En Argentina hay veinte mil clubes de barrio y sólo cinco mil quinientos están registrados. Hoy están sintiendo el impacto de los tarifazos mientras la Ley descansa sin ser reglamentada. Conocemos la historia del CLEAR, un bastión social y deportivo del barrio Saladillo. Por qué y para qué sostener estos espacios.

Por Tomás Viú

Durante el segundo mandato de Perón los trabajadores afiliados al Sindicato de la Carne levantaron un monumento a Eva en el corazón del barrio Saladillo. Por los semicírculos que rodeaban al busto, los antiperonistas lo bautizaron “la mandarina”. A veinte metros del monumento a Eva y dos años antes de que Perón iniciara su primera presidencia, despuntaba la historia del Club Social y Deportivo Juventud de CLEAR. Durante la última dictadura cívico-militar el busto de Evita fue destruido y en 1992 lo reconstruyeron. El CLEAR, tal vez más silencioso, siempre se mantuvo en pie.

CLEAR significa Cooperativa Limitada de Electricidad y Anexos de Rosario. Donde ahora está el club, funcionaba la Cooperativa que abastecía de luz a toda la zona del Saladillo. En 1944, por iniciativa de los miembros de la Cooperativa y de sus hijos, se formó una comisión directiva provisoria que empezaría a movilizar al club y a darle forma al primer estatuto. César Pelucchi vive a dos cuadras. Cuando era chico iba a jugar al pool, al villar y al casin. “También jugaba al metegol y al sapo. Todos juegos que ya no existen”. César, más conocido como Pelusa, hoy es el Presidente del Club. “Tengo un sapo que está atrás, lo pinté y lo voy a traer para jugar. ¿No sabés qué hacer? No te quedes en la calle, vení a jugar al sapo”.

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Foto: Tomás Viú

Afuera hace frío y está lloviendo. Sin embargo, en el club hay mucho movimiento. Lo primero que se ve al entrar es una repisa llena de trofeos. Más atrás la barra de un buffet que tiene la pared pintada con la palabra “Bienvenidos”. Y un pizarrón: “A beneficio Día del niño, viernes 8 de julio, 21 horas. Torneo de truco. 100 pesos la pareja. Choripaneada”. Acá entrenan boxeo, artes marciales y fútbol. Pero es el patín el que hace famoso al CLEAR. “El fuerte nuestro es el patín. Nos representan en todos lados. Hasta hace un tiempo el club era muy conocido por el fútbol y ahora nos conocen por el patín”, cuenta Pelusa.

Luz tiene diecisiete años y entrena patín desde los cuatro. Llegó al CLEAR hace cinco años cuando su mamá, la actual profesora de patín, empezó a trabajar en el club. “La profesora de acá estaba embarazada y no podía trabajar más. Mi mamá se enteró y consiguió el trabajo”. Luz dice que en la escuela le iba perfecto y que tenía “todo nueve y diez”. “Estudiaba en el colectivo, le daba una hojeada, hacía la prueba y listo, me ponía a ver videos de patín”.

El año pasado Luz salió primera en el Torneo Provincial y pasó al Regional. “En el Regional éramos treinta y seis. Le dije a mi mamá que no sabía si iba a clasificar y ella me dijo que lo importante era que haya llegado hasta ahí”. En el Regional también salió primera y después fue al Nacional donde salió nº 16 entre cincuenta chicas. “El año pasado era estar en el club todos los días. Me la pasaba acá adentro. Y cuando necesitaba otra pista iba al patinódromo o a Central Córdoba. Paseé por todos lados. Ellas hacen lo mismo”. Ellas son sus compañeras, y en este momento están al lado suyo, sentadas en la mesa con Pelusa. Parados alrededor de la mesa hay varios padres. Uno está grabando la charla con una cámara de fotos. Ninguno se quiere perder ni una palabra de sus hijas.

Pelusa dice que como es un club de barrio “todo se hace a pulmón”. “Detrás de cada chica está la familia que ayuda para todo. Para viajar, para competir, para la ropa necesitás plata. Ahora tenemos que hacer algún evento para que puedan viajar. Sin la ayuda de los padres no se puede hacer todo esto. Ellas van a competir y están siempre primeras o segundas. No tenemos nada que envidiarles a los clubes grandes en la calidad del patín”, saca pecho Pelusa. Luz dice que los padres y las madres “vienen una o dos veces a la semana a limpiar el club, hacen y venden pastelitos, organizan karaoke, té bingo, de todo”. “Son los mejores”, sonríe.

