Alfredo Zaiat estuvo en Rosario

Invitado por el Sindicato de Prensa, Amsafe Rosario y la CTA, el economista, docente y periodista de Página12, Alfredo Zaiat, presentó en Rosario su nuevo libro “La economía a contramano”. Un minucioso trabajo de investigación que interpela a la economía como ciencia exacta para ponerla en un lugar más cotidiano y comprensible. ¿Porqué los economistas son considerados gurúes?, ¿Porqué los argentinos insisten en comprar dólares?, se pregunta, entre otras cosas, corriendo a la economía del lugar neutral y encriptado construido por el poder neoliberal.


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Por Vivi Benito

No son pocos los mitos y falsas verdades instaladas en el sentido común sobre “la economía”, esa especie de entelequia, de ciencia inabordable, dejada en manos de expertos que, cual gurúes predicen el destino de nuestros pueblos e influyen en los ánimos sociales. Como muestra basta con hacer zapping y escuchar a mediáticos “expertos económicos” que todos los días repiten frases hechas, generalmente sin argumentos razonables, ni fuentes y documentación que los respalden.

“Toda economía es política. La economía interviene en la disputa por el poder”, afirma Alfredo Zaiat sin medias tintas, situando a la economía dentro de los procesos socio políticos. Sacándola del pretendido lugar neutral donde la instaló el pensamiento económico neoliberal. El economista y jefe de la sección Economía del diario Página12 estuvo en Rosario el lunes 15 de abril, invitado por el Sindicato de Prensa, Amsafe Rosario y CTA, participando de una actividad que dio comienzo al ciclo de capacitación sobre Economía Política, que se extenderá hasta el 11 de mayo (ver programa)

A través de su nuevo libro “Economia a contramano”, el autor propone interpelar los postulados más convencionales y llevarla al terreno de las ciencias sociales. Nos invita a perderle el miedo a esa construcción “inabordable”, a conocer, estudiar y pensar autónomamente.

“Es necesario empezar a debatir la economía argentina interpelando y cuestionando el saber económico convencional, las ideas económicas que se han instalado durante décadas en el sentido común, o sea, en los comentarios diarios sobre la economía que se instalaron como verdades absolutas. Yo no planteo otras verdades, simplemente digo, debatamos, cuestionemos, interpelemos a ese saber convencional”, señaló Zaiat, al comienzo de una amena y extensa charla compartida con un auditorio heterogéneo integrado por militantes políticos, docentes, estudiantes y público en general.

Desde un lugar serio y novedoso, el periodista y docente de la UBA, busca hacer un recorrido por la economía y el rol de los economistas mediáticos, ofreciendo nuevos elementos para poder participar en el debate. Define a la economía como una ciencia social, como un espacio donde intervienen actores económicos con intereses contrapuestos, y por consiguiente, con tensiones.

“La ortodoxia, el neoliberalismo, instaló la idea de que la economía es una ciencia exacta, ahí es donde aparece la economía por encima de la política. Si es una ciencia exacta hay recetas y medidas determinadas, que van a llevar a resultados claros y contundentes. Lo que presupone que la política tiene que subordinarse a ese esquema”, sostuvo.

Hombres de negocios, no economistas

La investigación dedica capítulos a Los economistas y El saber, los interpela y cuestiona, historiza y politiza. Así se pone en juego la figura y el rol del  especialista, del “economista rey”, como llama Zaiat al profesional técnico con un supuesto saber neutral que en realidad encubre posicionamientos políticos y económicos. “¿Y está mal que tenga una posición? No, la trampa es que oculta detrás de un supuesto saber neutral único y determinado, intereses políticos e ideológicos que preservan los intereses de una minoría”, respondió, invitando a repensar estas construcciones.

“A los economistas y lobistas los redefiní como hombres de negocios dedicados a la comercialización de información económica. Los economistas, como tales, dejaron de acompañar el análisis de los fenómenos económicos, políticos y sociales”, señaló entre aplausos de aprobación.

“Ceder el conocimiento a estos supuestos técnicos a la larga lleva a aceptar políticas, medidas que no son las que benefician a las mayorías. Lo que llamo la economía del miedo, que es cuando hablan de la inminencia de las crisis, catástrofes y apocalipsis desde saberes neutrales. Si permanentemente nos advierte de una crisis, la sociedad finalmente acepta las políticas de ajuste que terminan perjudicando a la mayoría de la población, o sea, terminan defendiendo los intereses que no son propios. Por eso es tan importante ver conceptualmente que la economía es una ciencia social, y que el rol de los economistas mediáticos tiene que ser cuestionado”, explicó frente a un público atento.

Otras de las falsas verdades que interpela son que la economía no enseña a los economistas a hacer pronósticos, que se puede explicar sin tecnicismos incomprensibles, que la economía de un país no se asemeja a una economía familiar, y que la economía interviene en la disputa por el poder.  El libro se desarrolla a través de ocho capítulos ampliamente argumentados, que entre otros temas incluye: El dólar y la fuga de capitales; La inflación; El poder financiero; y El Estado y la burguesía.

“Todos sabemos algo de economía, todos podemos intervenir en el debate, obvio que se requiere de un pequeño esfuerzo de lectura. Sería interesante romper con la idea de que no entendemos la economía. No la entendemos presentada por estos economistas mediáticos que hablan con un lenguaje cerrado, encriptado, inentendible para las mayorías. Esta es otra de las trampas, la de encriptar el lenguaje económico. Así, la reacción inmediata es la de ceder el conocimiento a especialistas con supuestos saberes técnicos. Cuando se cede conocimiento, uno se somete”, explicó Alfredo Zaiat.

A contrapelo de lo que podría imaginarse sobre el interés común en torno a una actividad vinculada a la economía política, la sala del teatro El Círculo vio colmada su capacidad, hubo que agregar sillas y gente sentada en el piso. Quizás sea una señal de que socialmente están circulando nuevas preguntas e intereses, de que hay expectativas de cambio, más allá de los mensajes derrotistas y «anti todo» que insisten con que el mundo se desploma de un momento a otro.

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