La murga Agarrate Catalina cumplió 20 años de trayectoria y retorna a los escenarios con un nuevo espectáculo, ganador del Carnaval 2020. El camino recorrido, los cambios sociales, los debates actuales. El amor y el odio, el presente y el futuro. La cabeza donde pisan los pies. ¿Qué dice la murga más emblemática del país uruguayo?

Fotos: Gentileza de Mauricio Rodríguez Prensa: @dosdosunoprensa

 

Un pueblo desnudo frente a un espejo colectivo para mirarse, pensarse, reprocharse, para reír, llorar y construir otros mundos posibles, en ese escenario que son los tablados montevideanos surgió, creció y se consolidó la murga Agarrate Catalina. Corrían los 2000 y un grupo de amigos y amigas decidió darle rienda suelta a la imaginación, a los sueños, al amor por Momo, y fundar una nueva murga, para inscribirse en la historia de un país con el carnaval más largo -y popular- del mundo.

“Somos un Frankenstein improbable que, sin embargo, camina y funciona”, dice Yamandú Cardozo, el creador de un ser colectivo que ha cobrado vida desafiando los pronósticos menos alentadores. “Somos un grupo de gente que se sobrevivió a sí misma, a la que se le partió el corazón cien mil veces, que se peleó con sus hermanos y hermanas, con su familia elegida, gente exiliada por elección de su propia vida para salir a girarla por el mundo y vivimos todo lo que se les pueda ocurrir, la muerte de tu familia y el saber que no vas a llegar o el nacimiento de un ser querido, y por eso estos 20 años se festejan con tremenda emoción, además es un evento artístico muy poco probable, hay que explicar qué es una murga y porqué son así de raras sus formas y sus elecciones estéticas”, agrega en una mezcla de emoción y reflexión y comenta un dato que resume mucho la propia identidad: “Cuando hicimos la prueba de admisión de 2019 caímos en cuenta de que de los y las 17 murguistas que somos, 11 no solamente están desde el año uno de la Catalina sino que fueron al primer ensayo”.

De participar en Murga Joven a conquistar el mundo visitando más de 23 países, subtitular sus espectáculos a más de 16 idiomas, de la aventura adolescente a crear una fuente de laburo para sus familias, “La Cata” es hoy parte del arte y la cultura popular más arraigada y representativa de Latinoamérica.

Nuestras contradicciones son cicatrices que nos permiten ver lo que realmente pasó, repensarnos mirando hacia el presente, por todo esto es una tremenda alegría y una emoción solemne, porque recupera ese espíritu decididamente infantil con el que nos decidimos a armar la Catalina

“Esta fecha es también una posibilidad para salir de uno y mirarse, para no ser tan indulgentes con nuestro propio pasado, poder criticarnos profundamente, decir increíblemente sigo de acuerdo con esto que canté en el 2003 y también estoy en desacuerdo de esto que escribí en el 2017, nuestras contradicciones son cicatrices que nos permiten ver lo que realmente pasó, repensarnos mirando hacia el presente, por todo esto es una tremenda alegría y una emoción solemne, porque recupera ese espíritu decididamente infantil con el que nos decidimos a armar la Catalina”, comparte Yamandú en una extensa charla con enREDando.

La mirada en retrospectiva, la cabeza donde los pies pisan, la poesía a flor de piel y la sensibilidad combinada con una esperanza de transformación, todo junto y potenciado en una murga que apuesta a salir de la comodidad de hablarle sólo a quienes están más cercanxs ideológicamente. Alcanzar una masividad que abra, rompa y ponga en tensión lo individual y los sistemas que sostienen lo social. “El camino que quiero transitar y que más ganas de seguir poniéndole el cuerpo me da, es el de ir amplificando la búsqueda y los destinatarios y destinatarias de la cajita dentro de la botella, de multiplicar las miradas y el ojo crítico. Una invitación abierta, lejos de ser una estrategia conveniente por lo beneficioso de las medianías, es un acto valiente y en silencio, porque la defensa del concepto de la inclusión y de la no binarización de mi lógica de pensamiento debería aplicar hacia todos los lugares, no solamente a las búsquedas que sabemos que contarlas trae rédito”, asegura el letrista de la murga.

