Detrás de los registros de femicidios y trans/travesticidios, están las manos de mujeres feministas sosteniendo una tarea militante contra la violencia machista. Distintos observatorios autogestionados llevan adelante el conteo más doloroso. ¿Cómo trabajan las organizaciones en la elaboración de sus propios relevamientos? ¿Por qué sigue siendo un trabajo tan necesario? ¿Cómo es la cocina en la construcción de las cifras sobre femicidios que difunden los medios de comunicación? Un repaso por la labor de algunos de los observatorios feministas en nuestro país.

Fotos: Mariana Terrile / A 7 años #NiUnaMenos

Contar asesinadas/es por la violencia machista más extrema. Todos los años, todos los meses. Cada día. El principal insumo siguen siendo las notas periodísticas que se publican en los principales medios masivos del país -gráficos, digitales y audiovisuales- y por tanto, los números pueden ser sesgados, pero tan necesarios como urgentes.

Sin registro, sin conteo, no hay dimensión posible de la problemática y por ende, una real eficacia en políticas públicas. Pero detrás de ese número o -mejor dicho- detrás de esa escena dolorosa de contar femicidios y trans/travesticidios hay militantes feministas sosteniendo el compromiso constante de construir datos sobre violencia machista. No es fácil. Los observatorios son autogestivos con todo lo que eso implica: la carga diaria de un trabajo meticuloso y muchas veces no retribuido que se suma al trabajo reproductivo y a las tareas de cuidado en el hogar, las más invisibilizadas. “Es muy desgastante, y es complejo darle continuidad y no desensibilizarse o frustrarse ante la repetición permanente del horror y la violencia. Solo es posible desde el compromiso feminista y militante, porque tiene que ver con asumir una de las principales tareas históricas del feminismo: visibilizar las desigualdades históricas y las violencias de género que padecemos mujeres y disidencias para transformarlo”, dice Betiana Cabrera Fasolis en diálogo con enREDando, una de las integrantes del Observatorio nacional “Mujeres, Disidencias, Derechos” que creó MuMaLá en junio de 2015.

No hay duda: los observatorios cumplen la función primordial de visibilizar, con estadísticas y análisis comparativo, la violencia transfemicida y la manera en cómo la misma impacta en las familias de las víctimas, transformando las vidas de madres, padres, hermanxs e hijxs. Por ello, las cifras también revelan la cantidad de infancias huérfanas con números que siempre estremecen.

Del 3 de junio de 2015 al 30 mayo de 2022, y a siete años del grito Ni Una Menos en las calles, el Observatorio de Femicidios de MuMaLá presentó un informe con datos recopilados durante todo ese tiempo: 2156 niños, niñas y adolescentes perdieron a su mamá en manos de la violencia patriarcal más extrema.  En todo el país hubo 1956 femicidios, el 86,1% íntimos, el 6,7% vinculados de varones o niños, un 4,7% de mujeres o niñas y el 2,5% son trans/travesticidios. Santa Fe se encuentra entre las provincias, junto a Buenos Aires, Córdoba y Salta, con más femicidios en los últimos 7 años. El 19% de las víctimas -en este 2022- habían realizado denuncias previas, una cifra que se mantiene estable desde el 2015.

“Cada “caso” es una historia de vida, llena de expectativas, sueños y proyectos truncados en manos de un sistema patriarcal. No perdemos la visión sistémica como tampoco apelamos a la revictimización, al dramatismo y cristalización de mujeres y disidencias en el rol de «víctimas». Cada cosa que hacemos es para que se potencie la agencia política”, sostiene Betiana cuando da cuenta de cómo abordan el trabajo en el Observatorio. Fue en el año 2015 cuando decidieron crearlo al calor de los debates y las sinergias del Ni Una Menos. “Nuestra organización, que ya tenia muchos años de experiencia de acompañamientos, de luchas y reclamos por los femicidios en particular pero de abordaje de la temática de género en general nos encontramos con que había una vacancia: faltaba la voz de las feministas populares y disidentes que están en todos los rincones del país en materia de datos/estadísticas/conocimientos” apuntan desde MuMaLá y sostienen que la tarea que llevan adelante es -a excepción de otros observatorios centralizados en Caba- federal, situada y contextualizada.

