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Algo más que un parque acuático

  • 17/06/2026
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Hace casi dos meses que las miradas están puestas sobre la última franja de playa pública que queda en la ciudad: la Municipalidad de Rosario anunció que iba a construir, en el marco de un plan integral de reformas, un parque acuático en la rambla Catalunya y la iniciativa despertó el rechazo de una buena parte de la ciudadanía y sectores de la oposición. La obra –que de momento está paralizada por una disposición judicial–afectaría la actividad, el entorno natural y la vida cotidiana en la zona. ¿Qué piensan pescadorxs, arquitectxs, abogadxs, deportistas, ambientalistas y vecinxs? ¿Qué significa la Rambla para una ciudad que la habita durante todo el año? ¿Cómo se piensa un espacio que es de todos/as? ¿Dónde queda el derecho a producir nuestro propio entorno social?

Por Eli Soldano y María Cruz Ciarniello / Foto: Julieta Ameglio

Unos veinte policías rodeaban la Municipalidad de Rosario, con la mirada fija en la vereda del frente. Un poco más acá, en el corazón de la Plaza 25 de Mayo, varios vecinos sentados en semicírculo debatían qué hacer: durante el mediodía del jueves 28 de mayo se habían acercado hasta el Concejo Municipal con la esperanza de que se desarrolle una sesión extraordinaria para discutir la construcción de un parque acuático en la Rambla Catalunya, pero el quórum no se logró –apenas hubo diez ediles, de los quince que se necesitaban– y el intercambio legislativo no se concretó.

En las numerosas manifestaciones que se vienen realizando desde fines de abril hasta la fecha, un conjunto de organizaciones muy diversas entre sí, vecinos e instituciones de la zona norte rosarina conformados en una Comisión en defensa de la Rambla, explican por qué no están de acuerdo con que esta estructura de plástico, cemento y caucho se construya a orillas del río Paraná. En principio -y al menos así se deducía del proyecto anunciado originalmente por el Ejecutivo- ocuparía 200 de los 800 metros que aún quedan de playa pública en Rosario, afectando a quienes concurren a la zona con fines recreativos, deportivos o laborales. Pero también hay cuestionamientos desde el punto de vista ambiental, arquitectónico y legal.

A modo cronológico, el domingo 26 de abril la Municipalidad anunció que iba a construir el “parque acuático más grande de la provincia” en la Costanera Norte. Ante el rechazo ciudadano, el 14 de mayo comunicó una “intervención integral” en la zona, la cual contemplaba la reconstrucción del Conducto Pluvial Piaggio, el derrumbe de estructuras que obstaculizan la vista al río y la mejora de los puestos de pescadores, entre otros puntos. Ese mismo día se abrieron los sobres de licitación de los toboganes y las piletas –predio que será de acceso privado–, y al día siguiente se empezó con la demolición del bar Mordisco, quedando el área completamente vallada.

julieta ameglio

Desde entonces se conformó una Comisión en defensa de la Rambla pública que viene realizando distintas intervenciones urbanas para visibilizar el descontento a un proyecto inconsulto: radio abierta, marchas, acampes, asambleas, corte de calles en la avenida costanera, etc. En paralelo, desde abril a la fecha hubo cuatro acciones judiciales que buscaron dejar sin efecto el decreto N° 715/2026 y suspender la licitación del parque acuático, adjudicado finalmente a  Obring S.A. y Depaoli & Trosce Constructora: los concejales Juan Monteverde (Ciudad Futura) y Juan Pedro Aleart (La Libertad Avanza) presentaron amparos, aunque el primero lo hizo cuestionando la legalidad del proceso, mientras que el segundo apuntó hacia la falta de transparencia. A estos se suma una causa civil iniciada por un vecino bajo la Ley 10.000, de “intereses difusos”, la cual se tramita en el Juzgado Civil y comercial N°7; y un amparo presentado por la Asociación Civil Santafesina de Guías e Instructores de Kayak (Agikis), que se gestiona en la 4ta. Nominación.

