En los territorios dónde más difícil se hace sostener una cuarentena, porque la emergencia también es económica, la organización popular y comunitaria aparece como un resorte fundamental para la salud colectiva. ¿Cómo trabajan y articulan con el Estado las organizaciones sociales? Militantes barriales y trabajadorxs del sector público hacen cuerpo la idea de que en esta pandemia nadie se salva en solx. 

Foto principal: Juliana Faggi

Segunda parte

No hay cuarentenas iguales para todos. No hay techos ni hogares ni calles asfaltadas, ni siquiera hay agua para todos. En las barriadas populares ya lo tienen claro: acá nadie se salva solo ni sola.  Es difícil pensar en un aislamiento social cuando el único resorte de posibilidad en los barrios es la vida en comunidad. Es que cuando la comida depende de la diaria no hay suspensión del tiempo, ni mucho menos del trabajo por más precario que sea. Entonces lo que abruma es la desesperación por conseguir el peso necesario para seguir viviendo.

En el centro de Rosario el aislamiento se vé, se palpa. Acá la principal amenaza es la posibilidad de enfermar. Entonces se sale poco a la calle, o solo lo indispensable para hacer compras que, en muchos casos, alcanzan para toda una semana.  En los barrios, la situación es otra. La calle es el espacio de lo público, de lo comunitario, de los lazos que resultan vitales en época de crisis. Y como las urgencias no nacieron hoy sino que llevan cuatro años  acumulándose en el hambre de los pibes y en la falta de laburo, hay que activar. Porque lo cierto es que también el virus es una amenaza. Porque “quedarse en casa” es lo que todos y todas debiéramos hacer. Porque es la única medida de prevención que hoy evita una ascenso desmedido en la curva de transmisión del virus. Pero las condiciones de salubridad en los barrios, así como en las cárceles, hace tiempo son desatendidas por el Estado. En muchos lugares no hay asfalto, los basurales son parte del cotidiano  o solo hay una canilla o una cuva que abastece de agua potable a los vecinxs. Las casillas queman en los días de calor y también de frío.  En este contexto -que la epidemia agrava y evidencia- los resortes de la salud colectiva descansan en la organización popular y en su articulación con el Estado en los territorios.

“La vida de algunos sectores se desarrolla afuera de la casa. Porque habitar algunas casas es un tema complicado, no solo porque no se cuenta con las comodidades básicas, sino también porque se convive en situaciones truculentas. Entonces mejor salir a la calle. Mejor estar afuera. En la vereda, en la canchita, en la esquina. Y además, lo íntimo, lo doméstico, el lugar de la intimidad, de lo propio, es un lugar público, es algo que conoce la escuela, conoce el centro de salud, y las instituciones con las que cuenta el Barrio. ¿Cómo hacer que el “quedate en tu casa”, surta efecto en estos sectores?”, descargó en sus redes sociales la trabajadora social María Victoria Cano.

Majo Poncino es feminista popular y referenta del Movimiento Evita de Rosario.  En una nota de opinión que escribió, tal vez a modo de catarsis, dice: “en la crisis epidemiológica al igual que las económicas somos las mujeres las que ponemos el cuerpo para sostener las diversas actividades en los barrios populares. ¿Cómo se desarrolla la cuarentena en los barrios? ¿Cuáles son las posibilidades? ¿Son las mismas posibilidades que las de clase media de #quedateencasa?¿Cómo haces para quedarte en casa cuando no tenés dinero para llenar la alacena o cuando tenes que salir a changuear para juntar el dinero del día?”.