Betiana cuenta que hoy son un grupo de 34 personas de 20 provincias “lo cual aporta inserción local para la detección, visibilización y seguimiento de las distintas violencias machistas en su complejidad”. El principal insumo es el trabajo que realizan periodistas en los distintos medios de comunicación pero además, hacen un seguimiento de organizaciones, portales especializados en género, feminismos, DDHH, policiales/forenses y redes sociales de familiares de victimas. “Hemos tejido redes de solidaridad con organizaciones feministas que trabajan en programación e inteligencia artificial lo cual nos ha aportado mayor celeridad a ciertos procesos . También elaboramos informes a través de encuestas y relevamientos, que justamente representan muestras muy significativas y representativas habida cuenta de nuestra extensión. Tenemos también dispositivos de monitoreo de derechos”.

Sobre los datos que registran, la búsqueda es exhaustiva. Además de femicidios transfemicidios y lesbicidios también relevan -entre otros- tentativas de femicidios, suicidios de femicidas, ataques de odios, abortos inseguros. “En cada uno de ellos contamos a la fecha con más de 60 rangos/campos de registro (edad, lugar de hecho, arma utilizada, interseccionalidad, etc.) y más de 200 etiquetas ( atributos de los rangos/campos, como por ejemplo, migrante de otro país, migrante de otra provincia, situación de calle, u otro ).”

En MuMaLá también llevan adelante un monitoreo de violencia en línea y en espacios públicos. Dice Betiana: “son las violencias más frecuentes y mas invisibles. “Después del #niunamenos logramos un consenso social acerca de que esta mal asesinar o golpear a mujeres/travestis y trans, pero todavía no tenemos el suficiente consenso ni visibilización acerca del acoso sexual callejero y la violencia en el espacio público que nos hace ciudadanas de segunda en el acceso a las ciudades. O las violencias on line que se incrementaron exponencialmente a partir de la pandemia. El desafío es hacerlas visibles”.

Ahora que sí nos ven

Julieta Delpech es parte integrante del colectivo “Ahora que sí nos ven”, una organización feminista que creó en el 2015 el Observatorio que lleva ese mismo nombre, una consigna que se hizo carne en tantos cuerpos de pibas, mujeres e identidades feminizadas en aquella primera, movilizante e impactante marcha de 2015. “En ese momento el principal reclamo que le hacíamos al Estado era la creación de un registro único de femicidios porque así lo establece la ley de protección integral sancionada en el 2009. El gobierno tomó nota y manifestó la decisión de llevarlo adelante. En ese momento decidimos hacer un registro nacional, obviamente no son cifras oficiales, las revelamos de los medios gráficos y digitales de todo el país con el objetivo de poder hacer un monitoreo o comparación con los datos oficiales que iban a surgir”, explica Julieta a enREDando.

A siete años del primer Ni una Menos, las únicas cifras oficiales que existen actualmente son las que releva el Observatorio creado por la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Para Julieta, el compromiso asumido por el Estado todavía sigue pendiente. “El Estado aún no ha creado el registro único y oficial que indica la ley y por eso, muchas veces, nuestras estadísticas son las que toman como referencia los medios de comunicación a falta de existencia de datos oficiales”.

El equipo de “Ahora que sí nos ven” está integrado por compañeras especializadas en distintas disciplinas. Las tareas son variadas: desde el manejo de redes y comunicación hasta todo lo que significa la carga de datos, la realización de encuestas y análisis comparativo. “Es un trabajo duro, complejo, estamos constantemente leyendo noticias de femicidios o crímenes de odio y realizamos manualmente la carga en un sistema para luego hacer los análisis y las estadísticas que mes a mes y año a año publicamos en nuestra web”.

Esos datos son los que acaba de publicar el Observatorio en el marco de los siete años del grito Ni una Menos. Una vez más, hay que decirlo: los números siguen doliendo porque la realidad es que -según este relevamiento- cada 29 horas se comete un femicidio en nuestro país. Entre el 1 de enero al 25 de mayo de este año registraron 119 casos de femicidios y 86 intentos de femicidios. En el 80% de los casos el femicida pertenecía al círculo íntimo de la víctima. En el 16% había al menos una denuncia radicada pero solo en la mitad de los casos la mujer contaba con medidas de protección. “A pesar de haber recurrido a la Justicia estas mujeres han sido asesinadas. Esas medidas de protección han sido ineficientes”, señalan.

