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¿Fábrica o Uber?

  • 29/04/2026
  • Eli Soldano
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Desde diciembre de 2023 a esta parte, se engrosó la lista de trabajadores despedidos o suspendidos. La caída del consumo y la apertura de importaciones expulsó del sistema formal a miles de obreros que pasaron a rebuscársela con lo que encontraban: desde manejar un Uber hasta vender pan casero, pastelitos, torta asada o hacer changas de albañilería, electricidad, plomería o jardinería. Según datos de CEPA se perdieron casi 400 puestos de trabajo registrado entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025.

“Voy a tener que salir a hacer Uber”, dice Fabián, quien tiene 55 años y hasta noviembre del año pasado trabajaba en una estación de servicio ubicada en el macrocentro rosarino. Fabiana pasó dos décadas de su vida en el frigorífico Euro de Villa Gobernador Gálvez, pero cuando la firma cerró se quedó sin sueldo para afrontar el alquiler y el pago de impuestos, por lo que se vio obligada a irse a vivir a la fábrica junto a sus hijos. “De haber tenido que salir a buscar otro laburo, hubiera sido como electricista domiciliario, pero la oferta es infernal”, añade OS, operario de la Algodonera Avellaneda, una empresa textil que estuvo paralizada por más de cinco meses y recién a mediados de marzo retomó su producción.

Fabián Talavera, Fabiana Carabajal y OS son sólo tres nombres –o iniciales– de una larga y triste lista de trabajadores que en los últimos dos años y medio sufrieron los embates de una crisis económica en donde los despidos, suspensiones y la incertidumbre laboral estuvieron a la orden del día: la estación Servicios Gas Automotores SRL, ubicada en Maipú y 27 de Febrero, cerró sus puertas en noviembre y dejó a quince empleados en la calle; en septiembre del año pasado el frigorífico Euro comenzó a despedir trabajadores y en octubre paralizó su producción, con un saldo de trescientas familias sumidas en la incertidumbre laboral; y entre fines de septiembre y mediados de marzo la Algodonera Avellaneda estuvo prácticamente inactiva y sus más de trescientos operarios estuvieron bajo esquemas de suspensiones.

El empleo formal en crisis

Fabián Talavera trabajó por 34 años en la estación de servicio ubicada en las puertas de la zona sur rosarina. A pesar de que el comercio tenía un buen nivel de expendio –vendían “cualquier cantidad” de gas natural, en palabras del empleado– en noviembre del año pasado el dueño (Ricardo Lomoro) decidió cerrar el negocio. Así comenzó una verdadera odisea para las quince personas que vivían de este lugar: algunos hicieron guardias día y noche para evitar el vaciamiento del establecimiento, mientras que otros se vieron ante la necesidad de buscar otra fuente laboral.

“Noviembre fue el último mes que trabajamos. A lo largo de diciembre, enero, febrero y marzo nos prometieron que iban a reactivar la estación, pero no pasó nada. El lugar está medio abandonado, ahora cuidamos a la noche porque se robaron la mitad de las cosas. Cuando empezó esto éramos quince empleados, algunos se quedaron y hacían guardias, pero la mayoría enseguida buscó otro trabajo porque se las veían mal. Ahora somos tres personas que estamos peleándola, pero no aguantamos mucho más, son cuatro meses sin cobrar y en cualquier momento abandonamos. Ya no sabemos qué hacer”, contó. 

Y señaló: “El dueño primero nos dijo que tenía un comprador, que estaba todo arreglado con el abogado, pero después nos reconoció que la operación se cayó porque aparentemente la estación tenía muchas deudas. Ahí dijo que la iba a reactivar, pero tiene que pagar la luz, el gas y el agua, esos servicios están cortados y él sostiene que no se los refinancian”.

De los quince trabajadores que tenía la estación –con antigüedades que iban desde los treinta y cuatro a los seis años–, ninguno recibió un telegrama de despido, es decir, no fueron oficialmente desvinculados, situación que los perjudica a la hora de cobrar el Fondo de Desempleo. No obstante, al no recibir sus salarios, muchos empleados sí enviaron documentos judiciales informando a la patronal que se consideraban despedidos.

***

Fabiana Carabajal empezó a trabajar en Euro cuando tenía poco más de veinte años. La empleada detalló que los problemas en el frigorífico comenzaron a inicios del 2025 y se agudizaron a partir de octubre: “Hace seis meses que no nos pagan el sueldo ni recibimos ningún tipo de información ni avance. Los dueños de la empresa quieren vender o alquilar, pero hasta ahora no llegaron a un acuerdo”.

