Una bajante extraordinaria que no se veía desde hacía cincuenta años. Un río que abastece de agua potable a siete provincias argentinas. La realidad de las comunidades de pescadores frente a una bajante que no entra en cuarentena. La industria de la pesca y los barcos que siguen navegando las aguas. ¿Cómo afecta el sobre dragado? El análisis hidrológico, el clima que no ayuda y los pronósticos que anticipan que esto viene para largo. Una radiografía del segundo río más extenso de Sudamérica, aquel viejo río que hace ocho meses viene silbando bajito.

Fotos: Eduardo Bodiño para Cooperativa de Comunicación La Brújula

Como Rosario tiene uno de los puertos comerciales más antiguos del país –opera desde mediados del siglo XIX-, en esta zona la altura del río empezó a medirse en 1875. Son los datos hidrométricos más viejos de toda la cuenca del Paraná. A partir de las mediciones históricas se establecen umbrales de aguas bajas. Hoy Rosario está muy por debajo de esos umbrales. Tomando como referencia sólo el mes de abril, el río Paraná en la zona de Santa Fe no registraba una bajante de estas características desde 1884. Si se tienen en cuenta todos los meses del año estamos ante una bajante que no se observaba desde 1971.

Aunque el río Paraná tiene más de diez mil años en la ubicación actual, por fuera del puerto de Rosario recién empezó a medirse en 1904. La perspectiva histórica es importante para entender el comportamiento del río y la magnitud de esta situación. Para esto es necesario tener en cuenta que la muestra de cien años de mediciones es corta en relación con la antigüedad del río. Las crecidas más pronunciadas se vieron en 1905, 1983, 1992 y 1998.

Hugo Rohrmann, docente e investigador de la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional del Nordeste (UNNE), se refiere a los cambios en los valores de las alturas mínimas que registra el Paraná desde principios del siglo pasado. Hasta la década del setenta el promedio oscilaba en 0,80 metros. Pero los últimos cincuenta años ese promedio se mantuvo en 2,26 metros. Hay un salto de un metro y medio de los valores mínimos. Rohrmann explica que el caudal medio subió desde la década del setenta por el aumento de las lluvias, el cambio de uso del suelo y la construcción de las represas. Esta es la razón por la que llama la atención los niveles registrados actualmente. Si bien es un valor que ya registró el río, ese valor es extraordinario porque su nivel pertenece a los de la serie antigua. Hace cincuenta años no se veía un valor similar al actual.

Normalmente el período de lluvia es en verano, entre diciembre y marzo. Esos milímetros que caen ayudan a recuperar la cuenca. Pero hace muchos meses que las lluvias brillan por su ausencia o escasez. La Facultad de Ingeniería de la UNNE organizó un webinar (seminario virtual) en relación con la bajante de los ríos Paraná y Uruguay y su impacto socioeconómico y ambiental. Además de Rohrmann, participaron otros profesionales dedicados a estudiar la temática. Juan Borús es Subgerente de Sistemas de Información y Alerta Hidrológica del Instituto Nacional del Agua. Dice que “daría la impresión de que estamos pendientes solamente en las situaciones de grandes crecidas pero esta situación nos demuestra que los bajos niveles son muy importantes y sus impactos muy significativos”. Explica que el clima global está en una situación neutral desde hace muchos meses y que no tiene visos de cambiar. El fenómeno de La Niña está asociado a una reducción de la precipitación en la cuenca que disminuye la altura y el caudal del Paraná. A Borús no le sorprendería que en las próximas reuniones de actualización de las tendencias climáticas aparezca el fantasma de La Niña que complique más las cosas y que lleve a pensar que la bajante va a continuar muchos meses más.

Estamos ante una bajante que no se observaba desde 1971

La bajante se puede medir no sólo en clave histórica. Esa frase vacía (valga la redundancia) de que una imagen vale más que mil palabras se hace palpable en algunas postales: el túnel subfluvial que une las provincias de Santa Fe y Entre Ríos quedó al descubierto; el barco Ciudad de Rosario encallado en islas entrerrianas; un buque de ultramar varado a la altura de Arroyo Seco; un video que muestra a dos personas haciendo motocross sobre el caudal del río en Corrientes; las cataratas del Iguazú (una de las mayores atracciones turísticas del país) prácticamente secas; y aparecieron en la superficie del río los restos de un barco a vapor hundido hace más de cien años.

