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El Otro Festival: artes escénicas y salud mental

  • 22/08/2026
  • Eli Soldano
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“El Otro Festival” es una propuesta autogestiva que vincula las artes escénicas y la salud mental. Se realiza en Rosario desde hace siete años y los ejes temáticos varían cada edición. ¿Puede el teatro ser un lugar de cuidado? ¿Quién tiene derecho a habitar los escenarios? ¿Cómo cuidamos a los demás? “En un momento de mucha crueldad, de aniquilamiento del otro, entendemos al cuidado como una práctica que es fundamental para la vida. Cuidar es reconocer que el otro me importa, me concierne y me convoca, por eso es una acción política” señalan las organizadoras del festival. Cómo surge, cómo se sostiene, qué tan importante es el arte en tiempos de hostilidad.

¿Puede el teatro ser un lugar de cuidado? ¿Quién tiene derecho a habitar los escenarios? ¿Cómo cuidamos a los demás? “El Otro Festival” tiene como principal objetivo vincular las artes escénicas con la salud mental. “El lenguaje artístico siempre es un aliado para generar encuentros y expresar lo que a uno le está pasando, es un lugar que permite que aparezcan los otros todo el tiempo. Este año una de las preguntas que nos planteamos era si el teatro podía ser un lugar de cuidado”, cuentan a enREDando Verónica Rodríguez y Paola Cocconi, quienes, junto a Rita Larrañaga, organizan desde hace siete años “El Otro Festival”, un evento autogestivo en el que participan tanto elencos profesionales como aquellos que pertenecen a instituciones locales, y que nace inspirado en L’Altre Festival de Barcelona.

La primera programación en suelo rosarino se concretó en 2019 –después de un nutrido intercambio de experiencias entre españoles y argentinos– y desde entonces tuvo una continuidad ininterrumpida, con dos ediciones virtuales durante la pandemia. Cada año, los organizadores eligen una temática a profundizar: se abordó la amistad, la empatía, la ternura y este año será el turno del cuidado. “Antes de que empiece el festival nos encontramos con los referentes de dispositivos y con los grupos para ver cómo están y vamos pensando qué nos atraviesa. Este año apareció la cuestión del cuidado frente a la debacle universal, pero en lo próximo, íntimo y cotidiano, como un campo de acción a desentrañar”, detalla Verónica Rodríguez, organizadora, coordinadora y curadora del festival.

La psicóloga Paola Cocconi observa que en los últimos años hubo un crecimiento en la demanda de atención por afectaciones de la salud mental. No obstante, apunta que hay que tener presente dos cuestiones: “Los datos sanitarios o epidemiológicos que se difunden corresponden a los casos más graves. Suponemos que de un caso de gravedad, hay diez abajo que no lo son, pero ese aumento de lo grave nos habla de un crecimiento en la población sufriente. También es verdad que después de la pandemia se empezó a hablar más de estas cuestiones vinculadas a la subjetividad”.

Este año apareció la cuestión del cuidado frente a la debacle universal, pero en lo próximo, íntimo y cotidiano, como un campo de acción a desentrañar

“Entonces –continúa la profesional– se juegan dos cosas. Por un lado se habla más porque son temas que están habilitados. Pero a su vez el mundo no está siendo un lugar fácil para vivir y ni hablar de lo que nos pasa como país, con políticas de ajuste, exclusión, odio y crueldad. Por momentos parecería que no hay un lugar seguro, que no entramos todos en este planeta y eso también produce impactos. Notamos que hay un aumento de sufrimiento y la forma de responder a esa situación tiene que ver con el otro, con lo colectivo y con el encuentro. Poner todo eso en términos de cuidado, ternura, amistad o empatía invita a construir con herramientas importantes a la hora de poder transitar los sufrimientos”.

Escenarios abiertos

Una vez que se define el eje temático del festival –que busca ser una “orientación de la programación”– se abre una convocatoria general a la cual postulan tanto compañías profesionales, que quizás trabajan con alguna dramaturgia que aborda la idea propuesta; como así también los grupos teatrales de centros de salud, hospitales o espacios comunitarios.

Por momentos parecería que no hay un lugar seguro, que no entramos todos en este planeta y eso también produce impactos. Notamos que hay un aumento de sufrimiento y la forma de responder a esa situación tiene que ver con el otro, con lo colectivo y con el encuentro.

“La propuesta del festival es una curaduría mixta. Hay compañías profesionales del circuito cultural de la ciudad, compañías a las cuales invitamos porque nos interesa cómo están trabajando un determinado tema, y también están las producciones culturales de espacios sociosanitarios. No tenemos una visión de porcentajes y siempre tratamos de darle todo el lugar a las producciones que se generan en estos ámbitos, pero no desde una posición complaciente, sino para acompañar a la profesionalización de las artes escénicas, porque eso también genera efectos en la subjetividad de las personas”, señala Verónica.

