El sábado 15 y domingo 16 de agosto, se realizó en Buenos Aires el II Encuentro Nacional de Familias LGBT con hijas e hijos, organizado por 100%Diversidad y Derechos, La Red Nacional de Familias LGBT y el apoyo de Brandon; la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (SENAF); el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación; el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo —INADI—; el Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social; el Ministerio de Cultura de la Nación y la Defensoría del Público. 

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 Por Loreley Flores

¿Cómo contar la emoción que sentían las familias que iban llegando al hotel en el que se hospedarían, sin hablar de mi propia emoción? ¿Cómo retratar a cada una de esas familias sin ver a mi familia en ellas?

Todo estaba planeado para que cada una de las familias de lesbianas, gays, bisexuales y trans que quisiéramos estar en el Encuentro pudiéramos hacerlo. Tenía que ser un Encuentro para todas y todos: plural y federal. Las personas que estaban en la organización se movilizaron para conseguir adhesiones y  fondos. A través del blog encuentronacionalfamiliaslgbt.blogspot.com.ar/ implementaron un sistema de becas que cubrían el transporte, el hotel y la comida.

A las dos de la tarde, las combis que nos trasladarían desde el hotel hacia el Encuentro estaban cargadas de parejas, niñas, niños, mates, risas, preguntas, cochecitos, solidaridad, empatía y ansiedad. Mucha ansiedad.

El Colegio Nacional de Buenos Aires se vistió de colores Arco Iris, de hipopótamos de goma, de pelotas de colores, de dibujos para pintar, de canciones, de payasos, de títeres, de estatuas humanas, de libros que cuentan que “Anita tiene dos mámás” y de obras donde los príncipes se enamoran de otros príncipes. Por los pasillos y el patio, corrían criaturas llamando a “mamá” y a “mami” o “mamu” —así nos distinguen a una de la otra— y otras llamando a su “papá” y a su “papi”.

No había necesidad de explicar: “somos dos mamás” o  “estoy casada, pero con otra mujer”. No era necesario y se sentía bien escapar un ratito de la norma heterosexual que estipula que las parejas se componen por una mujer y un varón, y que en las familias debe haber una mamá y un papá. Escapar y soñar que estamos en una sociedad que reconoce y respeta la diversidad en todas sus formas donde no es necesario aclarar nada, se sentía bien.

Las familias nos acercamos y nos reconocimos: teníamos temas en común, alegrías similares y problemáticas parecidas. Compartimos acerca de cómo viven nuestras hijas e hijos su experiencia en la escuela, en el club, con sus pares y con sus seños. Hablamos de tratamientos de reproducción asistida y de familias ensambladas. Hablamos de amor y de adopción; de los avances de las leyes, y también de lo que falta.

Se cruzaban tonadas de varias provincias, porque las Familias comaternales, copaternales o con identidades trans existimos desde siempre y estamos en todas partes —el censo de 2010 hablaba de al menos 24.228 hogares compuesto por parejas del mismo sexo.

Viajamos desde Catamarca, Córdoba, Corrientes, Entre Ríos, Misiones, Neuquén, Salta, San Luis, Santa Fe y Tierra del Fuego para sumarnos a las familias locales, de Provincia de Buenos Aires y de Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Se enredaron nuestras familias, se enredaron las emociones, los abrazos y las experiencias compartidas en un encuentro federal y plural, pero por sobre todas las cosas libre.

En la apertura del Encuentro, tanto Pedro Mouratian —Interventor del INADI—, la Dra Marisa Graham —Subsecretaria de Niñez— como Greta Pena —Presidenta de 100% Diversidad y Derechos— hablaron del camino recorrido desde el año 2010 hasta ahora, del compromiso del Estado, de los derechos reconocidos —Matrimonio igualitario Ley 26.618; Identidad de Género Ley 26.743; Reproducción Asistida Ley 26.862 y el Decreto 1006/12—  y de cómo defender y ejercitar estos derechos.

La Lic.Cynthia Ottaviano —Defensora del público— habló de la importancia de reconocernos en las miradas y en los cuerpos, pero también en las palabras y remarcó, con un tono amigable y una sonrisa franca, que todas las personas tenemos derechos a una comunicación que sea plural y diversa, que nos respete e incluya y que son las escenas violentas las que deben ir en horario de protección a menores, no la expresión de amor de una pareja, independientemente del género de quienes la componen.

