Jonathan Argüello estudió Sociología en la cárcel y es uno de los protagonistas de la película ´Las facultades´. Desde la sociología fue identificando las identidades que se despliegan en el encierro. Hoy está haciendo la tesis sobre los diálogos entre las lógicas delictiva, académica y penitenciaria. Jonathan, que salió de la cárcel adentro de una película, analiza la noción de criminalidad que construyen las series como ´El marginal´ y la experiencia de volver a la cárcel como educador. La universidad pública, la educación en cárceles y las herramientas para deconstruir la realidad e intentar transformarla.

Durante los catorce años que estuve preso, Jonathan conoció más de veinte cárceles de la provincia de Buenos Aires. Habla del encierro adentro del encierro. Él era un “tipo ideal de preso”, aquel al que la policía tiene catalogado como de cierta peligrosidad. Aunque no sean estrictamente de máxima seguridad, todos los penales dividen sus pabellones según la categorización del ´peligro´ de las personas encerradas. Jonathan estaba en los pabellones de máxima. Esa forma de ser nombrados por el mismo sistema de control, dice, les negaba mucho el acceso a la educación y a la salud. También dice que esa restricción era aceptada como una parte de ese ´tipo ideal´ de preso. Cuando habla de tipo ideal, Jonathan lo hace desde un concepto de la sociología propuesto por Max Weber: sería, según el análisis de Jonathan, aquel preso que transgrede las normas en la cárcel y que se ajusta a cualquier situación de peligrosidad, naturalizándola.

“La misma condena y el juez te dicen ´vos sos esto porque estás armado de esta manera´. ´Sos un delincuente peligroso y por eso te respetan´”. Para Jonathan esta concepción aleja mucho de cualquier forma de educación que, si aparece, lo hace como un pasatiempo pero no como herramienta transformadora. La primera vez que escribió algo estaba en los pabellones de depósito, aquellos lugares donde literalmente depositan por tiempo indefinido a la gente que no tienen donde dejarla. Lo que te queda por hacer en esos espacios, cuenta, es leer alguna revista que haya, escribirle a tu juez o a tu causa o escuchar música, en el mejor de los casos. “Ese fue el principio. Pero no movía nada, sabíamos que en el sistema ya estábamos dados, si nos largaban nos largaban y sino no. Eran caminos definidos”.

Desde chico Jonathan pinta, no importa sobre qué superficie: madera, bastidor, pared, lo que sea. En el encierro, el primer acercamiento fue a través de la música. Él venía escuchando rap y hip hop de los años noventa. Preguntándose cómo habían hecho artistas como Tupac Shakur o The Notorious para armar sus temas, cómo los habían estructurado, cuál era la fonética. Cuando llegó a la Unidad San Martín, junto a otras personas pidieron un espacio para hacer algunas expresiones artísticas. Recuerda que los encerraban y los dejaban hacer. Ese fue el impulso para empezar a estudiar.

A principios de 2012, cuando comenzaron a tener esas vinculaciones con el arte, la Universidad de San Martín (UNSAM) empezó a ver que por un lado había un discurso que decía que ellos eran violentos pero a la vez eran ellos los que estaban haciendo esas otras cosas. La directora del centro universitario de ese momento les dijo que para mantener y hacer crecer ese espacio, tenían que estudiar una carrera universitaria. En ese momento la única opción era Sociología. Jonathan había hecho la secundaria hasta octavo año y después no había vuelto a estudiar, desde los trece. Un artículo de la Ley de Educación Nacional le permitió hacer un curso de ingreso básico a la universidad sin haber terminado la escuela secundaria. Para Jonathan, ese artículo es una forma de inclusión. Dice que desde hace unos años a algunos presos no los dejan entrar en la universidad si no tienen terminado el secundario. Habla de la diferencia entre el garantismo y la aplicación del criterio que pasa por arriba de la norma. “Cuando dicen que ningún pobre llega a la universidad tiene que ver con eso. Podés darle la universidad para que vea el mundo y en paralelo que haga el secundario”. Jonathan plantea que la idea del Gobierno Nacional es que terminen el secundario y que sean trabajadores rasos, que haya muy pocas personas preparadas profesionalmente en la universidad pública y de esa manera fomentar la educación privada.