En el informe donde registraron las cifras durante los 7 años del Ni Una Menos, puede verse que hubo 1995 femicidios en todos el país, lo que implica 1 femicidio cada 31 horas en Argentina desde el 2015. “Si se observan los femicidios por año queda expuesta la estabilidad de los casos. Desde junio de 2015 (momento en que Ahora que sí nos ven comenzó a relevar los femicidios) hasta el 31 de diciembre de ese año ocurrieron 131 femicidios. Ya tomando como año completo, en 2016 registramos 289 femicidios, en 2017 277, en 2018 289, 2019 327, en 2020 301 y en 2021 262. Del 1 de enero al 25 de mayo de este año registramos 119 femicidios”. A su vez, señalan, “del 2020 al 2022 hemos registrado 20 casos de travesticidios/transfemicidios. Necesitamos que los crímenes de odio se reflejen en los medios de una forma no sexista ni violenta porque las vidas trans también importan”.

Las cifras varían de un observatorio a otro. Como señalan todas su integrantes, el relevamiento manual se realiza siguiendo principalmente información de los medios masivos y a su vez, cada observatorio tiene sus propios desgloses y criterios de análisis. Aún así, todas las estadísticas de todos los registros dan cuenta de una problemática que sigue alarmando. Mujeres, travestis, lesbianas y trans seguimos siendo asesinadas por el solo hecho de serlo.

El primero: el Observatorio Adriana Marisel Zambrano

“En el 2008 cuando ni el concepto estaba aceptado ni había ningún área del gobierno que se esforzara en generar datos para analizar la gravedad de los hechos y proponer soluciones, La Casa del Encuentro comenzó a elaborar un informe de femicidios basándose en los datos obtenidos por los medios de prensa nacionales y provinciales a los que tenían acceso” señala la filósofa feminista Diana Maffía en el prólogo del libro Por Ellas que publicó la organización al cumplirse 5 años de aquel primer e histórico registro que decidieron crear en un contexto donde todavía se hablaba de “crímenes pasionales”.

La Casa del Encuentro fue la primera en fundar un observatorio, en el año 2009, que diera cuenta en cifras, del impacto de la violencia femicida en nuestro país. Eran -en aquel entonces- las únicas estadísticas públicas. “Los datos de la prensa no eran sistemáticos, pero se procuraba extraer de ellos la máxima información. Sobre todo, los nombres de las víctimas. Pero también las circunstancias, las armas utilizadas, las edades, los lugares en que ocurrían los hechos, el vínculo con los agresores. Estos datos eran estratégica y persistentemente sistematizados para brindar herramientas de comprensión, pero también de prevención. Algunas de ellas eran escalofriantes: para las mujeres, la propia casa y la propia pareja o expareja eran los lugares y sujetos más peligrosos, incluso como amenaza de muerte”.

Ada Rico es la actual presidenta de la ONG. En el libro se detalla una anécdota que se transformó en un ícono de la lucha feminista. Porque si el 3 de junio de 2015 marcó un hito en las movilizaciones del Ni Una Menos, lo cierto es que la elección de esa fecha no fue casual: “Durante 5 años, cada día 3 de cada mes las mujeres éramos convocadas a la esquina del Congreso, en Rivadavia y Callao, a enunciar con nombre y apellido, a ponerle rostro y humanizar a las víctimas de femicidio y a las “desaparecidas en democracia”, mujeres secuestradas por las redes de prostitución. Adriana Marisel Zambrano fue la primera, pero muchas otras eran recordadas allí, abrazados y escuchados sus familiares para saber quién era, porque cada vida de cada mujer importa y no debe ser silenciada. Éramos unas pocas en esa esquina, un ritual sostenido por el activismo y por la convicción”. Con el tiempo, y ante la explosión de cifras que conmocionaron a toda la sociedad y un femicidio que marcó el hartazgo, el de Chiara Paez en Santa Fe, esas pocas de aquel entonces se transformaron en miles en el 2015.

La pregunta que hace  Diana Maffía es clave: antes del observatorio oficial ¿cómo se diseñaban las políticas públicas?, ¿cómo se informaba a los organismos internacionales sobre la situación de violencia en Argentina? Y la respuesta es: “con los datos producidos por La Casa del Encuentro, una organización no gubernamental feminista que apenas contaba con esporádicos apoyos y basaba su trabajo fundamentalmente en el voluntariado”.