También apuntó que cuando la firma estuvo bajo la tutela de Luis Lequi –el antiguo dueño– nunca hubo problemas de ventas: “Exportábamos a muchos países y, en lo que era mercado interno, cubríamos a todos los frigoríficos, como Swift o Paladini”. Los problemas comenzaron cuando la empresa cambió de propietarios y pasó a estar en manos de la familia Salimei: “Ellos no son del rubro, no conocen lo que es un frigorífico. Una mala dirigencia nos llevó a esta situación”.

“Hace seis meses que no nos pagan el sueldo ni recibimos ningún tipo de información ni avance. Los dueños de la empresa quieren vender o alquilar, pero hasta ahora no llegaron a un acuerdo”.

De los 300 trabajadores que Euro supo tener hace un año, actualmente la nómina de personal sólo tiene unos 150 nombres. “No estamos despedidos, pero tampoco trabajando ni cobrando. Vamos a las audiencias del Ministerio de Trabajo, tenemos el apoyo del sindicato que nos representa, pero los dueños dicen que están buscando una alternativa para sacar a la empresa adelante. Tratan de conseguir inquilinos, pero hasta ahora no se solucionó nada”.

De octubre a esta parte las instalaciones del frigorífico sufrieron varios robos, lo que llevó a que un grupo de empleados decida instalarse en el predio y hacer guardias. Pero lo que comenzó como una forma de proteger las herramientas, se convirtió en una necesidad: al dejar de percibir un sueldo todos los meses, muchos obreros ya no tenían recursos para afrontar el pago de alquileres e impuestos, por lo que decidieron mudarse al establecimiento donde hacía apenas unos meses trabajaban.

“Los chicos enfrentan a los delincuentes y ponen su vida en riesgo. Los dueños de la empresa dejaron de pagar todo, incluso cortaron la luz de toda la fábrica, pero hablamos con el intendente de Villa Gobernador Gálvez y nos dejó el servicio eléctrico en un pedacito de las instalaciones, donde estamos viviendo, pero en la planta en general está todo cortado, no hay gas y tampoco agua, porque nos robaron todos los caños”, repasó Fabiana.

“Lamentablemente la estamos pasando bastante mal. Entramos al frigorífico más que nada para resguardarlo, porque los dueños lo dejaron prácticamente abandonado. Varios compañeros se vinieron a vivir acá porque no pudieron pagar el alquiler ni los impuestos, realmente se complicó. Hoy somos trece familias viviendo dentro de la empresa”, completó.

***

OS, de 54 años, trabaja en la Algodonera Avellaneda, una empresa del grupo Vicentin ubicada en el Parque Industrial de la ciudad de Reconquista, en el noreste santafesino. La actividad en la fábrica estuvo paralizada entre septiembre y marzo, pero con la venta de la cerealera –que pasó a estar en manos de la firma rosarina Grassi– la textil volvió a ponerse en marcha, aunque al 30% de su capacidad.

En lo personal tengo sensaciones encontradas, porque estoy cumpliendo mi función junto a otros cien compañeros más o menos, pero no puedo dejar de pensar que hay más de cien trabajadores afuera que no pueden volver porque el volumen de producción no es el total.

“Estamos trabajando en cuatro turnos de ocho horas. Son seis días de actividad y dos de descanso, y después empezás otro turno”, contó el electricista de la textil, quien trabaja en la empresa desde hace veinte años. Sin embargo, como sólo se produce a un tercio de la capacidad, hay un centenar de operarios que no regresó a su puesto laboral: quienes volvieron cobran la totalidad del salario –que se paga semanalmente–, mientras que el resto está en calidad de “cesanteados” y solo percibe el 30% de sus haberes. Sin embargo, la firma aún les adeuda casi tres meses de sueldo a todos los empleados.

Trabajadores de algodonera avellaneda. foto: diario reconquista hoy

“En lo personal tengo sensaciones encontradas, porque estoy cumpliendo mi función junto a otros cien compañeros más o menos, pero no puedo dejar de pensar que hay más de cien trabajadores afuera que no pueden volver porque el volumen de producción no es el total. No podés estar ajeno a lo que les pasa a los tipos que hace cuatro meses estaban a la par tuya trabajando”, reconoció el electricista.

Una changa de lo que venga

“Toda la vida trabajamos en la estación de servicio… y para nada. Hoy cierran y no pasa nada. Para colmo, tenemos 55 años, no te toma nadie. Deberíamos estar tranquilos esperando la jubilación”, expresó Fabián. Mientras tanto, hace changas de sereno algunos días a la semana.

Cuando cerró la estación, los empleados empezaron a hacer guardias diurnas y nocturnas para resguardar las instalaciones, con la promesa de recibir una remuneración por este trabajo. No obstante, la plata nunca llegó: “Nos teníamos que pagar el combustible para ir y venir, entonces desistimos. Pero hace un tiempo quisieron robar todo, entonces el dueño nos puso a tres compañeros a cuidar de noche el establecimiento y nos tira unas monedas, es como una changa. Un día voy yo y los otros dos los chicos”.

