Territorios

Mejor hablar de ciertas cosas

Paralelamente al crecimiento económico exponencial de los sectores enriquecidos con el modelo productivo agroindustrial, crecen también las patologías y enfermedades de los pueblos y ciudades que pagan el costo. En los pueblos agrícolas las fumigaciones son muy palpables, pero las ciudades no escapan del envenenamiento. ¿De qué manera se ven afectados los trabajadores del Cordón Industrial que manipulan las semillas transgénicas que fueron fumigadas? ¿Qué será de los habitantes de esas localidades que respiran el aire contaminado y toman el agua de las napas que reciben los residuos tóxicos? ¿Dónde iremos a parar todos los habitantes de las ciudades, sean o no agrarias o portuarias, que comemos los alimentos que fueron regados con veneno? Las implicancias del sistema del agronegocio y la imposibilidad de dirigir el tránsito de la contaminación.

Fotos: Villa constitución Sin Venenos

El 25 de marzo de 1996, el secretario de Agricultura de Carlos Menem, Felipe Solá, autorizó con un trámite express el ingreso de la soja transgénica a nuestro país. En Argentina la superficie cultivada en la campaña agropecuaria 2016/2017 fue de 37 millones de hectáreas, de las cuales la soja ocupó 18 millones de hectáreas. El tridente explosivo del modelo agroindustrial se basa en la siembra directa, los Organismos Genéticamente Modificados (OGM) y los agroquímicos.

Según datos de la Cámara Argentina de la Sanidad Agropecuaria y Fertilizantes (CASAFE), en 1990 se utilizaron 39,5 millones de l/kg de agroquímicos en la campaña agropecuaria. Esa cantidad aumentó  con el ingreso de la biotecnología transgénica y en 1997 se consumieron 75,5 millones de l/kg de agroquímicos. En 2012 los niveles se multiplicaron: 317,17 millones de l/kg. Desde ese año la CASAFE dejó de aportar datos oficiales. Las semillas modificadas genéticamente son resistentes a los agrotóxicos. Quienes no resisten los venenos son los organismos humanos, que al mismo tiempo se agrupan y resisten en distintos puntos del país.

El diputado provincial Carlos Del Frade (Frente Social y Popular) presentó un pedido de informe al Ejecutivo sobre el uso y el control de los agroquímicos. Según informan las empresas y la Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA) en Argentina se comercializan al menos 1497 productos comerciales de herbicidas, insecticidas, fungicidas y acaecidas. Estos productos son clasificados por el SENASA según su nivel de toxicidad. El dato revelador del informe presentado por Del Frade es que según esa clasificación hay 819 productos más peligrosos que el Roundup de Monsanto y 678 que están clasificados con la misma toxicidad.

Los efectos de los agroquímicos sobre la salud humana pueden ser agudos y/o crónicos, se explica en el pedido de informe titulado “Agroquímicos y modelo productivo”. Los primeros, que se manifiestan a corto plazo, producen efectos neuro-comportamentales, gastrointestinales, respiratorios, musculares y de la piel. Los efectos crónicos, que se evidencian después de un largo período de tiempo, provocan problemas de desarrollo y reproducción, disrupción endócrina, efectos carcinogénicos e inmunológicos. El escrito plantea que hoy, a 20 años de la incorporación masiva de OGM en Argentina, “es imposible negar que la salud de la población que convive con esta producción esté reflejando muestras evidentes de una agresión de gran magnitud, que se expresa, principalmente, en las malformaciones, cánceres y abortos espontáneos”.

El “Informe de situación de  morbi-mortalidad del Cordón Industrial de la Región Rosario”, realizado por el Ministerio de Salud de la provincia en el período 2005-2009, plantea que desde un nivel macro el proceso conocido como transición epidemiológica que atraviesa la población de Argentina y que comparten los santafesinos, implica un corrimiento de las enfermedades infecciosas hacia las enfermedades crónicas o degenerativas como las principales causales de la morbi-mortalidad de la población. Las defunciones por enfermedades tumorales representan el 20% de las defunciones totales, tanto en el país como en la provincia.

El informe plantea que a nivel particular el modo de vida de los habitantes del Cordón Industrial fue afectado por el emplazamiento de plantas fabriles en lugares donde existían espacios de libre circulación, aptos para las actividades recreativas, o bien se han instalado en las proximidades de las viviendas familiares ocasionando tanto la alteración del paisaje habitual como el incremento en el tránsito de vehículos de carga.

