El Almacén de las Tres Ecologías, un espacio de red cooperativo y cultural inédito en Rosario, fue desalojado violentamente por el Estado municipal el 30 de enero pasado. Ubicada en una zona neurálgica de la ciudad (Roca y el río) esta experiencia de economía solidaria es una de las pocas que hay en el país. Pero la Municipalidad decidió rescindir el contrato de uso de manera unilateral, tras 11 años de renovación automática. Lo que emerge tras el cierre intempestivo que deja a más de 70 familias sin un espacio de venta directo en el galpón que pertenece a la Subsecretaría de Economía Social, es la pregunta por la ciudad: la que se sueña y la que se negocia. Allí donde se pretende instalar la lógica del consumo comercial, el Almacén supo construir comunidad, trabajo sin patrón y un sello identitario con amplio respaldo social.
Las puertas del galpón que aún lleva los colores de la tierra, el mural del artista Emilio Haro Galli y los rostros de la diversidad pluricultural, permanecen cerradas desde el 30 de enero de este año. En su interior todavía queda algo del mobiliario de las cinco organizaciones y cooperativas (Cooperativa de Trabajo Encuentro, Grupo Autogestivo de Emprendedoras Sociales, Cooperativa Mercado Solidario,Centro Ecuménico Porijahu y Cooperativa Encuentro de Productores Rurales) que gestionaban desde hace 11 años el Almacén de las Tres Ecologías. Porque lo que hasta cuatro meses era un espacio de vida y un espacio vivido, hoy parece un lugar sin alma. El desalojo violento y arbitrario por parte del Estado municipal cumplió su cometido: desarticular, en una de las zonas de la ribera rosarina codiciada por el mercado, la identidad comunitaria y colectiva de un espacio de red cooperativo inédito en la ciudad y uno de los pocos que hay en el país.
La historia del Almacén fue contada en enREDando meses después de que sus puertas se abrieran en una de las viejas instalaciones que fue parte de las estructuras de la estación Rosario Central -clausurada y desguasada en 1977- y desde donde salió la primera línea de trenes que unió las provincias de Santa Fe y Córdoba, a comienzos del 1900. Durante el menemismo, muchos de los galpones quedaron abandonados tras la política de destrucción de los trenes argentinos. El ONABE, organismo nacional encargado de administrarlos, traspasó su gestión a las jurisdicciones locales que luego repartieron los espacios a las distintas secretarías municipales. La nave que en parte ocupaba el Almacén quedó bajo la órbita de la entonces Secretaria de Economía solidaria y en la actualidad, es el único espacio público que depende exclusivamente de la hoy Subsecretaria de Economía social que depende de la Secretaría de Desarrollo Humano y Hábitat a cargo de Nicolás Giannelloni.
A la Red de Comercio Justo del Litoral y la Red ENES (Encuentro Nacional de Economía Solidaria) les llevó más de dos años lograr que la Municipalidad aprobara el proyecto. De tanto insistir, lo que parecía un sueño lejano se convirtió en el 2015 en una experiencia concreta de trabajo en red sostenida bajo principios fundamentales: la distribución solidaria, el cooperativismo y el respeto al medio ambiente. “Nosotros la llamamos una economía de la emancipación”, decía Roberto García, referente del espacio, al año de su apertura. “Porque en definitiva, a lo que apuntamos es a una economía que emancipe las formas de producir, de relacionarnos como seres humanos”.


Hablar de tres ecologías no es azaroso. Su nombre retoma el texto de Félix Guattari quien interrelaciona tres conceptos de la ecología: ambiental, social y mental. Así lo entienden quienes le dieron vida al Almacén: “Son tres ideas que nos interesan profundizar. El cuidado y respeto de la naturaleza que se expresa en nuestras producciones y por supuesto en las producciones campesinas e indígenas y la ecología también pensada en cuanto a las relaciones sociales, y con la construcción subjetiva. Buscar la transformación subjetiva y colectiva en esta dinámica de trabajo es para nosotros un horizonte y desafío” explicaban.
