La urbanización de Nuevo Alberdi está en marcha. El proyecto de integración de este barrio popular es el más grande del país y abarca casi 500 hectáreas: las primeras obras incluyen la red de agua potable, dos plazas (una comestible) y una nueva escuela ETICA. Acceso a la tierra, servicios básicos como el agua y la luz y el derecho al disfrute, la cultura, la educación. Una historia de militancia territorial y organización popular que como un pulpo despliega diversas patas en Nuevo Alberdi. El censo baldosa por baldosa, la Patrulla de Control Social, el 1° Foro de Barrios Populares y un programa de radio. ¿Cómo es el barrio que sueñan las y los vecinos? ¿De qué forma construir colectivamente el territorio deseado?

En el barrio Nuevo Alberdi, enfrente de la escuela ETICA (Escuela de Territorio Insurgente Camino Andado) hay una casa que están terminando de poner a punto y que funcionará como anexo de la escuela. La escritora y docente Hebe Uhart había recibido en 2017 el Premio Iberoamericano Manuel Rojas que le entregó el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes del gobierno de Chile por su trayectoria. De ese premio, Hebe donó la mitad a la ETICA y con esa plata compraron y remodelaron esta casa de calle Somoza al 3000. En uno de sus salones, arriba de un pupitre hay cuatro folletos impresos en papel de diario con las noticias del territorio. En la tapa del volante se ve el dibujo de una calle zigzagueante y más arriba un título que avisa: El Nuevo Alberdi. Avanza la urbanización!

– Esto llevatelo- dice Cris Martínez señalando los folletos. – Son de una asamblea que íbamos a hacer para contarles a los vecinos y las vecinas en qué andamos con la urbanización-. Esa asamblea que menciona Cris no se hizo cuando estaba planeada. El motivo de la postergación fue una seguidilla de homicidios que tuvieron al barrio como escenario repetido.

– Fue esa semana que tuvimos esos crímenes-, dice Cris. Esos crímenes: el miércoles 7 de septiembre una mujer policía que vive en Nuevo Alberdi mató a Maximiliano Lucero de un tiro en la cabeza en el contexto de una discusión barrial; ese mismo 7 de septiembre murió Facundo Valdez, un joven que era sobrino de una compañera trabajadora de la escuela ETICA que había sido internado el domingo anterior con heridas de arma de fuego en abdomen y pierna derecha; el 16 de septiembre Carla Cabaña y Magalí Páez fueron víctimas de un doble femicidio. “La idea era hacer la asamblea ahí afuera (Cris señala la entrada de la escuela) pero decidimos suspenderla porque estaba áspero”.

Algunas adjetivaciones que la Real Academia Española vincula con la definición de la palabra áspero: desapacible, tempestuoso, desagradable al tacto, escabroso, violento, falto de afabilidad o suavidad. Los barrios populares de Rosario están ásperos. Pero esta crónica no entra en el género de policiales. Más bien es un intento por desandar parte de los caminos vitales que se vienen construyendo en esta barriada de la zona noroeste de Rosario.

– Soy Cris Martínez, militante de Ciudad Futura, y mi ámbito de militancia es la escuela ETICA, la CAC (Centro de Acción Comunitario) y el proyecto de urbanización-. Cuando parece que Cris terminó la enumeración de los espacios en los que participa, suma otro mostrando la inscripción del buzo identificatorio que lleva puesto: la Patrulla de Control Social. “Se generó un grupo de compañeros y compañeras para controlar que la empresa que va a poner el agua, ponga lo que dijo que va a poner. Esta semana vinieron a ver por dónde pasaban los caños y tuvieron a cuatro o cinco compañeros encima todo el día mientras hacían los pozos”. La tarea de fiscalización popular no es caprichosa. Conocen el paño y saben que muchas veces es la única forma de asegurar que la obra marche de acuerdo a lo pactado. Cris Martínez cuenta que están por recibir una capacitación en donde les explicarán lo que dice la licitación para poder hacer ese control.