Durante el periodo 2007-2009, se produjeron 3.456 defunciones entre las personas residentes en el Cordón Industrial, de las cuales 961 (28%) fallecieron en la ciudad de Rosario. Las enfermedades del sistema circulatorio y los tumores fueron las primeras causas de muerte entre la población del Cordón Industrial, aproximadamente, 32% y 19% del total de las defunciones.

El médico Mariano Mussi y el psicólogo Esteban Fridman realizaron un estudio epidemiológico que aporta un dato revelador: los habitantes del cordón industrial tienen el doble de probabilidades de contraer cáncer que el resto de la población y los trabajadores aceiteros tienen el doble de probabilidad que los habitantes del cordón industrial.

La tasa de casos de cáncer en esta zona, que ha aumentado en los últimos años, es mayor que la tasa a nivel nacional, con lo cual se podría establecer una relación entre estas enfermedades y los procesos de industrialización de la región.

De todas las sustancias agrupadas en categorías de cancerigenocidad -probabilidad de producir cáncer- que establece la IARC (Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer), en la legislación argentina se incluyen muy pocas. El médico Mariano Mussi explica que lo que hace la IARC es probar cada una de estas sustancias por separado y definir qué tipo de cáncer o enfermedades aparecen a partir de la exposición de cada sustancia en roedores o en la exposición humana en el trabajo. Pero Mussi plantea que muy pocas están estudiadas en su efecto sinérgico, es decir, “cuando las sustancias son múltiples y hacen efectos de manera concurrente o en el tiempo, una y luego otra”. Es probable que algunas sustancias que no son cancerígenas por separado si lo sean en combinación con otras sustancias.

“Existen métodos estadísticos para encontrar la más mínima diferencia apreciable que permita detectar múltiples concurrencias de químicos, radiaciones y procesos deteriorantes”, explica Mussi, al tiempo que aclara que esos métodos no son los que se utilizan. Por eso, según su visión, hay una gran distancia entre lo que percibe la gente en sus poblaciones y lo que se indica científicamente.

A partir del estudio titulado “Morbilidad y mortalidad por cáncer en población trabajadora aceitera de la provincia de Santa Fe, 2003-2015”, el planteo de Mussi y Fridman es que el perfil de enfermedades de los aceiteros tiene sus particularidades que lo distinguen de las demás actividades. En primera instancia, deciden correrse de las discusiones acerca de si el pellet de soja tiene o no glifosato o si el glifosato es malo o no. Lo que hicieron fue relevar que hay 4 episodios de cáncer por cada mil personas en trabajadores aceiteros, 2 casos de cáncer por cada mil personas en la población del cordón industrial y entre 0,5 y 1 caso de cáncer en la población nacional. Esto implica que los habitantes del cordón industrial tienen el doble de probabilidades de tener cáncer que aquellos que no viven en esa zona y que la probabilidad de los trabajadores aceiteros cuadriplica a la del resto de la población.

El estudio incluye a la totalidad de los trabajadores aceiteros de la provincia de Santa Fe pero no están discriminadas las fábricas. Según Mussi, si el estudio se hiciera con otras actividades del cordón industrial como metalúrgicos, petroquímicos o papeleros, probablemente los resultados serían parecidos porque “concurren muchas sustancias similares como los solventes y los aceites minerales”.

Los principales tipos de cáncer que aparecieron en el relevamiento fueron de pulmón, de colon y dermatológicos, es decir, de la piel. Mussi explica que en la población general el tercer lugar lo ocupan los cánceres de vías urinarias y cáncer de próstata en varones, y dice que el cáncer de piel ni siquiera figura como un tipo de cáncer en la población general. “La exposición a los aceites minerales y a la radiación solar justificaría esta diferencia”, agrega.

El hexano, una sustancia que produce daños neurológicos, se usa en varias plantas aceiteras. El médico Mussi explica que uno de los primeros síntomas de intoxicación por hexano es la dificultad para distinguir colores, “como un daltonismo adquirido”, y que ese síntoma es fácilmente identificable con un simple examen oftalmológico. Esta medida preventiva del control también corre para el cáncer de colon y de piel, en cuyos casos hay exámenes dermatológicos y colonoscopias que permiten detectar estas enfermedades.