Respondiendo a los dichos de la gobernadora María Eugenia Vidal sobre que “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad”, Jonathan dice que si no llegan es porque no garantizan desde el Estado las condiciones para que eso suceda, pero también plantea que la cuestión no es tanto quién llega sino quién continúa. Algunas de sus preguntas quedan suspendidas en el aire. ¿De qué parte son los que llegan? ¿Cuál es la continuidad? ¿Qué historia de vida tienen esas personas que vienen de un territorio específico? ¿Qué dificultades tienen? ¿Tienen laburo para bancar el estudio? Se refiere a  las periferias como aquellos contextos de encierro ideológico donde los mundos son cerrados identitariamente. Menciona la situación de su barrio en la zona norte del conurbano, donde “hay un sistema tan cerrado que predomina la individualidad para ver quién pisa al otro”. En el mundo de la meritocracia, el que se salva es un ganador y el que no es un perdedor.

La licenciatura de Sociología tiene treinta y cuatro materias. Estando en el encierro, Jonathan rindió veinte. Hace dos años salió en libertad y siguió rindiendo. Ahora tiene rendidas veintinueve y le faltan cinco para recibirse.

En diciembre de 2016, cuando le quedaban seis meses de condena, Jonathan era Presidente del Centro de Estudiantes, vocalista y bajista compositor de la banda ´Rimas de alto calibre´ -que formó en la cárcel-, y estudiaba para rendir cuatro materias. En ese contexto apareció la propuesta de participar en una película: ´Las facultades´. Nadie podía saberlo pero un tiempo después su directora, Eloísa Soláas, ganaría el premio a Mejor Directora en el 21º BAFICI (Buenos Aires Festival de Cine Independiente). Y Jonathan saldría en libertad adentro de la película. Y la película vendría a Rosario en el marco de la Muestra Itinerante del BAFICI. Y Jonathan vendría a presentarla. Y vería la película. Y se vería en la película, rindiendo el examen final de Sociología Sistemática I, todavía en la cárcel. La relación entre el adentro y el afuera estallando. Jonathan estaba adentro de la sala, adentro de la peli, adentro de la cárcel, adentro de la cámara que lo registraba adentro del examen repensando el adentro: en esa escena de la película Jonathan está encerrado construyendo una teoría sobre el encierro.

Deconstruir las identidades

Eloísa aprovechó la oportunidad para entrar al penal el día en que el Premio Nobel de Literatura, el escritor sudafricano John Coetzee, fue como invitado a un taller de poesía que había en la cárcel. Eloísa venía registrando los exámenes finales orales de distintas carreras de la UBA y la UNSAM: Arquitectura, Medicina, Cine, Agronomía, Derecho, Filosofía, entre varias otras. Pero quería incluir en su película alguna instancia de examen final oral en un contexto de encierro. La directora del penal habló con Jonathan porque él era uno de los pocos estudiantes avanzados de la Carrera. Le dijeron que Eloísa “estaba registrando algo académico de las facultades” y cuando Eloísa le explicó su idea a Jonathan, a él le interesó participar para mostrar el contenido académico y la forma en que se estudia en el encierro. Dice que en la página del servicio penitenciario bonaerense muestran muchas de las cosas que se hacen en relación con los deportes, el arte y la escritura, pero que no están mostrando el contenido académico.

´Las facultades´ es un documental de observación que registra las instancias de exámenes finales orales, una modalidad de evaluación característica de la universidad pública argentina. En general, en otras partes del mundo, los exámenes finales son escritos. En la película somos observadores –tipo voyeurs- del despliegue escénico que cada estudiante hace a la hora de rendir un final oral, del vínculo docente-alumne que se juega en esa instancia, de las relaciones de poder que se dan entre las partes, la complicidad, la seducción, los nervios, las tensiones y la forma de construir conocimiento y dar cuenta de lo aprendido.

En Argentina hay distintos proyectos educativos en cárceles. Jonathan explica que el proyecto universitario de la Unidad 48 del Complejo Penitenciario San Martín tiene la particularidad de que se dictan las clases presenciales como si fuera en libertad y que el derecho a la educación no es solamente para los presos sino también para los guardiacárceles. “Se les permite estudiar con nosotros. Creo que es un hecho inédito en Latinoamérica y en el mundo”.