– Queremos que la obra se haga como corresponde. No que nos digan que van a poner un caño marca sapito y que después traigan marca hormiga. Que estas obras sean duraderas, que no sea pan para hoy y hambre para mañana. -. Quien habla es Lorena Ayala, que está sentada enfrente de Cris rodeando al pupitre donde están los folletos. Lorena lleva diez de sus treinta y un años viviendo en la zona rural de Nuevo Alberdi. También integra la patrulla de control social, además de una larga lista de responsabilidades y verbos que se vuelven acciones cotidianas: milita en Ciudad Futura, trabaja en la CAC, estudia en la ETICA, participa en el proyecto de la urbanización, sostiene un comedor en zona rural.

La creación de la patrulla de control social forma parte de uno de los últimos capítulos de una historia que se escribe todos los días al ritmo de la militancia territorial. El relato que se propone en esta nota no sigue el curso de los acontecimientos de manera cronológica. Más bien, es un intento de componer una experiencia a partir de algunos saltos temporales. Hecha la aclaración, primer flashback:

Es agosto de 2020, en la vida real hace mucho frío. La virtualización de la vida se volvió (para quienes tuvieron conexión a internet) un modo de ser y estar en pandemia. La pantalla dividida en cuadrantes con rostros parlantes generó, por un lado, la posibilidad de reunir en ese no lugar a personas que se conectan desde lugares bien distantes. Por otro lado, las restricciones sanitarias durante los momentos más acuciantes de la propagación del Covid-19 imposibilitó lógicamente la reunión de muchas personas en un mismo lugar, algo tan habitual en la vida de las organizaciones.

En los cuadrantes visibles aparece el intendente de Rosario, Pablo Javkin, la Ministra de infraestructura de Santa Fe, Silvina Frana, la Ministra nacional de Desarrollo Territorial y Vivienda, María Eugenia Bielsa, la Secretaria Nacional de integración socio-urbana, Fernanda Miño. Hasta ahí, los fondos que se ven detrás de las personas delatan, aún a cuentagotas, signos de urbanidad. En el restante cuadrante que vemos en pantalla el fondo es típicamente rural: tractor, vacas, fardos, pájaros. Las personas que comparten ese escenario: Oscar Licera, tambero de La Resistencia, Caren Tepp y Juan Monteverde, concejales de Ciudad Futura. A un costado de la pantalla, la catarata de mensajes que comentan en vivo durante el acto de la firma del convenio de la urbanización en Nuevo Alberdi.

´Después de años de lucha y resistencia, se firma el convenio por el cual el barrio Nuevo Alberdi de Rosario se suma como uno de los 13 primeros seleccionados para comenzar la integración de barrios populares en Argentina. Desde el tambo La Resistencia, en comunicación con CABA, nos podés acompañar en este hermoso momento para el barrio y para la ciudad!´

– Ahí se firmó el convenio, muy emocionades. Lo pudimos ver pero no estar. Un tema que nos generaba mucha angustia es que no nos podíamos reunir. Acá todo se resuelve en asamblea, sea de la escuela o de la urbanización-. Cris Martínez pone al proyecto de la urbanización en su contexto. El nacimiento de la idea es fruto de la ley de ReNaBaP (Registro Nacional de Barrios Populares), sorprendentemente promulgada en el gobierno de Macri. Cris plantea la hipótesis de que “el gobierno en el que nadie creía hizo la invitación pensando que nadie lo haría”. “Mi sospecha es que pensaron que la ley iba a quedar cajoneada, que nunca nadie se iba a hacer cargo, porque la ley proponía que las organizaciones sociales hicieran los relevamientos en los barrios. Y fue lo que pasó: todas las organizaciones salieron a hacer relevamientos en los barrios”.

«No haremos nada que no hayamos discutido antes, que no hayamos soñado. Va a ser la plaza más linda, la mejor escuela. Es cómo lo soñamos, no cómo lo hizo alguien en un escritorio»

Producto de ese trabajo militante por el cual las organizaciones caminaron los barrios, llenaron planillas y mandaron los informes, se sabe que en Argentina hay 5.687 barrios populares relevados hasta el momento. De esa larga lista, Nuevo Alberdi aporta un elemento que lo destaca: Es el proyecto de urbanización más grande de toda la Argentina. Entre la zona rural y la zona urbana, el proyecto abarca casi 500 hectáreas. Cris dice a modo de anticipo: “Acá va a haber de todo. Hasta una escuela ETICA nueva que se va a hacer en la zona rural”.