“El trabajo aceitero concentra todo el veneno del agronegocio y le suma los venenos propios del procesamiento de oleaginosa”, dice Mussi, comparando esta situación de contaminación laboral con la de un embudo. En las puertas de la planta de Cargill en Villa Gobernador Gálvez, se realizó una jornada de la que participaron el Taller Ecologista, SiPrUS (Sindicato de Profesionales Universitarios de la Salud), APDH, vecinos autoconvocados de Villa Constitución, algunos partidos políticos y los vecinos de Islas Malvinas que vienen denunciando la contaminación de los silos del puerto de Rosario. Mariano cuenta que la idea de la jornada fue comprender que la planta no tiene un límite en el sentido de que ni el glifosato, ni el hexano ni ninguna de estas sustancias respetan una barrera de vigilancia sino que circulan y se intercambian con el medio.

Según el médico epidemiólogo lo que ellos constataron no es ningún descubrimiento. Dice que no hay nada que el Ministerio de Salud no sepa desde antes. “Lo que hay es una posición política de no mostrarlo. Alrededor de este tema hay una especie de oscurantismo permanente”, explica Mussi, para quien lo importante es identificar los problemas para poder investigarlos. “Es fundamental que el dato se conozca, que se maneje la información. Si la verdad duele, hagamos algo para cambiarla”, propone.

El olfato y la visión

Los procesos de contaminación provocados por el sistema agroindustrial atraviesan transversalmente todas las localidades del Cordón Industrial de la Región Rosario que se extiende sobre la costa del rio Paraná, tanto al norte (desde Timbúes hasta Granadero Baigorria) como al sur (desde Pueblo Esther hasta Villa Constitución). Justamente en esta localidad se ubica la Zona Franca Santafesina, un ámbito de la provincia de Santa Fe con un régimen fiscal diferenciado que tiene como objetivo impulsar el comercio y la actividad industrial exportadora. Esto es lo dice la página web del Ente de la Zona Franca de Villa Constitución, con una superficie de casi 57 hectáreas y 674 metros de frente costero sobre el río Paraná. En esta zona, a menos de mil metros del casco urbano de Villa Constitución, limitando con los barrios Galotto, Palmar e Industrial, y próxima a un área de urbanización de un loteo que ya está proyectado, a mediados del año pasado apareció un cartel con una sola palabra: Nitron.

Nitron Group Corporation es líder mundial en comercialización de químicos y fertilizantes para la agricultura. El grupo, con sede en Greenwich, EEUU, fue fundado en 1982 y actualmente produce a nivel global 6,4 millones de toneladas métricas de fertilizantes y factura dos mil millones de dólares. La empresa norteamericana tiene sede en 19 países. En América Latina tiene presencia en Colombia, Perú, Paraguay, Brasil, Uruguay, Chile y Argentina.

Junto con el cartel vino la construcción de un galpón y junto con el galpón llegaban las noticias en los medios. “Primer negocio de la Zona Franca en Villa Constitución”, “La firma de fertilizantes Nitron ya tiene una base sobre la Hidrovía”, anunciaban los titulares. De esa manera se enteraban los vecinos de Villa Constitución. “El cambio de política producido por el gobierno actual de Argentina generó una mejora importante para el campo, que se tradujo en una fuerte perspectiva de crecimiento para la producción de granos y el uso de fertilizantes para la misma”, declaraba en los medios Javier Urrutia, Presidente de Nitron.

Aparentemente el precio de “la mejora del campo” es la salud de los pueblos santafesinos. El único crecimiento real que vienen experimentando los pueblos atados al modelo agroindustrial es el de los casos de cáncer y demás patologías vinculadas al modelo productivo-destructivo.

Mientras mediáticamente se publicaba que la empresa estaba a una semana de empezar a operar, los vecinos empezaron a organizarse. En julio del año pasado juntaron firmas para pedir una audiencia pública. Manuel Otero tiene treinta años y es vecino de Villa Constitución. Es médico y está haciendo la especialidad en Clínica. Integra desde su proceso embrionario la agrupación de vecinos autoconvocados Villa Constitución Sin Venenos. “Cuando nos enteramos que Nitron se iba a instalar acá nos dimos cuenta que se estaba trabajando en la Zona Franca sin ninguna habilitación. Nosotros pedíamos información, tanto al municipio como al Ente de la Zona Franca y a la provincia, y nos decían que no había ninguna empresa que hubiera postulado para asentarse en la Zona Franca. Sin embargo, por los medios decían que ya la estaban armando y que llevaban invertidos ocho millones de dólares”. Manuel dice que si bien en la página de Nitron dicen tener la concesión en la Zona Franca por treinta años, “sin embargo cuando pedís la información ni siquiera la Zona Franca está del todo habilitada”.