El CLEAR está en calle Lituania 5337. A fines de los años cincuenta los vecinos del barrio compraron un bono de cien pesos para colaborar con la adquisición del local. “En ese momento los socios le compraron el terreno a la compañía eléctrica. Esto es nuestro, es del club”, dice Pelusa. Como el inmueble era propiedad de la colectividad Húngara, entre las condiciones de compra había una cláusula que establecía que el club debía dejar libre una habitación para que en ella pudiera seguir funcionando la comisión directiva de la Asociación Húngara. Por otro lado, como la escuela Nro. 526 «Provincia de Córdoba» no tenía un lugar físico donde funcionar, el club le cedió dos habitaciones. Hoy ya no están los húngaros pero el club sigue prestando. “Por ahí viene una escuela y me pide el salón porque quiere hacer un té bingo para pagar el viaje de estudio de los chicos. No les podemos cobrar, se los prestamos. Es el rol de un club de barrio”, aclara Pelusa.

Son cuarenta las chicas que entrenan patín en CLEAR. Compiten en dos disciplinas: Escuela y Libre. Me explican que en Patín Escuela no hay música y que es más aburrido porque no podés hacer lo que quieras. A partir de los 16 años pertenecen a la categoría Mayor. Camila tiene dieciocho y hace ocho que entrena. Los primeros años los hizo por hobby. Después empezó a competir y supo “lo que era el verdadero patín”. “Hay una competencia local que son tres instancias en el año. Si vos clasificás dentro de las tres primeras, pasás a una competencia provincial. Si en ese Provincial quedás entre las primeas seis, pasás a un Regional, y de ahí al Nacional. Nosotras ya pasamos el Provincial y estamos en el Regional, a un paso del Torneo Nacional”, explica Camila.

La mejor amiga del piso

Un tipo está tomando porrón, habla por teléfono y dice ´vení un ratito al club así charlamos´. En otra mesa hay ocho muchachos que parecen ser históricos habitués. El color que predomina es el rojo. Incluso las cortinas son rojas con cuadraditos blancos. Pelusa está hablando con un vecino de la Peña Canalla que está a tres cuadras. Se ponen de acuerdo sobre los días en que festejarán el Día del niño. La idea es que los festejos se hagan en distintos momentos para que los pibes tengan tres días del niño. “Yo no quiero hacerlo el mismo día que lo hacen ellos. Los pibes van allá y a la otra semana lo hacemos nosotros. Queremos que los chicos se diviertan más”, dice Pelusa. Para él “las nenas acá están contentas. Es como una familia. Hay muchas que tienen condiciones y pueden ir a competir a clubes grandes pero eligen estar acá. Nosotros como institución estamos orgullosos, por supuesto”.

Luz vive Ovidio Lagos al 7000. Entre su casa y el club no hay colectivos. Ella está lesionada pero igual atraviesa la zona sur de punta a punta para estar junto a sus compañeras que están entrenando para el Regional, que será del 14 al 17 de julio en Coronda. “Para mi patinar es todo. Me terminé lesionando porque entrenaba nueve horas por día. Estaba cegada. Ahora siento, veo y reconozco que esas son las consecuencias de cuando uno se excede por amor a algo. Cuando hablo de patín, como ahora, tengo que hacer un esfuerzo para no llorar. Para mi patín es mi vida, mi pasión, es todo. Creo que si no estarían ellas no sería lo mismo”.

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Foto: Tomás Viú

Ariana tiene nueve años y en su vida lleva más años patinando que cualquier otra cosa. Arrancó a los cuatro y hoy está a un paso de llegar al Torneo Nacional. Para Ariana el patín es caerse y levantarse. “Yo al principio me sentía la mejor amiga del piso porque siempre me caía. Después empecé a entender que el patín se trata de eso. Tenés que caer y seguir cayendo para después llegar a un nivel que no creías posible, como yo ahora”. Le pregunto a Ariana por qué le gusta venir al club. “Porque puedo hacer nuevas amigas y porque sé que acá las personas me quieren”.