Para dimensionar la bajante también se puede recurrir a aquellas personas cuyas vidas se hacen cotidianamente en el río: lxs pescadorxs artesanales nacen, crecen y mueren en estas aguas amarronadas. Por eso conocen en carne propia cada bajante y cada creciente. Julián Aguilar -aclara que nadie lo conoce por su nombre sino como el “Negro”- nació en Las Cuevas, Entre Ríos. Con padre pescador y cazador, la pesca fue algo que aprendió desde chico. A los siete años ya andaba arriba de las canoas. La pesca se volvió su medio de vida desde los dieciséis años cuando dejó la escuela. Hoy, con sesenta años, hace cuarenta y cuatro que pesca para vivir. Pero aclara que ´pescador con conciencia del río´ se nace y no se hace.

Julián se define como “un pescador un poco interesado” y como “un observador del río y de las cuestiones climáticas”. Probablemente para aprender a pescar sea necesario poner en práctica ese otro verbo: observar. El Negro Aguilar se refiere al río como un ser vivo que tiene sus ciclos. Dice que aproximadamente cada cuatro o cinco años hay una creciente. Que en 2007 hubo un proceso que se prolongó durante mucho tiempo pero que no fue bajante sino río bajo. Las oscilaciones normales de la altura del agua se ubican, según sus observaciones, entre los 2,50 y los 4 metros. Cuando Julián charló con enREDando el hidrómetro del puerto de Rosario marcaba 0,40. Hasta hace un tiempo la única manera en la que Julián sabía precisamente la altura del río era escuchando radio Victoria. Ahora, “con esto de las nuevas tecnologías”, lo mira por internet.

Foto: Eduardo Bodiño

El arroyo Ludueña, donde está Julián en este momento, está seco. La bajante empezó el año pasado después de Semana Santa. Después Julián observó “un pequeño repuntecito”, pero entre octubre y noviembre el río volvió a bajar y después de la segunda levantada de diciembre en la que llegó a los 3 metros siguió bajando hasta llegar al estado actual: calamitoso. Esa es la palabra que elige Julián para describir el cuadro de situación. En Brasil y en la Mesopotamia argentina las lluvias ya pasaron. Eso, dice Julián el observador, no anuncia nada bueno.

El pez no sólo por la boca muere

Julián dice que algunos biólogos sostienen que los peces se reproducen únicamente en diciembre, enero y febrero. Pero sus observaciones indican que el río en esta zona generalmente crece alrededor de junio y julio y que con esa creciente se produce el Veranito de San Juan. Aunque no en la misma cantidad que en primavera o en verano, en ese momento los peces desovan (la hembra pone los huevos que son fecundados por el macho). Las crías se meten en la laguna y si el río continúa creciendo hasta octubre pasan a formar parte de la nueva generación. Pero Julián explica que cuando vienen las heladas con el río bajo las crías se mueren congeladas, como pasó en 2007. Cuando hay tan poca agua -en esta bajante las lagunas tienen cinco centímetros- los peces quedan muy expuestos a las bajas temperaturas.

Juan José Neiff –profesor y ex Director del Centro de Ecología Aplicada del Litoral- se refiere en su disertación en el seminario web de la UNNE a la mortandad de peces que se dio recientemente en el río Montelindo, en Paraguay, 300 kilómetros al norte de Corrientes. Dice que en estas situaciones los peces quedan varados y otra parte muere porque la lámina de agua es de escaso espesor y quedan muy expuestos a las temperaturas bajas y altas. También disminuye la cantidad de oxígeno y la calidad del agua se modifica porque suele haber mayor cantidad de materia orgánica. Dice que naturalmente es un período de estrés para las comunidades de peces.