Un censo popular baldosa por baldosa

Segundo flashback:

Es 25 de enero de 2021 y en la vida real hace un calor que aprieta. En la misma semana los días se repartirán entre el calor y la lluvia intensa. Y lluvia intensa en los barrios populares de Rosario significa agua hasta la rodilla. Sin embargo, ninguna de estas inclemencias climáticas es suficiente para demorar algo que ya no puede seguir esperando. “Veías a los compañeros que se ponían una bolsa y salían. Nos arremangábamos los pantalones y salíamos. Teníamos agua hasta arriba de la rodilla porque mucha zona todavía es inundable. Pero nosotros le mandábamos igual. Todos nos decían ´están re locos´. Sí, estamos locos porque esto lo vamos a lograr”. Lorena recuerda ese censo ´baldosa por baldosa´. “Entramos en cada rincón que existe en Nuevo Alberdi. Entrabas a un pasillo y mágicamente aparecían casas, casas, casas”. Cuenta que en ese contexto surgió la pregunta repetida que se volvió frase común: ´Será que esta vez será´. Por si hiciera falta, explica: “Siempre llegaban, prometían, pasaban las elecciones y no había nada. Nosotros decíamos que sí, que esta vez va a ser, que esta vez es nuestra, que ya lo firmamos, que ya lo tenemos”.

Uno de los datos que arrojó el censo:

1.471 familias viven en Nuevo Alberdi. De ese total, 465 unidades familiares están en zona rural.

“Era importante tener los datos certeros para poder pedir los certificados de vivienda familiar, que son una herramienta fundamental de ReNaBaP”. Cris explica la importancia del certificado que sirve como respaldo ante cualquier intento de desalojo. “Teniendo ese certificado no te pueden desalojar bajo ningún concepto. Ese terreno va a ser expropiado y después vendrá una suerte de regularización dominial en la que el Estado se va a hacer cargo de comprar las tierras”. Otro de los puntos centrales es que con el certificando cada vecinx pasa a tener domicilio y puede pedir la conexión de luz. Lorena explica lo que vivió en su propia historia. Por eso en el relato pasa rápidamente de la tercera a la primera persona. “Ahora cada casa tiene su número, sector y manzana. Yo vivo a quince cuadras de acá, terreno 8, casa N° 2”. Recuerda que en esas largas caminatas se encontraban con vecinos que esperaban con una silla, un té o un café, dispuestos a escuchar y responder las preguntas de la entrevista que llevaba 45 minutos de reloj.

El flashback adentro del flashback:

Antes del censo hicieron un pre-censo, en el cual les dejaban a las familias un kit compuesto con emojis,  fibrones, tijera y goma de pegar. “Para que las familias soñaran y pensaran el barrio que querían”, cuenta Lorena. “Los sábados salíamos casa por casa y a los vecinos que se copaban para hacerlo les dejábamos el kit. En base a eso se fue trabajando”.

En el proyecto de la urbanización están trabajando junto al Instituto en Gestión de Ciudades, un grupo interdisciplinario que se dedica a trabajar en urbanización y mejoramiento de ciudades. “Trabajan en el sur y en Buenos Aires. Ellos inventaron el famoso kit para que podamos tener la opinión de vecinos y vecinas sobre el barrio que querían”. Cris aclara que “no haremos nada que no hayamos discutido antes, que no hayamos soñado. Va a ser la plaza más linda, la mejor escuela. Es cómo lo soñamos, no cómo lo hizo alguien en un escritorio”. Lorena recuerda la emoción que tenían lxs vecinxs por ser parte del proyecto. Ese entusiasmo se traducía en que ya esperaban recibir los kit, se sacaban fotos en el proceso, buscaban a lxs censistas para asegurarse de que reciban el trabajo realizado. “Soñaban su escuela. Nos mandaban dibujos de la plaza que soñaban. El proyecto tiene una cosita de cada vecino. Y ese vecino va a saber ´esto lo elegí yo´”.

