Las esperanzas se derrumbaron cuando este viernes por la tarde se halló el cadáver de Pichón Escobar flotando en las aguas de la costa rosarina. Vuelve a repetirse en Rosario una historia cada vez más frecuente.

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Por Martín Stoianovich

Cerca de las cuatro de la tarde de este viernes, tres personas que estaban pescando en un sector de la costa rosarina cercana al Parque Urquiza, dieron aviso a la Prefectura Naval del hallazgo de un cadáver. Públicamente se mantuvo la duda algunas horas pero luego se confirmó que se trataba de Pichón Escobar, el joven de 23 años desaparecido el pasado viernes 15 luego de salir del boliche La Tienda. Fue una semana de búsqueda intensa por parte de sus familiares, compañeros de trabajo y algunas organizaciones que se acercaron a acompañar. En la mañana de ayer, horas antes de que apareciera el cuerpo, la hermana de Pichón y su tío se reunieron con los altos cargo de la Fiscalía para exigir explicaciones claves sobre la búsqueda de Pichón. Las respuestas rondaron el mismo discurso de siempre, asegurando el compromiso investigativo en un caso que vuelve a repetirse: se encuentra muerto a un pibe flotando en el río y no existe un menor indicio sobre la responsabilidad del hecho que se acerque al esclarecimiento.

El martes por la noche, en el primer contacto de enREDando con la familia Escobar, permanecía la confianza a funcionarios provinciales que prometían desplegar todas las herramientas al alcance. La principal duda de la familia pasaba entonces por el dato del celular de Pichón registrado en cercanías de la casa de uno de los patovicas de La Tienda que tuvo último contacto con el joven. “Está comprometida toda la fuerza, desde el patovica hasta la policía que está adentro”, decía por entonces Rubén, tío de Pichón en referencia a la seguridad privada y los policías que hacen adicionales en el boliche en cuestión. Sin embargo para la Fiscalía, que tiene la investigación a cargo de Lucas Altare, fue suficiente para que en el allanamiento a la casa del patovica no se hallara el celular de Pichón, para entender que estaba desligado y liberarlo al cabo de horas. Las medidas más relevantes tomadas por entonces habían sido tres allanamientos a domicilios y a la Comisaría 8º donde un testigo anónimo aseguraba haber visto al joven detenido, la entrega de cámaras de seguridad de La Tienda, rastrillajes por distintas zonas de la ciudad, e intervenciones del 911, la Policía de Investigaciones, Gendarmería y la división Asuntos Internos de la policía santafesina. Los avances no existían, y los familiares, amigos y compañeros de Pichón continuaban manifestándose día a día, repartiendo volantes con  la cara del pibe y exigiendo su aparición con vida. Hasta el momento, lo único que se confirmaba era que el joven había tomado de más y que caminaba tambaleándose.

En la movilización del miércoles por la tarde se apagó la última llama de confianza a la investigación de los fiscales. Ese día, una persona que decía ser prefecto se acercó a la zona de la manifestación y aseguró que la Prefectura no estaba haciendo rastrillajes en el río aunque según el legajo de investigación de la Fiscalía la notificación para la búsqueda en las aguas se había mandado el sábado 16. Para el jueves por la mañana, la desesperación de la familia Escobar ante los nulos avances hacia el esclarecimiento del hecho ayudó para que se concretara el patrocinio del Servicio Público Provincial de la Defensa Penal. Hasta entonces, los familiares de Pichón se enteraban de las novedades a través de los medios de comunicación. El defensor regional Gustavo Franceschetti solicitó a la Fiscalía acceso al legajo de la investigación para que la familia pudiera acceder al material recolectado y proponer otras líneas de investigación. Ese mismo día, la Fiscalía anoticiaba que un colectivero de la línea 103 lo había trasladado en su turno, y que el joven estaba perdido, borracho y descendió del vehículo en la esquina de 27 de Febrero y Paraguay, lejos de donde sus familiares suponen que puede haber pasado algo. Otro testigo aseguraba en un programa de Radio 2 que había visto cómo Pichón había caído en la puerta de La Tienda contra un auto, rompiendo un espejo, para luego ser corrido, alcanzado y golpeado fuertemente por un patovica. Pero para los fiscales, según explicaban en la reunión del viernes por la mañana, ese testimonio no era de relevancia porque se había dado a conocer públicamente y no en la Fiscalía como indica el protocolo de investigación.