El cómo es incierto. Y al mismo tiempo es el disparador para crear redes de cuidado colectivo donde no prima ni el dinero ni el lucro, sino la necesidad humana de mantenerse a salvo. Por eso en el Barrio Los Pumitas, las compañeras de la Poderosa están atentas ante cualquier urgencia que puedan tener las vecinas que tienen que estar recluídas con sus agresores. La Casa de la Mujer y las Disidencias, cuenta Georgina Mansilla, militante de la Poderosa, se convierte en refugio, en hogar, en ese techo que abriga. Por eso las compañeras feministas tienen sus teléfonos abiertos para estar conectadas, acompañadas, abrazadas, así sea a la distancia. Lili Leyes además de ser militante gremial, tiene un activo recorrido en el movimiento de mujeres de Rosario. Y en este contexto, relata una situación angustiante: “ayer apareció el femicida de Vanesa Celma en la casa de Jorgelina, que es quien está a cargo de los hijos de Vanesa. Y apareció para llevárselo, fue un momento muy difícil. Por esta misma cuarentena, la situación es mucho más dificil. El ni siquiera está imputado en el femicidio de Vanesa que ni siquiera figura como femicidio, es más dificultoso aún por esta justicia que tenemos. Aprovechó la cuarentena para ir a la casa, y para llevarse a los niños. Nosotras venimos peleando para que se reconozca que lo de Vanesa fue un femicidio, y como no podemos ir a acompañar a la familia, esto se recrudece en el momento de la cuarentena y se aprovechan de la impunidad. Y con esa impunidad siguen actuando porque saben que no va a pasar nada. En este caso articulamos desde los teléfonos, y se pudo lograr que ahora esté la familia cuidada, y la intención es que por lo menos se lo arreste por haber roto la cuarentena”.

Lo que cuenta Liliana es una situación que desde el feminismo se viene alertando: la  cuarentena afecta especialmente a las mujeres que sufren violencia porque así lo dicen las cifras sobre femicidios: el principal peligro para muchas es el propio hogar. Y Lili avanza más allá: ¿qué respuestas encuentran en la justicia?. “Si esto se prolonga necesitamos una comunicación con fiscales y jueces para que tengamos un lugar donde llamar, y que intervenga inmediatamente la justicia y la policía. Es muy dificil articular, y me parece que eso es necesario”.

“Necesitamos articular con el Estado para generar condiciones más igualitarias de cuarentena. No es lo mismo ser mujer que varón, pero mucho menos es lo mismo ser mujer, lesbiana, travesti o trans pobre, humilde, de clase popular. Formamos parte de las organizaciones sociales y de la economía popular, nos organizamos y construimos desde el feminismo popular para visibilizar nuestro trabajo, el nivel de productividad que representamos y la urgencia y emergencia para que nuestra fuerza productiva sea reconocida y remunerada”, dice Poncino.

Jackeline Romero es una activista travesti, referenta de la Red Diversa Positiva. Hace días, recluída en su casa, compartió su impotencia en las redes sociales. “El coronavirus impacta en las personas más vulneradas. Díganme lo que quieran, es un virus que afecta a los pobres mientras los ricos están violando las normas de seguridad. Estas medidas son correctas y es lo que debemos hacer, pero ¿cómo nos quedamos adentro de casa si el 95% de mis compañeras travestis y trans no tienen para comer?. ¿Cómo cumplimos esas medidas cuando mis compañeras tienen que salir a laburar para sostenerse ellas y sostener a sus familias. Soy trava y también pasé por todas esas vulnerabilidades. Me estalla el teléfono de las compañeras que no saben que hacer. Tenemos que salir a solventar a las compañeras con un bolsón de mercadería que no alcanza para nada pero lo único que podemos conseguir. No hay otra, no tenemos otra forma de ayudar. En el norte de la provincia hasta el dengue está afectando a nuestras compañeras. ¿Qué va a hacer el Estado frente a esta situación?”.

Los comunicados oficiales del gobierno tanto provincial como nacional intentan llevar tranquilidad y señalan qué acciones están tomando. Así lo hizo el flamante Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad, reforzando canales de comunicación, acciones y dispositivos nacionales de atención a las personas en situación de violencia. Desde la Secretaría de Estado de Igualdad y Género de la provincia informaron que “se intensificaron y optimizaron mecanismos de prevención y asistencia”. En el comunicado se recuerda la continuidad de la guardia telefónica permanente que asiste las 24 horas a municipios y comunas y el funcionamiento de la línea 144 que coordina el Ministerio de Mujeres, Género y Diversidad de la Nación. Entre esos mecanismos que menciona, está la asistencia alimentaria “a la población de mujeres y personas travestis y trans, especialmente a quienes se encuentran en los grupos de riesgo del Coronavirus” y la entrega de kits de elementos de higiene y seguridad. Además  desde la Secretaría también informaron que, en coordinación con Nación, “se articuló la inclusión de la población trans y travesti al programa nacional Hacemos Futuro”.