Sobre la elección de las propuestas, explican: “Una vez que difundimos el tema, fijamos un tiempo para recibir las propuestas. Hay un formulario donde los postulantes tienen que poner videos, fotos y una sinopsis. Luego hay un proceso de curaduría, que no tiene que ver con la calidad, sino con lo que deseamos contar. Este año queríamos mostrar distintas situaciones para pensar el cuidado y, en este sentido, hay obras que tienen que ver con la violencia de género, con la pregunta de la vida, con cómo cuidan las instituciones. Buscamos que haya diversidad, que no sean todas las obras sobre el mismo tema”.

Otra gran pata del festival es sentarse a pensar, reflexionar y dialogar sobre lo que se muestra. “En la programación siempre hay conversatorios, algunos suceden apenas termina la obra, pero en otros casos también nos interesa que pase un día y que se procese lo que se vio en escena”.

Si bien las obras y los talleres del festival son de acceso gratuito –solo se pasa un sobre en donde el público puede colaborar a voluntad–, todos los artistas, dispositivos y compañías cobran por su trabajo. Esto es posible gracias a que el evento, que es de gestión independiente, cuenta con apoyos del Centro Cultural Parque España, del Gobierno de Santa Fe, de la Municipalidad de Rosario y de empresas.

“El Otro Festival” tiene siete años, pero sus cimientos se empezaron a construir hace más de tres décadas con el trabajo de diferentes profesionales que apostaron por un vínculo entre el lenguaje cultural, la salud mental y los espacios comunitarios. “Detectamos que toda esa labor estaba encapsulada en sus propios ámbitos y se le dificultaba mucho entrar en diálogo con el circuito cultural. Lo que el festival viene a aportar, muy humildemente, es la visibilidad de estos espacios y, desde una tracción más política, invitamos a preguntarnos quién tiene derecho a estar en los escenarios y qué condiciones y mediaciones tenemos que lograr para que realmente haya relaciones de equidad”, apunta Rodríguez.

Y Cocconi agrega: “La idea es que el festival aporte a los dispositivos para que crezcan y puedan entrar al circuito cultural. El lenguaje artístico siempre es un aliado para generar encuentros y expresar lo que a uno le está pasando. Permite que aparezcan los otros todo el tiempo, porque el teatro es eso, que alguien se pare a decir algo desde otro lugar”.

Si hay encuentro, hay cuidado

En relación al abordaje de este año, las organizadoras del festival repasan: “Cuando pensamos la temática, una de las preguntas que surgió era si el teatro podía ser un lugar de cuidado. Si bien es un cuestionamiento para ir contestando, nos parece que las artes escénicas no son sin el encuentro. No es posible hacer teatro sin que haya uno actuando y otro mirando. Cualquier expresión artística tiene sentido si hay alguien, siempre está dirigida a otro. El teatro sólo existe si hay público, y si hay público hay encuentro, y pensamos que el encuentro es la posibilidad de un cuidado. Por eso hablamos de cuidar en plural, con otros humanos”.

El lenguaje artístico siempre es un aliado para generar encuentros y expresar lo que a uno le está pasando. Permite que aparezcan los otros todo el tiempo, porque el teatro es eso, que alguien se pare a decir algo desde otro lugar

A lo largo de los cinco días en que durará el festival -del 24 al 29 de agosto- se intentará desentrañar las diferentes capas que conforman el cuidado –como la falta o el exceso del mismo–. “En un momento de mucha crueldad, de aniquilamiento del otro, entendemos al cuidado como una práctica que es fundamental para la vida. Cuidar es reconocer que el otro me importa, me concierne y me convoca, por eso es una acción política”, explica Cocconi, y descata que todas las instituciones, desde escuelas hasta clubes, barrios, centros culturales, plazas, teatros y familias, pueden cuidar.

Para la profesional la subjetividad, si bien es individual, siempre se produce en relación a la época en la que uno transita: “Se construye con una sociedad, con un lugar y con un tiempo en los que hago un intercambio entre mis propias vivencias, mi sensibilidad y el mundo. Todavía, por ejemplo, no sabemos qué impacto va a tener en la subjetividad la digitalización, lo virtual, la tecnología. Podemos pensar que la Inteligencia Artificial algo va a producir, pero no sabemos muy bien qué”.

En tiempos que presentan complicaciones e interrogantes en torno a la construcción subjetiva, la psicóloga reflexiona acerca de los modos de acompañamiento y cuidado: “Una crisis se puede presentar de muchas formas, pero siempre es importante no correrse ni alejarse, sino prestarse a la conversación y buscar ayuda profesional o un lugar de atención que, probablemente, después pueda dar coordenadas a los familiares y amigos. En la salud mental no hay una cosa que le sirva al otro igual que a mí, porque si entendemos que lo subjetivo es la individualidad, el modo que cada uno encuentra para estar en el mundo, podemos llamarlo personalidad o forma de ser, la receta que te sirvió a vos a mí no me va a funcionar, por eso está bueno acompañarse con equipos de salud”.