Cinco años después del primer libro, publicaron el segundo con datos recopilados durante los 10 años de la existencia del observatorio Adriana Marisel Zambrano. “Nuestros primeros informes buscaban, por un lado, realizar un análisis cuantitativo y cualitativo que brindara información abierta para producir cambios estructurales a través de la creación de leyes y diseño de políticas públicas. Por otro lado, los informes tenían el objetivo de contar las historias de aquellas mujeres que no fueron escuchadas. Registrar esta información tenía el poder de ponerle nombre a las injusticias y a los efectos del patriarcado”. De 43 medios relevados en el año 2008 para la confección de su primer informe de femicidios, la Casa del Encuentro amplió a 120 desde el año 2010 y profundizó sus análisis con datos desagregados.

A 7 años del Ni Una Menos, según La Casa del Encuentro, se produjeron 1990 femicidios, casi 2000 mujeres menos, y 51 trans/travesticidios en todo el país. 2361 hijas e hijos quedaron sin madre y el 64% son menores de edad. En este año, registran 127 femicidios y 3 trans/travesticidios. El 60% fue cometido por parejas o exparejas de las víctimas, 30 mujeres habían radicado una denuncia y 5 tenían medidas de protección.

Tu nombre es lucha: El Observatorio Lucía Perez

El nombre de Lucía Perez está inscripto hoy en el padrón público y autogestionado de femicidios, travesticidios, abortos clandestinos y desaparecidas que creó el equipo de la cooperativa de periodistas del medio lavaca.org tras el brutal crimen de la joven el 8 de octubre de 2016. Su femicidio marcaría el pulso de lo que sería el primer paro feminista de mujeres, lesbianas, travestis y trans bajo la consigna “si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”.

Desde el equipo que lleva adelante este observatorio son contundentes al decir: “No son números. Es la cartografía de la violencia patriarcal y la descripción de cómo opera el Poder Judicial, la policía y las pocas medidas de protección con la que cuentan las víctimas antes de ingresar a esta dolorosa planilla. No es un “proyecto”. Es el esfuerzo cotidiano de muchas manos enlazadas para aportar datos, chequearlos, analizarlos y pensar así, en panorama, las acciones que prevengan estos crímenes atroces”.

Ese esfuerzo colectivo se plasma en la posibilidad de que el padrón pueda completarse de manera autogestiva y de consulta online.“El Observatorio Lucía Pérez se propone una tarea colaborativa para mejorar y optimizar todos los registros que la sociedad realiza con mucho esfuerzo y con diferentes criterios, pero sin duda con el mismo objetivo: aportar a las soluciones”, aclaran.

Desde el equipo sostienen que los padrones son confeccionados en talleres que realizan con víctimas de violencias,  familias sobrevivientes de femicidios, organizaciones sociales y activistas del movimiento trans. “Los datos así recogidos, sumados al seguimiento de lo publicado en medios de todo el país, son luego chequeados y precisados con fuentes judiciales y periodísticas. Cada mes realizamos un resumen que es analizado con víctimas y familias sobrevivientes de femicidios. El resultado es el informe mensual que compartimos con organizaciones sociales y referentes de la política y la cultura”,

Además de registrar con cifras la violencia patriarcal, también llevan adelante distintas acciones e intervenciones artísticas, como lo es el Cuarto de Lucía, y reclamos junto a familiares de víctimas. La periodista Claudia Acuña es una de las principales impulsoras del padrón. En una charla con enREDando decía: “El padrón te permite poder sacar conclusiones, si hay fechas picos de femicidios, ver qué localidades son aquellas que están más golpeadas y hasta podría hacerse un trabajo territorial de prevención. También permite ver qué franja de edad hay de femicidas para también pensarse campañas diseñadas para esas edades, y cómo desarmar esos estereotipos. El padrón  visibiliza donde ejercer la prevención y establecer prioridades”. Lamentablemente, señala Claudia, “ninguna de las administraciones del Estado ha hecho políticas de prevención, y la verdad que el dato es simplemente es contar muertas, pero es muy interesante todo lo que revela”.

