Cada 19 de noviembre se conmemora el Día mundial de lucha contra el abuso sexual en las infancias y adolescencias. La capacitación para evitar revictimizaciones y el trabajo necesario de organizaciones que activan redes. La Educación Sexual Integral, pilar para la detección de situaciones de abusos.

Imágenes: Cuanticuenticos

Hace ya tiempo que se observa en los medios masivos de comunicación, denuncias sobre casos de abuso sexual infantil pero, muchas veces, el tratamiento mediático suele apelar al morbo, exponiendo a quienes lo han padecido o revictimizando con preguntas tales cómo “¿por qué no denunció antes?, ¿por qué no lo contó a nadie?”.

Entender esta problemática es fundamental para criar infancias más libres, así como lo es la capacitación para un abordaje respetuoso de los derechos de niños, niñas y adolescentes. El abuso sexual es una forma de violencia prevista en el Código Civil y Comercial de la Nación (artículo 647) en el cuál se prohíbe el castigo corporal en cualquiera de sus formas, los malos tratos y cualquier hecho que lesione o menoscabe física o psíquicamente a las infancias o adolescencias. Además, es un delito sancionado penalmente por el Código Penal de la Nación en su Título III “Delitos contra la integridad sexual” (artículos 118 a 133).

En nuestro país, según datos brindados en el informe sobre el programa Las víctimas sobre la violencia” de Unicef desde octubre 2019 a septiembre 2020  los casos de abuso sexual infantil y adolescente se incrementaron en un 54% en pandemia. El 80,2 % de los casos se trata de víctimas femeninas, en el  19,7 % masculinas y se registró un 0.1 % de identidades transgénero.

El 37% de los casos de abuso sexual infantil y adolescente se produjeron en el hogar de la víctima y dentro de esos, el 92,4% en la vivienda del agresor y el 7,6 %  en la casa de un familiar. El 29,4% fueron en entornos digitales (redes sociales o servicios de mensajería instantánea). En el mismo informe se detalla que en el 80,5% de los casos, la agresión proviene de un familiar y el 83,3 % de los agresores es de género masculino.

Cualquier niñe o adolescente puede ser víctima de abuso sexual, independientemente de su edad, género, etnia y nivel sociocultural.  La agresión la puede ejercer cualquier persona pero, como indican las estadísticas, una parte importante de los abusos es de tipo incestuosa, cometida por familiares y conocidos, favorecida por la convivencia o cercanía. Es por esto que se hace tan dificil para quien sufre abuso sexual hablar sobre ello.

Debido a esta dificultad, las denuncias se pueden realizar a cualquier edad. La no prescripción es un dato fundamental teniendo en cuenta que el 85% de les niñes y adolescentes que sufren el abuso, nunca lo dirán. Solo el 2% pudo contarlo y aproximadamente un poco más del 10% de esas denuncias accederán a un proceso judicial. “La ley 27.206 aprobada en octubre 2015, modificó el Código Penal y estableció que en los delitos contra la integridad sexual de menores se suspende la prescripción, así que cualquier víctima puede denunciar -si así lo quisiera- el abuso que sufrió en su infancia, sin importar cuantos años hayan pasado desde que se cometió el ultimo hecho”. Sin embargo, una vez realizada la denuncia, la causa puede prescribir a los dos años, cuando se archiva o no hay avances en la investigación.

Las redes

Detrás de las cifras, hay vidas y organizaciones que tejen espacios de contención para las infancias y adolescencias que han padecido algún abuso, o para quienes deciden acompañar este proceso. La escucha atenta acompaña el asesoramiento para poder pensar cuál es el mejor paso a dar, sin indagar en detalles innecesarios. Las averiguaciones se orientan a poder acompañar de la mejor manera, construyendo vínculos para derivar a une profesional que pueda abordar la situación, con una especial preparación. También se busca asesoría legal para evitar revictimizaciones y malos tratos.

