¿Qué diálogos se tejen entre los derechos humanos y la educación? ¿De qué manera se construyen las memorias? ¿Quién resistirá cuando el arte ataque? En esta nota intentamos desentramar cómo es eso de hacer memoria atravesando la experiencia. Porque nadie sabe lo que puede un cuerpo. La construcción social del recuerdo y la potencia de lo posible.

Foto de portada: Santiago Nestares

El 2 de agosto de 2002 el Congreso de la Nación sancionaba la Ley 25.633 que instituía al 24 de marzo como Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia. Desde 2006 el 24 de marzo se volvió un feriado inamovible. Elvira Scalona es profesora y licenciada en Historia. Da clases en el Politécnico hace casi treinta años y en la Facultad de Humanidades y Artes de la UNR, donde es formadora de docentes en dos cátedras: ´Currículum y Didáctica´ y ´Residencia´. Elvira cuenta que en el Politécnico se produjo un cambio importante cuando la fecha se convirtió en efeméride. Dice que si bien la temática se trabajaba en la materia de Historia, no había un abordaje institucional de la memoria por parte del propio colegio en la dictadura.“En el Politécnico no se abordaba demasiado hasta que el Departamento de Ciencias Humanas empezó a hacer junto con otrxs docentes una lista de las personas asesinadas y desaparecidas por el terrorismo de Estado”.

La Ley Federal de Educación aprobada en los años noventa había introducido un primer cambio porque estipulaba la inclusión de los contenidos relacionados con la defensa de los derechos humanos y el orden democrático. Cuando armaron la lista (siempre en construcción) con la identidad de las víctimas del terror ejercido por el Estado, hicieron un acto y colocaron una placa. “Tenemos un fusilado en Trelew que no encuadraría dentro de la dictadura porque fue antes. Esa periodización es un poco más amplia. También tenemos a Héctor Gualco asesinado por la policía en 1975”. Elvira explica que el trabajo de reconstrucción de la historia excede lo cronológico. Por eso dentro de la lista de las once personas -todos varones que egresaron de la escuela en distintos años- incluyen a Mario Emilio Delfino Jadlizcka, fusilado en la cárcel de Trelew el 22 de agosto de 1972 cuando tenía 29 años.

Los nombres de aquella placa hoy flamean en largas banderas que cuelgan desde las ventanas de la fachada del Politécnico. Alberto, Eduardo Omar, Alberto Mario, Alberto Eduardo, Reinaldo Ariel, Héctor Arnoldo, Héctor Carlos, Mario Emilio, Rodolfo Pedro, Roald. Este año el homenaje tomó forma de bandera, de manos pintadas, de nombres que se multiplican en la resonancia que generan en quienes pasan caminando por la vereda de calle Pellegrini. Esa intervención del espacio público con las banderas colgadas fue el corolario de una actividad que pensaron e hicieron desde el Programa Memorias Situadas para escuelas medias de la UNR –el programa es dirigido por la arquitecta Alejandra Buzaglo y depende del Área de Derechos Humanos de la universidad- en conjunto con docentes del Departamento de Ciencias Humanas y Naturales y con lxs estudiantes de la escuela.

Uno de los objetivos que se plantea el Programa es reflexionar colectivamente con estudiantes de las escuelas secundarias sobre las diversas memorias referidas a la última dictadura cívico-militar. La Doctora en Arquitectura Alejandra Buzaglo refiere a la voluntad de trabajar el tema de memoria en relación al pasado reciente en las escuelas medias, algo que en principio arranca en las escuelas dependientes de la UNR -Politécnico y Superior- pero que progresivamente irá alcanzando al resto de las escuelas. “Me encomiendan la responsabilidad de llevar adelante el Programa por los antecedentes en torno a la problemática que venimos sosteniendo desde 2001 con Arquitectura del Sur Colectivo y desde 2006 cuando dirigía el Área de Derechos Humanos de la Facultad de Arquitectura, donde justamente trabajábamos la memoria situada en los cuerpos y las experiencias”.