Foto: lavaca

Los datos indican, según este padrón, que hubo 1927 femicidios desde el 3 de junio 2015 al 30 de mayo de este año.14 infancias fueron asesinadas en este 2022 y registraron 138 femicidios y travesticidios durante el año. “Desde el 3 de junio de 2015, hubo una marcha por día exigiendo que paren de matarnos. En lo que va del año son 159 las marchas y movilizaciones contra la violencia patriarcal”.

No son cifras, repiten una y otra vez desde el equipo del observatorio. “Es lo que el Estado no hace aún estando obligado. Y es la exigencia que llevamos a la calle en cada grito de #NiUnaMás.” En la web pueden encontrarse todos los informes mensuales y anuales que vienen confeccionando con números y nombres que son datos de acceso libre. El trabajo es sumamente meticuloso y la información desglosada así lo refleja: funcionarios denunciados, femicidas integrantes de fuerzas de seguridad, desaparecidas, crímenes en investigación, denuncias por violencia, son algunas de las variables que analizan en el Observatorio. “Durante la cuarentena hubo un intento de femicidio por dia”, decía Claudia Acuña y ese dato fue tomado incluso por el propio Ministerio de Mujeres de la provincia de Buenos Aires, lo cual demuestra cómo muchas de las informaciones relevadas por los observatorios autogestivos sirven de insumo para la confección de políticas públicas por parte de los Estados.

“La forma en que nosotrxs registramos tiene un impacto directo no solo a nivel del Estado, sino también a nivel de los medios. Nuestros colegas empezaron a agregar el nombre del fiscal y también, las carátulas con las que se imputa el delito. Y eso es por ver cómo completamos padrón y los datos que requiere. Es el primer padrón público que se puede ver en directo y que se actualiza todos los días”, explica Claudia y agrega algo que es clave: el intercambio con el trabajo que realizan periodistas en los medios de comunicación. “No se trata de ser solo data entry, si no de entender cómo se compilan los hechos, qué requerimientos de información hay y cuál es la lógica del padrón”.

La criminalidad también se cuenta

En la provincia de Santa Fe, el registro y el mapeo interactivo que lleva adelante desde hace una década el equipo de género de la Concejala Norma Lopez es preciso no solo para dar cuenta de cifras a nivel nacional sino, fundamentalmente, para abordar la realidad local en la provincia. De sus datos se observa una problemática en aumento en el departamento Rosario: los asesinatos de mujeres en contexto de criminalidad. Solo en lo que va del año -hasta el 30 de mayo de 2022- el equipo de género de la Corriente Mujeres y Diversidad que coordina López, registró 29 femicidios en la provincia de Santa Fe, 24 concentrados en el Departamento Rosario y 20 de ellos en contexto criminal. Sin duda,  la trama vinculada al mercado de drogas ilegales y la economía del delito está impactando con crudeza en los cuerpos de las mujeres e identidades feminizadas atravesadas, en su inmensa mayoría, por contextos de vulnerabilidad social y pobreza. Así lo entiende la concejala que analiza, en el último informe difundido a los medios de prensa: “parte de la sociedad ha naturalizado que nuestras mujeres y niñas sean asesinadas en contexto de criminalidad, con poca interpelación sobre el mensaje de sectores poderosos, patriarcales, violentos y de economías delictivas, dando por cierto la temible consigna: ”algo habrán hecho”.

Fue en el año 2018 y a partir del protocolo elaborado por la UFEM que el equipo de Norma López comenzó a incorporar este dato en su relevamiento de femicidios y feminicidios porque ya venían observando -años anteriores- ciertos casos invisibilizados de mujeres asesinadas en contextos simulados bajo accidentes domésticos, de tránsito y otros donde prevalecía el uso del arma de fuego. Lo cierto es que con el correr de los años, las cifras en contextos de criminalidad atravesados por el narcomenudeo y las disputas territoriales, fueron en aumento. Por eso López es clara cuando sostiene la necesidad de focalizar en políticas públicas de prevención que tengan una perspectiva de género sobre esta problemática.