En la misma línea sostiene que no se trata de “fomentar la cámara de eco, aunque sea maravillosa porque el clima de invernadero funciona”. Dice que “lo que está bueno para la vida de la murga es seguir buscando y eso no quiere decir que haya que alivianar lo que hay que contar, no quiere decir no comprometerse y hacer algo aséptico y conveniente, todo lo contrario. A veces incomodar a la propia trinchera es más difícil y pasa lo que nos pasó, el fuego amigo, que duele un montón y está bueno que suceda. Cuando vos tenés la urgencia de escribir algo que te das cuenta que no se corresponde con la urgencia de las agendas políticas-partidarias o con las lógicas electorales, necesitás hacerlo porque lo mejor que puedo ofrecer es mi honestidad artística”.

lo que está bueno para la vida de la murga es seguir buscando y eso no quiere decir que haya que alivianar lo que hay que contar, no quiere decir no comprometerse y hacer algo aséptico y conveniente, todo lo contrario. A veces incomodar a la propia trinchera es más difícil.

La murga ganadora del concurso oficial del carnaval en los años 2005, 2006, 2008, 2011 y 2020, aborda en su espectáculo de 2019 denominado “Defensores de Causas Perdidas” el enfrentamiento de ideas llevado al extremo, lo que se suele conocer como la grieta. “Las primeras respuestas fueron muy agresivas y de alguna manera estaban diciendo que es un horror actuar de esa manera binaria. Creo que la grieta es un concepto de ficción, no hay nada que diga que las personas son enemigas a muerte de las otras porque se paran en la vereda de enfrente. Es un concepto funcional a los grupos de poder. Me peleo a muerte con mi vecina y entro en una lógica que es un embudo”.

Sobre este punto Yamandú asegura que plantean “el intento de reconstrucción del entramado social a nuestra escala y posibilidad, desde lo comprometido, desde las batallas ideológicas, lejos del odio y del accionar del soldado, yo esas lógicas no las entiendo ni podría sostenerlas. Por eso soy artista, porque necesito ejercer la libertad de lo que pienso, no siento que la obsecuencia me haga mejor izquierdista, creo que me empobrece en lo que puedo ofrecer”.

En las letras del espectáculo murguero se habla de lo cotidiano, de las pasiones y sufrimientos que nos atraviesan, de los amores y dolores, de los trabajos y la falta de oportunidades para una vida digna, del fútbol, de la religión, de las contradicciones de una sociedad, de sus políticos, de los planes de gobierno de los pueblos latinoamericanos y sus consecuencias, de los culebrones de la tele y los programas de ajuste del Fondo Monetario Internacional (FMI).

“Nos dan ganas de tocar las temáticas que tienen una hondura de las maneras más accesibles que podamos, accesible en el sentido más valioso e igualador de la palabra, descomplejizado por convicción, y que el milagro del encuentro suceda, aunque no quiere decir que te voy a hacer el camino yo, te voy a decir a donde quisiera que nos encontráramos”, describe el director de La Catalina. También dice que el carnaval es un evento que está resistiendo desde lo más horizontal y democrático «porque está ejecutado por personas comunes que no tienen que presentar ningún carnet o título de nada, porque no hay ninguna censura que lo prohíba o regule restrictivamente, porque es para todo público, en todos los estados políticos y socioculturales, con todas las herramientas o casi ninguna. Nos moriríamos de tristeza si alguien se queda en el camino porque es inaccesible lo que hacemos”.

Frente a los propios miedos a interpelarse y mirarse, la Catalina juega con el humor de lo que está instalado en el imaginario colectivo, reflexiona sobre los engranajes sociales, los coloca sobre el escenario y caricaturiza entre la incomodidad de abrir o tocar heridas preexistentes y el filo de evitar una agresividad innecesaria.

“El tablado de los barrios es lo que me enamora profundamente de esta fiesta, un pueblo entero analizándose con las herramientas que tiene, llegándose, errándole, confundiendo las cosmovisiones, atrasando a veces, pero diciéndose las cosas a la cara. Me parece que eso es lo que no hay que perder, y eso es lo que hoy nos hace decidir estar en el carnaval 2022, y lo que termina de inclinar la balanza frente a la enorme locura de la mezquindad y la competencia instalada. Hay muchas cosas para preguntarnos y reclamarnos, y todo eso le gana al cansancio, cuando hay cosas que te queman las manos de ganas de escribir.  El año pasado lo extrañamos abundante porque no se había suspendido nunca, ni siquiera en la dictadura que no pudo ante algo tan importante para uruguayos y uruguayas. Todo el mundo utiliza el carnaval como herramienta válida, hay una estadística que dice que el carnaval en ese mes y medio que dura, sumando tablados y Teatro de Verano -donde se realiza la competencia oficial-, vende más entradas que el fútbol todo el año. Todo esto me hace querer estar ahí como el primer día”.

