“Muertas Vivas” es el segundo poemario escrito por un grupo de mujeres privadas de su libertad de la Unidad 5 de Rosario. Nace del taller de escritura que coordina Cecilia Gallino de Mujeres Tras las Rejas, la organización que acaba de celebrar diez años de trabajo militante en las cárceles. El libro está dedicado a la memoria del poeta y escritor Fabricio Simeoni. 

Por María Cruz Ciarniello

La pluma. La escritura y la vida. Muertas vivas. “En eso nos convirtieron” dicen las chicas que llevan tiempo detenidas en la Unidad 5 de mujeres. Pero allí están, resistiendo, y cada palabra escrita sentencia el latido.

“En esta unidad

Todos los días los gorriones

Están presos como nosotras.

Nosotras que tenemos corazón

Les damos de comer.

Yo si fuera flaca

Me prendería de sus alas

Y me iría volando con ellos”

Un pequeño pero intenso poemario fue publicado por la ONG Mujeres tras las rejas que en este 2016 celebró sus diez años de trabajo militante dentro de las cárceles y puntualmente, dentro de la Unidad 5 de Mujeres. Ubicada en la calle Ingeniero Thedy al 300, la prisión es una vieja casona vestida de gris. Allí todos los días la vida se disputa en un terreno de sobrevivencia cotidiana. Hay radio, hay mates, hay talleres de costura y escritura. También hay dolores y miedos. Olvidos y esperas.

El poemario fue presentado hace unos meses en el marco del Festival Internacional de Poesia pero, paradógicamente, las chicas poetas no fueron autorizadas por el Servicio Penitenciario para salir del penal y asistir a la presentación de su propio libro. Una muestra más de cómo funciona el patriarcado en las cárceles. Sin embargo, sus escritos volaron tanto como lo hacen los presos gorriones. Viajaron más allá de los muros de la prisión. Y en este fin de año, se convirtieron en canciones recitadas por ellas, en el marco de lo que fue el cierre de año de los talleres de Mujeres Tras las Rejas que se celebró en la Sala Lavardén.

 Cecilia Gallino es una de las coordinadoras del espacio de escritura que le rinde homenaje al escritor y poeta Fabricio Simeoni. Inspirado en un taller extramuros que Fabricio realizó junto a Marta Diaz con las internas de la U5, el espacio que hoy coordina Cecilia recupera en esta nueva publicación, la palabra de las mujeres presas. La que silenciada e ignorada, batalla desde la oscuridad para trascender las rejas y decir que, a pesar de estar “muertas”, ellas siguen vivas. “Acá estamos como en el Valle de los Huesos Secos / olvidadadas / esperando un milagro. Muertas pero vivas / necesitamos fuerza / para sobrevivir”.

Gran parte de los escritos son creaciones colectivas. El tono es diferente, dice Cecilia, haciendo una mera comparación con el libro anterior. Korazón sin control fue el primer libro que publicaron con poemas que hablan del amor, el tiempo y la espera. Muertas Vivas es un documento de denuncia poética. Ambos están escritos y paridos al interior de la cárcel pero la escritura conlleva un decir distinto.

Quizá por las lecturas que la coordinadora propuso a las internas de la planta alta y baja del penal, tal vez por la búsqueda de otro estilo, Muertas Vivas muestra otros modos de contar el adentro. Los temas siguen siendo recurrentes: como si escapar del paso del tiempo  y los encierros, de las esperas y las noches fuese imposible dentro de una cárcel. Sin embargo, en “Muertas Vivas” aparecen los pájaros y gorriones como metáforas de libertad.

“Había pensado que las lecturas podías ser de escritores vivos, sobretodo Gabriela Bejerman influyó en cómo contaron las cosas las chicas. Casi todos los textos son creaciones colectivas. Mi idea era que ellas produzcan durante la semana y rápidamente la dinámica del taller fue escribir colectivamente, en el momento, como una suerte de cadáver exquisito pero viendo las partes”, explica Gallino. “La cárcel es un mundo que muchas veces se cierra sobre sí mismo, y mucha gente nos donó sus trabajos, sus libros. La idea era poder leer los libros que nos donaran ahí mismo, recibimos muchos libros. Hicimos una actividad solidaria en Ciclotemia.  Acá estan las voces de mujeres que están privadas de su libertad”.

Cecilia habla y refiere a la dinámica del taller, a la gran cantidad de libros que fueron donados al espacio, a través del dispositivo que ella misma creó «tráfico de libros». A las lecturas y creaciones colectivas que fueron disparando los textos que integran el poemario. Habla también del nombre del libro. “Cuando yo arranqué, hablamos mucho de lo que va pasando durante la semana y una vez me dijeron que para ellas era peor estar presa que estar muerta porque si estabas muerta te llevaban flores y te recordaban y si estabas presa ni siquiera eso. Eso me impactó mucho. De allí nació el título”.

Cecilia también menciona la experiencia de Yo no Fui, el taller de escritura que tiene la poeta María Medrano en la cárcel de Ezeiza. “Sabía que existía hace mucho y me pareció muy interesante porque lo que ella dice es que con el tiempo lograron quitar la cáscara de los grandes temas que siempre aparecen. Yo creo que nosotras recien estamos intentando soltar la palabra. Creo que se puede trabajar un montón de cosas. Y de hecho la experiencia con Fabricio, una de las chicas que salió en libertad, publicó un libro y adoptó como oficio la escritura. Confío mucho en la capacidad transformadora que tiene la palabra”.

“La Abuela”,  María Eugenia Bruno, fue una de las mujeres que más participó y activó dentro del taller, dice Cecilia. En el libro, uno de sus escritos está dedicado a la tristeza:

“Estoy acá hace 7 años

por algo que no hice.

Espero que alguien me ayude

a salir de este lugar insoportable

y triste.

Trabajo para distraerme

en el taller de cuero.

Estoy en segundo año del EEMPA.

Yo sé que estudiando

se me va a pasar la tristeza.

Desde que murió mi mamá

mi corazón

Sangra por dentro

 Es duro el encierro”

«Muertas Vivas» fue editado por la Editorial Municipal y reúne textos de Mirtha Rusñisky, Patricia Funes, María Eugenia Bruno, Claudia Paiva, Lucía Alcaraz y Rosana Esquivel. Todos fueron escritos durante el 2015. La palabra poética, una vez más, transformando el decir en un hacer hecho de revoluciones y sentires. En un acto de vida más allá de la muerte.

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