Para Julián la intervención humana tiene mucha incidencia en estos procesos que manifiesta la naturaleza. Hace referencia a la deforestación en relación a la retención natural del agua que hacen los montes, bosques y selvas. Hace una analogía con la emergencia sanitaria. Dice que si hoy hubiese una congregación de trescientas personas sin tapabocas los resultados se verían catorce días después. “El río es más o menos así”, dice. “La naturaleza está mostrando lo que se vino haciendo durante los últimos setenta y cinco años”.

Hugo Rohrmann se aleja de la vinculación entre la bajante y la deforestación. En su argumento esgrime que el Estado de Paraná, Brasil, tenía en 1890 el 83% del suelo cubierto de selva y que en 1990 tenía sólo el 5%. Es decir, que descarta la incidencia porque la deforestación no es un fenómeno nuevo. Sin embargo, en estos últimos treinta años la expansión de la frontera agrícola –directamente relacionada con la deforestación- viene siendo muy importante en los diferentes territorios de la cuenca del Plata. Por otro lado, según plantea Rohrmann, las precipitaciones tienen un componente de humedad que viene un 87% de  los océanos y un 13% de los continentes. Por lo tanto, siguiendo su explicación, la deforestación sólo podría incidir sobre ese 13%.

Laura Prol integra el Área de Humedales del Taller Ecologista, organización socioambiental y autogestiva con treinta y cinco años de trabajo. Explica el sistema hidrográfico de la Cuenca del Plata que tiene sus nacientes al este en Brasil y en el pantanal que está en el Mato Grosso del Sur donde nace el río Paraguay. Ambos ríos luego convergen en lo que se llama la confluencia en Paso de la Patria y ahí bajan hacia el Río de la Plata. Laura dice que estuvieron recopilando información y que la bajante se asocia directamente a la falta de lluvias en las cuencas altas del Paraguay y del Paraná. Cuando habla de los factores que hay detrás de la falta de lluvias menciona la influencia del Niño y los cambios en la temperatura de los océanos. Dice que algunos hacen referencia al cambio climático y otros también señalan que hay una afectación directa de los grandes incendios que sucedieron el año pasado en parte de la Amazonía, en el Pantanal y en la Chiquitanía en Bolivia, que son los grandes biomas de la Cuenca del Plata. Hace alusión a que la disminución de la superficie arbórea producida por el desmonte que se hace con topadoras o incendios, se traduce en menor evotranspiración de la biomasa, lo que incidiría en la concurrencia de lluvias. De todas maneras, Laura prefiere ser cauta con este factor. Dice que sin dudas hay incidencia de la acción antrópica pero que también hay otros factores, haciendo referencia al cambio hidrológico del río que desde la década del setenta entró en un período húmedo dejando atrás otro período donde ocurrían bajantes similares a la actual. Destaca que en ediciones viejas del diario El Litoral hay imágenes de una bajante de la década del cuarenta donde la gente caminaba por la laguna Setubal.

La pesca artesanal y el pescado for export

Hace más de cincuenta años que Julián vive en La Florida y el lugar en el que pesca es la zona que va desde la usina de Sorrento hasta los silos de colores. Comparte la zona con El Espinillo, Julián desde la costa rosarina y los pescadores isleños al otro lado del río. La Asociación Civil de Pescadores “El Espinillo”, de la cual Julián formaba parte junto a otros doscientos pescadores y Laura Prol era asesora, se desmembró. Julián dice que por falta de promoción desde la Provincia. También dice, que salvo algunos antropólogos que están recogiendo datos, desde el Estado no tienen en cuenta la voz de los pescadores, que su palabra no es escuchada ni valorizada. “Deberían tomar conciencia que esto nos perjudica a todos. Lo que necesitamos es tener un manejo sustancial del río Paraná. Debería ser la Nación la que articule leyes de cuidado del río”.

Argentina es uno de los pocos países del mundo que exporta pescado de agua dulce directamente capturados del ambiente natural. En el resto de los casos, los pescados provienen de granjas de piscicultura. Para Julián, lo que perjudicó al pescador ancestral es justamente trabajar para la industria del pescado. También perjudica al recurso, dice, porque la industria frigorífica necesita cantidades inconmensurables para exportar una parte. El resto lo industrializa convirtiéndolo en comida para gatos y perros, fertilizantes y abono.