Y así arrancó el II Encuentro, a eso de las cuatro de la tarde, con un sol hermoso y nuestras voces entonando y desentonando felices la canción “Derechos Torcidos” de Hugo Midón: “Yo no soy mejor que nadie  y nadie es mejor que yo, por eso tengo los mismos derechos que tenés vos”.

Este fin de semana alrededor de ciento cincuenta familias con casi cien hijos e hijas nos reunimos a crear y fortalecer vínculos, a contenernos y a empoderarnos.

Alrededor de ciento cincuenta familias formamos y sostuvimos la bandera arco iris para sacarnos una foto gigante, mientras se nos humedecían los ojos, el corazón sonreía y mirábamos a las cámaras al grito de “IGUALDAD”.

Muchas historias. Muchas vidas.

Mamás y mamás, papás y papás, mamás trans, papás trans, hijas e hijos, familias ensambladas, nuevas parejas nos reunimos para aprender, compartir, saber, proponer.

Trabajamos en comisiones temas de Cultura, Salud, Educación y Diversidad Familiar.  El derecho a la identidad. La adopción, y el Nuevo Código. Las técnicas de reproducción asistida y las obras sociales. Las escuelas y el trato hacia nuestras  familias, la visibilidad de nuestras familias dentro del sistema educativo y la interacción con la comunidad.

La cultura y los modelos culturales, los prejuicios y la discriminación; el lenguaje y los medios de comunicación; las producciones artísticas inclusivas. Las barreras políticas, administrativas, normativas, sociales y culturales y cómo hacerles frente a cada una de ellas. La militancia por el reconocimiento de los derechos y por la defensa de los ellos.

Mientras tanto, los y las más pequeñas cantaban canciones con Violeta Castillo, dibujaban en atriles con pintorcitos y témperas, bailaban, festejaban, jugaban a hacer televisión junto a la Defensoría del público, escuchaban cuentos, reían con payasos y recibían regalos por el día de las niñas y los niños.

Al finalizar el Encuentro hablamos con la presidenta de 100% Diversidad y Derechos —Greta Pena.

—    ¿Qué balance hacés de este Encuentro?

—     Estamos extenuadas en el cuerpo, pero con las emociones en ebullición. Nos reunimos a festejar los avances y a debatir y proponer todo lo que falta con el objetivo del pleno reconocimiento legal, social, político y en los distintos ámbitos de nuestras vidas para nuestras familias, niñas y niños. El Encuentro tuvo un clima festivo y también de debate.

—    En materia de leyes, ¿en qué punto estamos y qué falta?

—    La verdad es que celebramos todos los avances que se han incorporado en el Nuevo Código Civil y todas las leyes de Igualdad, pero reclamamos la urgente modificación de la Ley de Actos Discriminatorios que incluya la orientación sexual y la identidad de género como supuestos. También reclamamos la urgente sanción de una ley que regule las Técnicas de Reproducción Humana Asistida. Además necesitamos que todos los Registros Civiles de la Nación adecuen su normativa interna a la nueva legislación.

— Muchas veces vemos que los profesionales que tienen que atendernos o asesorarnos en diversos temas no están al tanto de las nuevas leyes

—Es cierto, por eso es que también estamos solicitando formación de los profesionales de salud, de educación y de cultura. Queremos, además, fomentar producciones infantiles no sexistas y que no reproduzcan el modelo hegemónico de familia. Nos parece de suma importancia que se respete el derecho de niños y niñas a conocer la verdad de la constitución de su familia y a la construcción de ese relato. Estamos muy felices y ya poniéndonos a preparar los próximos Encuentros Regionales para hacerlo aún más federal y porque sabemos que todavía hay mucho por construir.

Cómo contar la emoción que se siente al convivir un par de días con otras familias como la mía, cómo describir ese sentimiento de hermandad, de comunidad, de cariño que nos nacía aún sin conocernos. Cómo explicar que todas las hijas e hijos —profundamente deseadxs y buscadxs— eran de todas y de todos.

Cómo describir que en ese momento, en ese lugar y con esa gente no me sentí incluida, sino parte.

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