El acuerdo con el Estado Municipal tuvo dos aspectos claves: por un lado, el contrato de cesión de uso precario con renovación automática cada dos años, y por el otro, la condición de incorporar al espacio, a un grupo de emprendedoras sociales que pertenecen a la órbita de las ferias municipales. En lo que respecta a la gestión y administración, todo quedaba en manos de las organizaciones productoras. Plena autonomía y trabajo sin explotación de mano de obra. “Así funcionamos todo este tiempo y cada dos años se realizaba una renovación automática en la medida que no se presente dificultad de ninguna de las partes. Con más o menos ganas la Municipalidad lo ha ido renovando sin problemas” explica David Gabay, presidente la cooperativa Mercado Solidario, miembro de la Red de Comercio Justo del Litoral. En el 2016 recibió la Declaración de Interés municipal en el Concejo a instancias de un proyecto presentado por la recordada concejala Celeste Lepratti. El Almacén constituía una de las pocas experiencias de red cooperativa de todo el país con una lógica de intercambio justo y con precios fijados por los propios productores.
El año pasado se encendió la alarma cuando comenzaron las obras del flamante Mercado del Río, un espacio de 200 metros cuadrados lindero al Almacén, donde se incluyen 9 locales con servicios y patio de comidas. Así lo promocionaban las redes del municipio: “gastronomía local, buenos momentos y una costa que se empieza a vivir distinto”.
“Cuando inaugura el Mercado del Rio empieza a haber dificultades eléctricas. Nosotros entendemos que no hubo una evaluación técnica precisa sobre el caudal energético necesario para el funcionamiento de ese proyecto. Y en noviembre y diciembre 2025 nos dicen que necesitaban hacer arreglos eléctricos. Previo a eso, nos habían quitado la llave de acceso a un sector donde estaba el tablero eléctrico y un depósito de agua. Nosotros nunca nos opusimos a las obras que tenían que hacer, siempre estuvimos a disposición para que pudieran hacer los trabajos necesarios”, cuenta David. El 29 de enero de este año fueron convocados a una reunión con el nuevo Subsecretario de Economía Social. “Nos dicen que ellos necesitaban que nosotros dejemos el espacio cuanto antes porque tenían que hacer obras importantes y no sabían cuanto tiempo iba a demorar”. Nunca explicaron qué tipo de obras estaban planificadas, ni cuánto tiempo tardaría. “Solo querían que nosotros desalojemos el espacio. Les dijimos que tenemos un contrato vigente y que por lo tanto lo que planteaban lo íbamos a llevar a la asamblea interna para debatirlo”.

Veinticuatro horas después se encontraron con personal municipal destrozando el candado del galpón, cambiando la cerradura y descargando veinte bolsas de cemento y bloques de ladrillo, material de obra que a priori no estaría destinado a la supuesta reparación de un desperfecto eléctrico. “Fue un desalojo de facto y una violación al contrato vigente por parte del Municipio. Desde entonces ya no pudimos volver a ingresar al galpón. Adentro quedó incautada nuestra mercadería” que empleados de la Secretaría de Control intentaron llevarse, otro atropello que fue impedido por los propios productores. ”Era una incautación ilegal a la propiedad privada de las organizaciones que componemos ese espacio. Somos cooperativas legalmente inscriptas con un contrato firmado vigente con la municipalidad. Por lo tanto, ese día todo fue una ilegalidad y un atropello estatal hacia este grupo de productores. Pudimos frenar que se lleven producciones, pero previo maltrataron todos nuestros productos”.
Desde entonces, las cinco cooperativas y organizaciones que gestionan el Almacén iniciaron un plan de resistencia que tuvo su primer hito esa misma tarde con una asamblea multitudinaria frente al galpón. El apoyo de amplios sectores sociales, políticos, gremiales y de gran parte de una ciudadanía que recorría el espacio cada fin de semana ayudó a visibilizar el conflicto. Las ferias de los sábados y domingos en pleno paseo ribereño, la radio abierta y las reuniones en el Concejo municipal con distintos bloques políticos son algunas de las acciones que forman parte de la lucha por lograr la restitución del espacio que -saben-no será tarea fácil.

La ribera en disputa
El 11 de febrero el Almacén de las tres Ecologías celebró su cumpleaños número once en la calle. Ya no contaban con el local abierto al público, pero sí con la enorme convicción de no rendirse frente al desalojo estatal. Ese mismo día, “como si hubiera sido guionado por un espíritu perverso” recibieron una resolución firmada por el intendente Pablo Javkín, en la que se rescindía de manera unilateral el contrato vigente hasta la fecha, alegando presuntos incumplimientos en el mantenimiento del espacio.