Las preguntas que se hace el colectivo travesti – trans en Santa Fe y en el resto del país, así como las trabajadoras sexuales nucleadas en el gremio de AMMAR, es clave  ¿cómo hacen para sostener una cuarentena en condiciones dignas cuando el 90 % de las compañeras trabaja en la calle?  En AMMAR por ejemplo, se organizaron para impulsar una colecta nacional y un bono de emergencia para quienes no perciban la asignación universal por hijo ni el salario social complementario.

Victoria Clérici es una de las referentes del MTE.  “La realidad es que quienes están a la cabeza de los cuidados de lxs demás son las compañeras, y ahí hay que tener en cuenta muchas miradas: las compañeras que están en situación de violencia y se tienen que recluir con el violento entonces estamos atentas para ubicarlas en otros lados si es necesario. Esta situación ha mostrado la desigualdad respecto de los cuidados que las feministas denunciamos hace rato. Ellas son las compañeras que se quedan en casa, pero a la vez cocinan para el resto que está en una situación vulnerable, entonces hay un peso mucho mayor del cuidado en estas situaciones de crisis sanitaria. Las compañeras que están en situación de riesgo tratamos de que no salgan y asistirlas en la ayuda, entregamos las comidas en tupper y no permitimos que vengan lxs niñxs pero sí seguimos entregando comidas y si esto se pone más duro veremos de armar equipos para entregar a domicilio. Como organizaciones tenemos el deber de seguir manteniendo ese lazo, sabemos que el aislamiento social es necesario, pero hay un cuidado colectivo que también es necesario para la vida y eso es lo que hace que en los barrios funcione la comida, el entretenimiento, la educación, la salud”, sostiene.

A nivel nacional, los recientes anuncios económicos del gobierno intentan traer algo de alivio en medio de la crisis. El Ingreso Familiar de Emergencia asigna una ayuda de 10 mil pesos para trabajadorxs informales y monotributistas que no perciban otros ingresos y se estableció por decreto la suspensión del corte de servicios públicos por falta de pago para determinados sectores sociales.

No hay duda que los resortes necesarios para hacer frente a la emergencia están en el sistema público. La concepción neoliberal de un Estado cada vez más “chico” evidencia sus límites y su lógica perversa ante un Covid-19 que refuerza la necesidad de un Estado cada vez más fuerte y más presente en los territorios. Ese es el gran desafío para los gobiernos que hoy deben responder con urgencia y estar a la altura de las demandas de los sectores más vulnerados.

Los casos positivos aumentan, y era esperable. El impacto de esta cuarentena decretada, en principio, hasta el 31 de marzo aún se desconoce. Por eso es necesario ganar tiempo. Y en los barrios, ese tiempo es vital.  Claudia Fleitas es militante del Movimiento Popular Libertador San Martín , una organización territorial que tiene su principal sede en la zona sur de Rosario, en el barrio Molino Blanco. Allí donde habitualmente se cosen trajes para la Comparsa Herederos hoy las costureras del barrio confeccionan barbijos para poder canjear por alimentos no perecederos. “Apelamos a la solidaridad de ciertos sectores”, dice Claudia. Su mirada es realista: “En los barrios el virus todavía no llegó pero cuando eso suceda sabemos que va a ser muy dificil”, dice y por eso trabajan con las medidas de prevención necesarias:  “se hace limpieza general en todos los centros comunitarios de la Libertador, lavandina, agua caliente, se están entregando refuerzos, tomando las precauciones, porque es muy difícil respetar una cuarentena en un barrio donde la subsistencia tiene que ver con el día a día y llevar algo a la mesa. Nosotros venimos de una crisis anterior y esto intensifica esa crisis. De acá a una semana esto se va a triplicar, va a tener que haber determinaciones fuertes en cuanto a dos ejes: la sanidad y lo alimentario.” También espera que las fuerzas de seguridad sean “conscientes a la hora de pensar  una intervención en los barrios·  “Esperemos que esto no sea una carta blanca para generar cualquier cosa”, dice, conociendo de sobra los abusos policiales que son frecuentes sobretodo, contra los pibes de los barrios.

