¿Por qué el ambiente pide a gritos la implementación de políticas con perspectiva de género? ¿Qué prácticas y saberes aportan los feminismos para el cuidado y la preservación de nuestros humedales? La organización en los territorios y el ecofeminismo como paradigma posible. 

Por Milena Schilman. Foto: Edu Bodiño

La región de los Humedales cubre a nivel mundial aproximadamente 12,1 millones de km2. En Argentina la superficie ocupada es de 600.000 km2, según se publicó en el último Inventario Nacional de Humedales. Esto se traduce en más del 20% del territorio del país. Si bien es un área extensa, resulta fundamental protegerla, debido a que la intervención humana ha hecho y continúa haciendo estragos. El sitio web Ley de Humedales Ya, llevado adelante por el Programa Humedales sin Fronteras Argentina (compuesto por las organizaciones Cauce, Fundación Ambiente y Recursos Naturales, Taller Ecologista y Casa Río) indica que las principales causas de degradación y vulnerabilidad de estos sitios son: “la ampliación de la frontera agrícola, el uso de agrotóxicos, la actividad minera, la sobreexplotación de bienes naturales, el desarrollo industrial e inmobiliario, las especies invasoras y el desecho de residuos mal tratados”.

Cuidar el ecosistema no solo es un acto de supervivencia, es una tarea colectiva. Tres mujeres aportan su voz y su mirada desde diferentes puntos del país. Se organizan y buscan poner freno a este sistema injusto, que arrasa con todo a su paso. Ambiente y feminismo, un lazo necesario para habitar la tierra desde una perspectiva en la que los cuidados son la prioridad.

Poner el cuerpo: espacios de reflexión y acción conjunta

El Taller Ecologista es una organización socioambiental que funciona en nuestra ciudad desde hace 37 años. Sus integrantes trabajan de manera interdisciplinar, por lo que cuentan con siete diferentes áreas de trabajo. La más reciente de ellas, que surgió en 2016, es el área de Ecofeminismo. Sofía Naranjo, quien forma parte de dicho espacio, cuenta que el área nació “al calor del Encuentro Nacional de Mujeres en Rosario y en confluencia con el área de trabajo de Soberanía Alimentaria, que también forma parte del Taller Ecologista, dado que en ese año se hicieron una serie de encuentros vinculados con mujeres productoras”.

El año pasado, las siete integrantes del espacio presentaron el libro “Cocinando el ecofeminismo: ingredientes para aportar a una transición socioecológica”, declarado de interés municipal y que puede descargarse de forma gratuita. En sus 84 páginas se plasma el recorrido realizado y el marco teórico desde donde se posicionan. Sofía cuenta: “La publicación tiene una doble función. Por un lado, da cuenta del recorrido. De cómo en una organización tan histórica y mixta, de manera bastante pionera, se formaliza un área de trabajo como esta. La apuesta a que este área ayuda a transversalizar la perspectiva feminista hacia dentro de las otras áreas, a la vez que las otras áreas también trabajan de manera trasversal. Y por otro lado, el libro da cuenta de nuestra mirada, nuestros lentes verdes y violetas hacia dentro del trabajo histórico de la organización”.

María Paula Ruiz Díaz pertenece al Taller Flotante, una plataforma que nuclea diferentes proyectos ambientales educativos, productivos y de educación interrelacionados que trabajan en el territorio fluvial y con la comunidad. Desde la localidad entrerriana de Victoria cuenta: “Los trabajos en general empiezan con derivas, visitando lugares específicos en los que nos gusta trabajar, como la costa o la isla. Ahí empezamos a ver si existe alguna cuestión que se pueda aprovechar para así generar proyectos para la comunidad”.

Una de las iniciativas que están desarrollando está vinculada al turismo comunitario del litoral en relación al cuidado de las orillas y pensado junto a las propias comunidades. También cuentan con publicaciones acerca de la flora y la fauna del Litoral para ser trabajadas con las primeras infancias. “La idea es siempre que podamos llevar adelante un proyecto inicial, que después tome vuelo propio”, expresa María Paula..

