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El taller, la cooperativa y los trabajadores: otra forma de resistir

  • 03/08/2026
  • Eli Soldano
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Ante las cíclicas crisis económicas que sufre el país, el Frente de Organizaciones en Lucha apostó a enseñar oficios y a crear empleo a través de cooperativas. Hace algunos años que en Rosario funciona la “Juana Azurduy”, una unidad productiva que ofrece diferentes servicios y da trabajo a unas cuarenta personas. “Todos los días salimos a buscar algo para hacer. Tratamos de que no haya baches para que los compañeros puedan cobrar todos los meses”, cuentan desde la organización.

En inmediaciones del barrio rosarino Bella Vista se escuchan martillazos y motores. En un galpón ubicado en L. Miranda al 3333 –a unas cuadras del Parque Independencia– se encuentra una verdadera usina productiva: allí funciona la cooperativa “Juana Azurduy”, vinculada al Frente de Organizaciones en Lucha (FOL), que emplea a entre treinta y cuarenta personas y ofrece trabajos de carpintería, textil, lavado de prendas, premoldeado, albañilería, electricidad, pintura, desmalezado y limpieza de zanjones y sumideros. La actividad de la organización se completa con una pata social, a través de la cual funcionan comedores y merenderos.

Es jueves y son las cuatro de la tarde. La jornada laboral está próxima a finalizar y la fotografía del galpón así lo indica. En la planta baja hay vallas de madera recién pintadas de blanco y baldosas apiladas. En el primer piso suena un martillo: un trabajador ultima los detalles de un maquillador infantil hecho de madera. A su lado descansan rejas, banquitos, aberturas de aluminio y juguetes. Todo ello hecho en Rosario.

En diálogo con Enredando, el presidente de la Juana Azurduy, Rubén Benítez, precisa: “Hacemos carpintería en aluminio, como aberturas, puertas, ventanas y ventiluces. Teníamos las herramientas y la maquinaria, pero nadie las sabía usar, entonces conseguimos que un señor nos capacite, aprendimos el oficio y en función de eso salimos a buscar clientes. Lo mismo pasó con la carpintería, arrancamos con cositas chicas, tipo juegos para niños como el jenga o las placitas Montessori, repisas, banquitos y sillas. Ahora estamos abocados a hacer muebles de melamina. Generalmente los clientes nos llaman (341-3982305), vamos al lugar que necesiten, tomamos las medidas y hacemos lo que nos pidan, como alacenas, bajo mesadas y placares”. 

La rama textil de la cooperativa tiene dos focos: por un lado está el taller y por otro el lavadero industrial. El primero actualmente trabaja para una empresa que les manda las prendas terminadas, a las cuales deben colocarle etiquetas, cortarle los hilos, controlar roturas y fallas, planchar y embolsar. No obstante, esta unidad también confecciona indumentaria a pedido –como ambos, guardapolvos o cofias– y algunos trabajos particulares. En sus exhibidores muestran pilusos, monederos de tela y portaherramientas.

En cuanto al lavadero, Benítez explica: “Le damos valor agregado a las prendas. Ahí trabajamos con empresas privadas, no con particulares. Hacemos rotura, corrosión, todo lo que está de moda. El cliente nos trae la prendas confeccionadas y nosotros le damos el agregado de valor para que lo venda en su comercio”.

La textil es un buen sector para ilustrar cómo es la dinámica dentro del FOL: “Para cuando nos llegan pedidos muy grandes desarrollamos un sistema de logística. En la organización hay más de veinte talleres textiles, algunos son de cuatro o cinco compañeros, otros de diez. Cuando recibimos trabajos cuantiosos, se compra la tela, se corta y, dependiendo de la capacidad de producción de cada regional, se envía la encomienda con la materia prima. Luego, cada taller manda el trabajo terminado a la cooperativa que tomó el pedido. Los compañeros cobran mensualmente en función de las horas trabajadas”.

En el área de premoldeado se fabrican baldosas de 40 centímetros por 40 centímetros y postes olímpicos y en H para hacer alambrados o cercos perimetrales. La organización también produce tapas para sumideros de desagües y vallas de madera para señalizar obras, objetos que suelen ser encargados por la Municipalidad.

Hasta hace un tiempo en el área de carpintería se elaboraban juguetes, pero últimamente la producción se orientó más a la fabricación de muebles. “Esto no quiere decir que no podamos hacer ciertos juegos si los piden, pero hay otras regionales, como la de Buenos Aires o Córdoba, que se están abocando más a este rubro. Varias empresas nos han comprado, más que nada cuando se acerca el Día del Niño, para después dárselo a los hijos de sus empleados”, apuntó el responsable de la cooperativa rosarina.

