El aborto existe aún en tiempos de pandemia y lo que no debe cumplir el aislamiento es la empatía, la solidaridad, el acompañamiento y la información de calidad: garantes de éste derecho. La salida siempre es colectiva, es algo que las militantes feministas entendimos hace tiempo. Por eso si estás pensando abortar, no estás sola.

Relato de un aborto en cuarentena

Esty ya se encuentra en Berlín. Pudo escapar de una vida que no era para ella. Ahora está en una clínica, minutos después de que una doctora le dijera que estaba embarazada. «Podemos hablar de tus opciones» le dice la profesional. Ella la mira confundida. A pesar de todo, no desea abortar.

Mucho más cerca, en Rosario, una serie feminista muestra cómo un grupo de amigas acompaña un aborto seguro con misoprostol. Miro todo desde mi cama, todavía un poco adolorida. Es la 2° semana de cuarentena y acabo de abortar.

Entre tantas producciones que vi en éstas semanas, rescato esos dos momentos salidos de «Poco ortodoxa» y «Quien pudiera». La palabra «opción» y la imagen de un aborto acompañado resonaron en mi mente.

Decidí interrumpir apenas me di cuenta de que estaba embarazada. Consciente de mis opciones, mandé whatsapp mientras el evatest me miraba desde el bidet con sus dos marquitas inconfundibles. Febrero llegaba a su fin y el mundo parecía aún un lugar seguro. La pandemia nos miraba desde la vuelta de la esquina (o del continente)

Acceder a una Interrupción Legal del Embarazo (ILE), en el gran Rosario es mucho más sencillo que en otras partes de nuestro país e incluso de la provincia de Santa Fe. Las opciones no se presentan en todos lados, pero afortunadamente acá sí. No es casual, es resultado de una lucha. Los derechos se conquistan y el contar con opciones, es uno de ellos.

En el Gran Rosario, numerosas redes se fueron tejiendo en estos últimos años. Tener el número de alguien que integra esa red o de alguien que tiene a une conocide ya es garantía de que tenés, al menos, por donde comenzar a desentrañar esas dudas que asolan a cualquier cuerpo gestante frente a un palito que te interpela.

Como es costumbre en mí, las cosas las hago de manera lenta y casi siempre algo tiene que pasar en el medio para ponerle picante: una cuarentena, por ejemplo. Nada de otro mundo. Por lo que, si bien comencé los tramites en un mundo “normal”, los seguí ya en época de aislamiento.

Después de ir por primera vez al centro de salud y con las ordenes de lo que tenía que hacer: ecografía, análisis de sangre, etc, confirmé lo importante de cada une de les profesionales y militantes que hacen ésto posible. Con un papel que decía: «Dar turno con urgencia» y la palabra «ILE» subrayada, me sentí totalmente contenida.

La cotidianeidad aún transcurría con normalidad. Corrían las primeras semanas de marzo y aunque aún no queríamos darnos por enterades, el virus ya comenzaba a amenazar cada vez más. Para cuando tuve que retirar mis análisis de sangre del hospital ya tuve que sortear un control en la puerta porque no dejaban ingresar a nadie. Sólo urgencias.

Era una urgencia y no tuve problemas, aun así la vigilancia que sabemos que existe de parte de muchas partes de la sociedad, me mantuvo alerta. Admito igual que soy una afortunada por contar con los contactos acertados y con los medios para hacer lo que necesitaba.

Estando todo en orden, al otro día la doctora me dio las pastillas. Me indicó como hacer el procedimiento, me aconsejó qué tener en cuenta y me dijo que lo haga tranquila. Firmé un papel en el que tuve que apuntar mis razones para interrumpir un embarazo no deseado. Me pregunté qué tan difícil sería ese momento para aquelles que tienen que abortar tras una violación. Deseé que nadie más tenga que poner eso como fundamento.

Era jueves. Opté por hacerlo vía oral. Así que ahí estaba: las primeras 4 pastillas, 2 y 2 en cada cachete. Y esperar. Media hora después comenzaron los dolores. La fiebre fue casi instantánea. Repetí el procedimiento 2 veces más.

Sangré. Me dolió. Pero pensaba en cada momento en la fortuna de poder decidir, de contar con opciones. Al otro día seguía adolorida, con las emociones a flor de piel. Afiebrada, intentaba prestar atención a lo que decía Alberto en la tv: a partir de las 00:00 horas, no podíamos salir.