Casi dos semanas después de la sesión fallida en Concejo, el Juzgado de Primera Instancia en lo Civil y Comercial N°8 de Rosario, a cargo de Luciano Daniel Juárez, hizo lugar al amparo de Ciudad Futura y suspendió las obras de manera provisoria hasta tanto se defina la competencia judicial para evaluar el planteo de fondo. En este fallo, que sigue vigente al momento de la publicación de esta nota, el magistrado consideró que la zona afectada está catalogada como Área de Reserva y toda intervención debe ser aprobada por el Concejo, algo que aquí no ocurrió. En su argumentación sostiene que la continuidad de la obra podría ocasionar “daños irreparables sobre bienes del dominio público municipal y derechos colectivos vinculados al ambiente urbano y al uso del espacio público”. Y recomendó que las causas sean tramitadas en un mismo juzgado ya que todas coinciden, por un lado, en cuestionar la legalidad del decreto municipal, y por el otro, en solicitar la inmediata paralización de las obras.

“Para un pescador pagar una guardería es inalcanzable”

Julián Aguilar, pescador ya jubilado y vecino histórico de la Florida desde hace 60 años, asegura que los pescadores nunca fueron consultados por las obras que se realizan en la Rambla y que en las últimas décadas perdieron espacio de trabajo: “Actualmente hay ocho compañeros que dejan las embarcaciones en la rambla y esto seguramente los va a perjudicar.Hablaron de construir una rampa para poder descargar, pero yo no les creo”.

Si bien hace unos años se jubiló y ahora se dedica al armado de redes, la experiencia y el conocimiento ganado durante décadas de navegar el Paraná le permiten hacer una observación: “Desde 2019 tenemos un río bajo, ahora tiene menos de tres metros, pero cuando crezca gran parte de la playa va a quedar inundada y el parque acuático se va a perder. La altura normal del Paraná es de 3,20 metros y a ese nivel la playa ya no está, no se ve un caño, nada. El único lugar que le queda a la gente es la arenita que está arriba, en los paredones de contención”.

Aguilar, en cambio, valora la demolición del bar Mordisco dado que “ocultaba la vista del río y dificultaba el acceso” pero indica algo que es clave en la discusión por el espacio público: por fuera de la rambla Catalunya no hay en Rosario otra playa de acceso libre, ni para la ciudadanía ni para los pescadores. También explica cómo es trabajar en la zona: “Necesitamos acceder a la costa para subir y bajar herramientas. Eso hoy es bastante difícil porque solo tenemos escalones, no hay lugares planos. No se puede llegar a la playa con un carrito para trasladar, por ejemplo, un motor que se rompió o los pescados. La mayoría de los muchachos del Remanso Valerio le venden a los puestos que están acá. Ellos son como cincuenta y cada vez que vienen están hombreando y acarreando bolsas”.

Todas las personas que trabajan en la zona están en contra de este proyecto, es un negocio para alguien que lo va a explotar durante el verano, y después va a quedar sin beneficios. En pleno junio y durante un día nublado, en la playa hay gente haciendo deporte o tirando una cañita y chicos andando en bicicleta.

Y completa: “Para un pescador hoy en día pagar $250.000 en una guardería es inalcanzable, solamente lo podría hacer dos o tres meses al año. Todas las personas que trabajan en la zona están en contra de este proyecto, es un negocio para alguien que lo va a explotar durante el verano, y después va a quedar sin beneficios. En pleno junio y durante un día nublado, en la playa hay gente haciendo deporte o tirando una cañita y chicos andando en bicicleta. Todo esto se perdería si se privatiza la playa”.

Para Julián “no es una mejora tener un parque privado y nada de playa ni de esparcimiento para la gente. En la zona hay una barriada muy numerosa –Casiano Casas, La Florida, Alberdi, Nuevo Alberdi– y mucha gente que no tiene recursos para pagar una entrada en La Florida viene a pasar el día a la rambla”.  