Foto: Eduardo Bodiño

Laura se refiere a la complejidad que implica que se siga pescando para la exportación en una situación de bajante como la actual. La Comisión de Pesca Continental resolvió que el cupo de exportación de sábalo este año se mantenga en 15.000 toneladas, igual que el año pasado. “Por un lado está la problemática de las comunidades de pescadores con toda la sobre explotación de la que son objeto por parte de los acopiadores y frigoríficos a través del precio que le ponen al pescado, pero por otro lado hay un problema de sobre explotación de peces. La exportación de peces de río es bastante cuestionable de por sí”, plantea Laura.

«Una veda siempre tiene que estar acompañada de asistencia a los pescadores»

En una carta enviada a los gobernadores de Santa Fe y Entre Ríos, diversas organizaciones socioambientales nucleadas en el colectivo ´Dos orillas´ exigieron acciones inmediatas para salvaguardar los bienes naturales y las comunidades y habitantes que viven y desarrollan sus economías en las regiones afectadas. El Taller Ecologista forma parte del colectivo ´Dos orillas´. La Cámara de Diputados de la provincia dio media sanción al proyecto de ley de una veda por 180 días a la pesca deportiva y comercial en Santa Fe. Si el Senado provincial aprueba la sanción, todavía faltaría la promulgación del ejecutivo. Laura deja en claro la posición del Taller Ecologista: “Si se dispone una veda es importante que la gente tenga con qué vivir. Una veda siempre tiene que estar acompañada de asistencia a los pescadores. Eso es fundamental”.

Julián dice que algunas asociaciones ecologistas y algunos clubes de pesca deportiva ponen a los pescadores artesanales en el lugar de depredadores. Aclara que eso no es real, como tampoco la afirmación de los frigoríficos que hablan de la generación de puestos de trabajo siendo que en realidad “se llevan todo el capital para once personas de la Argentina”. Explica que el sábalo es la base de la pirámide alimentaria y que la bajante afecta la reproducción y el sostenimiento de las otras especies que hay en el río. Como los peces se encuentran más encajonados, son más fáciles de atrapar. Julián aclara que si se siguieran las pautas establecidas, lo que el pescador estaría haciendo es aliviar la carga de una gran cantidad de peces en un río sin agua y sin oxígeno. “Si los pescadores con reglas claras de juego, sacasen determinada cantidad de peces del río, le estarían dando posibilidad a los peces más chicos de desarrollarse y de que no les falte espacio cuando crezcan. Hay videos donde se ven montones de peces muertos por falta de espacio y de oxígeno”.

El problema para Julián es cuando no se cumplen las reglas de juego. Dice que “muchas veces juegan al truco con tres anchos de espada”. “Con esta bajante los frigoríficos mandan a sus pescadores a pescar cualquier cosa. Les bajan el precio del pescado y les piden 10 mil kilos de lo que haya. Después los estudios dan bárbaro porque indican que se completaron los cupos de exportación”, completa irónicamente. Si bien menciona que Santa Fe tiene algunas leyes, dice que no se cumplen ni se controlan. Y que Entre Ríos, donde está el criadero al que van los peces, no tiene leyes pero sí tiene el frigorífico más grande de pescados de río del país.

David y Goliat (o cuando el barco se come la cancha)

A pesar de que la pesca es un rubro exceptuado de la cuarentena, cuando Alberto Fernández decretó el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, Julián decidió quedarse quince días en su casa. Era prioridad su salud y la de los cuatro nietos que viven con él. Pero cuando pasado ese tiempo quiso ir a pescar no pudo hacerlo. Su bote quedó perdido en un mar de barro. La bajante se tragó el agua sobre la que flotaba la embarcación que empezó a tragar tierra. Desde el 28 de marzo Julián no puede pescar. Desde entonces va sobreviviendo. Rascó la olla y se comió algunas herramientas. Y teje redes para sus compañeros. De esa manera la va llevando. Dice que hay gente que no tiene ni un plato de comida en esta cuarentena, por eso no se queja. Y además porque está convencido de que “ya vamos a salir de ésta”.