Luz cuenta que Ariana “empezó con unos extensibles, que son una plancha de plástico que van con una zapatilla”. “Hacían mucho ruido pero a ella le encantaba. Le decían cinco minutos de descanso y no paraba. Le daba, le daba y le daba. Mirá donde está ahora, una genia”, dice. “Cuando ella pisa la pista toda aquella que la mire, aunque no la conozca, se larga a llorar. Es su presencia. Le costó mucho demostrar todo lo que tiene adentro. Tiene nueve años pero mucha grandeza. Pisa la pista y está diciendo Ariana Álvarez está acá y está compitiendo. Sale haciendo todos esos pasos y te saca el corazón”, describe Luz, y se enciende. “Yo la veo a ella y me largo a llorar. Me encanta verla”, confiesa. Camila dice que Luz llora por cualquier cosa, pero Luz dice que no, que ella llora por sus compañeras porque sabe lo que lucharon para llegar al Provincial.

Cajones de gaseosa, un equipo de música, mesas, sillas, varios tubos fluorescentes, un reloj en la pared y un ventilador de techo. Hay algunas fotos en sepia y otras en color. Atrás hay un gran salón que funciona como pista de patín. El piso tiene algunas marcas circulares que sirven para entrenar. Techo tinglado de chapa, un cartel que reza “mantenga orden y limpieza”, algunos banderines colgando y en el fondo muchas sillas apiladas. Las paredes del salón están despintadas.

Pelusa dice que arreglaron el piso y el salón pero que “todavía faltan algunas cosas”. Luz cuenta que “el año pasado el piso de la pista tenía un cuadrado y un pozo, otro cuadrado y un pozo y otro cuadrado y otro pozo”. “Después íbamos a las pistas de las competencias y buscábamos los pozos para esquivar y no estaban. En su momento tampoco teníamos la plata para los patines y las ruedas de agarre”. Las ruedas de agarre sirven para no patinarse en la pista. Me cuentan que en ese momento cada rueda salía quinientos pesos. “Entonces poníamos agua calentita, azúcar y revolvíamos. Éramos las únicas que pasábamos las ruedas por ahí. Después probábamos para que se fuera un poco la mugre y salíamos a competir. A la que pasaba detrás de nosotras, disculpá que te ensucié la pista. Salía el CLEAR y atrás un trapeador. Ahora tenemos ruedas de agarre”.

Luces y sombras

Las chicas de patín del CLEAR tienen puestas unas mallas azules y blancas con lentejuelas. Para la ropa vendieron pastelitos. De todas maneras tienen que alquilar las mallas cada vez que compiten porque el precio de venta es de mil doscientos pesos cada una. “Cada vez que vamos a competir sale entre mil quinientos y dos mil pesos cada una de las chicas”, agrega Camila.

Pelusa tiene encima la boleta de la luz porque hace poco fue a hacer el trámite para censar al club con el objetivo de que entre en el subsidio provincial. “Pasamos de pagar mil doscientos pesos de luz a pagar tres mil quinientos ochenta y dos con cincuenta y cuatro. Es una locura”, dice Pelusa. En el lugar donde inicialmente funcionaba una cooperativa de luz, hoy, después de los tarifazos del primer semestre, recibieron en la boleta un aumento del doscientos por ciento.

Los socios pagan una cuota de cuarenta pesos. “El que no lo tiene viene igual. Y una cuota más alta no podemos poner porque no te la pagan. La idea es que vengan los chicos, para eso es un club. Queremos fomentar que los chicos estén en el club haciendo algo. Los clubes de barrio cumplen un rol fundamental pero a pesar de eso no tenemos ayuda”, dice Pelusa.

En el CLEAR pagan siete mil pesos de impuestos. “Y yo cómo hago para pagarlo si la cuota es de cuarenta pesos”, pregunta Pelusa, y responde: “Es según los socios que tengas”. “¿Y si tenés cien socios?”, vuelve a preguntarse Pelusa. Se responde con otra pregunta: “¿Cómo hacés?” Eso mismo, cómo hacés, le pregunto. “Tenés que hacer eventos de todo tipo. ¿Ves los carteles? Torneo de truco, vender choripanes, lo que sea. Así se manejan los clubes de barrio. Cuando las nenas van a competir tenemos que organizar eventos para juntar plata y que lo puedan hacer. Pero ver la alegría de las chicas no se paga”.