La respuesta del Almacén fue contundente: “la resolución asegura que el espacio fue entregado en adecuado estado de conservación y limpieza, cuando en verdad cuando recibimos el lugar éste era un depósito sucio, lleno de cosas en desuso. También, que en reiteradas oportunidades nos reclamaron por el estado del espacio (cuando en verdad no hemos hecho otra cosa que mantenerlo y arreglarlo con fondos propios), aunque, sin embargo, no existe ningún acta de reunión donde nos hayan notificado dicho reclamo. O que el espacio presenta falencias de agua (siempre las tuvo y la sigue teniendo porque la zona no cuenta con instalación de caños adecuados) y fallas eléctricas (las mismas las provocaron cuando abrieron el patio de comida contiguo). Nunca nos hicieron un acta de inspección fehaciente, y en nuestra presencia, como sucede con cualquier local comercial de la ciudad, que luego puede resolverse en caso de ser necesario por la vía administrativa; por el contrario, dicen tener un acta pero nunca la entregaron y de existir la misma es del mismo día de la toma ilegal del espacio”.
Desde el Almacén entienden “que cometieron esta serie de irregularidades con el solo objetivo de desalojar (y posiblemente disciplinar) rápidamente a las cinco organizaciones y cooperativas que allí trabajamos para seguir privatizando el único espacio que está bajo la égida de “Economía Social” del municipio, en toda la costa rosarina, desvirtuando el objeto de esta área del estado que debe promover la producción, la comercialización y el consumo de la economía solidaria, social, popular y cooperativa en lugar de avanzar en concesiones a firmas privadas que no responden a los principios y filosofías de la solidaridad y la cooperación”.
Hasta ahora no se sabe qué destino tendrá el espacio a pesar de los pedidos de informes elevados al Ejecutivo. Lo que tienen en claro es que la existencia de un espacio de economía solidaria molesta en esta franja de río reconvertida en un paseo de consumo comercial. “Creemos que lo que quieren es expandir el Mercado del río y privatizar el ultimo espacio publico sobre la ladera del río. Nosotros no somos parte de la estética que ellos quieren para la costanera central” dice David. Aún así, el Almacén continúa con las reuniones en el Concejo a la espera de alguna propuesta que contemple la esencia del proyecto cooperativo. “En el discurso dicen que somos muy importantes, pero en los hechos nos desalojan”.
“Faro de solidaridad, lucha y trabajo colectivo. Gracias por hacer de este mundo un lugar mejor”. “Los proyectos solidarios y colectivos son el futuro de la humanidad. El Almacén de las tres ecologías los lleva adelante y son nuestro futuro”, “fuerza y a no bajar los brazos” “gracias por tanto a este espacio de amor y magia. Que la cultura nos siga uniendo”, “Rosario los necesita, que la municipalidad recapacite” fueron algunos de los muchos mensajes que dejaron visitantes que se acercaron a la feria, el día de su cumpleaños. Reflejo de puño y letra de la potencia solidaria de una experiencia que es un faro de resistencia socio-cultural.

El trabajo, la ecología y la comunidad
Maru se sumó al Almacén como parte del grupo de emprendedoras sociales que participan de las ferias de la Municipalidad. Hace cinco años llegó al espacio para gestionar mucho más que un espacio de intercambio de productos. Acá aprendió el sentido del cooperativismo y la ayuda mutua. De lo que significa el trabajo en red, de lo que implica la autogestión. De la horizontalidad como herramienta en la toma de decisiones. Acá se sintió parte de una grupalidad.
Fue después de sus 50 años cuando decidió dedicarse de lleno a la pintura sobre tela, luego de una pandemia que la dejó prácticamente sin trabajo. Se integró a la feria de la Plaza Sarmiento como emprendedora y luego al grupo del Almacén donde la lógica de trabajo es muy diferente. “La idea de ser emprendedor tiene un sesgo individualista. Pero acá aprendimos otra cosa. Empezamos a dejar lo individual para trabajar bajo un modelo colectivo. Todo se decide de manera asamblearia”.
Son entre 12 y 14 emprendedoras sociales las que participan activamente de la co-gestión del Almacén. Todas fabrican distintos productos artesanales y todas comparten una misma realidad en este contexto de crisis y ajuste económico: la necesidad de contar con más de un ingreso para llegar a cubrir el mes. El impacto del cierre intempestivo del Almacén no solo es simbólico. Se trata también de un ataque a la fuente laboral de más de 70 familias. “En las ferias hay toda otra movida que implica el traslado, llevar las producciones y todo esto se suma a una disminución efectiva en ventas. En lo económico a mí me afectó muchísimo” dice Maru. Su situación es muy similar a la del resto de sus compañeras. Cerraron “una vidriera de venta” porque el Almacén es un espacio que se consolidó en una zona altamente concurrida por rosarinxs, y por el turismo de fin de semana. “A veces no compran en el momento, pero la gente vuelve, porque sabe que estamos acá. Es un paseo y también era un punto de entrega para nosotras. Hay un montón de cosas que se pierden. Hay compañeras jubiladas cuyo emprendimiento es un ingreso extra muy necesario. Si en algún momento pudimos lograr vivir de esto, ahora se complica más. Es restar un espacio de venta”.