Hay un montón de lugares públicos que están explotados, con colegas que no dan más. Es muy agobiante porque además hay mucha carga y se produce una saturación de los trabajadores, eso se nota un montón.

Cocconi, quien trabaja en áreas de salud mental del ámbito público y privado, reconoce que hay “mucha demanda” de atención y alerta que, si bien la ciudad tiene “algo para ofrecer”, el sistema sanitario muchas veces no alcanza a dar respuesta a todos los que la necesitan: “Hay un montón de lugares públicos que están explotados, con colegas que no dan más. Es muy agobiante porque además hay mucha carga y se produce una saturación de los trabajadores, eso se nota un montón. Pero también tengo que decir que tenemos un piso alto. En Rosario siempre hubo un centro de salud a veinte cuadras de tu casa y la gente va a demandar de ese nivel para arriba y está bien, porque para eso lo hicimos”.

Un festival independiente

Si bien el festival suele realizarse entre agosto y octubre –y el post lleva cerca de dos meses–los organizadores comienzan a pensarlo en enero. “El equipo es muy voluntario porque ninguna vive de esto, todas tenemos otros laburos”, dice Rodríguez y suma que el evento ahora está incluido dentro de la asociación civil Casa del Paraná –una institución que siempre estuvo involucrada en la planificación y cuya directora clínica es la psicóloga Rita Larrañaga, una de las organizadoras–, lo cual le da mayor estructura.

“La trayectoria de Casa del Paraná y su crecimiento como institución nos permitió pensar que tenía muchas condiciones, por cómo trabaja y por cómo entiende la salud mental, para alojar este proyecto cultural. Se trata de una casa-club que aborda los sufrimientos psíquicos en el trabajo comunitario y con una inserción laboral. El año pasado formalizamos que El Otro Festival sea parte y sea presentado por esta organización. Eso también nos da otro respaldo, es un lugar donde nos asentamos para poder gestionar”, explica Cocconi.

Las organizadoras también repasan todo lo que conlleva la gestión de financiamiento: “Pedimos dos pesos acá, cuatro allá, tres más por aquel lado, de ahí todos los logos que aparecen en nuestros carteles. Es muy trabajoso porque cada uno de esos granitos de arena lleva toda una diligencia previa. También hay que dar participación y lograr que los colaboradores sean parte del evento. Somos un festival independiente, peleándola y remándola”.

El festival no es una política estatal, sino que tiene un carácter completamente autogestivo. “Nos suelen aparecer demandas para que demos respuesta a un montón de cosas. Si bien las políticas públicas nos acompañan, como a otros festivales, este evento no es parte de la agenda municipal, provincial y ni hablar de la nacional, pero sí reconocemos el acompañamiento, ya que sin esos apoyos no podríamos realizar esta propuesta”.

Además de las obras, otra instancia importante del evento son los talleres, que siempre son abiertos a la comunidad: “Este año hicimos una propuesta diferente. Le preguntamos a las instituciones que normalmente trabajan en el evento si podían interrogarse a sí mismas sobre cómo cuidan y cómo podían traducir ese cuestionamiento en una dinámica concreta para la comunidad. Así arribamos a cinco propuestas que llamamos ‘Puertas Abiertas’, que consisten en abrir las instituciones para contar cómo son las tareas de cuidado. Notamos que antes había más disponibilidad para hacer actividades, mientras que hoy, por la crisis y otros motivos, la gente no puede comprometerse a cronogramas muy largos, así que nos vamos adaptando”.

En cuanto a la dinámica de El Otro Festival, Coccini destaca la importancia de que converjan lo artístico con las instancias de conversación o reflexión: “Las obras se van programando para que una traccione a la otra y tengan un diálogo. No solo buscamos que estén los temas que nos parecen interesantes, sino también que tengan cierto nivel de presentación. Somos bastantes exigentes de que sean buenas puestas escénicas, pero también buscamos que no sean hiperdramáticas o muy fuertes. En el tema de la salud mental y los cuidados hemos visto obras que son muy buenas, pero que tienen una forma de presentarse en el lenguaje que es muy fuerte y termina siendo muy impactante”.

“En nuestro público –apunta Verónica– hay muchas sensibilidades y tenemos que pensar mucho en él. A veces hay grupos a los que el hecho de apagar la luz en la sala es un tema. Acá tenemos que pensar más en el marco, sobre todo si es una obra intensa. Este año tenemos una presentación muy fuerte, que se llama ‘Un tiro cada uno’, pero propusimos que apenas termine le pongamos palabras, entonces hay un conversatorio con algunos invitados y con el elenco para canalizar lo que acabamos de vivenciar”.

Todo el cronograma del Festival podés encontrarlo aquí

Más info en: https://www.instagram.com/elotrofestivalrosario/

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Eli Soldano

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