Foto: Santiago Nestares

Elvira diferencia el abordaje que se hace institucionalmente desde las escuelas en relación con el 24 de marzo de aquel trabajo que hace cada docente en materias como Historia, Formación Ética y Ciudadana, Ciudadanía y Derechos y otras asignaturas que integran los planes de estudio de las escuelas públicas y privadas provinciales en las que se debería dar el tema desde el punto de vista de su reconstrucción histórica. Dice que si se plantea únicamente desde el punto de vista cronológico, muchas veces no se llega a dar porque es un acontecimiento bastante contemporáneo. En ese sentido, algunas docentes lo trabajan en perspectiva comparada cuando abordan otro golpe de Estado o directamente le dedican el mes de marzo a trabajar el tema aunque no siga la línea cronológica de la materia.

El interés del Programa Memorias Situadas es trabajar de forma curricular. De esa manera se planteó cuando el año pasado Alejandra acercó la invitación para hacer un trabajo práctico sobre lo que se conoce como la Noche de los Lápices. Estudiantes de cuarto y quinto año hicieron producciones gráficas, sonoras y audiovisuales y ese material fue compilado en un video.

Leticia Buchín es Secretaria de Derechos Humanos del Centro de Estudiantes del Politécnico (CEP), tiene dieciocho años y está cursando el sexto y último año del TCO (Técnico Constructor de Obras). Desde tercer año empezó a involucrarse con la militancia, primero sumándose a las actividades hasta que en las elecciones de 2019 se postuló dentro de la lista estudiantil.

– ¿De qué manera hacer memoria desde el Centro de Estudiantes?

Leticia- Siempre estamos en las marchas del 24 de marzo. El año pasado hicimos un video con las consignas que había difundido Abuelas de Plaza de Mayo. Pero también nuestra gran participación se da el 16 de septiembre. El año pasado el Programa Memorias Situadas trabajó con el área de Historia de manera curricular con cuarto y quinto año. Como Centro de Estudiantes hicimos una revista con experiencias de personas que atravesaron el Poli durante la dictadura, cómo lo vivieron, qué relación tenían con profesores y celadores.

Alejandra hace foco en una de las claves del abordaje epistémico: lo situado como una forma de atravesar los cuerpos. Dice que la idea era recorrer junto a estudiantes lugares como el Servicio de Informaciones, hacer talleres y pensar que la técnica (Politécnico y Arquitectura en este caso) no es neutral sino que trabaja necesariamente una perspectiva de derechos humanos. Elvira también hace referencia a la potencia del trabajo situado. “Cuando lo trabajamos situado ponemos al alumnado en contacto con las cuestiones que ocurrían en su ciudad, sus barrios, su escuela. En Rosario hay muchxs historiadorxs que trabajan el tema de la dictadura en perspectiva local. Está bueno porque te pone en contacto con la situación”.

Foto: Santiago Nestares

Leticia recuerda que a principios del año pasado Alejandra se acercó al CEP para abordar el tema de los desaparecidos del Poli. Lo que estaba en los planes era un acto en el salón de ingeniería donde estarían las telas que se desplegarían con una importante puesta en escena. La idea era abrir la convocatoria para que participaran todos y todas las estudiantes y docentes. Pero lo que estaba en los planes fue trastocado completamente cuando la pandemia aterrizó en nuestro país. “Lo situado casi que exige necesariamente la presencialidad. Hubo que imaginar un modo de tramar”, dice Alejandra. La manera que encontraron fue trabajar con protocolos concentrando la actividad en una jornada con dos turnos y cuatro burbujas de cinco estudiantes.

En 2019 la profesora de Historia Cristina De Cicco acercó a la escuela una investigación titulada ´Que el muro no caiga´ donde reponía las biografías de los egresados del Politécnico que habían sido víctimas del terrorismo de Estado. Leticia Buchín se acuerda del día en que la profesora llevó el trabajo y les dijo que debían apropiarse de esa investigación como estudiantes. Hoy siente que pudieron hacer muchas cosas a partir de acceder a esa información, que la hicieron carne. Cuenta que en la investigación había dos fotos de cada estudiante, una de cuando habían ingresado al Poli y otra de cuando egresaron. Dice que la placa recordatoria que en su momento había puesto la escuela había quedado desdibujada y que de esta manera pudieron darle otro sentido.

