El Taller Ecologista realizó una investigación sobre las costas y barrancas del Paraná a lo largo de todas las ciudades del cordón industrial de la margen norte de Rosario. ¿Cuál es la importancia ecológica y cultural de los ambientes ribereños? ¿En qué medida afecta la superpoblación de las empresas agroexportadoras en estos terrenos? ¿Qué lugar tiene lo público en relación al río?

Por Tomás Viú

Cuando los vecinos de San Lorenzo se organizaron hace más de un año para dar la pelea contra una de las empresas agroindustriales que afecta la vida y la salud de este pueblo, realizaron un encuentro e invitaron al Taller Ecologista a participar. En ese momento surgió el deseo y la necesidad de conocer la región que habitan estas localidades del cordón industrial. Desde el Taller Ecologista se empezaron a plantear una serie de interrogantes acerca de las características ecológicas y el valor cultural, los actores involucrados y las ventajas y desventajas que tienen estos territorios. “Quisimos conocer dónde vivimos”, dice Carolina Mori, quien pertenece al Área de Humedales del Taller Ecologista. Carolina, Junto con Laura Prol y Cecilia Reeves, hicieron un trabajo de investigación que se llama “Nuestras costas y barrancas. Una mirada sobre los ambientes ribereños del Paraná Inferior y su importancia ecológica y cultural”.

El área de estudio incluye las localidades de Timbúes, Puerto General San Martín, San Lorenzo, Fray Luis Beltrán y Capitán Bermúdez en el departamento San Lorenzo, y Grana­dero Baigorria en el departamento Rosario. Lo primero que hicieron fue visitar estas localidades para hacer relevamientos, pero además hicieron un recorrido de la zona desde el agua. En ese recorrido describieron las situaciones de ocupación y los distintos usos de las barrancas. Además, diseñaron una cla­sificación para determinar la cantidad y los tipos de industrias instaladas sobre estos márgenes costeros.

Entre diciembre y enero pasado hicieron las visitas de campo y durante el resto del año evaluaron toda la información relevada en un trabajo de gabinete que duró hasta que terminaron el documento final. En esta etapa también buscaron otros trabajos que ya estaban hechos en la zona y que ponían el foco en distintos ejes como las leyes, la parte ecológica, cultural o industrial. El cruce de disciplinas fue fundamental a la hora de enriquecer la investigación. Carolina Mori es ingeniera industrial, Laura Prol es antropóloga y Cecilia Reeves es bióloga. “Pudimos analizar la región desde distintos puntos de vista. Nos parece que lo que pudimos concluir es bastante nutritivo porque tiene muchas miradas”, dice Carolina, mientras aclara que al trabajo no lo hicieron solas. “La información todo el tiempo la constatamos con los vecinos, y también consultamos a un montón de compañeros geólogos, historiadores y de otras disciplinas que nos aportaron sus miradas y la información necesaria para entender qué está pasando en esta región”.

Por un lado, en el informe explican qué son las barrancas desde una mirada eco-sistémica y funcional en el sentido ecológico y geomorfológico desde la fauna y la vegetación de las barrancas del río. Carolina explica que las barrancas principalmente sirven para encauzar al río pero que además tienen un montón de funciones eco-sistémicas por la flora y la fauna que es característica de la región y también por la alóctona, es decir, aquellas especies que no son nativas pero que conviven con las demás formando un neo ecosistema. “Todas estas especies hacen al espacio y al entorno natural”, describe.

Por otro lado, las barrancas son utilizadas como forma de acceder al río. “Usamos las barrancas para llegar al agua, tanto en el sector industrial que vuelca sus desechos con los efluentes industriales como las ciudades que usan los desagües pluviales que llegan al río a través de la barranca”, explica Carolina. Pero a la vez la barranca es el camino para llegar al río y servirnos de agua, tanto para uso doméstico como industrial. En este sentido plantean que el río Paraná tiene una función de depuración muy grande porque es un río acaudalado que nos permite desechar y a la vez servirnos de agua.

En el estudio relevaron que el 70% de los ambientes de barranca han sido modificados en algún grado y sentido. Esto da cuenta de la poca importancia que le da la gestión pública a estos espacios en términos de conservación y en relación a sus funciones ecológicas y socio-culturales.

Otro de los aspectos incluidos en el informe tiene que ver con una historización del lugar que permite entender cómo se origina y qué está pasando ahora. Entre 1880 y 1890 se instaló un molino harinero, una aceitera, puertos y embarcaderos. En 1882 comenzó a funcionar el puerto de San Lorenzo, con operaciones de embarque de cereales, y diez años después el de Puerto San Martín. Hacia 1930 la zona va tomando un perfil industrial que se profundiza con el establecimiento de Molinos Río de la Plata y la Unidad XV de la Junta Nacional de Granos. En las décadas de 1950 y 1960 se instalan grandes industrias de capitales extranjeros en el sector químico, petroquímico y de metal-mecánica. Con la llegada de estas empresas se terminó de configurar un cordón industrial a la vera del río Paraná. Entre los factores que incidieron en este fenómeno y que indican en el informe, está el hecho de que el área ´disponía de espacios libres sobre el río Paraná con acceso ilimitado a un recurso fundamental como el agua y con una infraestructura administrativa y mano de obra ya existentes´.