El censo arrojó un dato: 1.471 familias viven en el barrio. De ese total, 465 unidades familiares están en zona rural.

Luz, agua, transporte público; luz, agua, transporte público; Luz, agua, transporte público. Respuestas que por la fuerza de la repetición suenan como un mantra. Lorena no necesita bucear demasiado en su memoria porque tiene muy presentes las respuestas, deseos y temores que sus vecinos dejaron plasmados en el ejercicio de participación colectiva. Probablemente los tenga presentes porque son sus propios miedos y deseos.

– ¿Qué me da miedo? El ferrocarril.

– ¿Qué me da miedo? Bouchard que no tiene luz.

– ¿Qué me da miedo? El dispensario porque no tiene buena iluminación.

– ¿Qué es lo que más quiero? Que el colectivo no me deje a treinta cuadras de mi casa.

– ¿Qué es lo que quiero? Una escuela secundaria para que mi pibe y mi piba no tengan que caminar veinte cuadras para tomarse un bondi para ir a otro lugar a estudiar.

– ¿Qué es lo que quiero? Seguridad para mis hijos que van de primero a quinto grado a la 133, que no tengan que cruzar el ferrocarril y les pongan un fierro en la cabeza.

El parteaguas que representa la ruta 34 en la fisonomía del barrio es tanto físico como simbólico. Cris Martínez apunta que eso es algo que también salió a partir de lo relevado en los kit cuando preguntaban por las actividades que hacían dentro y fuera del barrio. “Para todo lo que se hace fuera del barrio hay que cruzar la ruta caminando, no hay puente. Para llevar a los chicos a la escuela hay que cruzar la ruta”. Lorena continúa la enumeración de las actividades que inevitablemente implican salir del barrio y cruzar la ruta: hospital, cajero automático, supermercado, farmacia. “Todo está del otro lado. ¿Qué tenés acá? Nada”.

Cuando Lorena dice acá, dice zona urbana, donde está la escuela ETICA. Explica que si bien Nuevo Alberdi es uno solo, la presencia del arroyo Ludueña divide lo que es zona urbana de zona rural. Aclara que si bien la zona urbana “tiene un poquito más que la zona rural”, la comunidad está unida en un mismo proyecto porque todos persiguen el mismo fin: que las obras se lleven a cabo. En el caso del agua, la obra que empezará en zona urbana debe llegar hasta el puente para dar la factibilidad que permita llegar hasta zona rural. Con la luz el camino es inverso: la factibilidad para llegar a zona urbana empieza en la zona rural. Hasta hace pocos años, los cortes de luz en la zona rural eran demasiado habituales. Los negocios perdían la poca mercadería que podían acopiar. La organización y el reclamo popular fueron los responsables de que finalmente en 2018 instalaran los medidores seguros que tienen la tarifa social.

En la zona rural el agua llegaba en las cubas, pero como no había asfalto las cubas no podían entrar los días de lluvia. El sábado era el último día de la semana en que hacían el reparto. Pero no alcanzaba con que ese día parara la lluvia. Las manzanas que no estaban asignadas en el reparto, se quedaban una semana sin agua. Un día Lorena llegó del trabajo y se encontró con que su hermana había salido con el bidón para pedirles a los muchachos del camión un poco de agua para hacerle la leche a su hija. Le dijeron que no porque no le correspondía. Lorena se enojó y les dijo que si no le daban el agua les prendería fuego el camión.  “Así fueron muchas peleas que tuvimos. Después obtuvimos el asfalto. Al vecino de zona rural siempre le pasaba lo mismo. Hasta que un día nos reunimos entre cincuenta vecinos y dijimos ´vamos a poner agua´. ¿Cuánto hay que poner cada uno? Mil quinientos pesos. Medimos, compramos los caños y las abrazaderas”.