Entre otros proyectos se encuentra Río Feminista, una extensa red que comenzó en 2018 y donde participan activamente mujeres de diferentes ámbitos y de gran cantidad de lugares del país. Una de ellas es Carolina Guiña, residente del Tigre. “Cuando suceden cosas en el territorio, somos las mujeres quienes estamos poniendo el cuerpo”, comienza diciendo. Y detalla: “Desde esa fusión, en donde las ciencias y las artes se mezclan, es que abordamos distintos temas. Por ejemplo, hay fotógrafas que exponen imágenes y sobre ellas se trabaja un texto. Y hay quienes son ilustradoras y hacen dibujos. Y luego en las marchas y movilizaciones se arman pegatinas”. Cuenta, entonces, que a partir del diálogo, cada una aporta desde su lugar, desde su mirada, desde donde siente que puede sumar al trabajo colectivo. Este heterogéneo grupo ya realizó encuentros virtuales y presenciales, además de compartir un grupo de whatsapp en el que se comunican diariamente.

Feminismo y ecología: una dupla que se entrelaza

“El ecofeminismo no es ni más ni menos que un feminismo sistémico que intenta cuestionar las bases del patriarcado de fondo. Y en ese fondo encontramos que el patriarcado genera una sinergia y necesita del capitalismo, de la explotación de personas, de precarizar sectores, de generar zonas de sacrificio en territorio, de cuerpos, de vidas que valen más y de otras que valen menos, de territorios que se sacrifican para contaminar, saquear y extraer en pos de una acumulación”, explica Sofía. Y agrega que esto genera una crisis múltiple y global. “Este sistema patriarcal y capitalista le da la espalda y le hace la guerra a la vida”, continúa. Afirma que el ecofeminismo debe buscar, visibilizar y poner el foco en los cuidados y en los procesos ecosistémicos; es decir, la interdependencia y ecodependencia, que sostienen materialmente la vida.

“Para los ecofeminismos, “ecodependencia” e “interdependencia” son dos conceptos fundamentales a la hora de repensar nuestros vínculos con la naturaleza y otros seres humanos y no humanos, y permiten articular un diálogo entre el ecologismo y los feminismos, a nuestro entender los movimientos sociales más importantes del último siglo. La pandemia puso en evidencia que la vida campesina, los sentidos de comunidad, el cuidado y la reciprocidad son centrales en el sostenimiento de la vida; que es posible vivir sin ese consumo exacerbado que provoca destrucción ambiental y que amenaza la vida misma en el planeta; que la felicidad y la calidad de vida tienen dimensiones más relevantes que el poseer y acumular cosas, como es vivir en un tejido de relaciones afectivas confiables . La necesidad de potenciar una transición (que ya está en marcha) hacia otras formas de producir, distribuir y consumir es impostergable, y estamos convencides de que el encuentro en la lucha entre estos dos movimientos es clave para avanzar hacia un verdadero cambio civilizatorio.”

María Paula aporta su mirada y también hace referencia a los cuidados: “El ecofeminismo como terminología definitoria de lo que hace un grupo de mujeres a veces es como un poco extranjero. Nos ha pasado de estar hablando con compañeras que pescan a la par de sus maridos y entienden perfectamente cuáles son los ciclos de la vida porque los viven en su comunidad. Y entonces, ¿qué les voy a hablar de ecofeminismo? Me siento, las escucho y entiendo que no es ese formato de ecofeminismo europeo, sino que lo que existe es un ecofeminismo más territorial, que tiene que ver con el cuidado de la vida”. Además, agrega que el feminismo, desde sus inicios, habla del cuerpo como primer territorio. Entonces, todo aquello que existe por fuera del mismo tiene una relación directa con él. “Si se piensa al cuerpo como un todo, se termina también siendo paisaje, tierra, agua. Es eso, la vida misma”, detalla.

Carolina retoma el concepto del cuerpo como territorio. “Quienes habitamos las islas conocemos muy bien esto de que la palabra no tiene un vacío, sino que cada vez que se enuncia una palabra, existe, se concreta, se materializa. Y en el entorno esto está sucediendo. A mí me queda en resonancia esto que hemos cantado en las marchas a favor del aborto: “Que arda, que arda”. Y ahora que está ardiendo, es la caída del patriarcado también. Es en la consciencia, en el habitar y en el conectar con la pachamama. Una sabe que el cuerpo es territorio”.

Si se piensa al cuerpo como un todo, se termina también siendo paisaje, tierra, agua. Es eso, la vida misma.

Aquí y ahora: ¿Qué está aconteciendo y cómo podemos avanzar?