“Mirá cómo está quedando”, dice, orgulloso, uno de los trabajadores mientras señala la mesa del sector de carpintería. Sobre ella se alza, luminoso, un maquillador infantil que está siendo cuidadosamente construído: en vez de un espejo de vidrio tiene un material de plástico –que reduce significativamente los riesgos de lesión en caso de que se rompa–, mientras que el sistema de luces es led y tiene 12 voltios, sin necesidad de que vaya enchufado a la línea de 220. “Todos los juguetes que hacemos tienen su cuidado, hemos construído autitos y dominós en donde usamos una pintura que no es tóxica, porque por ahí los chicos se lo llevan a la boca. También hay que tener mucho cuidado con las puntas. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (Inti) establece una serie de pautas y características a cumplir para que los objetos no sean nocivos ni tóxicos”, repasó Benítez, quien detalló que han recibido pedidos de juguetes tanto del Estado como de diferentes sindicatos para regalar a sus afiliados el Día de las Infancias.

Organizarse ante la crisis

El Frente de Organizaciones en Lucha es una organización social que nació en Buenos Aires en la última década del siglo pasado y, ante el avance de crisis políticas y económicas, se extendió al resto del país. “Esto arrancó ante la necesidad y urgencia de asistencia alimentaria que había en los 90 y el 2001. A través de los años fuimos generando capacitaciones en oficios y ahí se fueron armando los distintos emprendimientos productivos y conformándose las cooperativas”, detalla Benítez.

Las cooperativas de la FOL apuestan a un funcionamiento regional: hay unidades productivas en varias provincias y, cuando la situación lo requiere, trabajan de forma articulada. Por ejemplo, si el establecimiento de Córdoba recibe un pedido extraordinario –pongamos por caso, mil guardapolvos– la elaboración se reparte entre las diferentes organizaciones para acortar los plazos de fabricación y repartir el trabajo.

“Para poder generar trabajo, facturar, comprar insumos y todas esas cosas que se necesitan para funcionar como organización y cooperativas, todas las entidades tuvimos que acceder a matrículas locales. En el caso de la rosarina Juana Azurduy, hicimos todos los trámites vía online en plena pandemia. Cada vez que solicitábamos al municipio que nos contrate, nos decían que si no teníamos matrícula local no podían hacerlo, a pesar de que teníamos la personalidad jurídica a nivel nacional”, explicó el presidente de la cooperativa rosarina.

En 2013 los quince trabajadores de la cooperativa Unión –un lavadero textil que funciona desde hace diecisiete años– conocieron a la FOL y, al ver el trabajo territorial que realizaba, se reunieron en asamblea y decidieron construir una rama de la organización social en la ciudad. “Con el tiempo se fueron sumando compañeros y desarrollamos lo productivo. Vimos que ese era el camino para combatir la desocupación y empezamos a construir con esa lógica. Lanzamos distintas capacitaciones en carpintería, herrería, electricidad, plomería, obra y, en función de eso, armamos las cuadrillas de trabajo”, explica Benítez.

Afectados por el fin de la obra pública

Una vez que la “Juana Azurduy” tuvo su matrícula local, pudo acceder a licitaciones públicas y realizar diferentes trabajos: “En Rosario intervinimos la vivienda de un señor que tenía un chiquito a su cargo. Le hicimos toda la cocina, instalaciones de agua y electricidad, piso, revoque, pintura, todo lo sanitario. Se dejó en condiciones la casa, porque tenía filtraciones y se llovía, entonces se impermeabilizó el techo. También hicimos muchas obras en el barrio San Francisquito por intermedio de la Secretaría de Integración Socio Urbana (SISU), que hoy no existe más porque este Gobierno la eliminó. Ahí hicimos veredas y unas cien instalaciones eléctricas, pusimos térmicas y disyuntores. En esta iniciativa trabajaron alrededor de treinta compañeros y compañeras”.

Sin embargo, desde diciembre de 2023, cuando Javier Milei asumió a la presidencia, los trabajos que Nación le pedía a la cooperativa se cortaron de cuajo. Benítez recuerda que, durante la gestión anterior y a través de la Sisu, las diferentes cooperativas de la FOL hicieron un “montón de intervenciones en barrios populares” del país, las cuales contemplaron la construcción de playones deportivos, veredas y plazas, la conexión de cloacas y agua potable o la mejora de instalaciones eléctricas.

Pero las contrataciones del Estado no solo se limitaban a la albañilería: “El Gobierno anterior –dice Benítez– nos había pedido guardapolvos y eso dio empleo y un ingreso genuino a un montón de compañeros y permitió que el trabajo llegue a lugarcitos escondidos en Misiones, Chaco o Santiago del Estero, donde no hay tantas fábricas, sino que son zonas más bien rurales. La política dentro de la FOL es que cuando una regional agarra trabajos muy grandes, los mismos se distribuyen dependiendo de la capacidad de producción de cada taller. Si son trabajos chiquitos, los afronta la regional, pero nuestra forma de construcción apunta a repartir la producción”.