En esta historia de las manzanas 33 y 34 hay un cómplice: un empleado de Aguas Santafesinas que a los fines narrativos se llamará Pepito. Pepito no vive en el barrio pero fue una, dos, tres veces y se terminó encariñando al punto de que los terminó acompañando al Foro de Barrios Populares (ver más adelante). A pocos metros de estas manzanas hay un barrio privado, por lo tanto, la línea de agua llegaba. “Estaba la plata, los caños, todo. Vino Pepito y nos dijo cómo había que hacerlo.  Lo único que nos pedía era que el cable no estuviera pinchado para que no tengamos pérdidas”, explica Lorena. Hicieron el pozo y pasaron el caño. “Gracias a eso 65 vecinos de zona rural hoy tienen agua. La pucha, en un fin de semana llevamos el agua a más de treinta familias. ¿Qué le cuesta al Estado hacer esa conexión que es tan rápido y fácil?”.

Licitaciones, tablones y caballetes

El 8 de enero de 2021 se promulgó en el Concejo Municipal de Rosario la ordenanza Nº 10144/2020, denominada Plan de Ordenamiento Urbano Ambiental Canales Ibarlucea y Salvat. En su artículo 2 establece la finalidad de ´ofrecer una respuesta integral a las problemáticas y demandas habitacionales, ambientales y socioeconómicas que actualmente presenta el sector´. Por eso, se propone ´orientar el desarrollo urbano a partir del reconocimiento del borde periurbano, la vulnerabilidad hídrica y las limitaciones infraestructurales de servicios existentes, promoviendo su progresiva urbanización ´. El plan de ordenamiento prevé 4 sectores con distintos usos: una zona de integración socio urbana, una de desarrollo más densificado y dos zonas de protección ambiental: una con usos productivos para localizar la producción del barrio y otra con posibilidades de vivienda de baja densidad y áreas deportivas.

Al margen de la firma del convenio marco, cada estamento del Estado tiene que comprometerse a realizar una parte de la obra. Cris cuenta que también aprobaron en el Concejo la “Aceleradora para la urbanización de barrios populares”, que aplica a todas las urbanizaciones en barrios en Rosario. “Desde hace tres meses que todos los lunes hay una comisión que se reúne en el Concejo para acelerar lo que la Municipalidad se comprometió a hacer”.

Las primeras obras que van a realizarse –denominadas obras tempranas- responden a un orden de prioridades. Serían las urgencias más urgentes votadas en el barrio por unanimidad: el agua, las dos primeras plazas y después la escuela. La obra del agua –con una duración estipulada de ocho meses- ya arrancó. “Lo que tenemos aprobado hasta ahora es hasta el canal de Ibarlucea. Ahí recién nos va a dar la factibilidad para llegar hasta zona rural”, aclara Lorena, al tiempo que dice que si bien estas son las primeras obras, después sueñan con un cajero automático, con que entre el bondi, con que haya una comisaría en el barrio.

Los sobres de las licitaciones para hacer las plazas se abrieron en el propio barrio. Lo que generalmente se hace en la Municipalidad, se hizo sobre un tablón y dos caballetes. Las dos primeras plazas serán la de J.J. Pérez y Baigorria, y la que está Bouchard y Servellera. “La idea es que cada vez se censen más barrios populares, los incluyan en los polígonos (así llaman al diseño de las obras) y que cada vez haya más barrios con agua, luz, lugares de disfrute, porque no es solamente comer, dormir, bañarte. El disfrute es un derecho”, plantea Cris Martínez. Sobre una de las primeras plazas, cuenta: “Es un proyecto muy lindo porque es una plaza comestible. Todo lo que está plantado se puede llevar y comer, desde plantas aromáticas, limonero, naranjos. Una plaza para ser comida”.