Nitron es una empresa que comercializa fertilizantes en todo el mundo. Según datos de la propia empresa publicados en su página oficial, actualmente comercializa más de cinco millones de toneladas métricas de estos productos por año. Los elementos con los que trabaja son nitrógeno, fósforo y potasio. Cuenta Manuel que una de las razones que motivó la lucha fue la tergiversación de la información. “En los distintos discursos de la empresa hay diferencias en relación a la cantidad de fertilizantes y al modo de trabajo. Al principio decían que iban a traer el fertilizante empaquetado y luego dijeron que va a ser a granel, o sea, sin empaquetar. En relación al tipo de fertilizantes, en un primer momento dijeron que serían líquidos y sólidos y luego cambiaron la información y plantearon que sólo serían sólidos”.

Lo que Nitron pretende hacer en una primera instancia es almacenar, fraccionar y empaquetar los fertilizantes. Llegarían a granel en barco y en Villa Constitución harían el depósito y fraccionamiento. Manuel dice que la empresa describe una forma de trabajo en la página oficial que es distinta de la que comunican en los medios de comunicación, y que a la vez, esas formas se contradicen con el estudio de impacto ambiental que presentaron a la provincia.

Si bien en un primer momento planteaban que los fertilizantes sólo serian almacenados, en el estudio de impacto ambiental presentaron que el trabajo también será la mezcla y la formación de nuevos compuestos que son nitratos y distintos fosfatos. Muchos de esos químicos son explosivos, sobre todo el nitrato de amonio y la urea. El planteo de los vecinos es sencillo: un depósito de fertilizantes, al ser potencialmente explosivo, no puede estar asentado en el medio de la ciudad como es la Zona Franca. “Una de las principales quejas que tenemos los vecinos es que una empresa de este tipo produce por un lado la contaminación ambiental y por otro lado es altamente explosivo”, explica Otero. Los productos derivados del nitrógeno que comercializa Nitron son: Urea, Comprimida y granular, Nitrato de amonio y urea, Amoníaco y Sulfato de amonio. La bomba que destruyó la AMIA en 1994 era de nitrato de amonio.

A lo largo de la historia de nuestra empresa, hemos reconocido la necesidad de actuar con responsabilidad social, económica y ambiental en todas las áreas de nuestros negocios. Valoramos mucho nuestra integridad y nuestra reputación de tener una conducta justa y ética en los negocios y en el trato hacia nuestros empleados.

A pesar de que Nitron valora su “reputación de tener una conducta justa y ética”, esta empresa fue expulsada de otras ciudades por la contaminación que producía. La expulsaron de San Nicolás y de Ramallo, pero a pesar de eso han retomado el trabajo. En Ramallo murió el 16 de junio pasado un operario de veintidós años de la empresa PTP Group (nombre con el que se presenta Nitron) al que se le cayó una tolva encima. Dice Manuel que ese hecho provocó que la problemática volviera a estar en la boca de todo el pueblo. “Ellos estaban en un lugar que es un bosque nativo donde no pueden asentarse porque no es una zona fabril. El mismo día que se cumplió un mes de la muerte de este joven, aprobaron a las doce de la noche en el municipio el cambio del uso del suelo y lo transformaron en una zona fabril”. Manuel cuenta que de esa manera la empresa, que había trabajado y que tuvo un cese por la lucha de los vecinos, obtuvo la luz verde para volver a trabajar. “Al bosque nativo lo ´corrieron´ de lugar. Trajeron a unos peritos, hicieron una investigación y dijeron ´ah, no, el bosque nativo está cien metros más allá´. Donde está instalada la empresa pasó a ser zona fabril”.

Nitron declara estar comprometido especialmente con los siguientes principios:

Proporcionar productos que cumplan con todas las normas jurídicas, sanitarias, de seguridad y ambientales correspondientes.

Mejorar la eficiencia interna para minimizar todo impacto ambiental posible.

Incentivar no solo a nuestros empleados, sino también a nuestros socios de negocios, proveedores y clientes a adoptar nuestra dedicación a la protección del ambiente.