En 1992, Claudia Mauri conoce a Liliana Pauluzzi y se capacita en la Casa de la Mujer en Educación Sexual en Rosario, ahora Claudia está jubilada e integra la agrupación feminista Las Pauluzzi. Ella dedicó toda su carrera a trabajar el tema y realiza asesoramiento a quienes se acercan a preguntar cómo denunciar o qué hacer. Aún hoy recibe consultas de ex alumnas  y, a partir de ahí, Claudia sabe que no se preguntan detalles, que solo es necesario saber lo indispensable para brindar opciones: dónde denunciar si es lo que la persona desea, cómo y dónde conseguir un acompañamiento psicológico, recomendar profesionales con formación de género.

Desde su espacio, Las Pauluzzi ofrece capacitaciones sobre Abuso Sexual Infantil. “Trabajar en prevención es fundamental para que niñas y niños puedan hablar apenas suceda, o al poco tiempo o cuando puedan, para que ya sepan que eso que les está sucediendo está mal y para que puedan pedir ayuda a una persona adulta” que tenga una escucha preparada. En su página web se puede encontrar un recursero básico para saber a dónde concurrir y herramientas adecuadas para afrontar el abuso en infancias y adolescencias, sobre todo porque “es una hecatombe familiar” señala Claudia Mauri: “el equilibrio que existía desaparece y hay que ver cada uno de los integrantes de la familia cómo reacciona, si es que es dentro de la familia nuclear o la familia ampliada. Hay familiares que enseguida ayudan a la persona abusada y están los que no creen y se ponen en contra”.

Los casos llegan muchas veces por el boca en boca, por redes sociales y por lo que los medios de comunicación visibilizan para que más personas se animen a hablar y no sentirse solas. En este sentido, Roxana Vaccarezza, fundadora de la Red de Protección Iberoamericana Por la Infancia, miembro de grupos de Mamás Protectoras y mamá protectora de una Sobreviviente de ASI, cuenta que es muy difícil dar ese primer paso porque “decir abuso sexual en voz alta produce un terremoto familiar”. Roxana se separó en 2013, y hasta 2019 vivió en permanente estado de terror. El abusador la acosaba por redes. Comenzó a volcar sus sentimientos en una página “Yo si te creo. Basta de Silencio”. A partir de ese momento se contactan con ella de la Red Iberoamericana por la Infancia y la convocan para armar un nuevo espacio centrado en la protección de la infancia en casos de abuso. Esto le da fuerza a Roxana para seguir adelante generando redes en toda Latinoamérica. La red va derivando a las personas que lo solicitan, a aquellas organizaciones o profesionales que trabajan en la problemática, brinda teléfonos, contacto de compañeras en distintos lugares. Se trabaja tejiendo redes.

Roxana cuenta que la contacta mucha gente que necesita ser escuchada o sentirse acompañada y contenida. “Muchas veces los familiares, allegados, los amigos, no te entienden y te dicen `no pasa nada, esto se te va a pasar, en un par de meses ya te olvidaste´ entonces buscan ese espejo, encontrarse con gente que esté pasando lo mismo y tal vez sufriendo el mismo dolor, y cómo una lo va sobrellevando. Cuando me cuentan su caso, que se enteraron del abuso el mes pasado, y se ponen mal porque la justicia es lenta, les digo que yo llevo 8 años de lucha, le cuento mi historia y van aflojando un poco, porque una espera que todo sea rápido, pero sabemos que los tiempos de la justicia no son los mismos tiempos que una desearía. Yo acompaño desde mi espacio, desde mi lugar, hago redes. A cada situación le damos un espacio. Desde mi lugar es lo que puedo hacer, ayudar, contener y buscar estas redes de contactos. Trabajo como un nexo entre gente que necesita y organizaciones que están funcionando para acompañar con profesionales. Es muy difícil…”, dice y considera que si hubiera tenido más información cuando comenzó a pelear por su hijo podría haber evitado situaciones de violencias que sufrió al realizar la denuncia.

“Una agarra coraje, agarra fuerza, y aunque viva el resto de su vida con el alma quebrantada tiene que sonreír cuando tu hijo te mira y decirle todo el tiempo a tu hijo que todo va a estar bien, aunque la justicia no te escuche, aunque te cruces al violador por la calle porque esta suelto… no sé cómo se hace, creo que la vida te va llevando y el hijo es un motor, mi hijo es mi motor. Mi hijo me ha preguntado muchas veces porqué elegí un papá malo, y hay preguntas que no tienen respuesta. La vida te pone en un montón de lugares  porque quiere que abramos los ojos y seamos agentes de cambio. Y cambiar la mirada de la sociedad que te estigmatiza, te señala con el dedo, que a las mamás protectoras nos tratan de locas y a nuestros hijos de enfermos. Esto va más allá de lo que podamos hacer nosotras, porque si ser loca es defender un derecho, estamos mal como sociedad”, dice.