El veinticinco por ciento del dinero recaudado a partir del impuesto a las grandes fortunas se destina a la ley ReNaBaP a través  del Servicio de Integración Socio Urbana (SISU) del Ministerio de Desarrollo Social de Nación. Para los barrios ReNaBaP hay un programa que se llama Mi Pieza, destinado a mejorar las viviendas con un presupuesto que va de cien mil a doscientos cuarenta mil pesos. “El ochenta por ciento de la gente inscripta en Nuevo Alberdi ya son beneficiarios. Me incluyo, pudimos mejorar nuestra vivienda y vivir un poquito mejor”. La experiencia de Lorena y de ese ochenta por ciento provocó que muchas familias que no habían querido dar sus datos en el censo cambiaran de opinión. “En un día inscribimos a ciento veinte familias que no tenían certificado de vivienda familiar”. Cris explica el procedimiento: “Te inscribís y cada tres meses se hace un sorteo. Tenés que armar un proyecto y certificar la obra con fotos. Estoy felizmente sorprendida con la cantidad de guita que está usando Desarrollo Social para un montón de cosas: nos llegó el subsidio para el jardín, las chicas tienen el Mi Pieza, la urbanización, la política de micro crédito”.

En Argentina hay 5.687 barrios populares. De esa larga lista, Nuevo Alberdi aporta un elemento que lo destaca: Es el proyecto de urbanización más grande de toda la Argentina. El proyecto abarca casi 500 hectáreas. Cris dice a modo de anticipo: “Acá va a haber de todo. Hasta una escuela ETICA nueva que se va a hacer en la zona rural”.

Según la definición de ReNaBaP, un barrio popular es aquel que no tiene ni luz ni agua. “Le dimos una vuelta a la identidad porque no puede ser que me definan por la carencia. Hay cosas positivas de vivir en un barrio popular”, apunta Cris Martínez. En ese contexto, diversas organizaciones territoriales – el Frente Ciudad Futura, Patria Grande, La Poderosa, Furia Feminista, entre otras- organizaron lo que fue el 1° Foro Provincial de Barrios Populares que se desarrolló el 17 de septiembre en la ciudad de Santa Fe con la idea de correr la centralidad que generalmente tiene Rosario. “La idea surgió del último congreso de Ciudad Futura. Queríamos hacerle saber a los barrios populares que no tienen vínculo con ReNaBaP, que existe y que funciona”.

Mil doscientas cincuenta personas estuvieron compartiendo la jornada en la que uno de los ejes fue construir la identidad de los barrios populares. El objetivo del encuentro fue relevar y socializar lo que se está haciendo en los distintos territorios, identificando las fortalezas de estos tejidos comunitarios. “Hubo contribuciones, proyectos, ideas, sueños. El papelógrafo fueron toneladas de papel. En todos lados se están haciendo un montón de cosas”, cuenta Cris, mientras agrega que el derecho al disfrute es algo que salió de manera recurrente. “No es solamente la infraestructura necesaria, sino también tener acceso a la cultura, a la educación”. Lorena señala otro eje común: “La falta del Estado es muy notable, pero no nos quedamos con eso. Vamos y lo hacemos”.

Un merendero y un programa de radio

Esa actitud de ´vamos y lo hacemos´ es la que misma que impulsó a Lorena a motorizar y sostener un merendero en la zona rural de Nuevo Alberdi. Lunes, miércoles y viernes funciona la copa de leche de tres a cinco de la tarde. Martes y jueves, hacen el almuerzo. Son tres personas que trabajan fijas –Lorena junto a su hermana y su cuñada- además de la ayuda que reciben de sus hijas, una vecina, Cris y el cuñado de Lorena. “Nosotras cocinamos y los varones reparten. También damos la ración para el papá y la mamá”, detalla. Quien fundó el merendero fue la mamá de Lorena en 2019, sin saber que poco tiempo después vendría una pandemia. Ella se sumó a los dos días. El disparador fue una charla casual en la cual pasó un vecino a pedir un pedazo de pan. Les dijo que hacía dos días que no comía. “Nos quedamos mirándonos, fuimos a comprar pan. Y así empezamos. No teníamos nada”. Empezaron cocinando en una ollita de diez litros. “Teníamos un saloncito chiquito donde hacíamos torta frita. Un vecino hizo un horno de barro donde hacíamos los panes”.