La interpelación llega desde distintos ángulos y atraviesa múltiples lenguajes. Viaja con el sonido de las voces jóvenes que hoy están transitando la escuela secundaria y que leyeron en primera persona las biografías de los egresados que el Estado se encargó de desaparecer, asesinar o fusilar. Alejandra Buzaglo retoma la idea de trabajar de forma situada a partir de las experiencias concretas. Por eso recurrieron al material de investigación que estaba disponible y del cual ya habían echado mano para el ejercicio del año pasado sobre el Día Nacional de la Juventud. Sabían los nombres, los apellidos y los recorridos de estas once personas. “Retomamos esa reconstrucción biográfica pero adaptada en un texto que se hace en primera persona. Eso fue muy fuerte”, dice Alejandra, mientras explica que la cuestión performativa ligada a lo situado tenía que ver con poder leer en primera persona ´yo soy´, ´mi nombre es´. La lectura de las biografías quedó compilada en un video que muestra la intervención.

Banderas en tu corazón

La interpelación histórica se graba como estampa: registro impreso en una tela negra y el contraste de las letras blancas. Letras que forman nombres. Nombres que se multiplican: Emilio es muchos Emilios, Carlos es ese Carlos y también aquel otro; Mario es todos los Marios. Derechos humanos de ayer y de hoy. Leticia habla de interpelar desde lo más simple: “Ves a un Alberto y seguramente conocés a un Alberto. Te lleva a pensar capaz en otra persona pero también estás pensando en el desaparecido”. Alejandra devela la cocina de la co-construcción: reuniones y asambleas con les estudiantes y las docentes para ir construyendo (la memoria activa en gerundio) el homenaje que condensa un diálogo entre educación y derechos humanos. Después de leer aquellas biografías decidieron pintar banderas con los nombres, sin los apellidos, como un modo de generar, en palabras de Alejandra, “cierta trans-subjetividad cuando nos encontramos con un nombre que puede ser el de un amigo, el de un padre, el de un tío”.

Como parte de la intervención dejaron la estampa de las manos pintadas en las telas. La iniciativa tenía que ver con dejar una huella y al mismo tiempo con el compromiso de ´dar una mano´. Alejandra se refiere a aquellas conversaciones que no tienen la institucionalización de una clase pero que son otras formas de construir. “Al estar pintando con nuestros cuerpos también se hace memoria”.

Leticia habla del lugar de encuentro. Ni siquiera intenta calcular las horas que pasan en la escuela porque son muchas. Piensa más allá o más acá de lo académico: el trato, los grupos, el compañerismo, los amigos. “Eso también es algo que vivieron los desaparecidos cuando transitaron el Poli. Estás tanto tiempo con tus compañeros que te marcan como también te marca el lugar y la cantidad de recuerdos que tenés ahí adentro”.

Alejandra enumera algunos de los recursos disponibles, donde lo disponible es considerado como un bien y no como lo escaso: el material de investigación, la decisión de la UNR de abordar estos temas, el pincel y las telas provistas desde el Área de Derechos Humanos de la Universidad, los colores que fueron aportados por les estudiantes, el compromiso de elles y del cuerpo docente, la experiencia de las profesoras y la tradición en la escuela. “Lo disponible se plasmó en esta intervención que salió a la calle”, dice. Las telas estuvieron una semana colgadas en la fachada de la avenida Pellegrini.

Según el análisis de Elvira Scalona, por lo menos en la escuela pública la defensa de los derechos humanos y la condena de la dictadura le ganó a las otras visiones de ese pasado reciente. “Puede haber personas que piensen otra cosa pero mucho no se animan a decirlo en la escuela”. Menciona como caso aislado a la maestra negacionista de La Boca que para el 24 de marzo de 2017 reprodujo en la escuela ´Carlos Della Penna´ un video que presentaba a los represores como héroes y a los desaparecidos como terroristas. Destaca el papel que tuvo en ese momento el Ministerio de Educación que sancionó a la maestra y a la directora y que instó a la escuela a disculparse ante la comunidad y a hacer el acto de nuevo.