Las dos caras de la misma moneda

En el 2020 Agarrate Catalina se presentó en la competencia oficial del carnaval con su espectáculo Amor y Odio y logró, una vez más, el premio mayor en la categoría murga del certamen.

Sobre cada show, Cardozo destaca la premisa fundamental “armar un espectáculo que nos represente al completo del colectivo, que nos interpele y nos implique, lo que nos haga cuestionar, lo que nos da bronca, los miedos, necesitamos por convicción y por estrategia, que nos involucre. A partir de ahí las temáticas van apareciendo, nos surge hablar de ellas hasta para descubrir qué postura tenemos, y además deben tener una coherencia con la consigna que elijamos”.

Sobre la construcción de la última presentación que llega a Argentina en estos días, Cardozo siente que era necesario hablar sobre dinámicas que causan amor u odio, “o las dos cosas a la vez que sucede un montón, y nos vuelve ese entrevero de sentimientos que somos y que se van debatiendo entre el amor y el odio constantemente.  Por eso pretendemos hablar sobre la dinámica hater, esta lógica autodestructiva de envenenarme esperando que a quien le tiro los dardos reviente y explote, la lógica rara de quien odia y toma el veneno esperando que se envenene la otra persona, también para hablar de nosotras y nosotros como colectivo de los dos lados de la mecánica, hablamos de autocaricaturas y jugamos con lo que el imaginario colectivo asume sobre nuestro proyecto y nuestra forma de vida”.

En las letras también se plantean los procesos de elección de gobiernos en nuestros países, y los contextos inmediatos. “Si damos una rápida ojeada hacia atrás no son casualidad”, dice Yamandú Cardozo. Y agrega: «y si tenemos un poco de mirada analítica nos damos cuenta que estamos repitiendo un círculo nocivo sobre todo para las personas que queremos un mundo más justo y con más oportunidades para todas y todos. Hablamos de la coyuntura en Uruguay con esta vuelta a los partidos de extrema derecha con pie en el militarismo, de la aporofobia y el odio a las personas pobres, intentamos sembrar dudas horizontales, preguntarnos, y nos resultó tremendamente gratificante sentir que hablamos y cantamos con el corazón en la mano, sin hacer ninguna pseudo-pedagogía que no estamos en condiciones ni elegimos hacer”.

Una hermandad latente

En todos estos años de existencia, la Catalina ha recorrido Argentina de norte a sur. Luego de la gira por los propios pagos, cruzaron hace tiempo el charco para venir al país vecino que sienten como propio.

“El vínculo con Argentina es el mejor que se puede pedir, tenemos todos los beneficios, estamos en un país que es inabarcable, que es intensísimo desde todo punto de vista, que explota y se prende fuego en la devolución, que se adueña del espectáculo. El primer paso natural es cruzar, cuando la actividad deja de ser nada más que amateur, cuando es laburo, y tenés la inmensa fortuna de recorrer todo tu interior, entonces pensás en cruzar, y ahí te das cuenta que tenemos un contexto en común, las cosas que leímos y cantamos, las cosas que nos representan en el abrazo y rechazo, nuestras luchas de vecinos, las modalidades de humor son parecidas, entienden lo que cantamos, y hay un cariño increíble y a veces muy mal respondido desde acá”.

Sobre este amor más de acá que de allá, Yamandú grafica:  “somos el odioso hermano menor malcriado, con complejo de estar frente a dos países enormes, y eso hace que digamos menos el cariño que les tenemos como hermanos”. Con Rosario, donde ya fueron reconocidos como Artistas Distinguidos y Distinguidas por el Concejo Municipal, hay un vínculo especial porque suele decirse que es igual a Montevideo, “me cuesta verlo en lo geográfico y edilicio, pero sí se siente, es estar caminando en un barrio de mi infancia. A mí nadie me contó mejor en la vida lo que me pasa con el fútbol que Fontanarrosa, si funciono como sus personajes más alocados y caricaturescos, no me van a decir que no es mi patria”. La presentación local será este 20 de noviembre a las 21hs en el Hipódromo.