Foto: conclusión. dario soldani

Talavera tiene tres hijos –de 28, 19 y 12 años– y era el principal sostén económico de su hogar: “Mi señora es ama de casa y se nos hizo muy difícil sin un sueldo. Estábamos acostumbrados a un determinado nivel de vida y de repente tuvimos que achicar gastos, cerramos cuentas bancarias, dejamos de tener cable. Para colmo se nos complica agarrar otro trabajo o un laburo fijo porque estamos pendientes de cómo evoluciona en la Justicia la situación. No teníamos la seguridad de que no íbamos a trabajar más, sino obviamente hubiésemos buscado otra cosa”.

“Nos teníamos que pagar el combustible para ir y venir, entonces desistimos. Pero hace un tiempo quisieron robar todo, entonces el dueño nos puso a tres compañeros a cuidar de noche el establecimiento y nos tira unas monedas, es como una changa. Un día voy yo y los otros dos los chicos”.

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Los trabajadores de Euro intentan sobrevivir con changas: algunos cortan pasto, lavan autos, manejan Uber o Didi o elaboran comidas para vender.

“El país no está en buenas condiciones, afuera no hay nada seguro y la situación es desesperante. Con los chicos hacemos torta asada o torta frita para vender, y los varones pusieron un lavadero donde antes era el sector de carga y descarga. Con eso conseguimos la comida diaria para seguir soportando la lucha”, explicó Fabiana.

La trabajadora tiene dos hijos y era el sostén económico de la familia. Reconoce que fue complejo explicarles la situación: “Después de veinte años en la empresa es difícil darte cuenta de que ya no tenés un sueldo todos los meses. Los chicos no estaban acostumbrados a un no, pero bueno, les expliqué que a veces no hay y nos tenemos que arreglar como se puede”.

Con los chicos hacemos torta asada o torta frita para vender, y los varones pusieron un lavadero donde antes era el sector de carga y descarga. Con eso conseguimos la comida diaria para seguir soportando la lucha”

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“Venimos de meses de parate. En ese período yo, con otros once compañeros que éramos brigadistas antiincendios, teníamos que hacer guardias de ocho horas –tres trabajadores por cada turno– para evitar intrusiones o accidentes con fuego y eso nos complicaba para encarar una actividad paralela. Además, la situación laboral del país es desesperante, no hay mucho para hacer en la calle, no es que podemos ofrecer servicios de electricidad, albañilería o plomería, porque el que podría demandar esos trabajos, no está en condiciones de hacerlo. Es una situación brava porque te afecta mucho la autoestima y la capacidad de proyectar. Ya no tenés la seguridad de que vas a cobrar el sueldo a fin de mes”, observó OS.

El trabajador de la Algodonera Avellaneda vive solo, pero tiene un hijo de 21 años que estudia en la ciudad de Santa Fe, por lo cual su sueldo era fundamental para pagar el alquiler de un departamento en la capital provincial. “Afortunadamente, esta situación me encontró sin deudas, no tenía que cumplir con cuotas de tarjeta o con un crédito, y lo pude sobrellevar. De haber tenido que salir a buscar otro laburo, hubiera sido como electricista domiciliario, pero hay una cantidad de muchachos haciendo esos trabajos y habría estado muy difícil. La oferta es infernal, al igual que en los trabajos de albañilería, pintura o plomería. Mientras tanto, salía a la calle y veía a compañeros de trabajo cortando el pasto en casas de familia, era durísimo. Los que por ahí tenían unos ahorros querían emprender, pero… ¿qué vendés, si la gente no tiene poder adquisitivo?”, señaló.

la situación laboral del país es desesperante, no hay mucho para hacer en la calle, no es que podemos ofrecer servicios de electricidad, albañilería o plomería, porque el que podría demandar esos trabajos, no está en condiciones de hacerlo. Es una situación brava porque te afecta mucho la autoestima y la capacidad de proyectar. Ya no tenés la seguridad de que vas a cobrar el sueldo a fin de mes”

Y profundizó: “El laburante tiene mucha imaginación. Algunos compañeros salieron a vender pan casero o pastelitos. Otro tenía un vecino que era albañil y se propuso como ayudante. Después se ofrecían a hacer trabajos de pintura, jardinería, cortar el pasto o regar las plantas en las quintas que hay en las afueras de Reconquista. Uno de los chicos agarró una changa en un taller de pintura de autos. En otros casos, cuando los muchachos eran el sostén de la familia, sus señoras tuvieron que salir a hacer trabajos de empleadas domésticas, esa es la realidad de muchos de los compañeros. Y los que eran solteros o estaban conviviendo con su pareja, aún sin hijos, tuvieron que desocupar el departamento que alquilaban e ir a vivir con los padres”.