Santa Fe tiene la Ley de pesca Nº 12.212, reglamentada en 2004 durante el gobierno de Obeid. Julián dice que no se cumple porque no hay controles. Y que de esa manera se generan competencias desleales. Explica que para tener la licencia tenés que estar avalado por las organizaciones, no tener ningún empleo ni beneficio del Estado y hacer durante dos años pesca de subsistencia. Él cree que poniendo en práctica la ley se le sacaría peso de mallas y de pescadores al río. Dice que en este momento por la bajante hay un sesenta por ciento menos de pescadores. Que en la provincia de Santa Fe hay alrededor de dos mil setecientos pescadores artesanales habilitados para pescar y vender. Y que a eso se suman otros dos mil cuatrocientos pescadores de subsistencia que son los que están a la espera de una licencia (en ese tiempo acompañan a otro pescador) o que son pescadores jubilados pero que siguen pescando porque la jubilación mínima no les alcanza para vivir. Julián indica que de la gente habilitada hay un treinta por ciento que no está pescando. Una de las causas tiene que ver con que en el norte provincial las distancias son muy largas para llegar al río y los arroyos interiores están secos. “Si a eso le sumamos los setenta mil pescadores deportivos que no están saliendo a pescar, le estamos sacando al río por lo menos otro treinta por ciento de peso”.

La cuarentena y la bajante tienen, como venimos relevando, impactos múltiples en la actividad de la pesca artesanal. Julián recuerda que cuando empezó la cuarentena las ventas bajaron mucho porque la gente no salía a comprar pescado. Las compras de los pescados de varios kilos para compartir en reuniones sociales también se pausaron. Pero además, cuando baja el río también bajan los precios del pescado que ponen los palanqueros y los frigoríficos. Con el río bajo se pesca más en menos tiempo. Pero según explican quienes hacen de la pesca su medio de vida, cuando los precios bajan no vuelven a subir aunque cambien las condiciones del río. Paralelamente, aumenta el precio de la vida cotidiana, de la nafta y de los insumos como las redes, los motores, la recina y la fibra de vidrio que están dolarizadas.

Cuando su bote no era todavía un mar de barro y Julián salía a pescar a principios de marzo, los palanqueros les pagaban a lxs pescadorxs cuarenta pesos el kilo de sábalo y los frigoríficos pagaban veintidós o veinticuatro pesos el kilo. Julián dice que ahora como máximo pagan dieciséis pesos el kilo. Pero esa rebaja nunca llega al consumidor. “Los que le venden a la gente el pescado más a precio son los pescadores pero los podés encontrar en muy pocos puntos de la costa del río porque a los pescadores nos fueron desplazando de los espacios”. En casi todos los lugares de Rosario donde había familias de pescadores que vivían en la costa, hoy hay parques o conglomerados de edificios.

Foto: Eduardo Bodiño

Bárbara Vanesa Valcarcel -pesca desde los dieciséis años y ahora tiene treinta y cinco- vive en El Espinillo, una zona de la isla que está enfrente de la franja costera que va desde los silos de colores hasta la cancha de Central. Comparte la zona con Julián, ella del lado isleño y él del lado rosarino. De su familia es la única que se quedó viviendo en la isla. El resto de sus parientes se reparten entre Rosario y San Lorenzo. Como tiene una bebé de nueve meses en este momento no puede estar mucho tiempo en la canoa. Resume la dinámica de la pesca artesanal en una jornada de trabajo: vas y tirás toda la noche o todo el día, pescás, al otro día baja el palanquero en la zona de la cancha de Central y vende el pescado fresco. Y así continuamente. No hay horarios ni días. Por ahí se tira todos los días o día por medio. El que tiene canoa propia tira todos los días y el que trabaja de peón lo hace día por medio. Bárbara tiene canoa propia pero no tiene motor. Como ella también teje, el acuerdo al que llegó con su patrón es que ella pone su canoa y teje las redes y él pone el motor y los tejidos.