Cuando en julio del año pasado empezaron juntando firmas para pedir una audiencia pública, llegaron a 500 firmas y lograron que se realizara la audiencia el 17 de octubre. Hubo más de veinte oradores entre vecinos, autoridades del municipio, el Ente de la Zona Franca y el Secretario de Medio Ambiente del Gobierno de Santa Fe, César Mackler. También estuvo el Diputado Provincial Carlos Del Frade, que en la sesión de la Cámara de Diputados de Santa Fe del 8 de febrero pasado, presentó un pedido de informe sobre la instalación de la empresa en Villa Constitución. Del Frade también recordó que en la Audiencia Pública, César Mackler sostuvo que no iba a haber ningún tipo de apoyo a la instalación de Nitron. Sin embargo, en enero el Ministerio de Medio Ambiente de Santa Fe avaló la instalación de la empresa, que se presenta con el nombre de PTP Group, cuyo Presidente es Guillermo Misiano, señalado en antecedentes judiciales de Argentina y Paraguay como vinculado a procesos de lavado de dinero, según señaló el diputado Del Frade.

“El estudio ambiental que la empresa presentó a la provincia fue aprobado en tiempo record”, dice Manuel. “Nosotros estuvimos analizándolo con profesionales y tiene millones de déficits. Es vergonzoso, dice por ejemplo que el kit de seguridad ante un posible derrame de sólido es una escoba y una pala para juntar los productos químicos en un eventual accidente”. Otro de los datos que cita Manuel del estudio ambiental presentado por la empresa y aprobado por la provincia, es el kit de seguridad para controlar a los elementos explosivos: el olfato y la visión.

Nitron go home

Desde el momento en que vieron el cartel de Nitron, los vecinos de Villa Constitución empezaron su peregrinación y formaron la agrupación Villa Constitución Sin Venenos. “Es un movimiento histórico, más allá de que somos una ciudad que tiene historia de lucha”, dice Manuel, mientras describe la pluralidad del grupo unido en la lucha por la salud y el medio ambiente. “Hay gente militante de distintos partidos políticos, gente que nunca militó, gente grande, jóvenes”. Los vecinos se reúnen semanalmente y en el grupo de whatsapp hay más de cien personas. “Cuando hemos hecho las distintas actividades nos dimos cuenta que el apoyo en la sociedad es masivo”.

Villa Constitución es una ciudad de 50 mil habitantes y hasta hace algunos años la economía interna se alimentaba mucho de las fábricas, sobre todo de Acindar y de Paraná Metal. En los últimos años esto cambió y el cierre de Paraná Metal fue un gran golpe que dejó a más de mil doscientas familias en la calle. Esos trabajadores empezaron a buscar otro tipo de trabajo en kioscos, almacenes, remiserías. Acindar, que tenía tres mil quinientos trabajadores que en su mayoría eran de Villa Constitución, hoy tiene tres mil trabajadores y la mitad son de Rosario o de San Nicolás. En este contexto, Nitron anunciaba que la instalación de su planta generaría 250 puestos de trabajo nuevos. “En la discusión por la salud y el medio ambiente, el tema del trabajo era una discusión brava”, dice Otero, mientras recuerda que recibieron algunos comentarios que les pedían que no pusieran trabas al progreso. “Para una familia que necesita el trabajo es difícil pensar en otras cuestiones que son más a largo plazo como el ambiente”.

Los vecinos autoconvocados sospechaban que la empresa fuera a generar esa cantidad de puestos de trabajo. Y las sospechas tenían que ver con la tecnología que usa la empresa, algo que disminuye las manos humanas necesarias y que implica además que esos trabajadores sean calificados. Cuando salió el estudio de impacto ambiental se enteraron que en realidad son seis los puestos de trabajo que ofrece la empresa, de los cuales algunos son jerárquicos y están destinados a ingenieros químicos o profesionales del tema. El trabajo genuino para Villa Constitución es casi nulo. De doscientos cincuenta pasaron a seis.