También el Observatorio de MuMaLá comenzó a sumar la variable bajo el concepto de “muertes violentas”. Betiana explica: “Son todas aquellas muertes violentas que no se encuadran en femicidios/trans-travesticidios, en las que no se constata vínculo o relación violenta previa ni violencia sexual o actitud de odio sexogenérico, pero que desde un análisis feminista inferimos que son producto de la vulnerabilidad estructural por ser mujer/lesbiana/travesti/trans en esta sociedad patriarcal. “Este es un fenómeno que también aporta el feminismo latinoamericano de acuerdo a sus contextos: narcotráfico y sicariatos, la violencia política y de los paramilitares, las desapariciones, etc. lamentablemente en argentina ya tenemos datos que nos alertan como por ejemplo que en la provincia de Santa Fe (Rosario específicamente) existen mas muertes de mujeres vinculadas al narcotráfico que femicidios. Estas mujeres presentan condiciones e intersecciones que las hacen particularmente vulnerables, siempre bajo un orden patriarcal que las violenta por ser pobres, jóvenes, etc.”

Un rol clave

Para los observatorios de femicidios y travesticidios, el trabajo en red es la clave. Ya lo decía Claudia Acuña cuando daba cuenta de la interacción con el trabajo que llevan adelante los y las periodistas pero también, con la vinculación que desde el Observatorio tienen con familiares y activistas travestis y trans. Nada de lo que hacen desde el equipo es en soledad: la calle, las intervenciones artísticas, las movilizaciones en Plaza de Mayo, los talleres en distintos territorios, todo es parte de esa red que les permite construir el padrón diariamente.

Por su parte, desde MuMaLá cuentan: “somos parte de la Red Latinoamericana contra la Violencia de Género donde, con 34 organizaciones feministas de 16 países de América Latina y el Caribe, muchas de ellas con sus observatorios, con quienes co-construimos datos y acciones”. A su vez, sostiene Betiana, “hemos tejido una red con periodistas comprometides con la temática, ahi estan lxs verdaderos aliadxs, y eso es muy importante: es clave en el dialogo social”. Para la integrante del Observatorio que gestiona MuMaLá, es fundamental tener una lectura contextual, coyuntural e interseccional y hasta local de las violencias. “De nada sirve que nuestro trabajo, y por ende las historias de vida de esas mujeres y disidencias queden en publicaciones encriptadas o escondidas en la academia o en instituciones o en grupos vinculados a la temática, el verdadero compromiso esta en el esfuerzo por divulgar, comunicar e incidir en la agenda pública para interpelar masivamente a la sociedad”.

En cuanto al rol que cumplen los observatorios, todas sus integrantes son contundentes: la incidencia en políticas públicas. “Los observatorios de las organizaciones feministas llegaron antes que las estadísticas oficiales. De hecho tenemos hay una gran deuda en ese sentido: las únicas cifras oficiales que tenemos son las de la Oficina de la Mujer de la Corte Suprema de Justicia, por supuesto impregnadas de la mirada judicial que criticamos desde los feminismos. El ejecutivo, en este caso el Ministerio de las Mujeres y Disidencias, pese a tener un observatorio, en más de 3 años, no aportó ningún dato o estadística. Y eso además de ser una pérdida de recursos, es una oportunidad perdida para tener insumos para las políticas públicas desde otra perspectiva. En nuestro país los observatorios han tenido un gran rol en dar sustento a los reclamos de la agenda publica y mediática”, apunta Betiana Cabrera Fasolis.

“La información que desarrollamos, reconstruimos y relevamos tiene como misión ser un insumo para el diseño e implementación de políticas públicas que garanticen nuestro derecho a vivir una vida libre de violencias”, afirman desde el Observatorio Ahora que sí nos Ven.

“Cuando vas haciendo el padrón y consignás las distintas edades, los lugares, las circunstancias, salís del yo particular y ves el sistema. Esto es algo muy importante para las mujeres que sufren violencia. Y también para quienes las rodean. Les permite ver que no es su familia, ni algo que hizo su hija, ni el barrio donde nació, ni la escuela adonde fue. Acá estamos todas luchando contra un sistema y tratando de ver cómo desarmarlo” decía en una nota periodística a Perfil Claudia Acuña, fundadora de la cooperativa de prensa La Vaca que gestiona, junto a familias sobrevivientes de femicidios, el Observatorio Lucía Perez.

Para la concejala por el Frente de Todos en Rosario, Norma López, el valor de los relevamientos es la posibilidad de generar conciencia frente al impacto de las cifras y dice, tal vez a modo de síntesis de todo el dolor que subyace detrás de la tarea de contar femicidios: “ninguna de nosotras quisiéramos hacer estos registros de violencias que sufrimos”.

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