En la provincia de Santa Fe hay alrededor de dos mil setecientos pescadores artesanales habilitados para pescar y vender. Y otros dos mil cuatrocientos pescadores de subsistencia.

Bárbara habla de un río sin límites, que cuando quiere crecer todo lo inunda y cuando baja llega a escenarios extremos como ahora. De sus años viviendo en la isla no recuerda una situación parecida. Una de las maneras en las que afecta a su trabajo, dice, es que a veces sale mucho y otras muy poco. “Si un día de casualidad pescaste cien sábalos y los llevaste al palanquero, al otro día te bajó el precio. Si te lo pagaban a veinte, te lo empieza a pagar a ocho”. Bárbara explica que quizás fue sólo un lance, una buena pasada, y que después ya no agarra nada o agarra menos. “Pero una vez que te bajaron el precio ya está, te lo bajaron. El precio lo pone el palanquero y después lo triplica para venderlo. Eso siempre fue así”.

La cancha es el lugar donde lxs pescadorxs tiran las redes. En esta zona donde pescan Bárbara y Julián hay tres canchas separadas entre sí sólo por unos metros: la cancha de arriba, la de abajo y la de afuera. Las referencias son espaciales. Bárbara se refiere a una situación recurrente que continúa durante la bajante: los barcos que tiran el ancla en medio de la cancha. Esa situación anula la jornada de trabajo y lo mismo cada día que el barco permanezca anclado en ese lugar. “Los barcos siempre hicieron lo mismo. Y Prefectura no te da bolilla porque el pescador es pescador y el barco es barco”.

En estas canchas todavía hay agua y por eso pueden pescar, pero Bárbara aclara que hay arroyos y lagunas secas y que otra de las consecuencias de la bajante es que se rompen los tejidos. Al estar baja el agua las redes se encuentran con los troncos, fierros y demás objetos que hay en el fondo.

Una postal de la cuarentena son lxs pescadorxs con barbijo. Es lo que exige el protocolo junto con el permiso de pesca, un máximo dos personas por canoa (al principio sólo se permitía una persona), el documento con dirección en el Espinillo y la malla reglamentaria. Bárbara dice que la mayoría de las mallas tienen 15,5 cm pero la reglamentaria tiene 16. Y que hay muchas familias que viven en la isla pero su dirección en el documento figura en Rosario. Que no por eso dejan de ser pescadores pero que eso Prefectura no lo va a entender nunca. Que se llevaron dos canoas. Julián dice que esos choques que hubo con la Prefectura al comienzo de la cuarentena fueron porque todavía no estaba claro el protocolo.

Bárbara también se refiere a la dificultad para acceder al Ingreso Familiar de Emergencia. Dice que al principio la indicación era que si la mujer cobraba la AUH el hombre no lo podía cobrar, y que la mayoría que vive en la isla no está casado legalmente. Que a muchos no les llegó el mensaje oficial. Y que ella se ofreció para ayudar a una persona que no tiene acceso a ningún tipo de comunicación pero que el código que debía llegar a su teléfono nunca llegó.

La cuarentena también le puso pausa a algo que seguramente se retome cuando se termine el aislamiento: un grupo de pescadorxs que viven en la isla (entre ellxs Bárbara) se están vinculando con el MTE (Movimiento de Trabajadores Excluidos). La idea es armar una organización en la isla y generar redes de comercialización para, por ejemplo, vender pescado en las ferias.

Comercio internacional y sobre dragado

El río Paraná abastece de agua potable a siete provincias argentinas. Por eso, otra arista que trae aparejada la bajante es la complicación en algunos lugares como Puerto Iguazú con respecto a las tomas para la potabilización del agua. Pero el problema no es sólo de cantidad de agua sino también de calidad. Las grandes ciudades de la Cuenca del Plata fueron desarrollando sus actividades industriales a la vera del río y los efluentes que generalmente desechan, en este momento se mezclan con una cantidad mucho menor de agua. El profesor Juan José Neiff se refiere a la incorporación de fósforo y nitrógeno en el agua que genera procesos caracterizados por la presencia de cianobacterias: algas verdes con compuestos tóxicos que generan problemas de tratamiento para las aguas. De esta manera el tratamiento del agua es más costoso y más difícil de lograr. Julián fue a limpiar el barco y encontró bolsas, botellas y demás elementos en el barro, que lo describe como algo negro, espeso y oloroso. “Esa contaminación está siempre pero al pasarle el agua por encima queda en el fondo”.