Algunos operarios de la textil consiguieron empleo en otras industrias o empresas de la zona, como supermercados o frigoríficos: “Cuando la algodonera retomó la producción, a un par de compañeros los llamaron, pero tuvieron que optar si seguían en su nuevo laburo o si volvían. Otros se las rebuscan con actividades informales. La gente se adapta a las situaciones, siempre y cuando sean temporales, porque no es que con cualquier cosa la vas a sobrellevar”.

¿Y después qué?

De los quince trabajadores afectados por el cierre de Servicios Gas Automotores SRL, seis consiguieron empleo en el Sindicato de Estaciones de Servicio; uno decidió abocarse de lleno al mercadito que ya tenía; y otro, que se dedicaba a las tareas de mantenimiento, se fue a otra empresa. “Cada cual agarró por su lado –enumeró Fabián–. Las chicas que trabajaban en el minishop se fueron, el cocinero está reclamando con nosotros y hace changuitas. Y yo voy a ver si hago Uber, porque tengo que seguir viviendo”.

Nos deben los haberes de noviembre, diciembre, enero, febrero y marzo, y también las vacaciones y el aguinaldo. No nos pagó nada”

“El dueño piensa que la estación va a abrir de vuelta, dijo que había inversores. Los primeros días de diciembre pensábamos que íbamos a cobrar, pero no nos pagaron. Nos deben los haberes de noviembre, diciembre, enero, febrero y marzo, y también las vacaciones y el aguinaldo. No nos pagó nada”, denunció el trabajador.

“La empresa vendía 120 millones de pesos por mes, tenemos comprobantes, era una de las estaciones de gas que más despachaba. Sin embargo, el dueño en los últimos tres meses no pagó ni luz, ni gas, ni agua”, repasó Talavera. Al momento de publicación de esta nota, los servicios antes enumerados seguían cortados: “Si tuviéramos luz al menos podría abrir el minimercado, porque el tipo nos había prometido que lo íbamos a poder explotar”.

***

Carabajal confía en que los dueños de Euro llegarán a un acuerdo y el frigorífico volverá a ponerse en marcha, aunque afirmó que no se dará por vencida hasta recuperar su empleo.

“Si los empresarios quieren y los gobernantes tienen ganas, pueden dar algo más”, reflexionó la trabajadora. “Hay que seguir para adelante. La necesidad está e impulsa a hacer otras cosas, pero a la lucha no la voy a abandonar, voy a seguir hasta conseguir lo que es mi derecho: tener un puesto de trabajo”, concluyó.

***

Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y diciembre de 2025 se se redujo la cantidad de empleadores en 24.180 casos (más de 30 por día). En el mismo período, se perdieron 290.123 puestos de trabajo registrados en unidades productivas (-3%), casi 366 puestos por día. Si se analiza la reducción de casos de empleadores, el informe observa que los principales afectados, en estos primeros 26 meses de la gestión de Milei, son las empresas de hasta 500 trabajadores/as: 99,74% del total de los casos (24.117 empresas menos).  Sin embargo, la expulsión de trabajadores es mayor en las empresas de gran porte: 64,38% de la pérdida de empleo (-186.771 trabajadores) se focalizó en empresas de más de 500 trabajadores. La destrucción de empleo mostró su mayor impacto en la administración pública, la construcción y la industria, mientras que también se registraron retrocesos significativos en transporte.

Si bien la Algodonera Avellaneda –como casi todo el sector textil del país– sufre las consecuencias de la apertura de importaciones, los trabajadores destacaron la capacidad de producción y la avanzada tecnología instalada en esta industria. “Se me hace muy difícil que un gigante como este pueda caer –observó OS–, pero las actuales políticas nacionales no ayudan mucho. Lo que se produce en esta fábrica es de buena calidad porque hay máquinas que así lo permiten y el personal es gente experimentada, algunos con años de experiencia. Confío en que esto puede mejorar si las medidas del Gobierno cambian. Hasta antes de la pandemia estuvimos trabajando a capacidad completa”.

“La industria necesita de políticas de apoyo que acompañen la recuperación. La vida social del trabajador no es la misma. A lo mejor hace unos diez años ibas un viernes o sábado a la noche al centro y encontrabas a muchos compañeros con la familia comiéndose una hamburguesa, tomándose un helado, y hoy no pueden ir al supermercado. Eso entristece mucho, es la parte más brava. El laburante mueve la economía de su ciudad”, concluyó el electricista.

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Eli Soldano

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