Y añade: “Todos los días salimos a buscar algo para hacer, para que esto no se corte y tenga continuidad. Si bien a veces hay parates, tratamos que no haya baches para que los compañeros puedan cobrar todos los meses. Si no generamos trabajo nosotros mismos, los compañeros no cobran porque no ingresó dinero a la cuenta de la cooperativa”.

Parar la olla

La FOL de Rosario nuclea a unas doscientas personas, pero de ellas solo 30 o 40 se abocan a lo productivo. El resto trabaja en la rama social y territorial, dado que la organización tiene comedores y merenderos en diversos barrios. Sin embargo, deben hacer malabares ante el recorte de partidas alimentarias por parte del Gobierno nacional, por lo que el objetivo es garantizar un plato de comida al menos una vez a la semana.

“La asistencia alimentaria está bastante complicada –comenta Benítez–. Cada vez hay más personas que vienen a retirar comida a raíz de la desocupación, la inflación y los bajos salarios. Con menos recursos tenemos que abastecer a más personas. Tenemos un área de logística, que se ocupa de organizar cómo se envían los recursos a los barrios. La mercadería llega a este galpón y acá se separa dependiendo de la cantidad de compañeros que hay por barrio, tratando de que ese alimento alcance para, aunque sea, cocinar una vez por semana y repartir bolsones. Antes se cocinaba más días, pero ahora, con menos recursos, tenemos que hacer malabares para que alcance”.

Mientras los envíos por parte de Nación se cortaron, el sistema se sostiene con lo que llega del Gobierno de Santa Fe y de la Municipalidad de Rosario, pero aún así no alcanza. “Esto va a empeorar porque van a recortar el programa Volver al Trabajo, que para los beneficiarios representaban $78.000 por mes y al menos le alcanzaba para pagar la cuentita del almacén o comprar algo para puchearear. Se va a agravar la situación en los barrios. Están por eliminar alrededor de 900.000 asistencias, eso afecta a muchísima gente y va a impactar en la economía local”, alerta el presidente de la cooperativa.

Tal es la situación económica que en la Juana Azurduy no están tomando a nuevos asociados, aunque reconocen que hay gente que se acerca a preguntar si hay alguna changa. De hecho, la actividad en los últimos meses mermó tanto que ni siquiera se garantiza la continuidad laboral de los asociados. “El trabajo que tenemos no alcanza para todos, cayeron los pedidos. La textil está media frenada, fue uno de los rubros más afectados por la apertura de importaciones”, ilustraron desde la cooperativa.

Ante este panorama, la organización apuesta a la rotación de trabajadores, dado que la mayoría está capacitado para realizar varias tareas. Si reciben algún pedido que demanda más mano de obra de la disponible, se abre una convocatoria para quienes estén interesados y se decide en asamblea cómo va a estar conformada la cuadrilla y quiénes van a cubrir los puestos de trabajo.

También hubo un achique interno, donde la cooperativa rosarina se vio obligada a reducir su estructura. Hasta hace un tiempo, la unidad alquilaba dos galpones para desarrollar sus tareas productivas y sociales, pero en los últimos meses, ante la caída de trabajo y de ingresos, debió rescindir un contrato al no poder afrontar los costos de la renta. Así las cosas, toda la actividad se trasladó al establecimiento de barrio Bella Vista.

Otro detalle a destacar de las cooperativas de la FOL es que un 90% de su plantilla son mujeres. Por ello, la organización impulsó –como política a nivel nacional– espacios de cuidados para las infancias: “Muchas compañeras son mamás solteras o con hijos a cargo y no tenían con quién dejar a los chicos, ya sea porque no estaban en edad escolar o porque justo el horario que tenían que trabajar no les coincidía con la escuela o jardín. Esta era una problemática a resolver y en asamblea surgió la posibilidad de abrir un espacio de niñez. Cada compañera elige si quiere dejar a su hijo o no, no es una obligación, sino que es una posibilidad para que el cuidado de los niños no sea un impedimento para trabajar”.

“Somos las organizaciones las que afrontamos todas las crisis, pero a la vez somos el sector más cuestionado de la sociedad, porque todo el mundo se quedó en la lógica de que no trabajamos y vivimos de planes, que somos todos vagos, y eso no es real. Hoy es muy difícil insertarse laboralmente en una empresa, pero encontramos esta veta y salida laboral que es inclusiva, tenemos compañeros con alguna discapacidad o a punto de jubilarse. Somos las organizaciones sociales las que damos la pelea cuando las cosas están mal”, cierra Benítez. 

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Eli Soldano

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