Foto: Eduardo Bodiño

Si seguimos girando las aristas del cubo, la complejidad de la situación muestra una problemática que no es nueva pero que vuelve a aparecer en estos momentos de bajante: la ´pampeanización´ de las islas en la cual los productores empresariales aprovechan la sequía para hacer terraplenes y de esa manera evitar que entre agua en sus campos en las épocas de crecida. También, cuenta Laura Prol, usan los terraplenes de caminos internos a los campos. “Esto es un problema desde que se produjo el avance ganadero en las islas en la década pasada. La pampeanización está directamente relacionada con la quema en las islas”.

Durante el proceso de la bajante se desmoronó el canal principal del río en el kilómetro 390 entre Arroyo Seco y Villa constitución. Para Julián, es lógico que se desmorone “si le siguen sacando tierra estando en un terreno húmedo”. Dice que es parte del negocio que tiene la empresa que mantiene la hidrovía. “En ríos como el Misisipi o el Yangtsé en el sudeste asiático, los barcos se adaptaron al río, pero acá adaptamos el río a los barcos”, dice Julián.

Desde el Taller Ecologista hicieron hace unos años una investigación sobre las costas y barrancas del Paraná. Laura Prol explica que el desmoronamiento está vinculado con la falta de presión del agua porque las barrancas que caen a pique están vivas y se erosionan constantemente. “Cuando desciende el agua se producen estos fenómenos de erosión y desmoronamiento de barrancas”.

El desmoronamiento complicó la navegabilidad, pero en plena cosecha el comercio exterior no puede detenerse. Por eso las tareas de dragado permitieron que los buques de ultramar sigan entrando seiscientos kilómetros hasta el corazón del país. Los números: el sector agroindustrial de la zona del Gran Rosario concentra el 80% de la capacidad de procesamiento de soja y girasol a nivel nacional. Desde estos puertos salió el año pasado el 67 % de los granos, el 96% de las harinas y el 93% de los aceites vegetales que exportó Argentina.

Con el mismo objetivo de garantizar la navegabilidad del río, la represa Itaipú (empresa brasilero-paraguaya) decidió liberar agua. Juan Carlos Muñoz, vicepresidente del Centro de Armadores Fluviales y Marítimos del Paraguay, declaró en los medios que esta decisión facilitaría el transporte fluvial de 200.000 toneladas de soja que significan alrededor de 100 millones de dólares. Además, según sus declaraciones, permitiría movilizar barcazas vacías para sacar 1.500.000 toneladas de soja, que equivalen a unos 600 millones de dólares más.

El año que viene vence la concesión que hoy tiene Hidrovía S.A. -consorcio formado por la empresa belga Jan de Nul Group junto a la empresa argentina Emepa S.A.-. Laura indica que todas las tareas de señalamiento, dragado y mantenimiento de la hidrovía que antes hacía el Estado Nacional, desde 1995 se concesionaron a un privado. La empresa cobra peaje a cambio de todas las obras. “El dragado se está haciendo habitualmente sin ningún control. En los noventa el Estado tenía que crear un órgano para supervisar las obras que se hiciesen en el canal pero nunca se conformó”. Desde el Taller Ecologista, cuestionando que no se contemplaban los efectos del modelo agroexportador, intentaron conseguir (con poca suerte) los estudios de impacto ambiental.

Algunas estimaciones indican que la bajante puede prolongarse hasta el final del verano que viene. Mientras tanto, el comercio internacional continúa. Como también los múltiples efectos que produce esta bajante extraordinaria.

 

 

 

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