En las décadas siguientes, si bien se mantiene el perfil productivo orientado a la industria pesada, va ganando lugar el sector agroindustrial vinculado a la exportación de cereales. En 1996 se había autorizado la importación de la soja transgénica. Estos elementos ´ convirtieron al sector en un nicho de inversión altamente rentable y consolidaron la presencia de las compañías multinacionales en el área´.

Carolina cuenta que de las localidades estudiadas, San Lorenzo, Puerto General San Martín y Timbúes son las más industrializadas, y que coincidentemente las barrancas de estas ciudades son las que presentan mayor grado de intervención y modificación.

Por otro lado, el acceso público al río queda totalmente restringido por estas industrias. Para graficar esta situación, alcanza el caso de Puerto San Martín que tiene un frente de barranca de casi diez kilómetros en los cuales hay quince empresas agroexportadoras. “Hay más empresas que kilómetros”, dice Carolina, al tiempo que cuestiona la imposibilidad de acceder al río. “No tenemos acceso al río siendo ciudadanos ribereños. Y por otro lado está la contaminación por aire, agua y tierra”. Si bien el objetivo del trabajo tenía que ver con la intención de resaltar el valor ecológico y cultural y no puso el foco en la contaminación, es un tema insoslayable a la hora de hablar de empresas agroindustriales multinacionales instaladas a la vera del Paraná.

En el informe citan el estudio que la provincia de Santa Fe encomendó en el área en el año 2006, que caracteriza la situación como de colapso ambiental. Las razones de esta caracterización tenían que ver con: “la contaminación atmosférica por la dispersión de partículas aso­ciada al transporte, almacenamiento, procesamiento y exporta­ción de cereales y oleaginosas, agravada por la aplicación indis­criminada de fertilizantes y plaguicidas”; el perfil contaminante de la mayoría de las industrias del área, del sector metalúrgico que “utilizan como insumos materiales de propiedades tóxicas (plomo, estaño, cobre y cromo); del sector químico, que “manejan sustancias peligrosas con procesos donde se utilizan una variada gama de solventes orgánicos y otras sustancias tóxicas y cancerígenas”; y el sector de producción de pasta de celulosa, que destaca por “su nocividad y por el alto consumo de agua para su funcionamien­to que se transforma en un vehículo de desechos expandiendo la contaminación a los cursos de agua y los suelos aledaños”.

El área de estudio abarca cuarenta kilómetros de costa. De ese número, el acceso público se reduce a un veinticinco por ciento, es decir, que entre todas las localidades sólo acceden públicamente a diez kilómetros. Dentro de los usos que identificaron en la investigación, se encuentran los balcones al río. Sin embargo, sumando todos los metros de balcones al río no llegan a un kilómetro. En Puerto General San Martín hay un edificio de unos terrenos que están al lado de la única playa municipal y que fue clausurado por la Secretaría de Medio Ambiente por contaminación. Hace varios años que está clausurado y los vecinos le están pidiendo al municipio que lo recupere para que sea un espacio de balcón público al río. Está en el centro del lugar, es de fácil acceso y se conecta con la playa pública. Las y los vecinos tienen el proyecto y la intención de recuperar este lugar abandonado para acceder al río.           

Por otro lado, dentro de los principales usos públicos, están las bajadas, accesos o playas donde viven comunidades de pescadores. En el informe destacan que Granadero Baigorria es una de las pocas localidades que aún posee comuni­dades tradicionales de pescadores viviendo en las orillas, con un modo de vida asociado a los distintos ambientes del río (barran­cas, playas, el cauce y los humedales). Remanso Valerio y El Espinillo son los dos barrios tradicionales de pesca­dores.

En el informe también plantean que los últimos años se caracterizaron por la ausencia de una política de ordenamiento territorial para los espacios costeros, en donde los municipios ´privilegiaron la llegada de in­versiones a las localidades y adaptaron sus decisiones sobre uso de suelo y controles ambientales a los requerimientos de las empresas´. Las consecuencias de esta ecuación se reflejan, además de la restricción en el acceso público al río, en la alteración y degradación de los entornos costeros. La biodiversidad se ve afectada por la erosión que se produce en las barrancas a partir de los usos fluviales y terrestres. El dragado que se hace sin los controles correspondientes, el aumento exponencial del tráfico fluvial y las terminales portuarias que se multiplican sin estudios que evalúen el impacto acumulativo, son algunas de las razones que contribuyen a la erosión. Además influyen la impermeabilización del suelo que provocan las construcciones y el pavimento, y la deforestación que implica la extensión del área industrial.   

Carolina dice que si bien los municipios siguen cediendo terrenos a las empresas y no son escuchados los reclamos de las personas que habitan estas ciudades, la idea del Taller Ecologista con el informe que presentaron es “crear herramientas que les sirvan a los vecinos para poder sostener su lucha”.

Compartir

Ayudanos a difundir!