Arde la tierra. Y las llamas son apenas un punto de la trama de un sistema global, de una matriz depredadora y voraz. Extractivismo, agronegocio, monocultivo, ganadería industrial. El negocio por delante y por encima de la salud, y de la vida.

Fotos: Edu Bodiño

Los ojos arden, la garganta raspa, los pulmones se hinchan. La tierra grita. ¿Cuánto fuego más?

Pobladores isleños cercados por el fuego. Flora y fauna diezmadas y arrasadas. Los humedales devorados por las quemas intencionales que no dan respiro desde febrero, y desde hace más de una década, con el proceso de “pampeanización del delta”.

Arde la tierra. Y las llamas son apenas un punto de la trama de un sistema global, de una matriz depredadora y voraz. Extractivismo, agronegocio, monocultivo, ganadería industrial. El negocio por delante y por encima de la salud, y de la vida.

Como una saga fatídica, día tras día se multiplican las escenas del fuego devorándolo todo, las imágenes superan la ficción, evidenciando provocaciones permanentes y desafiantes frente a los tibios anuncios públicos de acciones estatales para mitigar la situación.

Este último fin de semana, las llamas cercaron viviendas de los isleños en la zona de la Boca de la Milonga, La Deseada y Destilería. Fue a través de la solidaridad y autogestión de voluntarixs que cruzaron a las islas, y a fuerza de acarrear baldes y mangueras, que se logró controlar medianamente el fuego. El martes 25 de agosto el fuego rodeó también la Reserva “Los tres cerros”, allí mismo el gobierno planea instalar uno de los siete “Faros de conservación”.

A más de siete meses de desatadas las quemas, en un contexto de sequía y bajante extraordinaria del Paraná, la red de organizaciones socioambientales comprometidas con la temática, han realizado todo tipo de acciones para advertir, primero, y para frenar después, el desmadre de esta situación que a las claras hoy tiene las dimensiones de un ecocidio, con el 80% de los ecosistemas arrasados.

A su vez, la conformación espontánea y asamblearia de la “Multisectorial Humedales”, ocupa hoy el espacio público, aúna voluntades, lenguajes y expresiones artísticas, dándole fabulosa visibilidad al hartazgo y a la falta de dimensión política de este verdadero ecocido.

Pero afuera y adentro la vida sigue ardiendo. Los pulmones del planeta y los nuestros.

Siete meses después, lejos de arribar a soluciones de fondo, como la reactivación del Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible del Delta del Paraná (PIECAS), o el avance con la sanción de una Ley de presupuestos mínimos para la protección de los humedales (el primer proyecto data de 2013), la situación se agrava.

Más allá de los mediáticos anuncios, todas las medidas estatales, desarticuladas y aisladas entre sí, siguen sin tener efectividad y, algo más preocupante  aún, permiten entrever la falta de decisión política verdadera para poner un freno real a la trama de negocios que siguen arrasando con lo poco que queda de la cultura isleña, los humedales y su biodiversidad.

 


Vivi Benito es periodista, integrante de la organización Taller Ecologista

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