A Jonathan le interesaba que se viera la conexión entre dos mundos aparentemente paralelos y disociados como el encierro y la academia. Plantea que en ese contexto adverso para vivir, para sobrevivir y para estudiar, el examen de Sociología Sistemática I permitía ver la construcción de conocimiento. Cuenta que lo que se ve en la película es fruto de los cuatro meses que estuvo preparando el examen. Dice que Eloísa tuvo en el registro y el modo de narrar un cuidado que le parece maravilloso.

´Las facultades´ indaga (y pone en acción) los diferentes lenguajes que circulan en el ámbito académico. Por un lado, el lenguaje específico de cada disciplina. Pero junto al lenguaje técnico convive el lenguaje que trae consigo cada estudiante. Ahí se conjuga el lenguaje de la oralidad con el lenguaje gestual. Mientras rinde, Jonathan camina. Va y viene de un lado a otro del salón. Los filósofos peripatéticos pensaban mientras caminaban con la idea de que caminar mejora la memoria y la atención. En el examen de Jonathan se pone en acción el cuerpo y el pensamiento, dos esferas ligadas inherentemente. “Yo me puse a caminar como una forma de sacar la tensión, de que la cabeza empiece a moverse. Uno mueve las manos. El lenguaje gestual dice mucho para que tenga efecto el lenguaje estricto”.

La pregunta sobre la que gira el examen de Jonathan tiene que ver con cuáles son, según la teoría de los tipos ideales de weber, los tipos ideales adentro de la cárcel. Jonathan habla de la lógica y el sistema que construye los tipos ideales. Dice que Weber “tiene un montón de teoría sobre el funcionamiento de la sociedad” y que a él le sirvió hacer ese desglose. “Lo que yo aprendí es que esa teoría no sirve si no la usas en tu contexto”.

Jonathan fue identificando desde la sociología las identidades que se despliegan en el encierro. Lo que vemos en la película está en relación con lo que actualmente está trabajando en su tesis de grado: el lenguaje de la cárcel, la lógica tumbera y cómo esa lógica está en disociación con las lógicas establecidas en el encierro. Jonathan plantea el cruce de tres lógicas: una penitenciaria, una académica y una delictiva. Le interesa investigar cómo esas tres lógicas conviven en un centro universitario dentro de un sistema cerrado como es la cárcel y qué se puede hacer para intentar solucionar esas tensiones. Dice que para esto tuvo que empezar a conocer la lógica académica y la misma lógica del sistema penal. “Mi tesis tiene que ver con los cambios de paradigmas que hay y con las relaciones entre estas tres lógicas”.

Lo que hace Jonathan cuando estudia es ´discutir´ con los autores que lee para identificar de qué manera los conceptos que esos autores plantean le ayudan en la realidad para deconstruir las identidades. Se refiere a la importancia del lenguaje en la construcción de identidad de las personas.  Recuerda que al principio en la universidad no le entendían cuando hablaba. Por eso empezó a identificar cuál era el lenguaje que circulaba en ese ámbito. “¿Es un lenguaje académico el que predomina? Listo, vamos a ver si ese lenguaje puede dialogar con la palabra gil, gato o delincuente”.

Cuando explica el funcionamiento de la lógica delictiva, identifica tres caminos: “o quedás en el asfalto, tirado; o terminás robando y te matan; o matás a uno y quedás preso. Hay un cuarto camino donde te llevás la plata y no te agarra nadie, pero eso pasa muy poco”.

Además de intentar desarmar el mundo del encierro, Jonathan cuestiona el sistema que determina las condiciones en el afuera. “Los que salen no tienen condiciones de trabajo como corresponden, los largan en un país donde está todo cada vez más caro, donde la lógica criminal cambió porque ahora ningún pibe quiere ser chorro y todos quieren vender droga”. Se refiere a las situaciones en las cuales las personas que no tienen trabajo ni estudios, que tienen hijos y no los puede mantener, que tienen una familia rota, se ponen a vender.