También se pregunta por el abastecimiento del parque acuático y siembra la duda: “Lo más probable es que estén pensando en hacer alguna perforación, porque creería que no se puede usar agua potable para un proyecto así. Si toman de la red, podrían dejar a toda La Florida sin agua. O pondrán bombas al río con algunos filtros. Si el agua es de napa, puede contaminar el Paraná. En otras oportunidades se han hecho perforaciones y el agua no se podía usar porque tenía óxido”.

En la zona hay una barriada muy numerosa –Casiano Casas, La Florida, Alberdi, Nuevo Alberdi– y mucha gente que no tiene recursos para pagar una entrada en La Florida viene a pasar el día a la rambla

Si bien Aguilar se muestra escéptico de las obras que el intendente Pablo Javkin prometió llevar adelante en la zona de pescadores, enumera una serie de trabajos que son necesarios: “Hace falta una rampa donde puedan bajar y subir los pescadores. También un espacio para tener las embarcaciones y transitar de forma libre e independiente de otras actividades que haya en la rambla –como las recreativas o deportivas, que a veces los desplazan– y un mejoramiento integral de los puestos, que ahora no tienen desagüe y el agua que largan con la sangre de pescado corre por la vereda. Por último, estaría bueno que se mejoren los frentes y se hagan las cloacas”.

“Vamos a vallar un espacio de uso gratuito”

La arquitecta e integrante de la Comisión de Ambiente y Paisaje del Colegio de Arquitectos de Rosario, Virginia Bianchi también valora la demolición de Mordisco y el saneamiento del ducto cloacal, aunque admite que no disponen de información fidedigna de planos. Sin embargo, la mirada es mucho más crítica cuando se trata del parque acuático: “Consideramos que el impacto es negativo porque vamos a vallar un espacio de uso recreativo, libre y gratuito con una visual al río. Vamos a colocar un objeto con una materialidad que no tiene nada que ver con lo autóctono, con la vegetación y con el Paraná, es totalmente disonante”, explica en diálogo con enREDando.

Virginia expone una mirada necesaria para pensar modelos de ciudades que integren la ribera del río como parte de su identidad. “Cuando se desmanteló todo el trazado ferroviario, llevó muchísimos años recuperar el diálogo con el Paraná. La rambla tiene toda la potencialidad de ser un espacio caminable. Desde Puerto Norte podés hacer todo un recorrido en bicicleta o caminando, cruzás la costa central y llegás hasta el Monumento, eso es maravilloso desde el punto de vista del ciudadano”, explica la profesional.

Vamos a colocar un objeto con una materialidad que no tiene nada que ver con lo autóctono, con la vegetación y con el Paraná, es totalmente disonante

Bianchi destaca que la base de trabajo de los arquitectos son los planos, un documento al que -en las obras previstas en la rambla- no tuvieron acceso. “Las redes sociales y las cosas que salen en los medios muchas veces no tienen fineza y exactitud. Cuando se licita una obra se requiere de un determinado grado de definición para ponerle valor y que las empresas puedan competir sobre números reales, es algo que no se puede hacer sin planos. La comisión que integro no tuvo acceso a ese material riguroso, entonces no hay certezas”.

Cuenta Virginia que desde la Comisión intentaron reunirse con funcionarios del Poder Ejecutivo local para manifestar su postura, pero no obtuvieron respuestas. A su vez, también comparte la misma preocupación que Julián Aguilar en cuanto al uso del agua potable. “Las piletas consumen una cantidad de agua potable interesante, que además requiere un tratamiento que consume mucha energía eléctrica y deja huella de carbono. Después hay que mantener las obras, porque los colores con los rayos ultravioletas se degradan, un rojo en un año se quemó por completo. Este proyecto insume recursos. Hay que pensar estas cosas y ser muy responsables”.

Por otro lado, advierte que en el adoquinado donde pretenden construir el parque acuático hay árboles –especialmente palos borrachos y palmeras– que deberán ser removidos. “Todas las tendencias del mundo apuntan sacar al máximo las superficies impermeables y transformarlas en permeables, para que absorban el agua de lluvia y así eviten inundaciones de ciudades. También es una necesidad humana el verde y el contacto con la naturaleza, es salud pública. El que no puede pagar un club o no tiene una casa de fin de semana, va al parque o al río”.