Foto: Alejandra Buzaglo

Los recursos pedagógicos para abordar en la escuela la temática de la memoria son diversos. Así como están disponibles los materiales de la Comisión Provincial por la Memoria, Elvira destaca la producción del Ministerio de Educación de Nación. Para hablar sobre el trabajo en las escuelas, se refiere al concepto de la socióloga Elizabeth Jelin de ´emprendedores de memoria´. “En las escuelas el trabajo con la memoria depende mucho de si hay emprendedores de memoria dispuestos a cargarse eso y llevarlo adelante. Hay escuelas donde son los estudiantes los emprendedores de memoria, otros casos en los que son las docentes y otras donde hay incluso familiares de desaparecidxs”. En líneas generales, Elvira cree que hay un consenso desde la educación y un compromiso con los derechos humanos, algo que también está en relación con la formación y la experiencia docente.

Haydée Spatz, maestra de nivel inicial y vicedirectora del jardín El Nogal de Arroyo Seco, hizo un video con un títere que representaba a Estela de Carlotto. El material pedagógico fue subido a la plataforma del Ministerio de Educación de Santa Fe. La docente recibió un linchamiento mediático y en redes y fue hostigada en una campaña de la cual participaron el periodista Eduardo Feinmann y el diputado de Juntos por el Cambio, Federico Angelini. La acusaron de adoctrinamiento. Además del apoyo de sus compañerxs de trabajo, recibió el respaldo de los gremios y de la mayor parte de la comunidad educativa. «Nosotras tenemos la obligación de abrir las puertas de un jardín de infantes público que habilite derechos, que habilite sueños, que habilite infancias”, declararía Haydée en una nota publicada en Página12.

Elvira se refiere, por un lado, al concepto de memoria entendida como la construcción social del recuerdo. Esa forma en que las sociedades van construyendo la memoria está vinculada con las propias experiencias personales, la familia, la escuela. Y también tiene que ver con las políticas de memoria del Estado. Por otro lado, la historia aparece como la reconstrucción de esos acontecimientos que se hace desde la ciencia social que es la historia. Para la historia, la memoria puede ser un objeto de estudio, una fuente. “Son dos terrenos muy difíciles de separar en la educación. Todo el mundo lleva a la escuela la memoria que tiene sobre la dictadura. La memoria es algo que está vivo”, dice Scalona. En el marco de su clase, le pasó que una estudiante de cuarto año cuando que fue a entrevistar al padre sobre la dictadura para un trabajo de la materia se enteró que al tío lo habían asesinado y lo habían tirado en un pozo en Los Surgentes, en Córdoba. “El padre encontró ese momento para reconstruir la historia del hermano y contárselo a la hija”.

Apelar a estrategias creativas como una forma de reelaborar el pasado traumático. “Tratamos de trabajar la música, los podcast, los videos. Que encuentren formas de expresión que no tengan que ver con reproducir un pasado traumático sino con reelaborarlo y expresarlo como puedan”, cuenta Elvira. Para Leticia, trabajar con esos recursos es algo que sale naturalmente. Dice que es una forma de interpelar también teniendo en cuenta que el Poli es una escuela técnica. “Hay materias artísticas pero cuando llegás a los últimos años se pierde un poco. Por eso está bueno llevarlo por ese lado”.

El Programa Memorias Situadas habilitó el abordaje del cuerpo como territorio, las redes y el propio edificio-escuela como soporte de una acción colectiva en la cual confluyó el encuentro entre estudiantes y docentes en una co-producción creativa.

Alejandra apunta que lo situado también es una forma de pensar los derechos humanos hoy. Se pregunta cuáles son hoy las violaciones a los derechos humanos, cuáles son aquellos derechos vulnerados. Como posible respuesta apela a las prácticas artísticas como forma de reflexión situada, resistencia y acción. En ese sentido se pensó la propuesta en el Politécnico, como una intervención artística que aborda la escala del edificio y de la ciudad, conjugando la experiencia de estudiantes, de las docentes en el abordaje de la problemática y un expertiz ligada al espacio público y a las técnicas artísticas.

Elvira propone abrir la noción de derechos humanos y vincularla con la ESI, la trata de personas, el gatillo fácil. “Eso es algo que hay que trabajar mucho: el hecho de pensar que los derechos humanos es un concepto con mucho mayor alcance y atraviesa toda nuestra vida en el presente”.

 

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