Con el tiempo, y a fuerza de rifas, plata prestada y de sus propios bolsillos, fueron comprando ollas, cucharones, bandejas y cuchillos. “Hasta que un día se acercó un compañero de Ciudad Futura”. Actualmente, aunque siguen haciendo rifas y bingos, casi la totalidad de los insumos los aporta Ciudad Futura. Cris suma el dato de que durante la pandemia esta organización política terminó de consolidar veintiséis comedores comunitarios en todo Rosario, repartiendo más de 70 mil raciones en 2020. En el merendero de Lorena actualmente reciben la comida entre setenta y ochenta familias. Pero en el momento más álgido de la cuarentena llegaron a cocinar tres ollas de ciento veinte litros de comida. “Gente de Zona Cero o de Rucci venía caminando para buscar comida”. En ese momento todavía no tenían agua, por eso tenían que ir en moto con los bidones hasta la casa de la hermana de Lorena. “Era un sacrificio pero cuando te acostabas a la noche apoyabas la cabeza en la almohada y dormías tranquila”.

Una arista que en muchos casos también se potenció en los momentos de restricciones sanitarias fue la creatividad para seguir generando instancias de participación y formas de compartir al interior de las comunidades. Además de la dinámica de los kit para poner en palabras (y emojis) el barrio deseado, tuvieron la idea de armar un programa de radio “para contarle a todo el mundo lo que estaba pasando”. ´ En los barrios populares falta todo y también internet´, decían desde la organización. ´ En Nuevo Alberdi estamos empezando el proceso de urbanización para que falten menos cosas, pero no podemos hacer asambleas masivas para organizarnos. Tampoco podemos hacerlas virtuales porque como no llega el wi fi, los datos del celular terminan siendo más caros que el pavimento que falta´.

La idea la tomaron de aquella iniciativa de las docentes de Nuevo Alberdi que empezaron a dar clases por radio frente a la imposibilidad de dictar clases presenciales (por las restricciones sanitarias) ni virtuales (por las restricciones de conectividad). Como tantas ideas que se cocinan en las ollas, estaban un sábado en el merendero pensando cómo hacer para llegar a más gente. A Lorena se le ocurrió pedir un espacio en uno de los canales de aire de la ciudad. Pero su hermana gritó desde la olla: ´No, hagamos un programa de radio´. Y como casi todo, así arrancaron, con las herramientas fundamentales que aportan el entusiasmo y la voluntad. Y como casi todo, en el andar fueron acomodando los melones. Hicieron una campaña para juntar celulares viejos que tuvieran radio y repartirlos entre los vecinos que no tenían ningún aparato.

La participación era rotativa hasta que fue quedando un equipo más fijo. Primero transmitieron desde una radio evangélica que está en el barrio pero aparentemente el programa era demasiado político. Nadie lo dijo así pero a buen entendedor pocas palabras bastan. Armaron un pequeño estudio que montaron en la Kangoo que tiene la organización. Como la antena es pequeña, los días de mucho viento debían suspender las transmisiones. Pero ni el viento ni la marea hicieron mella en el deseo: en este octubre el programa ´Aquí y ahora´ cumple dos años. Se emite los sábados de 16 a 18 horas por Fm León 99.9 y además sale en vivo por el canal de Youtube. Con el estudio itinerante han hecho el programa en otros barrios como Arroyito, Empalme y Casiano Casas, entre otros. “En el programa explicábamos todo lo que hacíamos e imaginábamos para ver plasmado en un pedazo de tierra. En las entrevistas los chicos de tres o cuatro años respondían lo que querían para su barrio: una plaza, una playa, una pelota. ´¿Dónde querés jugar? En la playa. ¿Dónde no querés jugar? En la calle´”, recuerda Lorena.

Del jardín al título universitario

El ritmo del edificio de la ETICA va mutando de acuerdo a los momentos del día. Lunes, martes, jueves y viernes por la mañana funciona la CAC (Centro de Acción Comunitario) que depende de Sedronar (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina). Algunas cosas que hacen en la CAC: trámites de ANSES, impresión y certificado de vivienda del ReNaBaP, impresión de Mi Pieza, otros trámites, abordaje de situaciones de violencia de género, acompañamiento a chicos con consumo problemático, refuerzo alimentario. “Hay un compañero de la ETICA que está en primer año, él mismo se presenta como ex adicto, no tiene un lugar de residencia fijo, viene a la mañana para usar la computadora para pasar sus obras completas”, cuenta Cris. “Hoy leí algo de lo que escribe, está muy bueno”, acota Lorena.