Sofía considera que “faltan políticas preventivas, públicas, serias, rigurosas, sostenidas en el tiempo para conservar los humedales del Delta del Paraná. Siempre hubo quemas en las islas porque es parte de cómo se produce la ganadería, que es histórica en este territorio. Vemos que no hay una intención, tanto de los gobiernos provinciales como del gobierno nacional de generar políticas públicas de prevención”.  Menciona al Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible en el Delta del Paraná (PIECAS-DP), un acuerdo firmado en el 2010, que integra a Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, junto al gobierno nacional, originado a partir de graves incendios ocurridos en 2008. Según indica la página web del Gobierno nacional, el acuerdo “tiene objetivos tendientes a establecer pautas de sostenibilidad en las actividades en el delta e islas del río Paraná, asegurando su integridad sistémica en el corto, mediano y largo plazo”.

El PIECAS se activó en el 2020 pero la información que nos dan a las organizaciones es escasa o nula. No sabemos qué objetivos ni qué plazos tiene. Interpretamos que hay poca voluntad para ese tipo de políticas

El reclamo del Taller Ecologista, así como de otras tantas organizaciones ambientales, es por la efectiva implementación del programa, a través de un proceso participativo con todxs lxs actorxs que se encuentran presentes en el territorio. “Estamos pidiendo políticas preventivas en un contexto de casi tres años de bajante histórica del Paraná y de sequía regional y en la parte alta de la cuenca del río. Entonces, más urgentemente deberíamos pedir medidas para evitar que el territorio se queme. El PIECAS se activó en el 2020 pero la información que nos dan a las organizaciones es escasa o nula. No sabemos qué objetivos ni qué plazos tiene. Interpretamos que hay poca voluntad para ese tipo de políticas”, detalla Sofía.

Para concluir, indica que lo que se busca es lograr la sanción de la Ley de Humedales, para proteger otras áreas “como los Humedales pampeanos, la cuenca del Arroyo Ludueña o la cuenca del Arroyo Saladillo”. Y sobre esto dice: “Que se apruebe el proyecto consensuado, que fue el que se trabajó entre ONG´s, comité de expertos, científicos y diputados de varios bloques. Perdió estado parlamentario en el 2021 y fue el que se volvió a presentar el 2 de marzo”.

En ese sentido, María Paula coincide. Cree que hay una ausencia de control y de políticas públicas dado que no se informa qué es lo que sucede en los Humedales. “Hay una cuestión que tiene que ver con el ordenamiento territorial, como primera medida. Saber qué hay y para qué es posible usarse cada territorio es fundamental”. Tal es así que considera que, tanto la Ley de Humedales, como el Piecas, darían una respuesta favorable a la problemática.

Luego, continúa: “Las quemas tienen otras cuestiones de raíz. Prender un fuego y pensar que es solamente para producción es sesgar un poco la visión. En la isla se quema desde siempre. El cuidador de animales de la isla ha quemado siempre alrededor de su casa para matar bichos o víboras. Más allá de la pastura, porque en realidad el animal va a la isla para el engorde. No puede llevarse para crianza porque se enferma, es un lugar muy húmedo. Entiendo esta lógica de que sí, de que está la búsqueda de las pasturas nuevas, pero también sucede con el peón de campo que está ahí. Quizás no hay una buena educación sobre el manejo del fuego en estas circunstancias. Hace tres años que estamos en bajante y que el dragado del brazo grande del Paraná, frente a Rosario, se está haciendo troche y moche para que puedan pasar los buques. Y todas las bocas de entrada a todos los riachos intermedios del humedal están tapadas. Y, además, esta sequía sirvió para que un montón de productores hicieran terraplenamiento para correr el agua y secar espacios. Sumás todo eso junto y tenés un fuego que no para”. Por otro lado, detalla que los arroyos internos, que en tiempos anteriores contenían las llamas, dejaron de existir.

Carolina toma la palabra y reflexiona acerca de las maneras en que aparecen representadas en la conciencia de cada persona cuestiones en relación a aquello que nos rodea. “A veces el isleño que labura en el monte tiene otros términos para referirse, por ejemplo, a cuando el río está lleno de ramitas, camalotes y juncos. Le dicen basura. Y esa mugre no es mugre. Entonces, reitero lo de la palabra. Cómo cada uno en las subjetividades nombra y define otra cosa. Muchos al desmonte le dicen limpieza. Y es muy duro pensar que esa persona es un laburante, y no un empresario que hace countries, draga y se está llenando los bolsillos. Sino que es un laburante que es el eslabón inicial, el que está poniendo el cuerpo al terricidio. Entonces, es muy difícil. No se lo puede acusar porque es parte de un sistema de vida que se genera”.

¿Cómo hacemos, desde nuestro lugar, para apostar a la vida entre tanto humo que nos ahoga? La naturaleza se manifiesta. Ante el avance de un futuro devastador, los cuidados son prioridad.

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