Para Maru no es lo mismo participar de una feria que integrar un espacio socio-cultural y de gestión cooperativa. “No queremos perder la esencia de lo que es el Almacén de las Tres Ecologías”. Y habla de la identidad, los vínculos, el arte y de todo lo que significa crear comunidad. “Es barrer con todo lo que significa lo popular y autogestivo y es una lógica que excede a la Municipalidad” dice al tiempo que dispara la pregunta que aún no tiene respuesta: “¿Por qué faltando 4 meses para finalizar un contrato hacen esto? En algún momento fue mi mayor sostén, y ahora tengo que tener otros trabajos porque no llego a fin de mes”.
Para David, el impacto económico “es tremendo y directo”. “la cooperativa encuentro es un grupo de mujeres que también han perdido su espacio propio y este espacio es fundamental, y para la Red de Comercio Justo del litoral también, es un lugar neurálgico de venta. Entonces, hay 70 familias directas que dependemos de las producciones de este espacio”. No solo eso: el Almacén de las Tres Ecologías articula con decenas de espacios productivos de todo el país. Hasta acá llegan alimentos hechos en Misiones, Salta, Mendoza, Córdoba, solo por mencionar algunas de las tantas provincias que tienen polos productores de manera cooperativa. Se trata de una enorme red de comercio justo que hoy se encuentra con un espacio de comercialización desalojado por el municipio rosarino. “Probablemente seamos más de 1000 familias que estamos ligadas a este espacio de venta directa” grafica David.
El presidente de la cooperativa Mercado Solidario también habla del sentido identitario del proyecto. Una huella que durante 11 años generó encuentro y diversidad cultural en un punto neurálgico de la ciudad. Desde su apertura el Almacén recibió distintas actividades e iniciativas como ferias de Editoriales independientes y autogestivas, la IV Feria Nacional de la Red del Litoral, la realización de un Mural colectivo itinerante junto a los Padre de los Estudiante Desaparecidos de Ayotzinapa organizado por la Otra Casa, el festejo por los 30 años del Taller Ecologísta de Rosario, la VII Asamblea Regional de Pueblo Fumigados, la jornada Mil Ferias para la CIudad de Rsario junto a 14 Ferias populares, autogestivas y autónomas de nuestra ciudad, el 1º Encuentro Intercultural por el Buen Vivir organizados por las comunidades Qom, Guaraní, Kolla y Mapuche. Además de presentaciones de libros con las editoriales cooperativas Eloísa Cartonera y Último Recurso y muestras de artes entre las que se destacan la del muralista Emilio Haro Galli. Todo esto en la zona de Presidente Roca y el río, una de las más concurridas y vistosas de Rosario.
Por eso, no da lo mismo cualquier lugar. “Acá estamos disputando la privatización de la ribera rosarina. Este es un espacio que depende de una subsecretaria de economía social. ¿Por qué toda la zona tiene que estar en manos privadas?. Nuestro deseo es permanecer en este lugar para decir que no queremos que la economía solidaria esté relegada y oculta en otro espacio de la ciudad. Cuando abrimos por acá transitaba muy poca gente, hemos construido consenso e identidad y eso la gente lo sabe”.
En definitiva, lo que emerge es la pregunta por la ciudad. La que se sueña, la que se disputa, la que se negocia. Por su modelo cada vez más privatista y por el valor que una gestión de gobierno le otorga a una economía solidaria y emancipatoria, más allá del nombre de una subsecretaría que parece vaciada de sentido. Por los modos de habitar y recorrer la ribera rosarina.
Para Maru, el Almacén es mucho más que vender o comprar productos, la lógica consumista y capitalista de cualquier patio de comidas o negocios comerciales. Y destaca valores necesarios para pensar otras formas que ella aprendió del trabajo: autogestión, consumo responsable, cuidado del ambiente, compañerismo. “Saber que nunca estás sola porque acá lo que importa es la naturaleza, las relaciones humanas y comunitarias. Esa es la esencia del Almacén de las tres Ecologías”.