Todas las tardes entre las dos y las cinco funciona el jardín con su salita de cuatro a la que asisten alrededor de diecisiete niñxs del barrio. Mel tiene veintitrés años, es militante de Ciudad Futura y tallerista del jardín que está abierto desde 2016. “Hay una seño fija que es docente de nivel inicial. Ella está todos los días y después estamos las talleristas”, dice Mel. Las veinte talleristas se reparten en los distintos días de la semana. Además de ir los martes, Mel participa del taller de mamás que realizan los miércoles. “Venimos para charlar con las mamás sobre lo que pasa en el barrio o sobre cosas puntuales”.

En 1993, bajo el gobierno de Carlos Menem, se descentralizó la educación. Actualmente hay 24 leyes de educación provinciales. Santa Fe no tiene ley de educación. “Hace dos años la ley está trabada porque hay un grupo que pelea muy fuerte para que no salga la ESI”, cuenta Cris Martínez. Por este motivo la ETICA – que desde 2011 funciona como un EEMPA para personas con 17 años o más- figura como escuela particular incorporada, cuando en realidad es una escuela de gestión social.

“Soñaban su escuela. Nos mandaban dibujos de la plaza que soñaban. El proyecto tiene una cosita de cada vecino. Y ese vecino va a saber ´esto lo elegí yo´”

Lorena dice que en Zona Cero, a veinticinco cuadras de Nuevo Alberdi, ya pusieron una escuela y un jardín. Se pregunta por qué no pasa lo mismo en su barrio, por qué los chicos y chicas tienen que irse a estudiar a otro lado. Hace treinta años vienen escuchando la promesa de una escuela primaria que debe hacer el gobierno provincial. Incluso ya está el terreno al lado de la parroquia. Sin embargo, aún no pusieron ni siquiera el cartel de obra. “Muchos van al normal 1 (Mendoza y Entre Ríos), tienen que salir a las cinco de la mañana y tomar dos colectivos para poder llegar. Los mismos chicos dicen ´mi cuerpo no da más´. La educación tiene que ser en un lugar feliz y contento, pero llegan cansados porque no durmieron bien”. Lorena explica que por ese motivo muchos adolescentes dejan la escuela y esperan a tener diecisiete años para ir a la ETICA. “Al dejar la escuela prueban con el trabajo y con eso tienen plata todos los fines de semana. Muchos eligen trabajar antes que levantarse a la madrugada, llegar a la escuela y estar durmiéndose”.

Cris empezó a trabajar en la ETICA en 2013 y llegó justo para la gradación de la primera cohorte. “Mi primera experiencia ETICA fue una asamblea, estábamos en la zona rural. Los pibitos y pibitas decían que querían terminar la secundaria para trabajar. Se escuchaba trabajar, trabajar, trabajar. Pero después, en otra asamblea un pibe dijo que quería ser arquitecto, ´capaz termino la escuela y me pongo a estudiar arquitectura´. Fue un efecto dominó. Hoy tenemos como diez compañeras licenciadas universitarias en enfermería”. En sus árboles genealógicos, estas personas se convirtieron en la primera generación de estudiantes universitarias.

A través de un convenio con la UNR, en septiembre arrancó una Diplomatura en Emergencia y Rescatismo que se cursa los sábados en el mismo salón en el que están en este momento Lorena, Mel y Cris rodeando al pupitre con los folletos de la urbanización. Explica Cris: “Tenemos como cincuenta personas que vienen a aprender lo que se llama primera respuesta frente a emergencia. Si la ambulancia va a tardar una hora, antes tengo que poder hacer algo con una persona que se desmayó. O si mi casa se incendió, como los bomberos tardan el doble para llegar a los barrios populares, la primera respuesta la da un vecino o una vecina”. La cantidad de inscriptos superó ampliamente la capacidad del lugar. El poder de la transformación: “Hay gente que dice ´yo nunca soñé que iba a tener un título universitario´”.

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