Memoria histórica popular

Las letras de la murga resguardan la memoria de las luchas, sentires y condiciones de posibilidad de cada tiempo histórico. Conservan para la memoria colectiva y popular aquello que no suele quedar en los libros de quienes escriben las narrativas oficiales, son reflejo de las contradicciones de las comunidades, las lógicas aceptadas en cada tiempo y de los cambios sociales y culturales que se suceden.

“La murga es cronista voluntaria porque elige las temáticas y los enfoques, e involuntaria porque se le filtra lo que está aceptado o no. Es importante ver qué cambia en el conjunto, porque el público exige esa transformación también. Por supuesto que no podemos quedarnos en la autocomplacencia de decir que el sistema es así, puedo intentar cambiar desde mi lugar, tener otra responsabilidad sobre mi pluma. Ser una persona que se cree sensible y que se sabe y manifiesta de crianza filosóficamente izquierdista, colectiva y solidaria, no me hace inmune a equivocarme en un montón de maneras de decir las cosas, no tengo vergüenza de arrepentirme de cosas que escribí, aunque quizás no me hubieran traído hasta acá”, reflexiona Yamandú.

Ser una persona que se cree sensible y que se sabe y manifiesta de crianza filosóficamente izquierdista, colectiva y solidaria, no me hace inmune a equivocarme en un montón de maneras de decir las cosas

Los cambios sociales impactan en las producciones artísticas, y el desarrollo de nuevas formas de comunicación vinculadas a la tecnología no pasa desapercibido. Fue así con la radio, con la tele y lo es con las redes sociales.

“Las redes son un universo nuevo, hay una competencia para la que no estábamos preparados. Las murgas están diseñadas para momentos de la ciudad donde pasaban pocas cosas y fueron sobreviviendo, pero ahora las noticias no duran minutos, y tenés que ver qué pasó y qué quedó viejo, hay que reconfigurar, encontrarle una vuelta de tuerca para hacer los análisis, y para saber que tu tribuna se amplifica en esta lógica de lo binario y el pensamiento agrietado, cualquier cosa que cantes podrá ser descontextualizada y reconvertida en tu peor enemigo”. Desde fines de diciembre los ensayos de la murga Agarrate Catalina son abiertos, con 1500 personas que llevan su silla y mate para verlos ensayar, “es gente que ve cómo se construye el asunto y conoce los recovecos que tenés del humor, que es básicamente complicidad y sorpresa. Es decir: no te puedo hacer reír igual que la primera vez, eso ya es raro, pero cuando además lo grabás y lo subís sos un mega spoiler hacia todos lados. Hay que estar muy pendientes, no desde el lado competitivo sino de que quiero verte la cara, quiero ver que me devolvés. Y por otro lado se fuga mucha energía en esquivar las balas de los haters de redes sociales, es lo que más cansa del concurso”, dice Yamandú.

De todos modos, considera que en estos años lograron que nada los detenga. “Van a seguir criticando y también defendiéndonos a ultranza. En el espectáculo del 2020 hicimos humor al respecto, contestamos, aprovechamos a pegarnos hacia dentro y decir mi movimiento no es culpable de tu inmovilidad, este colectivo intenta ser feliz, esta actividad nos hace profundamente felices, hemos construido nuestras existencias en torno a esta expresión y de esta exacta manera, este es nuestro pecado más terrible”.

“Que este mundo absurdo no nos nuble la alegría”, dice una de las letras de la Cata y abre las puertas de una invitación a seguir, a transformar, a construir.

“Aún después de cantar la más profunda desolación, como convicción militante de la pelea con la belleza para combatir a la brutalidad y desigualdad del mundo, estoy convencido que mi camino es por lo colectivo, buscando transformar, a la escala que se puede, proponiendo belleza construida entre muchas personas, dejar un faro prendido es súper necesario”, asegura Yamandú y cierra: “no es por formalismo, sino por necesidad, son nuestras tripas tiradas en un papel, nuestros temores, nuestras vergüenzas, broncas, desvelos más profundos, hacemos esto para entender, fortalecernos, para salir adelante, para no secarnos de tristeza mirando el techo, para estar menos solos”, en un convite de coraje y amor más allá del odio.

 

El sábado 20 de noviembre Agarrate Catalina se presenta en Rosario en el marco de una gira por otras ciudades del país

 

 

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