Dos de los testigos que declararon en el juicio oral por el secuestro y crimen de Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi en 1983, fueron los bomberos convocados para recoger los cadáveres de los militantes, en un camino rural bonaerense. Ambos aseguraron no recordar las condiciones en la que encontraron los cuerpos ni quiénes eran los que daban las órdenes en el lugar.  

Por Carina Toso

“La orden fue levantar los cuerpos y llevarlos a la morgue. No preguntamos, cumplimos nuestra función y volvimos al cuartel”, declaró Claudio García, hoy bombero retirado pero que en mayo de 1983 cumplía funciones en el cuartel de Zárate, en una nueva audiencia del juicio oral por el secuestro y asesinato de Osvaldo Cambiaso y Eduardo Pereyra Rossi. García fue quien, junto a Andrés Fanar y Néstor Rosas (también bomberos), concurrieron al lugar donde aparecieron los cadáveres de los militantes, después de que se intentara simular un enfrentamiento con las fuerzas de seguridad.

Cambiaso y Pereyra Rossi fueron secuestrados por una patota de Inteligencia el 14 de mayo de 1983 en el bar ‘Magnum’ de Rosario, para aparecer muertos dos días después en un camino rural de la localidad bonaerense de Lima.

Ante el Tribunal Oral Federal Nº 2 (TOF2) de Rosario, prestaron su declaración testimonial García y Fanar. Ambos aseguraron no recordar detalles cruciales sobre el día que sonó el teléfono en el cuartel de bomberos de Zárate diciendo que había ocurrido un accidente en la ruta 9 y que tenían que acudir con una ambulancia. Cuando llegaron al lugar indicado, les dijeron que debían ingresar a un camino rural porque el accidente había ocurrido campo adentro.

“Estaba anocheciendo, eran entre la seis y media y la siete de la tarde. En el lugar había dos patrulleros, personas que yo no conocía, no sé cuantas, un auto y dos cadáveres de hombres. Uno dentro del auto y el otro no me acuerdo”, relató Fanar y agregó: “No recuerda quien realizó la llamada al cuartel ni si los cadáveres estaban heridos”.

Por su parte, García afirmó: “El auto estaba al costado del camino. No recuerdo donde estaban los cuerpos. Uno pasó por muchos hechos en 43 años de bombero. No preguntamos, cumplimos nuestra función y nos fuimos. Había mucha gente en el lugar, entre 10 y 15 personas, creo que eran policía de la provincia, pero no los conocía”.

Ambos bomberos, habían prestado declaración tras este hecho en 1983 en los juzgados de San Nicolás, donde habían dado más precisiones sobre lo que pasó ese día: “El auto tenía una de las puertas delanteras abierta y las otras cerradas. Uno de los cuerpos estaba en el suelo boca abajo, otro frente al volante, acostado sobre el asiento de la derecha. Al primer cadáver le faltaba parte de la cara y el segundo tenía una lesión similar en la cabeza. El parabrisas y la luneta del auto estaban rotos”, había dicho Fanar en esa oportunidad, pero aseguró que con el paso de los años, ya no puede recordar esos detalles.

En la misma audiencia también prestó testimonio Ignacio Militano, que en el ’83 tenía un kiosco de diarios y revistas en la esquina de Lagos y Córdoba, frente al bar Magnum, donde fueron secuestrados los militantes. Este testigo, fue muy poco claro en sus declaraciones y contradictorio en sus dichos. Lo que sí pudo asegurar ante los jueces es que vio como sacaban del bar a dos hombres, tras el armado de un operativo en donde habrían participado “unas 30 personas vestidas con ropas oscuras”. “Los sacaron del bar y los tiraron como maletas en la parte de atrás de un camión”, expresó. También contó como un miembro de la fuerza militar le aconsejó al otro día: “No te metas en esto porque no es problema tuyo”.

EL 128 blanco

Otro de los relatos ante el TOF2 fue el de Jorge Alberto López, a quien un grupo de militares le robaron su auto, un Fiat 128 blanco, similar al vehículo que tenía Cambiaso y que se habría usado para simular el enfrentamiento en el que los represores aseguraron que perdieron la vida los militantes.

El testigo relató como un sábado a la madrugada, después de dejar a un amigo, volvía a su casa. “Se me adelantó un Dodge 1500 marrón y comenzó a circular a baja velocidad. Intenté pasarlo pero me lo impidió. Hizo una maniobra y me cruzó el coche. Se abrieron las cuatro puertas y se bajaron cuatro personas. Cuando intento dar marcha atrás apareció Falcon amarillo del que se bajaron otras cuatro personas”.

En esta situación se encontró López sin saber qué pasaba. “Una persona me dijo que me baje y me apuntó con un arma bastante grande. Me dejaron ahí y se llevaron mi auto. Me fui corriendo hasta la comisaría 10º a hacer la denuncia para ver si podía recuperarlo. Mi auto era particular, era fácil de ubicar, tenía llantas de magnesio y otras cosas distintas a cualquier otro 128 pero me dijeron que vuelva al otro día”.

Finalmente, y después de varios días de idas y vueltas, el auto de López apareció en la Jefatura de Policía de Dorrego y San Lorenzo. “Fui a buscarlo. Vi que tenía el escape limpio por lo que seguramente el auto había marchado en ruta y vi que tenía unos 150 kilómetros hechos desde el momento en que se lo llevaron”, agregó el testigo.

Guerrieri pidió la palabra

La audiencia terminó con  un pedido de ampliación de indagatoria por parte del imputado Pascual Guerrieri, El ex Jefe del Destacamento de Inteligencia 121. Aseguró haberse sentido “dolido” por los calificativos que le otorgó otro de los imputados, Luis Patti (“delincuente y mafioso”). “Lo dijo sin tener antecedentes, llegué a donde llegué siempre por mérito”, dijo el represor y agregó que Patti sólo era “un policía que llegó a ser subcomisario”.

 

 

 

 

 

 

 

 

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