El Movimiento Libertador San Martín es parte del gran conjunto de organizaciones sociales que días atrás solicitaron, mediante un comunicado, la conformación de un Comité de Crisis. Allí enumeran una serie de pedidos para los barrios que todavía esperan respuesta por parte del gobierno provincial, y dicen: “apoyamos la cuarentena total anunciada para frenar la expansión violenta del virus, y vemos positivas las diversas medidas anunciadas por el presidente Fernández para paliar la situación de los más desprotegidos. Pero entendemos que, para que pueda alcanzarse el objetivo propuesto, sin agravar las condiciones de vida de los sectores más  vulnerables que habitan los barrios populares, es indispensable tomar determinadas medidas concretas, y crear un espacio de articulación entre el Estado y las organizaciones del pueblo”. A su vez, cuenta Claudia, “en Molino Blanco estamos llamando a una reunión con el centro de salud, para ver como generamos alguna norma de prevención oficial.. Y en cuanto alimentario necesitamos un refuerzo de manera urgente porque las pocas changas que se habían reactivado van a mermar”.

Por estas horas, y así como tantos otros referentes barriales, Victoria no para. Por WhatsApp envía una foto que muestra de qué manera las promotoras ambientales reciclan las basura en sus propios hogares, respetando el aislamiento. “Sabemos que el aislamiento social es difícil de sostener, hacia dentro de las casas por cuestiones de hacinamiento, situaciones de higiene sobre todo lo que significa el agua, las cloacas, hay mucha preocupación en los barrios sobre el dengue. Y porque hay compañeros que tienen que salir a laburar porque el mango lo hacen diariamente”, señala.

Mónica Crespo es cartonera y recicladora y forma parte de la Cooperativa Cartoneros Unidos y del Movimiento de Trabajadores Excluídos. Al ser consultada por enREDando dice: “se siente el dolor de la gente en los barrios. Reforzamos a los compañeros, con mercadería, con alimentos, se limpian los tupper. Está jodido, porque el compañero que tiene que cartonear no puede salir, y no todos reciben la Tarjeta Alimentar. Salieron dos compañeros con el carro y Gendarmería los trajo a la casa. Es real, esto lo curamos así, haciendo una buena cuarentena pero lo que pasa es que hay gente que no tiene para comer y ese es el problema”.

En Santa Fe, en el barrio Chalet, la Poderosa inauguró en el 2017 la cooperativa la Sub Limada. «Son 15 compañeras que la integran y trabajamos turnos de 5 personas, teniendo en cuenta todas las medidas de prevención. Estamos cociendo barbijos para las 38 familias de nuestra Asamblea, y además tenemos un comedor comunitario los sábados y domingos, y necesitábamos extremar las medidas. No podemos dejar de producir porque justamente esta cuarentena total hace que muchas barriadas empobrecidas no podemos parar, porque los medios de subsistencia es la economía popular. Entonces, así producimos alimentos de forma segura con nuestros propios barbijos. Y también vamos a donar 100 barbijos para la Casa Cuna de la ciudad de Santa Fe», cuenta María Claudia Albornoz, militante de La Poderosa.

Es que aún en tiempos de aislamiento obligatorio, los lazos de los que habla Victoria no se cortan, al contrario, se refuerzan de la manera que sea. Facundo Peralta es uno de los referentes de la organización popular Causa. Horas antes de que se decretara la cuarentena total, y cuando ya se recomendaban medidas de distanciamiento social, cientos de pibes de los barrios populares se amucharon para hacer cola frente a las puertas del Banco de Santa Fe y así poder cobrar la tan esperada beca del Nueva Oportunidad. Es que así le informaron que debían hacerlo desde el gobierno de la provincia. Hubo situaciones de enojo y tensión. El Banco solo permitía el ingreso de a 6 personas. Facundo habla con impotencia. Es que hace tiempo vienen advirtiendo sobre la incertidumbre en la que están los jóvenes que pertenecen al Nueva Oportunidad. No hay definiciones de cómo seguirá el programa,  y la desesperación aprieta por estas horas donde a la falta de respuestas a futuro, se le suma la emergencia sanitaria.  “Me llamaron 30 personas porque no tienen un peso para comprar comida, para poder estar en sus casas sin salir.  Las condiciones en la que esta nuestro país son distintas a la de los países donde esto impactó. Tenemos índice de pobreza altísimo, de indigencia altísimo, un nivel de trabajo informal, de changas muy alto, y un parate de a la economía del país, a esta gente la deja sin comer”. Al mismo tiempo, y consciente de la importancia del cuidado, desde Causa implementaron algunas medidas para paliar la crisis.  “Con respecto a los comedores laburamos con 15 copas de leche, activamos las medidas sanitarias necesarias, se labura con mucho cuidado porque la leche se sigue entregando, lo mismo en Casa Puente que trabaja con personas en situación de calle, es un dispositivo de salud que sigue abierto”. Es que pensar el cierre de estos dispositivos, que al mismo tiempo son lugares de contención en los territorios, no es una opción para las organizaciones políticas y sociales.

