Por Lxs Pibxs 1

Los polaquitos en la cocina de la baja de edad de punibilidad

Un supuesto niño asesino televisado en el programa que pelea la punta del rating nacional. Un niño asesinado por un policía en un supuesto intento de robo. La legitimación del castigo a la niñez y las cartas a jugar de cara a las próximas elecciones.

Por Martín Stoianovich

Como si fuese una elaborada y distinguible estrategia comunicacional, la coincidencia de que el chico se apodara “El Polaquito” debía ser aprovechada. O bien no repararon en la historia, cuanto menos en los años recientes, o bien subestimaron, una vez más, a la ciudadanía. Porque tienen con qué: todo lo que vende la industria televisiva es comprado sin chistar. Así fue que un domingo de julio del 2017 volvió a la pantalla argentina el pequeño “Polaquito”, ese estereotipo de pibe chorro y callejero que en el 2003 había personificado el actor Abel Ayala en la película que lleva ese apodo como título. En el inconsciente del grueso de la cantidad de personas que significan los más de treinta puntos de rating que promedia el programa Periodismo Para Todos que conduce Jorge Lanata, quedará la imagen de un nuevo demonio. El impacto no tardó en llegar. Distintas organizaciones repudiaron el informe y aseguraron que se trató de un montaje. Horas después, un policía mató a un chico de 14 años en el partido de San Martín de la provincia de Buenos Aires. Entre líneas se lee un nuevo intento de poner, o imponer, como sea y en sintonía con la campaña electoral, a la baja de edad de punibilidad como un tema de agenda.

Así como el diminuto y favelado Ze Pequeño de la película brasileña Ciudad de Dios, después de matar mostrando con una terrorífica carcajada los dientes blancos de afortunado niño actor en contraste con su piel negra. Así como los personajes de las producciones argentinas como “El Polaquito”, “El Elefante Blanco”, o las novelas “El puntero” o “El marginal”, entre otras que pueden aparecer en la memoria colectiva. Periodismo Para Todos montó una suerte de ficción en lo que dice ser un programa periodístico. Aunque olvidaron mencionar las otras caras de una problemática que incluso también muestran las producciones nombradas: los pibes que roban para la policía bajo presión y amenaza de muerte, las recaudaciones de la misma policía por la venta de drogas, o las irregularidades y negocios en el sistema penitenciario.

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Con un párrafo aparte para la automática violación de todos los derechos y garantías que procuran la protección a los niños de toda exposición pública que los comprometa, El Trece puso a toda marcha la maquinaria que como chacinados fabrica prejuicios, profundiza estereotipos y moldea esas cabezas sensibles y seudo deprimidas de televidentes de domingo a la noche que preceden a la fatídica mañana de lunes en la que los engranajes del sistema vuelven a funcionar. No hay que pensar en las posibilidades de despidos, en las tarifas que se acumulan sin pagar, no hay que hablar de las deudas para los nietos de los nietos que apenas hoy empiezan a gatear. Todo será más simple si el enojo es dirigido a alguien mucho menor, aunque no tenga nombre real, su rostro esté oculto y no exista ni la más mínima prueba para sustentar todo lo que se cuenta. ¿Para qué importan esos datos, no? Si ya funcionó con el Brian menor de edad, niño pobre, villero e hijo de extranjeros, acusado de matar al otro Brian también niño, aunque las novedades del caso se hayan disipado con los primeros indicios que desprendían al acusado de los cargos por los que era señalado.

Al televidente, que no se preguntará si es cierto lo que está viendo, le impactará de lleno la historia de este “Polaquito”. Viene de una villa. Es flaquito, casi diminuto. Tiene poca ropa, y gastada. Y habla con vocabularios rebuscados, de esos que se aprenden “de los más grandes” en la calle. Hasta ahí todo normal: nada que no se pueda encontrar en la esquina de un semáforo o caminando cualquier barriada de cualquier ciudad. A su vez es mucho más fácil -y entretenido, impactante y efectivo para esas cabezas productoras- que sentar en el programa a un especialista que pueda dar cuenta de forma argumentada y responsable sobre la problemática del vínculo de los menores de edad con el delito. Todo se vuelve más dulce para las moscas de la TV cuando el pibito habla de sus andanzas: que fuma porro con cocaína, que robó una camioneta con un socio y que lo baleó en la garganta cuando este se quiso quedar con los 25 mil pesos que le correspondían como parte del botín, o que mató a un “transa” que por transa fue un muerto por el que nadie preguntó.