Del mismo modo se expresa la ONG Protegiendo Nuestros Árboles: “La Rambla no es una plaza seca. Es un espacio vivo, con más de 42 árboles en buen estado fitosanitario, que brindan sombra, frescura, biodiversidad y calidad de vida a vecinos y visitantes. Y otros 2O ejemplares fuera de ese vallado. Los árboles no son mobiliario urbano que puede quitarse y ponerse a voluntad: son seres vivos que llevan décadas creciendo y formando parte de este paisaje”. Inés es una de sus integrantes y mientras se suma al corte de calles y bocinazos realizado en la Rambla como parte de las acciones que llevan adelante, explica que, aunque el proyecto municipal incorpore la re arborización, no todas las plantaciones nuevas llegan a sobrevivir “y eso es algo a tener en cuenta antes de sacar árboles maduros porque son éstos árboles los que necesitamos para que nos den los beneficios increíbles que dan en una zona cada vez más urbanizada”.

La Rambla no es una plaza seca. Es un espacio vivo, con más de 42 árboles en buen estado fitosanitario, que brindan sombra, frescura, biodiversidad y calidad de vida a vecinos y visitantes.

 “El proyecto que se licitó no es el que presentó el intendente”

El Paraná No se Toca, una de las organizaciones ambientalistas con presencia activa en defensa del río y los humedales, también integra la Comisión. Su abogada, Romina Araguas, apunta contra la falta de información de la iniciativa, uno de los principales reclamos realizados al Ejecutivo. “Hay cosas que no están claras. No hay estudio de impacto ambiental, ni factibilidad hídrica. El proyecto que se licitó contemplaba un parque mucho más grande y no es el mismo que el render o las imágenes que después presentó el intendente. No está claro qué es lo que van a hacer. Aún sin la licitación terminada, empezaron los trabajos de demolición que estaban en el proyecto, eso es una muestra de querer avanzar a toda costa”.

Y detalla: “El proyecto inicial contemplaba sacar un poco más de 200 metros de los 800 de playa pública para la colocación del parque acuático y, si bien Javkin después dijo que iban a ser menos, la licitación es mucho más amplia. También se anunciaron obras en el aliviador Piaggio y en la zona donde están los pescadores, pero eso no está en los sobres de la licitación que se abrieron. Todo es muy confuso”.

El Parque Acuático pasó de tener 10 mil metros cuadrados -así lo anunciaron con bombos y platillos- a 4500 según declaraciones posteriores del propio Ejecutivo para finalmente quedar, de acuerdo a lo adjudicado por una inversión de $13.735,8 millones, en 2600 metros cuadrados. Se trata, según el municipio, de una “licitación modular” y de “la intervención más importante en los últimos 50 años en la zona”. Entre tanto, surgieron inconsistencias y contradicciones entre los renders difundidos en  los medios de comunicación y los planos de la licitación. Confusión, falta de acceso a la información y prisa por iniciar obras que todavía no habían sido adjudicadas.

Por otra parte, en la provincia de Santa Fe hay una ley que especifica en qué tipo de obras se requiere un estudio de impacto ambiental y, en línea con lo que manifestaron funcionarios municipales, el parque acuático no estaría alcanzado por esta normativa. Pero desde El Paraná No Se Toca cuestionan esta postura: “No está bien explicitado qué trabajos se van a hacer en la costa. La construcción de piletas requiere unas cañerías subterráneas y hacer una contención en la playa, eso va a afectar al río y a sus corrientes. También solicitamos un informe de factibilidad hídrica”.

Por último, Araguas alerta que la jurisprudencia que existe en la ciudad no es muy alentadora: “Hubo intentos de frenar obras, una fue de la torre Aqualina por afectación al paisaje, pero no han tenido buena resolución. Con la construcción del parque acuático peligra el derecho al paisaje y el acceso público al río. Hay convenciones internacionales sobre hábitat que, si bien no son de aplicación obligatoria, hablan de cómo impacta en la salud el vivir con naturaleza. También se estaría violando la Ley provincial del Árbol”.