El MTE acaba de lanzar una comunicación para informar acerca de los horarios en que funcionan los comedores y merenderos durante la cuarentena. Victoria Clérici dice, además, que han diseñado materiales informativos con recomendaciones oficiales para mantener el cuidado sanitario. “También pensamos en las necesidades que tengan los sectores que tienen que comprar insumos y que tienen la posibilidad de que tengan en cuentan a lxs compañerxs de la Economía Popular. Alentamos a que compren productos de la autogestión porque no son el COTO. Quienes hacen comida, productos, venden insumos de limpieza por litro. Asi que también reforzamos eso, con las medidas higiénicas y seguras para el reparto”.

Yolanda integra el Centro Social de Cabín 9. No es ahora; hace tiempo los vecinos y vecinas de Cabín vienen denunciando la falta de agua en el barrio. La Campaña por el derecho al agua potable comenzó hace meses.  “Esta emergencia sanitaria nos afecta directamente, sobretodo a la población de mayor edad. Tienen que salir a buscar agua igual al tanque. Esa es nuestra preocupación. Nuestros viejos tienen que salir a buscar agua, hacer colas en horarios picos. Hay gente que va todos los días porque es el agua que uno consume y se agota. Creemos que el Estado debería actuar ya para tomar una medida que pueda revertir esta situación”.

Yolanda habla pausado. Dice y expone cada una de las situaciones que afectan al barrio. Y también, al igual que Claudia, apela a la empatía, a la solidaridad.  “Llamamos a solidarizarnos, al apoyo mutuo, tenemos que organizarnos entre los vecinos, para ver cómo nos damos una mano, como clase trabajadora y desocupada. Acá en los barrios es una doble crisis, sanitaria y económica. Ya es un problema juntar el peso del día y laburar 8 o 12 horas, imaginate ahora con esta cuarentena. Tener agua es una exigencia urgente. No puede ser que tengamos que hacer fila para buscarla. Es todo muy complicado”.

Diferentes situaciones conviven en el barrio. Postales que no son propias de Cabín 9. “Hay mucha gente que no puede ir a trabajar, muchas familias cobran día por día, como los albañiles o las compañeras amas de casa. Muchas de ellas tienen que ir a trabajar a casas donde los dueños han viajado afuera y están expuestas. Y ese es otro problema que suma a la crisis que estamos viviendo. Son familias que viven al día y tampoco es que pueden abastecerse de mercadería, no lo pueden hacer. Viven con el plato del día y hasta ahí nomás. Hay empleadxs de comercio que tienen que salir igual, como por ejemplo, las cajeras de los súper y se exponen a un riesgo de contagio y tienen que viajar en colectivo. Acá solo hay una sola línea y con frecuencia reducida, ese es otro problema. Vivimos en un barrio súper lejos, estamos aislados prácticamente. Acá hay un solo dispensario y está cerrado, y ante cualquier urgencia tenemos que ir a Pérez o Rosario.  Como vecinos organizados, apuntamos a la solidaridad de clase, y ver de qué forma podemos darnos una mano para frenar esta crisis y a su vez tener todas las medidas de prevención. Creemos que lo que nos va a sacar de esto no es más control sobre las personas, sino la solidaridad y el apoyo de clase. Con el tema del agua la exigencia es ya. Es un chiste que tengamos que hacer fila para ir a buscar agua.”