Claudia Mauri también señala cómo en muchas coberturas mediáticas, el rol de la madre se pone en en tela de juicio ante una situación de abuso con preguntas cómo: “¿dónde estaba? ¿Cómo no se dio cuenta?”, etc, cargando culpas en una persona que muchas veces, también, ha sido víctima de esta situación y desconociendo o invisibilizando al perpetrador del abuso.

La importancia de la ESI

Si bien la Ley de Educación Sexual aborda esta temática a través de contenidos específicos para cada edad, el tratamiento sobre el abuso es un tema que preocupa durante la crianza. Claudia Mauri redoble la apuesta porque dice que no sólo es necesario hablar sobre abuso sexual, sino que además es importante plantear una serie de cuestiones para generar confianza en los niñas, niñas y adolescentes. “La confianza que se crea en el lazo familiar es fundamental” a la hora de hablar de los secretos buenos -una fiesta sorpresa por ejemplo- y los secretos que hacen mal, que producen angustia. “Y después poder respetar el no de los chicxs, se lxs educaba en la obediencia a los adultos por el solo hecho de ser adultos, eso implicaba que cuando un adulto le hiciera algo que le pareciera mal no importaba lo que ese niño o niña sintiera, sino que tenía la obligación de hacerle caso porque es adulto. Practicar el respeto al no, dejar que el niño o la niña digan no a algo, o que tomen pequeñas elecciones de acuerdo a su edad, esto ayuda a generar una alta estima y la confianza en sí mismos. Educarlxs como sujetos de derechos y evitar cualquier agresión física porque si el adulto/adulta que supuestamente lo ama, le produce dolor y daño, entonces cualquier adulto puede hacerle daño físicamente, sexualmente hablando. Todas esas son pautas, más allá de hablar del tema.”

La ESI además  ayuda a trabajar situaciones como la intimidad en el baño, pedir permiso, eso va formando la idea de que hay un cuerpo que es suyo, que hay un territorio que nadie debe tocar sin su permiso. Respetar el cuerpo, nombrar las partes del cuerpo para que se pueda poner en palabras si hay una situación que necesite contar, es fundamental. Claudia recuerda que cuando era chica los consejos eran “no aceptar caramelos de extraños, no subirse a autos de personas que no conoces”, e inmediatamente aclara que “hoy sabemos que la mayoría de los abusos se dan intra-familiarmente, entonces hay que hablar a determinada edad que si una persona, sea conocida o no, intenta tocar sus partes íntimas, o quiere mirarte desnuda o quiere que vos mires desnuda a otras personas, porque muchas veces el abuso puede ocurrir sin contacto físico, ahí hay que poner en palabras para que sepan qué es un abuso”.

En el 2019, el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe informó que durante el ciclo lectivo se pudieron detectar 493 situaciones de abuso sexual infantil y adolescente y 507 casos de violencia familiar. Esas situaciones fueron relevadas a partir del relato de niñas, niños y adolescentes y de la escucha de las y los docentes, quienes ante la sospecha de abuso o violencia tienen la obligación de denunciar. Muchas surgieron a partir de los contenidos de la ESI que se dan en clases y en jornadas especiales. Lo mismo ocurrió en Buenos Aires cuando el Ministerio Público Tutelar porteño señaló que entre el 70 y el 80% de niñas, niños y adolescentes, de entre 12 y 14 años, que fueron víctimas o testigos de abusos y que fueron entrevistados en el ministerio, pudieron reconocer el delito tras recibir clases de ESI.

Datos que revelan, una vez más, la importancia de contar con una Ley de Educación Sexual Integral, plenamente implementada, que posibilite prevenir y detectar situaciones de abuso sexual en niños, niñas, niñes y adolescentes.

 


No se tienen que guardar

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“Hay secretos” – Cuanticuénticos

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