De Tumberos a El Marginal

Jonathan no cree que haya sido casualidad la coincidencia en el tiempo de la aparición de la serie Tumberos con la creación de la banda Damas Gratis, allá por los comienzos del nuevo milenio. Prefiere plantear una causalidad entre ambos fenómenos. Dice que fue el armado de un ´tipo ideal´ de delincuente, un ´tipo ideal de preso´ que se pelea pero tiene sus valores. Plantea que con ´El marginal´ reforzaron ese tipo ideal y que ahora el preso también está ligado al crimen organizado. “Eso te quieren decir con un poco de ficción. El tipo ideal es la persona violenta y no hay parámetro de cambio”. Jonathan apunta que en los casos en que ese parámetro de cambio aparece siempre es por la vía de lo ilegal. “Seguramente Sebastián Ortega haya visto muchas películas de cárcel, pandilla y crimen organizado, se haya dado cuenta de que el paradigma cambió y haya dicho ´vamos a darle esto a la gente´”. Según su visión, la idea que muestran no se asemeja a lo que es la cárcel en donde los sistemas de violencia son peores y a la vez no son tan explícitos como aparecen en la ficción. No niega que haya una lógica violenta pero dice que es distinta.

Por otro lado, en esta construcción cinematográfica que sólo es violenta no tiene lugar la herramienta de la educación como posibilidad transformadora. Jonathan entiende que probablemente esa ausencia tenga que ver con que no es redituable mostrar ninguna forma que desarme esa construcción de la criminalidad.

Jonathan vuelve sin escala de la ficción a la realidad. Dice que hace poco se murieron cuatro pibas en el sistema penitenciario bonaerense por falta de salud; que los teóricos, estadistas y políticos no lo van a entender porque no conocen ese mundo; que tienen que consultar con la gente que sí lo conoce; que la vejación que está padeciendo el preso también forma parte de la lógica del funcionario público que le abre y le cierra la puerta. “El cana que está ahí tiene la misma concepción tumbera. ¿Para qué estás en cana? Jodete, bancatela. Eso es lo que hace que se reproduzcan las condiciones”.

En el encierro a Jonathan le habían enseñado lo que era la plusvalía pero no le habían dado las condiciones de trabajo. Marca la enorme distancia entre el mundo ideal y el mundo real. “Lo que dice la teoría está buenísimo, pero, ¿la realidad qué onda?” Enumera las condiciones de su situación al momento de salir en libertad: catorce años de condena en los antecedentes, ningún oficio, ninguna profesión y un  gobierno macrista.

La película registra su salida de la cárcel. Lo que siguió en su historia podría formar parte de otro documental. Con la cantidad de materias rendidas que tenía, Jonathan estaba habilitado para dar algunas materias de la rama de las ciencias sociales en escuela secundaria. Un mes después de haber salido tuvo el ofrecimiento de volver a la cárcel, ahora como docente del Plan FINES (Finalización de Estudios Primarios y Secundarios para Jóvenes y Adultos). Aunque tuvo que esperar cuatro meses para empezar a cobrar, decidió aceptar la propuesta de trabajo. Era una forma de poner en práctica la potencia de la educación en contextos de encierro. Volver a un mismo lugar desde un lugar distinto. Volver a un espacio del que conocía muy bien tanto a la lógica de funcionamiento como a las personas.

Un tiempo después su director de tesis lo llamó para ser investigador adjunto de CONICET. Jonathan dice que ese llamado tiene que ver con entender que el conocimiento se construye desde la misma experiencia. Cuando empezó su trabajo de investigación pensó que “hay un montón de cosas que no se conocen y que cuando se investiguen van a generar miradas diferentes y hasta rechazo”. Decidió avanzar igual porque hay cosas que son como son pero deben cambiar. Las cosas no son así, están así. Y nuevamente el poder transformador de la educación. Lo que cuestiona, dice, es el sistema penal, el sistema educativo, el sistema interdisciplinario que tiene una persona con el tratamiento de la pena. Jonathan plantea que el ciudadano del que habla la Constitución no existe en la realidad. Por eso habla de la necesidad de transformar las leyes.

Para Jonathan la salvación nunca puede ser individual. Cree que la deconstrucción personal es fundamental para poder pensar que el cambio debe ser colectivo. “Hacerte cargo de lo que sos, de lo que querés ser y de lo que no querés ser”. Marca la diferencia entre la meritocracia que impone y el proyecto colectivo que propone. “Un proyecto colectivo te incluye, ¿querés esto? Fijate. Después tenés que hacerte cargo”. También dice que para que funcione un proyecto colectivo hay que dar las condiciones mínimas para que se pueda acceder. “No puede ser una ilusión. Hay que laburar mucho la responsabilidad, no sólo la de uno sino de todos”. Y vuelve a hacer foco en la conexión entre la teoría y la experiencia. Dice que la sociología le parece una de las mejores herramientas en estos contextos porque puede desarmar las identidades.

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