Cuando este viernes el jefe de los fiscales Jorge Baclini le aseguró a la familia Escobar que se estaba haciendo mucho para esclarecer el hecho, el tío de Pichón retrucó que “mucho es el tiempo que se pierde”. “El trabajo que tienen que hacer ustedes lo estoy haciendo yo”, decía entonces. “Pichón tiene que aparecer, caiga quien caiga”, arremetía contra las autoridades de la Fiscalía mientras más de 400 personas apoyaban en la puerta del edificio del Ministerio Público de la Acusación. Horas después de enviado el hábeas corpus solicitado por el SPPDP, el cadáver de Gerardo era hallado en el río Paraná, con algo de dinero y su celular. Para los fiscales el cuerpo del joven no presenta heridas de arma blanca o de fuego ni algún otro signo de violencia, aunque el informe preliminar de la defensoría asegura la existencia de golpes en distintas partes del cuerpo. Mientras tanto se esperan los resultados de la autopsia para poder determinar la causa de la muerte de Pichón, otro pibe más que desaparece con vida y aparece muerto.

Dudas que persisten

Según aseguró Baclini el viernes por la mañana, las hipótesis de investigación que se sostenían eran dos. Una se inclinaba por el testimonio del colectivero y el posible paseo sin rumbo de Pichón, y la otra sobre lo que podría haber sucedido en La Tienda. En el entorno de familiares y amigos de Gerardo comienzan a aparecer las sospechas de que puede haber responsables de su muerte. Es de conocimiento público que los operativos de seguridad del boliche se realizan en conjunto entre seguridad privada y policías que prestan servicios adicionales. Es también de conocimiento público que ambas partes tienen antecedentes de violencia ejercida contra los jóvenes. El dato del celular en la casa del patovica Cristian V. y algunos testimonios sobre los cuales se espera avanzar, serán claves para fortalecer una hipótesis de la cual la Fiscalía todavía no quiere hacerse cargo.

Los informes de los fiscales brindados en la semana en la que Pichón estuvo desaparecido, además de detallar las medidas tomadas, aportaban datos sobre el estado del joven. Así aparecían las similitudes con el caso Franco Casco, quien había sido detenido en la Comisaría 7ma repleta de antecedentes por corrupción, pero a pesar de ello se insistía en que el joven “desacatado” andaba deambulando por la ciudad. Sobre Pichón se reprodujo que caminaba “errático”, que estaba ebrio, que se subió a un colectivo sin saber a dónde ir, aunque no haya ninguna certeza que permita confirmar esas versiones. Lo confirmado es que Pichón ya apareció sin vida, flotando en el río Paraná, como Franco Casco. También fue un viernes, también fue luego de presentado el hábeas corpus y en el medio de movilizaciones. Parece difícil creer que Pichón se tomó un colectivo para zambullirse en las aguas del río. En las cámaras de vigilancia de aquella noche se ve a dos personales de seguridad detrás de Pichón siguiéndolo rumbo a una esquina, luego dos señoras señalando en la misma dirección. Luego su celular es detectado cerca de la casa de uno de los patovicas, y finalmente el aparato es encontrado junto al cadáver del chico.

Rosario vuelve a hablar de un pibe desaparecido, de muchas dudas, de poco esclarecimiento, de una Poder Judicial que a cada paso que da se acerca más a la impunidad que a la justicia. En menos de un año otro pibe aparece en el río. Nuevamente las declaraciones de funcionarios provinciales desligan la actuación policial cuando ni siquiera hay pruebas que permitan confirmarlo. Nuevamente el gobierno municipal se llama a un silencio que hace mucho ruido. La familia Escobar, mientras convive con un dolor irreparable, no se apresura en señalar responsables, pero sabe que el único camino posible que queda es la búsqueda de justicia por Pichón.

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