Desde la Poderosa, desde el barrio los Pumitas, Georgina Mansilla cuenta: “acá es muy dificil, nuestros barrios ni siquiera están urbanizados. Acá no llega el agua potable, muchos vecinos tienen agua pero acumulada en un tacho donde crece la larva del dengue y se hace muy dificil poder combatir esto. Pedimos una cuarentena digna para quienes están en población de riesgo. Y nos estamos organizando”. ¿De qué manera? “Nuestros comedores hoy tienen una gran demanda, nosotras decidimos hacer frente a esto pero entendiendo los cuidados necesarios. Se nos hace imposible poder comprar los elementos de higiene para que llegue a nuestro comedor. Solo recibe 8.400 pesos del Estado por mes, 3000 pesos van para la garrafa del gas, y lo que queda es para la comida. Hoy se hace muy dificil porque creció mucha la demanda. Hoy entregamos 450 raciones. En la Cariñosa ni siquiera recibimos ayuda del Estado. Entonces necesitamos que el Estado se haga responsable para que nos haga llegar los elementos de higiene”.

Milton Ríos es un militante social que está anclado en la zona rural de Nuevo Alberdi. Allí, el Merendero Granito de Arena es uno de los lugares a los que los vecinos y vecinas de la zona acuden para realizar actividades, buscar alimentos, tener contención. “Hay vecinos que no tienen ni siquiera para la leche, pañales. Hicimos un bolsón con algunos productos, y entregamos 105 bolsones manteniendo la distancia, con alcohol, con todas las precauciones. Los merenderos estamos abiertos pero no están llegando las herramientas del gobierno provincial y municipal. Acá Nuevo Alberdi es conocidísimo por la gente que va a paquetear, que es salir a buscar basura, juntar cartones, y revender. Pero no pueden salir porque la policía te mete adentro. La gente está en sus casas, y solo el merendero está abierto. Nosotros le decimos a la gente que se quede tranquila. El lunes repartimos cajas de leche en polvo. De Cáritas llegaron un poco de mercadería, pero no alcanza. Acá hay 105 familias que la están pasando muy mal”, cuenta Milton. Desde Nuevo Alberdi le pide al gobierno municipal y provincial que se acerque a los barrios. “Que vengan con guantes, con alcohol, pero que vengan. Acá no hay agua, por ejemplo. Hay gente que tuvo que pagar para traer con un caño agua de otro barrio. Nosotros desde el Merendero hacemos lo imposible, le decimos a la gente como usar el alcohol pero a veces no tienen ni lavandina en las casas”.

Marcela Lapenna es la coordinadora de la Asociación CHICOS. El Centro de día está ubicado en el centro de Rosario y, como cuenta Marcela, el panorama es diferente a lo que puede vivirse en los barrios. De todas maneras, ahí también se tejieron redes de cuidado para los jóvenes y adolescentes que habitualmente acuden a la organización. “Entregamos viandas, tratamos de tener espacio y mantener la distancia, con las nuevas medidas hicimos un acuerdo con las distintas instituciones donde estan alojados, y están allí. Esto es inédito, entonces estamos inventando todo. Es difícil. Nos comunicamos con ellos para reforzarles que se queden en los lugares donde están alojados. Hay algunos que nos dicen que tienen que salir a buscar la comida, son momentos difíciles. Confiamos en el respaldo y la red de contención que hay en los barrios y que el gobierno está decidido a poner algo de recursos como para sobrellevar este momento que era impensado. Nuestra población es muy diversa y creo que lo más complejo debe estar en los barrios donde la gente necesita si o si salir a la calle para subsistir y en este momento no está pudiendo hacerlo, pero desde acá intentamos brindarle herramientas a los jóvenes para que puedan pensar la gravedad de lo que está pasando. Muchos no ven tele ni escuchan radio entonces la sensación que muchos podemos estar padeciendo, ellos no la padecen. Entonces tratamos de que puedan tener herramientas de analisis para puedan comprender la dimensión de lo que está pasando, ese fue uno de los objetivos que nos propusimos”.