Lo que tampoco se puede pagar son los aumentos en las tarifas. El buffet del club está concesionado y las personas que lo trabajan pagan cuatro mil pesos de alquiler. Pero de esos cuatro mil pesos el CLEAR no ve ni cincuenta centavos. Cada peso del alquiler del buffet se destina a pagar la luz. “Estoy de acuerdo con que haya aumentos pero debe ser gradual. Podés aumentar un poco cada tres meses. Pero así de golpe no se puede. Cuando empezaron con los tarifazos se veía venir”, cuenta Pelusa, y dice que “no queda otra que resistir”. “Sino tenés que cerrar. Si a mí me cortan la luz porque no puedo pagar y las nenas tienen que competir, yo me engancho de cualquier lado. Pero después el problema lo tenemos nosotros. Te obligan a hacer cosas que no tenés que hacer”, tira Pelusa.

Dos estufas y un horno

El Club Atlético Belgrano está en Italia al 2900 y está cerca del barrio La Lata y de Villa Moreno. Su Presidente se llama Gustavo Castro Patiño y cuenta que “son trecientos cincuenta socios que pagan cuarenta y cinco pesos por mes”. De todas maneras, aclara que entran todos aunque no puedan pagar porque “no dejamos a ningún pibe en la calle”. Las actividades que realizan son básquet, patín, futbol de salón, yoga, danza clásica y árabe, kungu fu y gimnasio para la tercera edad.

Gustavo dice que en la antepenúltima boleta de luz pagaron $1.800, en la penúltima $3.800 y que en la última boleta les vino $4.500. De gas, pasaron de pagar $80 en la antepenúltima boleta, lo que venían pagando siempre aproximadamente, a pagar $280 en la penúltima y $835 en la última oportunidad. El aumento que tuvieron en el gas fue mayor al 1.000%. Los elementos que utilizan son “dos estufas, un horno, una fritera y un anafe de dos hornallas”. Cuando le pregunto a Gustavo si pudieron acceder a la tarifa social me dice que no porque “te piden muchas cosas y quedamos enredados en internet”.

El Club Atlético Temperley está en Ayacucho al 2100. El año pasado lanzaron una campaña para llegar a los quince mil socios. Los socios activos pagaban una cuota de ciento sesenta pesos por mes pero debido a los aumentos en las tarifas la cuota aumentó veinte pesos. Entre sus actividades tienen natación. Pasaron de pagar $1.000 de gas en el período marzo-abril a pagar $15.000 en la boleta de mayo-junio. Un aumento de 1.500%. Mirta, trabajadora del club, dice que “la idea es no tocar costos” y que por eso deciden “no calefaccionar o hacerlo sólo a la noche”. Para ahorrar luz, “a veces practican a oscuras”. Mirta cuenta que “intentaron acceder a los subsidios pero que entre reuniones y petitorios se cansaron y terminaron pagando”.

El Club Libertad tiene aproximadamente 1.800 socios que pagan una cuota mensual de $195. La boleta de la EPE con fecha del 06-05-2015 tenía un importe de $5.863,92. Un año después, la boleta del 06-05-2016 indica que el monto es de $13.218,22. Pero el mayor impacto lo refleja el aumento sin límite que tuvieron en el gas. La boleta de Litoral Gas con vencimiento al 8-06-2015 indicaba un importe de $1.552,66. Un año después, la boleta del 13-06-2016 indica un pago de $26.521,57. Es decir, un aumento de 1.700 %.

El Club Echesortu está San Nicolás al 1300 y tiene mil cuatrocientos socios. En la penúltima boleta de Litoral Gas el importe fue de $7.000 y en la última boleta les llegó un monto de $37.000, un aumento mayor al 400%. Desde el club hicieron las gestiones y lograron acceder al subsidio provincial. Por lo tanto, pagaron el 50% de los $37.000. Sin embargo, no vieron otra opción y tuvieron que aumentar veinte pesos la cuota.

Y la vida continúa

El 22 de junio de 2004 se estrenó la película Luna de Avellaneda, que planteaba como eje la dificultad del sostenimiento de los clubes. La Municipalidad de Avellaneda tomó esa referencia para decretar el 22 de junio como el “Día del Club de Barrio”.