El impacto para los televidentes fue inmediato y lo aprovecharon los medios afines a El Trece que trascribieron el informe en notas de portales web. Como Clarín, que en una nota tan vergonzosa que nadie quiso firmar vuelve sobre la “estremecedora” historia del “Polaquito”. “No deberían recuperarlo, sino terminar con él y su vida podrida”, dice el primero de los más de cien comentarios que piden la muerte, la tortura, y la desaparición definitiva de todos los polaquitos.

Como respuesta, en lo más inmediato posible y con todas las desventajas en contra, allegados al niño salieron a desmentir el relato construido por el programa de Lanata y aseguraron que se trató de un montaje. La madre del niño es cartonera y está vinculada al Movimiento de Trabajadores Excluidos, organización desde la cual salieron al cruce. El niño tiene 11 años y no 12 como dicen en el programa, y aseguran nunca cometió un delito de semejante gravedad como menciona el informe. “Tiene una vida difícil, signada por la pobreza y conflictos con la ley, pero en ningún caso participó en hechos en los que hubiera portación de armas, se produjeran lesiones y mucho menos homicidios”, dice el comunicado difundido por el MTE. Además, acusan que el joven recibió presión por parte de la policía bonaerense para realizar la entrevista.

Como si se tratara de un efecto inmediato, y dando una mano a este análisis, horas después del programa de Lanata, Clarín publicó otra nota con el protagonismo de un menor de edad. Se trataba de Rodrigo Correa, un chico de 14 años asesinado de un disparo en la cabeza por un policía de civil en la localidad bonaerense de Billinghurst, partido de San Martín. Como de costumbre, el fallo mediático, siempre anticipando al accionar judicial, dijo que el policía se defendió de un intento de robo. Más de trescientos comentarios pidieron medallas y honores para el policía y muerte y más muerte para este y todos los rodrigos matados y sepultados en el relato policial y mediático. La relación de este hecho con el programa de PPT la ofrece el comentario destacado de un lector: “Un polaquito menos”.

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La construcción de relatos y estereotipos por parte de los grandes medios de comunicación, fieles herramientas de los poderes de turno, volvió a incidir en la ciudadanía para fortalecer ese relato histórico del pequeño culpable irrecuperable. Es el abc de un lento pero seguro proceso de legitimación de ese deseo masivo que quiere menos polaquitos. Que sean esos polaquitos los transas descartables del multimillonario negocio de las drogas por los que nadie preguntará cuando sean asesinados. Que sean esos polaquitos los que la policía mata en legítima defensa cada vez más seguido. O que sean ellos los que deambulan durante la minoría de edad por institutos de recuperación en donde el recuperador es el Servicio Penitenciario. O los que circulan durante años por granjas de rehabilitación de adicciones en donde las torturas y los castigos y la muerte lenta se esconden detrás de los carteles que aseguran un futuro mejor que protagonizarán los polaquitos en un mundo del nunca jamás. Aunque, para los dueños del poder, todo sería mucho mejor y más barato sin tanta careta. Todo sería más fácil si ese destino que es la ley penal, y que pretenden sea indeclinable, llegara más rápido. Así es que se echa más leña a la baja de edad de punibilidad, ese proyecto que en esta ocasión Cambiemos cocina a fuego lento desde hace meses y espera servir en un banquete en caso de que en las próximas elecciones los números caigan a su favor.

  • Maria Eugenia says: 19/07/2017 at 12:17

    Brillante análisis del lamentable suceso de la utilización de un niño por inescrupulosos extremistas aniquiladores de infancias

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