Así como los trabajadorxs de la salud ponen el cuerpo en los lugares más críticos que son los hospitales y centros de salud, en las escuelas, los y las asistentes escolares también están presentes para asegurar las raciones de comida en los comedores. Lorena Almirón, secretaria general de ATE Rosario, junto a Amsafé, realiza recorridas en los establecimientos para relevar la situación. “Lo que vemos es que faltan algunos elementos de bioseguridad. En el sudoeste, un tercio de las escuelas no lo tienen, porque se les fueron terminando. Productos de higiene sí tienen. Insistimos que los trabajadores que cumplen un servicio esencial, asistan con un personal directivo de las escuelas. En todas las escuelas se están entregando las viandas. El recurso más costoso es el descartable, el presupuesto por vianda es de 21 pesos y el descartable cuesta alrededor de 15, osea que casi la mitad de la ración va para pagar los descartables. La primer semana fue más complicada, permanentemente tenemos directivas pero la principal dificultad es la falta de insumos como guantes y barbijos, desde el Ministerio de Educación nos dicen que no es necesario, pero nosotros creemos que sí y porque además son parte de la ropa de trabajo de los asistentes escolares porque manipulamos alimentos. También le hicimos este pedido al Municipio porque ellos compraron unos kits de bioseguridad y los van a distribuir”, relata. Los comedores hoy estan funcionando al 50 por ciento de raciones. Son alrededor de 130 en Rosario, y hay unas 62 mil raciones de comida y 132 mil copas de leche. Con respecto a las partidas presupuestarias todavía no se han actualizado los montos. La provincia aporta para los comedores 21 pesos y para la copa de leche el monto es de 7,20. Desde la Nación el aporte es de 1,61 para comedor y 0,85 centavos para la copa de leche. “Necesitamos también una actualización del monto”, sostiene la dirigente gremial.

Durante los últimos 4 años del gobierno de Cambiemos hubo una permanente desvalorización de lo público y, sobretodo, de los trabajadores y trabajadoras del Estado. La campaña de estigmatización con el único objetivo de justificar despidos fue brutal. Hoy, y en el marco de esta pandemia, lo que queda en evidencia es la importancia de contar con políticas públicas que fortalezcan el acceso gratuito al sistema de salud y al sistema educativo. Sindicatos del país están poniendo a disposiciones sus hoteles sindicales para atender la demanda que comience a surgir cuando el pico de casos estalle en el país. “Cuando vi el relato de una de las cámaras de empresarios de la salud diciendo que necesitaban un resarcimiento económico, automáticamente vi la contracara de eso, que las organizaciones sindicales salimos a poner a disposición los hoteles, las clínicas, los consultorios médicos, entendiendo que todo esto es algo que nos atraviesa a todxs, porque el coronavirus no distingue cuando va pululando de un lado al otro. Entonces vuelve la pregunta de ´¿de qué lado de la mecha estás?´. Y acá me parece que lo que nosotros tenemos claro es que nos salvamos todes y colaboramos todes. Y en eso hay una gran solidaridad de las centrales obreras, de los sindicatos de base, poniendo los recursos. Eso habla de una cuestión de clase de conciencia, de solidaridad, de amor por el otre”, señaló Claudia Lázzaro secretaria de Género y de Derechos Humanos del Sindicato de Curtidores de la República Argentina en una entrevista con LATFEM.

En el mismo sentido, suma Lorena Almirón de ATE Rosario:  “Hace 4 años estábamos estigmatizados, éramos considerados ñoquis y vagos, fue una campaña muy fuerte, y hoy somos los y las trabajadoras quienes ponemos el cuerpo en nuestros lugares de trabajo. Hoy se  aplaude a lxs trabajadorxs pero la realidad es que no está reivindicada nuestra labor en relación a nuestras condiciones de trabajo. Esto tiene que ser un planteo profundo hacia los gobiernos. Las políticas públicas están, existen, a veces llegan bien o a veces llegan mal, pero existen y somos quienes la llevamos adelante. Hay áreas muy sensibles como desarrollo social donde están trabajando, en Fabricaciones Militares están haciendo alcohol en gel, y hoy estamos haciendo tareas de suma necesidad. Creo que el mejor reconocimiento es garantizar condiciones dignas de trabajo”.

Hay cuarentena en el país y en el mundo. Eso significa aislarse pero aún así, en medio de esta paradoja y de esta realidad tan virtual, lo que prevalecen son los lazos humanitarios. Que el aislamiento no nos tape el bosque, porque tenemos historia y memoria. En esta pandemia nadie se salva solx.

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Leer primera parte del informe: Más Estado, menos mercado

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