“No está bien explicitado qué trabajos se van a hacer en la costa. La construcción de piletas requiere unas cañerías subterráneas y hacer una contención en la playa, eso va a afectar al río y a sus corrientes. También solicitamos un informe de factibilidad hídrica”.

El rechazo de vecinos, deportistas y ambientalistas

De fondo reaparece una vez más la discusión por el modelo de ciudad. Hacia allí apuntan las críticas de vecinos, deportistas y organizaciones de la zona. El integrante de la Multisectorial Humedales Sebastián Martínez deja en claro la postura de todas las organizaciones que defienden la Rambla: “No decimos que no se haga el parque acuático, solamente rechazamos el lugar elegido. Es una obra que no tiene nada que ver con el entorno, la cultura y la identidad rosarina. Están planteando un monstruo de cemento y plástico, césped sintético y piso de caucho al lado del río, que tiene valor por su naturaleza y que es de acceso público, libre y gratuito”.

La kayakista Sandra Lenzi alerta por los problemas que las obras traerán a quienes practican deportes acuáticos: “Hay escuelas de kayak que están directamente sobre el agua. En la rambla también se enseña todo lo que es práctica, desde los primeros momentos con el kayak hasta kitesurf (kaiser), windsurf y windfoil. Algunos son deportes de riesgo, van rapidísimo, entonces tienen que tener cierta distancia. No podemos salir todos de la misma playa. Aunque no lo parezca, en 800 metros hay escuelas de todos estos deportes, los nadadores de aguas frías y abiertas también usan este espacio”.  Rogelio es una de las voces referentes de Nadadores de Aguas Frías Rosario, desde hace 28 años que nada por el Paraná y dice: “Este espacio es el único de acceso público a la playa que tiene toda la ciudad, acá hay toda una historia y una identidad”.

julieta ameglio

Es una obra que no tiene nada que ver con el entorno, la cultura y la identidad rosarina. Están planteando un monstruo de cemento y plástico, césped sintético y piso de caucho al lado del río

¿Qué ciudad se negocia? ¿Qué ciudad queremos? ¿Qué ciudad soñamos? ¿Cómo ejercer nuestro Derecho a la ciudad? La rambla rosarina es parte de esa ciudad que construye su historia de cara al río. Por eso, el principal argumento contra el parque acuático -más allá de los metros en disputa- es la defensa de una identidad y un arraigo cultural que pone en el centro de la ciudad, el valor de lo comunitario y el derecho a producir colectivamente nuestro entorno social.

Así lo expresan vecinales, bibliotecas populares y clubes de la zona que también hicieron pública su postura: “La Florida no es tierra disponible. Es un territorio con historia, instituciones, identidad social y vida comunitaria construida durante generaciones. Los clubes y entidades del barrio sostienen cotidianamente el tejido social, deportivo, cultural de la zona. Cualquier proyecto estratégico debería pensarse con ellas y no al margen”. El debate, sostienen, va mucho más allá del parque acuático. Lo que se discute es cómo se protege el ambiente, qué modelo de acceso al río queremos, como conviven turismo y comunidad, qué lugar en la planificación tienen las organizaciones comunitarias que habitan y construyen la vida en el barrio de La Florida.

Es un territorio con historia, instituciones, identidad social y vida comunitaria construida durante generaciones. Los clubes y entidades del barrio sostienen cotidianamente el tejido social, deportivo, cultural de la zona. Cualquier proyecto estratégico debería pensarse con ellas y no al margen

Mariel Busi, una de las vecinas que habita el río, dice: “No nos vamos a vencer hasta que logremos recuperar nuestro espacio. En la rambla los rosarinos pueden transitar e integrarse con la sociedad y realizar salidas recreativas que no conllevan un gran gasto económico y que se pueden hacer durante todo el año”. Y como familiar de una persona con discapacidad, suma algo vital: “Muchos niños con autismo, epilepsia, con movilidad reducida o con otras patologías neurológicas no se pueden subir a un tobogán como el que se planea en el parque acuático. Se está diezmando el acceso a la playa para una comunidad, sacarle un lugar público es inhumano”.