La Ley 27.098, que instituye el Régimen de Promoción de los Clubes de Barrio y de Pueblo, fue redactada por los clubes de barrio en distintas asambleas y Congresos Nacionales. Fue sancionada el 17 de diciembre de 2014 y promulgada de Hecho el 20 de enero de 2015. El artículo nº 2 define como club de barrio a “aquellas asociaciones de bien público constituidas legalmente como asociaciones civiles sin fines de lucro, que tengan por objeto el desarrollo de actividades deportivas no profesionales en todas sus modalidades y que faciliten sus instalaciones para la educación no formal, el fomento cultural de todos sus asociados y la comunidad a la que pertenecen”.

Gabriel Gerónimo es el Jefe de Prensa de la Unión Nacional de Clubes de Barrio, organización que nuclea a más de 1.600 clubes de Capital Federal y de las provincias de Buenos Aires, Corrientes, La Pampa, Córdoba  y Santa Fe. “Si bien no existe un registro definitivo, en el país se estiman que son cerca de veinte mil clubes de barrio. La Ley 27.098 fue aprobada en ambas cámaras, sancionada y promulgada, pero nunca entró en vigencia”. Según Gabriel, el acceso a la tarifa social “va a ser casi imposible si la Ley no es reglamentada”. El beneficio depende de qué lugares la haya implementado. “Por eso desde la UNCB estamos dando la discusión en todos los ámbitos para lograr que se reglamente”.

Podrán acceder a la tarifa social las instituciones que tengan entre cincuenta y dos mil socios, las cuales deberán inscribirse en el registro nacional de clubes. Para que esto se termine de implementar, las provincias tendrán que formalizar su adhesión. El Gobernador de Entre Ríos Gustavo Bordet firmó el Decreto Nº 1780 por el cual se incrementa a 28% el subsidio sobre el consumo eléctrico destinado a las instituciones deportivas de la provincia. Por su parte, el Gobierno de Santa Fe anunció hace unas semanas que se bonificará el 50% del consumo de energía eléctrica a los más de mil cuatrocientos clubes de la provincia. De todas maneras, si los aumentos en las tarifas alcanzan subas de hasta 500%, el subsidio del 50% arroja un aumento de 250%. “No es tan difícil llegar a esa conclusión, pero el gobierno la vende de su lado”, dice Gerónimo. Algunos clubes deciden aumentar la cuota societaria pero esos aumentos no pueden equiparar las subas de las tarifas.

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Desde el Ministerio de Educación y Deportes de la Nación aseguran que son cinco mil quinientos los clubes ingresados en el Registro Nacional de Clubes de Barrio. “El gobierno armó un registro propio y ese número surge de los clubes que anotaron y cumplen con los ´requisitos´ absurdos que el gobierno pide”, dice Gabriel Gerónimo. “Entonces preguntamos…si hay cinco mil quinientos clubes registrados, qué hacemos con los quince mil restantes”.

Dentro de los requisitos necesarios para registrarse, los clubes deben presentar los tres últimos ejercicios contables, el C.U.I.T, los libros de actas de fundación y las cuentas bancarias para subsidios. “Hay clubes que ni siquiera poseen baños en condiciones humanas y les piden CUIT, es un poco gracioso”, dice Gerónimo. “Son requisitos que le hacen honor a la burocracia en su máxima expresión”, agrega.

Con respecto a los amparos, Gabriel dice que “surgen del trabajo que estamos haciendo desde la UNCB, dialogando con los concejales, intendentes y funcionarios para que lleven a sus distritos el pedido de interposición de recursos de Amparo ante los distintos fueros judiciales. La idea es lograr descuentos, subsidios y quizás, si tenemos algo de suerte, hasta la retracción de los aumentos”.

Las subas en las tarifas son resistidas por vías judiciales en distintas provincias del país. Hubo amparos en Mendoza y en otros lugares de la Patagonia. A los amparos se suman las apelaciones, las revisiones de cámara, nuevos fallos y nuevas apelaciones. Mientras tanto, la vida de los clubes de barrio continúa. “Ni bien terminan de competir y nos enteramos como salieron, armamos un pasacalles y lo colgamos. Ellas llegan y ven sus nombres. Es un club de barrio”, insiste Pelusa.

Fuentes:

Boletín Oficial de la República Argentina

Unión Nacional de Clubes de Barrio

Ministerio de Educación y Deportes de la Nación

Alfredo Monzón – Historiador barrial

 

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