Por Santiago Bereciartúa 

 -Buenas.

– Hola.

-Vengo por el trabajo de columnista para Enredando.

– Ajá, ok. Decime por qué, para qué y desde dónde.

– Arranco.

Coincidiremos lxs lectorxs de Enredando –imagino- en que nuestro país se encuentra transitando una aguda crisis económica y que la misma se enmarca en un contexto latinoamericano con similares características. En términos políticos, soportamos un avance de la derecha en el continente, luego de un paréntesis caracterizado por gobiernos con tendencia socialista o nacional y popular, sobre los que podremos disentir en su profundización y traiciones dependiendo el país. Procesos que a grandes rasgos supusieron una mayor generación de derechos e inclusión a sectores medios, junto a una anquilosada e irresoluta clase pobre -o como le quieras llamar para no perturbar tu moral revolucionaria- que experimentó ciertos avances pero que no terminó de pegar el salto socioeconómico. Si coincidimos en este diagnóstico, que la derecha viene para recuperar lo perdido produciendo un retroceso para la región, estamos en sintonía, y las diferentes visiones que podamos tener harán más rico el viaje. De eso se trata.

En estos momentos de trinchera, la lectura de ciertos intelectuales que interpreten, analicen y expliquen la realidad, resulta atractiva. Entre ellos, Boaventura de Sousa Santos, quien concluye con carácter de certeza que las dos principales razones que explican las dificultades por las que están pasando las fuerzas progresistas en América latina, se asientan en el hecho de que sus gobiernos no enfrentaron ni la cuestión de la Constitución ni la cuestión de la hegemonía.

Para esta presentación, nos importa la cuestión hegemónica, entendida como el “conjunto de ideas sobre la sociedad e interpretaciones del mundo y la vida que, cuando son altamente compartidas, incluso por los grupos sociales perjudicados por esas ideas, permiten que las élites políticas gobiernen más por consenso que por coerción, aun cuando gobiernen en contra de los intereses objetivos de grupos sociales mayoritarios.”

Esa hegemonía es dinámica, y está en constante reformulación. La intención humilde de este columnista es brindar una voz más que interpele, que sume, que haga ruido, aunque sea de baja intensidad en comparación con otrxs. Nuestros análisis y opiniones, desde el sector de intelectuales “medios” -universitarios, sin más- también coadyuvan a conformar el pensamiento colectivo y una práctica común de resistencia y organización.

¿Para qué? Para prepararnos para volver, como progresismo o izquierda, reformulados, depurados, con nuevos aliados, como iremos dialogando en las próximas columnas. Pero con la certeza de entender –como lo hizo Marx y hoy García Linera- que la revolución es un proceso compuesto de oleadas, con avances y retrocesos, y que hoy nos toca experimentar un repliegue, y que para que la próxima ola nos acerque aún más a la costa, necesitamos prepararnos pensando y modificando lo que hicimos mal en la oleada anterior. Y en este sentido entiendo que hay mucho por aprender y por profundizar, pero no nos adelantemos.

Para estas alturas pensarás ¿quién se cree este? o ¿Por qué se cree palabra autorizada?

Y en esto vuelvo a citar a García Linera -como lo haré en numerosas oportunidades-: “El intelectual que escribe un hermoso libro no va a la calle, no va al barrio.” Hay que “escribir, difundir, para llevar ideas, para convertirse en sentido común, en hábitos, en juicio y pre juicio, en conciencia y pre conciencia de la gente, y para eso tenemos que utilizar todos los medios.”

Es que la separación entre intelectuales de escritorio con palabra autorizada, y quienes tenemos quizás más praxis que libros y poco reconocimiento académico, no ha sabido generar la transformación necesaria de los “esquemas más profundos del orden ético y del orden lógico con que las personas simples, sencillas organizan su vida, su mundo”. Y ahí está el meollo de la cuestión como bien marca García Linera.

“Es fácil hacer la revolución aprovechando la crisis del orden neoliberal, pero es más difícil anular el orden neoliberal, en el espíritu, en el habla, en la ética, en la forma de organizar cotidianamente la vida, en el sentido común. Es el reto de los intelectuales, salir de la academia, no abandonarla.”

En esta tarea magnánima, nadie sobra. Todxs somos responsables y tenemos la carga revolucionaria para decirlo de alguna forma. En esta gran tarea hay que hablar con el artista, con el músico, con el obrero, con todxs. Lxs promotorxs culturales tienen un gran rol en esta labor, como también lxs periodistas y lxs difusorxs de ideas. Entre todxs debemos irradiar un nuevo sentido común revolucionario, que nos permita re-ordenar el mundo. García Linera lo dice bien claro: “Desmontar el viejo orden lógico y ético del mundo, e introducir las pautas de un nuevo orden lógico y ético del mundo. Solamente si los intelectuales asumimos esto, la batalla va a poder ser posible de llevar a cabo su triunfo.”

Corremos con una ventaja, las crisis son oportunidades. Las crisis tienden a unir al pueblo y movilizarlos hacia los cambios necesarios. Y en esta coyuntura crítica, las luchas de izquierda se van a multiplicar, por lo que habrá que saber articularlas para pegar con más fuerza en forma de puño.

Pero también hay desventajas, porque la derecha aprendió de sus errores, volvió “reloaded”. Logró disfrazarse, colarse en las huestes de varios gobiernos “a priori de izquierdas” como en nuestro país, y los que no pudieron hacer sus negocios con ropaje progresista desplegaron una retórica falaz pero engañosa, con cáscara republicana, defensora de las instituciones y su transparencia. Y su mensaje ideado por el “coaching ontológico” supo colarse con facilidad en los hogares, en las fábricas, a través de los medios hegemónicos que claramente juegan para su equipo, lo que nos empina el camino.

Lo que tenemos claro es que vinieron a cooptar el Estado, del que siempre se sirvieron, aunque nos engañaron con su supuesta enemistad con el aparato. Recordemos la nacionalización de sus deudas privadas en contra de lo público, sobre lo cual nuestro presidente tiene mucho para decir. Claro está, no vinieron para mejorar lo que los gobiernos hicieron mal, sino para desmontar lo que hicieron bien.

“La complejidad del momento impulsado por la restauración conservadora tiene que servirnos para realizar una autocrítica desde el campo popular, lo que plantea una serie de preguntas sobre cómo trabajar en este contexto. Boaventura señala que es necesaria ‘una reflexión sobre la debilidad de nuestro pensamiento y sobre las propias acciones, hay que ser menos arrogantes’.“

En definitiva, intentaremos en estas columnas generar un pequeño aporte al debate, para lo cual haré dialogar a varios intelectuales (de “adeveras” diría el Chavo) que me han aportado herramientas para discutir el presente. Pero sin distraernos en el objetivo final de un retorno al poder desde un espacio emancipador a conformar desde el campo popular, no sin antes acumular fuerzas, agregar a más sectores populares y corregir los numerosos errores cometidos.

Quedará para la próxima la respuesta a la pregunta necesaria: ¿Desde dónde escribiré estas columnas? Pero no quiero convertir este texto en infumable por su extensión, así que si pude acaparar tu atención hasta este final, podrás esperar unos días para continuar con esta presentación y desarrollo de los aportes, siempre y cuando el puesto de columnista sea mío.

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