Desde los vecinos autoconvocados organizaron una charla con Damián Marino, Doctor en Química que trabaja en CONICET, y Damián Verseñazi, médico y profesor de la Facultad de Ciencias Médicas de Rosario que coordina los Campamentos Sanitarios que se vienen haciendo en distintos puntos del país. Si bien no hay muchos estudios aprobados a nivel nacional en relación con los efectos que produce el exceso de los fertilizantes en el ambiente, porque quienes deben hacer esas estadísticas están ligados al negocio, estos profesionales explicaron que es inevitable que al trabajar con fertilizantes tan cerca de la urbanización pasen al ambiente y contaminen las napas de agua, el río, la tierra y el aire. “Las condiciones climáticas van uniendo distintos elementos que son los que después generan las diferentes patologías”, explica el médico y vecino Otero.

Villa Constitución está en una de las zonas líderes en incidencia de nuevos casos de cáncer, enfermedades respiratorias, enfermedades de la piel, abortos espontáneos y malformaciones. Manuel Otero plantea que estas patologías se correlacionan en una línea de tiempo con el abuso de los químicos. “Este tipo de empresas a nivel mundial nunca trabajan sólo con los fertilizantes sino que suelen hacerlo también con pesticidas, agrotóxicos, glifosato, aunque eso obviamente no lo ponen en el estudio de impacto ambiental”.

Los vecinos de Villa Constitución, junto a un grupo de profesionales ambientales y químicos, hicieron un análisis a partir del estudio de impacto ambiental presentado por Nitron. Dice Manuel que a pesar de que es información pública, empezaron a pedir ese informe en septiembre y recién hace algunas semanas les entregaron una parte de ese estudio. “Nos entregaron un tomo y nos enteramos por terceros que había otro tomo más e incluso a ese tomo le faltaban hojas, por lo tanto tuvimos que reiterar el pedido. Se han manejado con un nivel de corrupción grande”.

Dentro de los puntos del análisis que hicieron se destaca el tema de la categoría. Hay tres categorías en relación al impacto ambiental que causan las distintas empresas. El tipo 1 causa nulo impacto ambiental, el tipo 2 es intermedio y el tipo 3 es alto impacto. Otero explica que esta empresa estaba catalogada como tipo 1, después la pasaron a 2 y, al ser potencialmente explosivo, automáticamente debería convertirse en categoría 3. Este es uno de los pedidos que van a realizar los vecinos organizados. “Aunque le aprobaron el estudio ambiental en tiempo record, cuando vieron toda la movilización popular, una semana después de habérselo aprobado, le mandaron una carta documento a la empresa diciéndole que necesitaba cambiar algunas maquinarias y algunas formas de trabajo por la potencial explosión”, recuerda Manuel, para quien es fundamental que se reconozca que la empresa es potencialmente explosiva.

Otro dato relevante está en relación con el uso del suelo. Cualquier persona que quiera construir necesita el uso conforme del suelo que otorga el municipio. Esa es la primera habilitación antes de empezar cualquier construcción. Manuel cuenta que cuando fueron a buscar el estudio de impacto ambiental se dieron cuenta de que no tienen otorgado el uso conforme del suelo. “Toda la instalación y el estudio que hicieron está en base a nada porque el municipio no le otorgó en forma correcta el uso del suelo”.

Además de los temas referidos a la categoría y al uso del suelo, en el informe que presentarán los vecinos están denunciadas las generalidades del estudio presentado por la empresa como el tema de la seguridad. Dice Otero que en el informe de Nitron toda la parte de seguridad está en inglés, algo que es ilegal porque no se puede presentar en otro idioma. “Parece que fuera a propósito”, dice.

Dentro del grupo de vecinos hay una comisión que se encarga de las relaciones con otras organizaciones. Manuel plantea la necesidad de unificar las resistencias. “La lucha por la salud y el medio ambiente no es algo sólo de un lugar porque el ambiente se mueve de cierta manera que nos afecta a todos”. Dice que desde que están en el tema se dieron cuenta de que como muchas de estas luchas no salen en los medios pareciera que no existiesen. “Parece que uno está luchando solo, que sos un loquito que no querés que venga esta empresa”. Sin embargo, en Argentina hay un gran movimiento que está luchando contra este modelo productivo. Manuel plantea que los enemigos terminan siendo los mismos: “los que desde un tiempo a esta parte han decidido que los países del tercer mundo seamos los que paguemos con la vida el costo de los grandes ingresos que tienen las multinacionales”. En Villa, en Gálvez, en Entre Ríos, en Necochea y en el norte de Buenos Aires hay luchas que están saliendo a la luz. “Parte de nuestra política es poder integrar todo eso. Con la gente en la calle es la única manera de ponerle un freno”.

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