Hay urbanistas y arquitectxs que hablan del concepto de “ciudades afectivas” justamente para referirse a los entramados urbanos donde los espacios de encuentro y los lugares reconocibles no son percibidos únicamente como una “localización funcional” sino como parte de la identidad de sus habitantes. “Cuando los lugares se transforman sin considerar los afectos existentes, se rompe algo más que una configuración física: se interrumpe una red de recuerdos, rutinas, economías, amistades y formas de cuidado”. Se trata, entonces, de imaginar una ciudad desde los afectos y los vínculos entre las personas y los lugares y en este caso, entre el río, su ribera y las prácticas comunitarias de su gente. En definitiva: el territorio como construcción social de un hábitat justo, solidario, afectivo. “No basta preguntar si un proyecto renueva una zona; hay que preguntar qué memorias conserva, qué vínculos protege y qué formas de vida desplaza. No basta preguntar si una ciudad es eficiente; hay que preguntar si produce cuidado. Las ciudades afectivas sirven, entonces, para orientar políticas urbanas más humanas”. En oposición, aparece la perspectiva mercantilista del suelo y las ciudades, la fragmentación territorial y la pérdida de identidad y memoria colectiva. “Así como es necesario desmercantilizar la naturaleza para enfrentar al extractivismo clásico, en las ciudades hay que desprivatizar sus espacios públicos y convertirlos en verdaderos bienes públicos” escribe Enrique Viale en el prólogo del libro “Extractivismo urbano. Debates para una construcción colectiva de las ciudades” de la Fundación Rosa Luxemburgo.

En la zona de la Florida se ubica el emblemático barrio de los Pescadores, un lugar característico por la escalinata de colores que hace tiempo pintaron las muralistas Aymará Sosa y Marina Aloe. Tiene unas tres cuadras de largo y es habitado por unas 80 familias.  La mitad de los vecinos vive de la pesca mientras que el resto se reparte entre la actividad comercial –principalmente en la atención de kioscos que dan a la playa- y servicios. El barrio Los Pescadores es un lugar donde todavía resiste la cultura de pescar para poder vivir. Muchas generaciones de pescadores pasaron por esta zona, dejando el oficio como legado familiar. Pero los últimos años no fueron fáciles para las familias del barrio: a las amenazas de desalojo se le fue sumando una bajante pronunciada del río que repercutió en la actividad. Y a todo esto, la falta de inversión estatal en obras de infraestructura básica. “A nosotros esto nos mata” dice Edgardo, hijo de familia pescadora, cuando se refiere al proyecto del parque acuático. “Siempre nos prometen un lugar para el pescador y nunca se lo dio. Yo vivo desde los 9 años, somos gente que siempre laburamos acá, imagínate que nos pongan ahora un parque acuático. Ese espejo de agua donde se guarda la canoa nos lo van a sacar. Prometieron que nos dejaban un lugar, pero tengo mis dudas”, dice con escepticismo.

Cris Martinez es otra de las muchas ciudadanas que disfruta del río. Desde la infancia, la rambla atraviesa su historia personal. Fue y es una de las presencias infaltables en las actividades que impulsa la Comisión. Pone el foco en el uso que hacen los sectores populares de la rambla rosarina. El derecho al disfrute y al goce que pareciera quedar reservado a quienes solo puedan pagar una entrada al parque. “Hay chicos de Nuevo Alberdi que caminan 50 cuadras para venir a disfrutar un ratito de la playa. Si este espacio de la rambla que es lo único público que tenemos lo van achicando, perdés un derecho” y mirando el Paraná, resume:  “El mejor parque acuático que puede tener Rosario es más playa para todos y todas”.

Julieta Ameglio

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