, a jugar y a respetar reglas, o no. A través de los juguetes conocimos el mundo adulto y lo reproducimos, por eso es tan importante que nos tomemos unos minutos antes de decidir qué juguete regalarle a una niña o a un niño; qué mensaje queremos darle.

Algunos juegos y juguetes sirven para desarrollar habilidades motrices; otros ayudan a pensar y repensar estrategias, a desdramatizar el error y a intentar de nuevo por otros caminos. Hay juegos y juguetes que contribuyen al desarrollo de la imaginación y el incentivo de la creatividad, otros les enseñará a trabajar en grupo, a interactuar y a organizarse. Hay otros que les enseñaran a pelear y algunos les transmitirán modelos de bellezas distorsionados o mensajes que descalifican o discriminan.

Las niñas y los niños se relacionan y aprenden de la realidad que los rodea a través del juego. Jugando comienzan a preguntarse, interpelar y cuestionar los mensajes que las personas adultas les damos acerca de cómo es la sociedad. Jugando comprenden que hay realidades que pueden ser modificadas. El mejor juguete tal vez no sea el más sofisticado sino el que más les ayude a imaginar, a crear y a soñar.

Para ver sonreir a nuestras pequeñas y pequeños muchas veces gastamos importantes sumas de dinero en comprar los juguetes que se promocionan en los canales infantiles. Respondemos así a la demanda de las criaturas que son convencidas por las publicidades de que los necesitan y de que a través de ellos serán más aceptadas entre sus pares; sin embargo, ese juguete a menudo agota en ese punto su funcionalidad.

Cuando hablamos de juguetes no podemos evitar relacionarlo con un bien económico que debe ser adquirido, pero a menudo las criaturas pasan horas jugando con piedritas, hojitas o arena, aunque no se nos ocurriría nunca regalarles una bolsa de piedras de colores.

A la hora de elegir un juguete, tenemos que tener en cuenta que no hay colores de niños o de niñas; que no hay profesiones masculinas o femeninas —varones y mujeres podemos dedicarnos a la cocina, a la peluquería, a la carpintería, a la ingeniería, la medicina o a cuidar a un bebé—; que los juguetes que representan violencia les enseña a niñas y niños a resolver los conflictos violentamente. Debemos notar también que si les regalamos juguetes que representen a otras culturas les estaremos mostrando un mundo naturalmente diverso y que si las muñecas o muñecos que les elegimos tienen físicos posibles y reales les estaremos dando libertad para ser quienes son.

Los juguetes realizados con materiales reciclables les hablará del cuidado del medio ambiente y aquellos que tengan que ser jugado entre varias personas les enseñará a compartir, a escuchar, a consensuar y a respetar.

Son muchas las cosas que podemos hacer para que nuestros hijos e hijas aprendan a través de los juguetes a jugar en igualdad. Tanto niños como niñas pueden andar en bicicleta, jugar con pelotas, acunar bebés, armar un cohete espacial o viajar a la luna.

Si como personas adultas logramos despojarnos de prejuicios a la hora de elegir los regalos, tal vez las empresas fabricantes de juguetes dejen de hacer las cocinas y las escobas rosadas o en las jugueterías dejen de acomodar las patinetas y las pelotas en las estanterías que dicen “Nene”

A pocos días de celebrarse el día del niño y de la niña, el Instituto Municipal de la Mujer —IMM— lanzó la campaña “Juguemos en Igualdad” con recomendaciones para tener en cuenta en el momento de elegir un juguete.

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