Me fui al centro de Rosario a lo de mi pareja, antes de que la medianoche que quedará en la mente de más de une, nos obligue a encerrarnos. Confiaba en el papel que me habían dado en el dispensario, con mi firma y la de la doctora. Si llegaba a pasarme algo podía manejarme con eso.

Pasó. Porque si algo tiene una efectividad del 99% yo seguro soy ese 1% restante. Darte cuenta de que no lograste hacer el procedimiento es muy sencillo. Ahora, después de haberlo logrado me doy cuenta de eso.

Cumpliendo la primera semana de cuarentena, me permito dudar y, lejos de mi doctora, empiezo a mandar mensajes: a las socorristas, a profesionales conocidas, a militantes feministas. Los estudios y visitas al médico por ILE están contempladas y se realizan aún en cuarentena. Conseguí un turno en el hospital Alberdi. Muerta de miedo fui a hacerme la ecografía. Mientras iba en el remis pensaba: ¿Y si me para la cana? ¿Este papel donde dice ILE subrayado, será garantía? Otra vez el temor a la vigiliancia antiderechos que sabemos que aún está.

Esperé sentada en el pasillo de un hospital vacío. Como si todo fuera poco, el escenario no era el más amigable. Pero era distinto al de la primera ecografia que me hice, rodeada de futuras mamás contentas con sus panzas.

Tras unos minutos salió el doctor, no me dijo nada. Fui hasta el baño, me senté y miré una imagen que efectivamente me demostraba que lo que sospechaba era cierto.

Me acercaba a la décima semana. Volví al centro de Rosario y a los días decidí volver a mi casa, luego de pasar por la doctora para que me brinde una segunda dosis de pastillas. Esta vez opté por hacerlo vía vaginal. Funcionó.

Funcionó como funciona, en la mayoría de los casos, el sistema de salud púbico en el Gran Rosario. Amparado y sostenido por una amplia red de mujeres y militantes junto con profesionales que garantizan el derecho que tiene un cuerpo gestante a decidir, a acceder a sus opciones para evaluar cuál es la mejor.

Funciona aún en éstos momentos, porque si hay algo que no debe entrar en cuarentena es nuestra tranquilidad. El aborto insiste aún en tiempos de pandemia y lo que no debe cumplir el aislamiento, es la empatía, la solidaridad, el acompañamiento y la información de calidad: armadores y garantes de éste derecho. La salida siempre es colectiva, es algo que las militantes feministas entendimos hace tiempo. Por eso si estás pensando abortar, no estás sola.

Información importante

Toda persona gestante tiene derecho a acceder a una interrupción legal del embarazo y así lo hizo saber el Ministerio de Salud de la Nación, la Organización Mundial de la Salud, la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir y las redes feministas que siempre acompañan como las Socorristas en Red.

El gobierno de la provincia de Buenos Aires emitió una resolución ministerial para garantizar el acceso a una ILE. Fue la primera jurisdicción en dar lineamientos sobre la atención de abortos legales y el acceso a la salud sexual durante la pandemia en Argentina. Se trata de un protocolo que busca garantizar una atención integral en los efectores de salud y el acceso a métodos anticonceptivos.

“El acceso a la ILE es una prestación de emergencia en el contexto de la pandemia y es necesario garantizarla con atención ambulatoria, preferentemente con medicamentos siempre que sea posible, y consejería a distancia si esto también fuera posible. En este contexto, cuando las personas acudan debe garantizarse el acceso en buenas condiciones y satisfacer la demanda en el mismo momento, sin dilaciones. Se recomienda, frente a esta crisis, simplificar en extremo los procedimientos para que la atención sea efectiva, segura y ágil», indica la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva del Ministerio de Salud de la Nación.

Con o sin cuarentena el aborto es un derecho y el sistema de salud no te puede abandonar. Los derechos sexuales y reproductivos no se suspenden.

Para acceder al recursero de la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir en el que se detallan los centros y hospitales hacé click acá 

En todo el país, podés comunicarte a la línea  0800 Salud Sexual, de la Dirección Nacional de Salud Sexual y Reproductiva: 0800-222-3444. Sus horarios de atención son de lunes a viernes de 9 a 21 hs. y sábados, domingos y feriados de 9 a 18hs. (https://www.argentina.gob.ar/salud/saludsexual/lineasaludsexual).

También podés comunicarte con las Socorristas en Red que mantienen canales de consulta

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